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El Espiritismo ha venido a quitarnos el velo que nos impedía comprender el porqué de nuestra vida. Si supiéramos comprender todo el bien que esta doctrina hace a esta triste humanidad, no escatimaríamos ningún esfuerzo, por grande que éste fuese, para divulgarla y hacerla comprender a todos aquellos que la necesitan.

El racionalismo religioso es una escuela creada por Jesús y hoy reencarna nuevamente, hoy se levanta porque la Tierra ya está preparada para recibir esta savia generosa y los espíritus aceptaron la misión sagrada de destruir la esclavitud de los hombres, esclavizados a los fanatismos religiosos.

Los hombres han reformado las religiones, haciendo de ellas un tamiz por el cual pasan las debilidades y los crímenes según convienen para la explotación de la vida y los seguidores de estas religiones están muy satisfechos, y en realidad pueden estarlo, porque estas religiones, dejan contentos a todos los que quieren vivir entregados a su capricho y a su voluntad, sobretodo a la satisfacción de todas las ambiciones terrenales. ¡Cuánta falsedad hay en las religiones! Por esto el Espiritismo no es una nueva religión, aunque algunos quieran hacer de él una religión y sólo la ignorancia de algunos fanáticos podrá darle en algunos lugares más o menos formalismos. Pero en realidad el Espiritismo lo que sí hace es quitarle el antifaz a las religiones.

El Espiritismo es la demostración sencilla y natural de que somos espíritus que viven eternamente y que eternamente progresamos, siendo nosotros los únicos constructores de nuestro destino. Si queremos ser grandes lo seremos, porque la grandeza del Espíritu no es otra que el trabajo acumulado de miles de existencias en las cuales hemos ido acumulando los méritos que pueda tener nuestro Espíritu.

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