José Aniorte

 

No es mi intención criticar ni censurar la interpretación que hacen algunos centros espíritas durante sus trabajos mediúmnicos, tienen el derecho de utilizar su libre albedrío, pero también asumen la responsabilidad de sus aciertos o desaciertos.

Yo sólo quiero recordar a nuestros hermanos espíritas, que para nosotros existe una ley fundamental, la de causa y efecto, según esta ley, cada uno cogemos lo que sembramos; cuando nuestros hermanos sufridores nos piden ayuda para salir de la situación dolorosa que ellos mismos se han creado, entonces los espíritas “caritativos” en un esfuerzo gratuito, intentan librarlos del temporal que ellos mismos han provocado. Estos “espíritas” distribuidores de luz, son aquellos que son pequeños pero sienten la necesidad de sentirse grandes.

 

Con este comportamiento cometen tres faltas graves: ponen en duda la Justicia Divina que existe en todo el Universo; ignoran que en el mundo espiritual todo está dirigido con justicia y equidad y cada Espíritu recibe la ayuda necesaria cuando está en condiciones de recibirla, y por último engañan a esos infelices hermanos dándoles falsas esperanzas, haciéndoles creer que los sacan del sufrimiento, cuando en realidad es algo que sólo depende de ellos.

 

Nuestro principal objetivo, es iluminar y ayudar a nuestros hermanos, supuestamente equivocados, pero la ayuda hay que dársela aquí donde aún pueden cambiar de rumbo y rectificar su forma de vida.

Aquí durante la vida física es donde el Espíritu encarnado tiene que rectificar su conducta, para que cuando regrese al plano espiritual haya pagado parte de las deudas atrasadas, y no haya contraído otras que puedan agravar su situación. Por tanto la caridad a los espíritus hay que hacerla aquí, con amor, renuncia y abnegación, revelándoles la verdad, con nuestro ejemplo.

 

Yo creo en Jesús, y Jesús nos dijo: Reconciliaros con vuestro enemigo (nuestras debilidades, pasiones y vicios) en el camino (nuestra vida física), porque si no os prenderá el alguacil que os entregará al juez, y el juez (nuestra conciencia) os meterá en prisión (zonas de sufrimiento) y de allí no saldréis hasta haber pagado el último cetil”. Amigos espíritas, no se puede dar luz a los espíritus, si ellos viven en las sombras.

 

Para finalizar este libro, en este capítulo, añado cuatro capítulos de nuestra querida Amalia Domingo Soler, extraídos de la revista La Luz del Porvenir que explican claramente, la realidad del tema principal que contiene esta obra:

 

 

EXTRACTO DE UNA COMUNICACIÓN

Con el uso del libre albedrío que tiene cada individuo, hemos aceptado del Espiritismo todas las manifestaciones y procedimientos de muy buen grado, menos el hacer caridad a los espíritus.

Sin poderlo remediar, cada vez que vemos a un médium hacer visajes y contorsiones, lanzando maldiciones espeluznantes, dominado por un Espíritu en sufrimiento, se apodera de nosotros tal contrariedad que huimos de presenciar tales escenas, de escuchar los diálogos que se entablan entre el presidente del grupo o del centro que se dedica a hacer caridad a los espíritus.

Mas siempre que hemos tocado este punto, haya sido de palabra o por escrito, hemos sido reconvenidos por cuantos nos han escuchado, pero recriminados duramente, diciéndonos que difundir la luz entre los ciegos era una obra de misericordia y ciego era el criminal empedernido que en sucesivas existencias, hacía el mal por el solo placer de ser hostil y feroz para con sus semejantes; a lo que siempre hemos contestado: y antes de ser conocido y practicado el Espiritismo en la Tierra, ¿Cómo abrían los ojos a la luz, los ciegos de entendimiento?

Cuando no había médiums a quien molestar y entretener, (porque éstos no habían adquirido el menor desarrollo) ¿Qué hacía Dios con aquellos desventurados? ¿Los dejaba sumergidos en las tinieblas? Esto no parece posible; porque las leyes Divinas son de toda eternidad, y a Él no se le ocurrirá hoy, lo que no pensó ayer, por consiguiente, los espíritus en el Espacio siempre habrán tenido guías y protectores que les habrán enseñado el camino del arrepentimiento y los medios más oportunos para salir del caos del dolor; y además, ¿Qué papel representa en el Universo la humanidad terrena? ¿Qué virtudes atesoran los habitantes del planeta Tierra? ¿Qué grados de progreso les hace marcar en la historia de los siglos, los hechos más culminantes de su vida?

Triste y vergonzoso es confesarlo, pero en todos los tiempos se ha sostenido una lucha titánica y fratricida, el fuerte dominando al débil, y éste empleando la astucia y todas las malas artes para vengarse de su opresor; no ha habido redentor en la Tierra que no haya sido crucificado, no ha habido sabio que no haya sido objeto de ludibrio para sus semejantes en el cuerpo, mas no en la inteligencia.

 

Todos los grandes inventos han sido bautizados con las amargas lágrimas de su inventor. Toda religión, todo principio de moral ha sido maleado y explotado por la ambición insaciable del hombre. Todos los imperios más poderosos han levantado su solio sobre montañas de cadáveres.

Los políticos eminentes, los que sostienen en sus tronos a los Césares, no son otra cosa que mercaderes de coronas. En la Tierra hasta el amor es un cambio de egoísmo.

Y estos espíritus que viven en continua turbación, en uno de los mundos de peores condiciones que pueblan los espacios, son los encargados, son los elegidos para dar luz a los que ya no tienen la camisa de fuerza de nuestra grosera envoltura.

¿Hemos de instruir a los que están más libres que nosotros?

El Espiritismo indudablemente tiene aún muchos puntos oscuros, y uno de ellos ha sido y es para nosotros “el hacer caridad a los espíritus”, pero como siempre que hemos tratado semejante cuestión, hemos adquirido enemigos y hemos sido objeto  de agrias censuras, hemos concluido por decir: ruede la bola, estudiemos y algún día se sabrá la verdad.

 

Así las cosas, hemos seguido asistiendo a las sesiones espiritistas del Círculo de Buena Nueva, en el cual, en doce años que venimos estudiando las comunicaciones que da un buen médium parlante, nunca afortunadamente, éste ha servido de instrumento o de intermediario a espíritus en sufrimiento.

Sus comunicaciones sencillas y dulces las unas, filosóficas y profundas las otras, han sido un curso de moral racionalista, digno de ser estudiado y archivado en la biblioteca del hombre más sabio; pero careciendo de taquígrafos nada ha quedado de tan buenas lecciones, más que alguna que otra historia que hemos recogido en fragmentos, o el extracto de alguna comunicación cuyo asunto nos pareciera digno de ser estudiado y comentado detenidamente; y a este género de comunicaciones, pertenece la que oímos el 22 de julio último; la que hubiéramos querido que la hubiesen escuchado todos los espiritistas de la Tierra; porque el Espíritu que se comunicó dijo grandes y profundas verdades, y tanto nos impresionaron sus palabras, que le pedimos que nos inspirara para trasladar al papel algunos de sus conceptos; y aunque muy imperfectamente haremos el extracto de un discurso, quizá el más notable y de mayor trascendencia que hemos oído sobre Espiritismo.

Dijo así el Espíritu:

 

“Hermanos míos, voy a tocar un tema que ha sido muy discutido, que ha levantado gran polvareda entre los espiritistas, y éste se reduce a hacer una pregunta sencillísima.

¿Es útil, es conveniente hacer caridad a los espíritus?”

“¿Qué son los espíritus para los terrenales? Seres invisibles que se comunican con determinadas personas, las cuales tienen condiciones medianímicas apropiadas, para recibir de distintas maneras el pensamiento y la voluntad de los que un día habitaron en la Tierra.

¿Podéis responder de su identidad? No; podéis deducir, conjeturar y hasta creer que será éste, o aquél, unas veces porque le ven los médiums videntes, otras porque dicen lo que sólo uno de sus deudos sabe, pero la completa y absoluta seguridad de que el que se comunica es Juan, Manuel o Pedro, esa no la podéis tener, la identidad sin duda es completamente imposible; luego al hablar con los espíritus, habláis con seres enmascarados que pueden reírse de vosotros a mandíbula batiente (si la tuvieran), como se ríen vuestras máscaras en las fiestas del carnaval de aquellos que se empeñan en adivinar, quién será el bullanguero encapuchado sabedor de secretos y deslices.

Y a estos seres que no conocéis, que ignoráis por completo cómo vivieron y cuales fueron sus aspiraciones en la Tierra, si se os presentan gimoteando y destrozando al médium, decís con acento compasivo:

¡Pobrecito! ¡Cuánto sufre! ¡Qué turbación tan horrorosa!

Es preciso no dejarle en la oscuridad. Escucha buen Espíritu, ¿Tú no sabes que existe Dios?

A esta pregunta el pobre médium suele ser arrojado al suelo y maltratado por el Espíritu que reniega y maldice hasta su sombra; y los inocentes espiritistas sin cuidarse de lo que sufre el médium, principian a exhortar al Espíritu en turbación y a decirle: mira, atiende, escucha, ¿Tú no sabes rezar? ¡Ah! Tú no sabes el consuelo que se encuentra en la oración, ora, buen Espíritu, ¡Elévate! ¡Elévate! Y encontrarás a Dios

“¡Infelices! (que no merecen otro nombre los que se asocian a los comediantes del Espacio) ¿Pensáis que un Espíritu empedernido en el crimen se eleva en el breve plazo de algunos segundos? No; necesita siglos para engrandecerse y aspirar el perfume divino de la oración.

¿Por qué sois tan torpes? ¿Por qué no estudiáis en vuestra propia vida? En vuestra misma familia no faltará un ser más descreído que vosotros, que se ría de vuestras creencias y al que predicáis continuamente para que entre en el redil, y cuántas veces, después de escucharos os dice con la mayor indiferencia: bueno, allá veremos; y a su vez aprovecha la ocasión que cree más propicia para ridiculizaros y atraeros a su escepticismo, sin que vuestro trabajo obtenga más fruto que el que alcanzar pudiera un misionero, predicando en un desierto día tras día.”

“Vosotros mismos, si os miráis sin usar el anteojo del amor propio, reconoceréis que de cien defectos, sólo os habéis despojado por completo de uno, después de estudiar años y años el aforismo de la moral eterna: “no hagas a otro, lo que no quieras para ti”.

Ahora bien, ¿Cómo queréis, ¡Pobres ciegos de entendimiento! Que los criminales se rediman en un segundo, si vosotros sin serlo, tardaréis muchos siglos en redimiros?”

“¡Redimir! He aquí la eterna monomanía de la humanidad; pero siempre queréis redimir a los que están más lejos, olvidándose de vosotros mismos, y luego de aquellos que llamáis salvajes y que habitan en regiones, en las cuales aún no habéis puesto vuestra planta.

¡Tanto como tenéis que hacer aún en ese planeta, tanto como tenéis que colonizar, tanto como tenéis que aprender para enseñar e instruir, a las masas embrutecidas por la barbarie de la ignorancia!…y perdéis un tiempo precioso ridiculizando al Espiritismo, convirtiendo un estudio serio y profundo en irrisible pantomima, en comedia que por vuestra torpeza puede muy bien convertirse en tragedia”.

“¿Queréis hacer caridad a los espíritus? Comenzar por vosotros mismos, moralizando vuestras costumbres y dulcificando vuestros sentimientos; engrandeciendo vuestros ideales y sublimando todas vuestras aspiraciones, siendo modelos acabados de mansedumbre y de templanza, esa es la mejor caridad que podéis hacer a los que os necesitan.

No levantéis un nuevo monumento a la superstición, no hagáis del Espiritismo una farsa indigna entre los miserables de arriba y los imbéciles de abajo, aprovechad mejor el tiempo estudiando, que nada sabéis todavía del mundo de los espíritus, pues sólo sabéis que el alma no muere, pero ignoráis en las condiciones que se encuentra, pues en vuestras afirmaciones todo es hipotético, os pondré un ejemplo sencillo: ¿Saben los hombres honrados lo que pasa dentro de los presidios? No; acuden a ver a los confinados, les aconsejan, les exhortan y sus palabras resuenan en los oídos de los penados como una música más o menos armoniosa, que al cesar la cadencia cesa la impresión, y su género de vida no sufre alteración alguna, porque siempre se inclina el Espíritu del lado de la rutina y de la costumbre, pues de igual manera, los espíritus criminales no se convierten por los consejos de aquéllos a quienes toman en su malicia y perversidad como juguete y entretenimiento, complaciéndose en atormentarlos y en obsesarlos sin compasión”.

¡Cuánto tiempo malgastáis! ¡Cuántas horas perdéis en inútiles predicaciones, conversando con los de arriba mientras abandonáis a los de abajo!…

“¿Creéis que os faltan en vuestro planeta espíritus en turbación? Miraos a vosotros y veréis que ocupáis el primer lugar entre los seres ofuscados”.

“Estoy leyendo en vuestro pensamiento que se hace la siguiente pregunta. ¿Todos los espíritus en sufrimiento que se comunican, son unos impostores? ¿Todos engañan? No todos precisamente; pero tened entendido que el Espíritu que de buena fe llega a vosotros para contaros sus penas, respetará al médium y no le hará sufrir, ni tampoco dirá con fingido alborozo ¡Qué bien me encuentro! ¡Ya veo la luz! ¡Cuán feliz soy! No, nada de eso; porque tenedlo bien entendido, no sois los terrenales los encargados de dar luz a los habitantes del Espacio, porque aún vivís en completas tinieblas, porque sois unos infelices cargados de penalidades y no sabéis siquiera la mayoría de vosotros, de qué se compone el aire que respiráis.

No tratéis de redimir a nadie, que harto trabajo os costará redimiros en el transcurso de los siglos”.

Aprovechad mejor el tiempo, estudiad, analizad, comparad y haréis la mejor obra de caridad porque veréis nuevos horizontes y dejaréis de representar farsas ridículas, queriendo convertir muchas veces a quien sabe más que vosotros, en todos los sentidos”.

Los espíritus no necesitan caridad, en el Espiritismo no hay ánimas del purgatorio que esperen misas y responsos, las leyes eternas se cumplen sin intervención de nadie; los espíritus se estacionan o adelantan según sus grados de progreso ¡Y cuántas comedias se han representado hasta ahora en los Centros Espiritistas! Porque no ha habido tal conversión y sí sólo la burla de los de arriba y la supina ignorancia de los de abajo”.

“Repetid mis palabras y no temáis al estamparlas en el papel, que ellas den lugar a protestas, decid siempre la verdad, que la verdad os hará libres. De verdades está sedienta la humanidad, tenedlo bien entendido, haced que la razón sea el manantial inagotable que calme la ardiente sed de las generaciones del porvenir. Adiós”.

 

Ésta fue la síntesis de la comunicación, su lenguaje fue correcto y elocuente, y hartos sentimos no haber podido copiar fielmente sus menores palabras, pero en la ruda lucha de la vida no siempre se dispone del tiempo necesario, no siempre se pueden emplear todas las horas en trabajos intelectuales; mas aunque muy imperfectamente, no hemos querido dejar de transcribir algunos fragmentos de tan valiosa comunicación, que ha venido a corroborar nuestra opinión de que los espíritus no necesitan caridad; al menos en la forma que hasta ahora se ha venido haciendo, y creemos que el mayor bien que les podremos hacer es convertir la Tierra en un mundo de paz y de amor; paz y amor que hasta el presente desconocemos, pues los terrenales no se quieren, no se aman, únicamente se toleran, la tolerancia es lo que hoy simula el amor en el seno de la familia; que los espíritus perversos cuando se acerquen a la Tierra no vean más que familias felices, y la contemplación de nuestras virtudes, será para ellos la mejor obra de caridad.

 

HACER CARIDAD A LOS ESPÍRITUS 1ª PARTE

En el número 20 de La Luz del Porvenir publicamos un artículo titulado, “Extracto de una comunicación” y en él nos ocupábamos de si era, o no, conveniente hacer caridad a los espíritus.

Expusimos francamente nuestra humilde opinión y aquí fue Troya: de Valencia, de Veracruz, de Alicante, de Buenos Aires y de otros puntos, recibimos cartas y artículos impresos protestando de nuestro modo de pensar, y sea porque no expusimos bien nuestros pensamientos, o porque no nos han entendido, lo cierto es que hemos encendido la tea de la discordia (metafóricamente hablando) entre algunos espiritistas.

En este supuesto, nada más justo que escribamos uno o dos artículos más sobre este asunto, que aunque no pretendemos convencer a nadie, sí queremos dar más explicaciones sobre este particular, que tan interesante es a nuestro parecer y de tanta importancia para la vida racional del Espiritismo.

Nosotros respetamos y admiramos los trabajos verificados en la sociedad “Constancia” (de Buenos Aires), donde bajo una entendida dirección, personas competentes hacen profundos estudios. Sabido es que donde hay entendimiento claro, todo el trabajo que se emprende es útil; y para estos hombres entendidos no hablamos nosotros, que cada cual progresa según sus aptitudes especiales, según sus aspiraciones y sus conocimientos anteriores. En un Centro bien organizado como el que dirigía Allan Kardec en París, Fernández Colavida en Barcelona, Manuel Ausó en Alicante, Torres Solanot en Madrid, Bassols en Zaragoza, etc… que en estas reuniones se hicieran toda clase de estudios sobre Espiritismo, nada más justo ni más conveniente, porque había una inteligencia superior para juzgar y apreciar, no diremos con un criterio infalible, porque en la Tierra no hay ningún hombre que lo sea, al menos razonablemente. Nosotros no combatimos a las personas sensatas que emplean su tiempo en convencer de sus errores a los habitantes del Espacio, porque todo es un estudio de más o menos aprovechamiento, pero estudio e investigación al fin.

Lo que nosotros hemos combatido, combatimos y combatiremos siempre, es que personas completamente ignorantes hagan caridad a los espíritus, porque esta clase de comunicaciones y de intimidades con los seres de ultratumba, es más peligrosa que el manejo de armas de fuego, por niños que desconocen el mecanismo de las pistolas o escopetas que en mala hora cogieron.

Hacer caridad a los espíritus, es un estudio, es un trabajo, es una investigación que debe revestir tal seriedad y examen tan minucioso, que sólo personas competentes deben dedicarse a ella, pero no las personas ignorantes, no los seres viciosos de conducta reprensible que por pasatiempo, por curiosidad y hasta por interés propio, se dedican a perder algunas horas pronunciando pláticas insulsas y dando consejos vulgares o haciendo preguntas impertinentes que dan por resultado relaciones terroríficas de los espíritus en sufrimiento, gemidos, sollozos y al fin un grito de alegría, porque han visto la luz, ¿Y la luz dada por quién? Por alguna mujer murmuradora que antes y después de la sesión, saca a relucir las faltas de cuantos conoce, o por algún hombre que vive escandalosamente fuera de su hogar.

 

Antes que espiritistas somos racionalistas, la razón es nuestro escudo, nos dirán que hay médiums admirables, (nosotros los hemos conocido) cuya conducta dejaba mucho que desear y que sin embargo sus comunicaciones eran un código de perfecta moral. Esto es muy distinto, el médium es un instrumento nada más, y tanto es así, que a médiums hemos conocido, que se reían de los fenómenos espiritistas y decían que no los creían, en cambio los directores de los grupos familiares (que es donde hay monomanía de hacer caridad a los espíritus), éstos trabajan por su voluntad, éstos hablan, preguntan y amonestan y son los actores que desempeñan su papel mejor o peor aprendido, siendo su trabajo completamente distinto del que ejecutan los médiums.

Nos preguntan de Veracruz si no es útil orar por los espíritus en sufrimiento, y a esto contestamos: que la oración es una expansión del alma que se ha prostituido por el abuso que de ella han hecho las religiones.

Rezar, se reza a todas horas, es una lección aprendida en la infancia que se repite como una canción popular, pero orar… se ora…. muy pocas veces en la vida con ese fervor, con ese íntimo deseo de que Dios escuche nuestro ruego.

Ora la huérfana, ante el cadáver de su madre.

Ora el anciano, ante la cuna vacía de su nieto más querido.

Ora la madre, ante la tumba de su única hija.

Ora la mujer enamorada pensando en su esposo ausente.

Ora el padre de familia cuando ve que la miseria invade su hogar y él no tiene fuerzas para rechazarla.

Ora la mujer abandonada recordando su niñez.

Se ora en fin, siempre que se siente mucho, y para sentir es necesario que se agite nuestro ser por los grandes dolores que envenenan la vida, y esa oración suprema no se pronuncia pensando en los seres que sufren en el Espacio, podrá pedirse por ellos en el momento que nos impresionen sus quejas, pero luego…, se rezará a su memoria, se repetirán palabras, pero no se orará con ese íntimo sentimiento, que es el que tiene poder suficiente para conmover hasta el duro granito.

Creemos que a muchos espiritistas, les pasa lo que a la novia del cuento, que compró la cuna antes que el lecho nupcial.

Si aún no sabemos complacernos mutuamente, si aún nos dejamos abandonados los unos a los otros ¿Para qué rezar por los de arriba sin antes proteger a los de abajo?.

¡Hacer caridad a los espíritus! ¡Y mientras, se dejan a muchas familias espiritistas que se mueran de inanición!

Estudien en buena hora los hombres de talento, investiguen, analicen, busquen los secretos y los arcanos de la vida espiritual en los seres de ultratumba, pero no profanemos los santuarios de la ciencia, los que no tenemos más que ligeras nociones de la supervivencia del alma, no queramos coger el fruto sin antes haber sembrado la semilla.

Si en esta existencia no podemos hacer más que mejorar nuestras costumbres, no nos demos por descontentos, ya volveremos mejor preparados y entonces podremos relacionarnos más íntimamente con los espíritus, como vimos que se relacionaron Kardec, Fernández Colavida, Palet, y otros muchos sin tocar consecuencias funestas ni perder el tiempo lastimosamente.

En la Tierra tenemos mucho que hacer los espiritistas, sin entremeternos en libros de caballería, los que no tenemos instrucción, los que tenemos que ganarnos el sustento trabajando todo el día.

¿Acaso es preciso en las sesiones familiares ocuparse en rescatar cautivos?

Lo primero de todo es leer y comprender lo que se lee, con estudiar cuanto han escrito Allan Kardec, Pezzani, Flammarion, Manuel González, Torres Solanot, Amigó y Pellicer, Navarro Murillo, William Crookes y centenares de obras espiritistas que hay al alcance de todas las inteligencias, es la mejor caridad que a sí mismos se pueden hacer todos los que carecen de instrucción, que el no saber no es ningún delito, y si nos hacemos la caridad de estudiar, entonces es muy santo y muy bueno que nos dediquemos a convertir infieles del Espacio, si tal es nuestro deseo, pero hoy por hoy, exceptuando los Centros formales donde hombres sensatos estudian las fases de la vida espiritual, en los grupos familiares por regla general, si no se contentan con las sencillas comunicaciones de deudos y amigos, se corre el riesgo de ser engañados por las máscaras del Espacio que se cambian de antifaz y modulan la voz a su capricho y a su placer.

Antes que espiritistas somos racionalistas, y encontramos que la mejor caridad es conocer nuestra ignorancia y nuestra pequeñez que no nos permite dar luz a nadie, cuando de ella carecemos una gran parte de los espiritistas.

 

HACER CARIDAD A LOS ESPÍRITUS 2ª PARTE

Por tercera y última vez, nos ocuparemos de una cuestión que ha levantado una gran marejada entre los espiritistas, los unos nos recriminan duramente llamándonos materialistas, los otros nos llaman desertores de la escuela de Allan Kardec, y los menos nos dicen ¡Adelante! Ha puesto Ud. el dedo en la llaga, ¡Todo por la verdad! Como decía el inolvidable Palet.

No nos gusta las polémicas inútiles, porque no lograremos llevar el convencimiento a la mente de aquellos que buenamente encariñados con dar luz a los ciegos, les parece una verdadera profanación lo que nosotros decimos. Nunca creímos convencer al que está completamente opuesto a nuestro modo de pensar, lo único que nos ha movido a decir algo sobre este particular es la consideración siguiente:

¿Dijo Allan Kardec la última palabra en las obras fundamentales del Espiritismo? No, porque esto sería detener la marcha majestuosa del progreso.

Él habló sencillamente para que las multitudes le entendieran, él formuló muchas y variadas oraciones, porque comprendió que las almas acostumbradas a tener templos para rezar, no podía dejárselas sin el consuelo de una plegaria repetida en diversos tonos.

Él habló a todas las inteligencias humildes, porque son las primeras que aceptan todas las predicaciones que les ofrecen un porvenir de redención.

Él hizo un trabajo cuya importancia aún no comprendemos, porque sólo el tiempo agiganta a los reveladores de nuevas verdades.

Él despertó en la generalidad el sentimiento de la compasión, porque éste es el primer paso que da el Espíritu para dulcificar su rudeza, y esta compasión la extendió hacia los seres desencarnados, despertando en ellos el interés por las comunicaciones de los espíritus, diciendo alguno de los buenos creyentes con el mayor entusiasmo:

-Yo tengo una gran habilidad para convertir a los ciegos del Espacio; ya tengo aprisionados en un saco fluídico a tantos o a cuantos espíritus. Ayer tuve un día feliz, les di la libertad a cien espíritus que gemían en la oscuridad, y este procedimiento para nosotros, es lo mismo que la fe y la esperanza que tienen los católicos romanos en tal Virgen, más milagrosa que ninguna, o tal Cristo que suda sangre y llora los desaciertos de la humanidad.

El hacer la caridad a los espíritus sin tener la más leve noción del Espiritismo, sin conocer qué es el fluido, sin comprender en lo más sencillo la vida de ultratumba, ¿Cómo puede asegurarse que uno no es víctima de un engaño, de una superchería?, si desconoce por completo las malas artes de los espíritus, si no puede distinguir la mentira de la verdad.

Si la identidad es poco menos que imposible con los seres desencarnados. ¿No se pierde un tiempo precioso exhortando a quien no se conoce?

Habrá espiritistas tan convencidos como nosotros, de la verdad innegable de la comunicación ultra-terrena, pero más que nosotros no, porque le hemos debido al conocimiento del Espiritismo las horas más hermosas de nuestra vida.

Nosotros no abjuramos de creencias cimentadas en el estudio y en la manifestación de los espíritus, únicamente disentimos en algunas prácticas porque las consideramos muy peligrosas y no queremos catástrofes como las que ya hemos presenciado.

Recordamos a una médium que se quedaba en éxtasis, cuando el Espíritu de la Virgen María (según aseguraba una vidente) se apoderaba de ella; en aquellos momentos solemnes la médium decía que tenía poder para convertir a los espíritus en sufrimiento, y una noche si no se la desnuda violentamente queda asfixiada aquella infeliz, dominada por fuerzas superiores y desconocidas, y por hacer caridad a los espíritus, ¡Qué consecuencias tan fatales para todos los que estaban en la reunión, si aquella pobre mujer pierde la vida!.

Dicen que nosotros queremos establecer privilegios, no y mil veces no, pero ¿Cómo nos ha de inspirar la misma confianza para tratar con los espíritus, una persona completamente ignorante en la ciencia espírita, y un hombre que haya perdido la lozanía de su juventud, arrancando secretos a la comunicación de ultratumba? Este último ¿No parece más indicado para levantar una punta de ese velo que cubre lo desconocido?.

Nadie como el verdadero espiritista comprende que no hay más privilegio que el trabajo individual y el afán que tiene cada uno de progresar dentro de su esfera.

Si todas las ciencias necesitan tan profundos estudios, para conocer una mínima parte de sus propiedades y manifestaciones, el Espiritismo que es la ciencia de las ciencias, ¿No necesitará investigaciones analíticas? ¿No será necesario un detenido examen de las comunicaciones de los espíritus? ¿No será indispensable poseer una buena parte de sentido común, para saber apreciar los consejos e instrucciones de ultratumba?.

Creemos que sí, creemos que ante todo debe uno tratar de adquirir los conocimientos rudimentarios, para comprender algo de ese gran todo llamado Espiritismo.

No sabemos si por suerte o por desgracia, hemos tocado muy de cerca las consecuencias tan tristes de la impremeditación de algunos espiritistas, tan creyentes y tan bondadosos como ignorantes en la cuestión de tratar con los espíritus, para lo cual se necesita no sólo un estudio profundo de cuanto concierne a la vida de ultratumba, sino también conocimientos adquiridos en otras muchas existencias, que se manifiestan por una doble vista sorprendente y una penetración maravillosa, condiciones indispensables para emprender la difícil tarea de hacer caridad a los espíritus y saber distinguir entre el alma apenada y afligida y el ser que se divierte haciendo padecer a los médiums, siendo un obstáculo las sesiones con su obstinada permanencia en ellas, entreteniendo durante horas al auditorio con , arranques violentos y una carcajada burlona por punto final.monosílabos entrecortados

Será muy bueno y muy santo hacer caridad, pero ha de hacerse con conocimiento de causa, es preciso saber a quien se hace la caridad.

Dice un antiguo refrán: haz bien y no mires a quien, y ese aforismo lo rechazamos, porque dar sin saber qué clase de persona lo recibe, es exponerse a fomentar el vicio quitándole al verdadero necesitado un consuelo y un alivio en su dolor.

Pues esto mismo sucede con los seres desencarnados, hay espíritus que verdaderamente escuchan con atención profunda, los consejos y explicaciones de los directores de los Centros Espiritistas, y lentamente aquel alma adormecida va saliendo de su letargo, y estos mismos consejos le son perjudiciales al Espíritu hipócrita y burlón que se divierte abusando de la credulidad y de la buena fe de algunos espiritistas, confiados en demasía, porque se le da ocasión propicia para engañar, entretener y hacer perder el tiempo inútilmente.

No todos sirven para esa clase de trabajo, nosotros por ejemplo, que llevamos más de quince años trabajando continuamente en la propaganda del Espiritismo, con verdadero entusiasmo, con íntima y profunda convicción de que la comunicación de ultratumba es la manifestación de la vida del infinito, si nos viéramos precisados a dirigir un Centro Espiritista, confesaríamos ingenuamente que no tenemos condiciones para ello, porque no sabemos distinguir el oro del oropel.

Nos sucede a veces que no nos satisfacen algunas comunicaciones, que dudamos cuando los espíritus dan nombres de eminentes sabios, en silencio rechazamos cuanto nos parezca que está reñido con el sentido común, pero no sabemos discutir con los espíritus y conociendo nuestra insuficiencia enmudecemos, en cambio, hemos visto muchas veces a hombres del pueblo dirigiendo perfectísimamente una sesión por borrascosa que haya sido, manteniendo a raya a los espíritus perturbadores.

No nos han comprendido al lanzar sobre anatema nosotros, el  de que ya no somos espiritistas porque no nos gusta hacer caridad a los espíritus.

 

Por mirar en el estudio razonado del Espiritismo, la regeneración social, por creer que sin esa creencia eminentemente racional y profundamente lógica, se hace imposible el progreso en la humanidad, por considerar que la comunicación de los espíritus es la verdad innegable de todos los tiempos, por encontrar en la vida de ultratumba el complemento de la vida terrena, por hallar en los seres invisibles amor inmenso, consejos evangélicos y todo cuanto puede dar aliento al desheredado de la Tierra, por eso no queremos que las sombras del error y de la superchería tiendan su negro manto sobre la luz esplendente del Espiritismo, por eso queremos estudio, porque sin saber no se va a ninguna parte. No basta la buena voluntad, nuestra voluntad es inmensa y sin embargo, cuántas veces nos dicen los espíritus:

“daríamos comunicaciones científicas, pero…, no servís para recibirlas, por esta vez el templo de la ciencia está cerrado para vosotros”.

Cuando leemos ciertas descripciones de lo que acontece en los Centros dedicados a hacer caridad a los espíritus, decimos con profunda tristeza ¡Cuánta ignorancia!.

 

LAS PLAGAS DEL ESPIRITISMO

Dice Castelar, que no hay ningún hombre a la altura de su idea. Es muy cierto, certísimo, por eso sin duda alguna, muchos espiritistas tienen sobra de buena fe, y falta de sentido común, siendo su mayor desgracia la de ser médiums.

La mediúmnidad en ciertos seres es una verdadera calamidad, porque les convierte en el hazme reír de los desocupados, de los maliciosos y de todos aquéllos que se complacen en evidenciar las debilidades ajenas, viendo como suele decirse, la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga que llevan en el suyo.Entre las plagas del Espiritismo, figuran en primera línea los médiums ignorantes, aquellos que con una fe inmensa, creyendo que cada Espíritu es semejante a Cristo, escuchan con el mayor recogimiento las palabras que les dictan los seres de ultratumba, copiándolas con verdadera veneración, aunque sea un escrito, como se dice vulgarmente, sin pies ni cabeza.

En esta clase de comunicaciones, abundan los anuncios proféticos de mejores días, y a veces, por el contrario, predicen calamidades y castigos para las gentes de poca fe. Pero todo esto, dicho con más desatinos que palabras: lo que a nosotros nos causa profunda pena, pues vemos que la ignorancia es perjudicial en todas las escuelas y muy perjudicial también en el Espiritismo Filosófico; porque lo más sublime, lo más grande, lo que más hace pensar y discurrir a los profundos sabios, queda reducido en poder de los ignorantes a una serie de comunicaciones insulsas que hacen reír a los indiferentes, y hacen llorar a los que verdaderamente conocen y estudian las verdades fundamentales del Espiritismo.

Hay una especial monomanía en crear Centros Espiritistas y desarrollar médiums, sin escoger con prudencia un presidente o director que sea medianamente entendido, que sepa distinguir el oro del oropel, y no se deje engañar por los espíritus, que tomando nombres retumbantes (que nunca les han pertenecido), dicen las mayores simplezas y majaderías, que son aceptadas como artículos de fe.

En estos centros se dedican con preferencia, a las curaciones, y nada más cómico que una de esas sesiones en que unos cuantos infelices (no infelices por su humilde posición social, sino por su falta de entendimiento), le van explicando al médium sus dolencias y padecimientos, y éste, magnetizado por los espíritus, va recetando las medicinas más vulgares que ya dieron al olvido nuestros abuelos, por haber dado la ciencia médica pasos de gigante con el sistema homeopático el dosimétrico, el hidroterápico y otras muchas aplicaciones que hoy tiene la medicina y que emplean admirablemente.

 

Por nuestra parte diremos para concluir que por lo mucho que nos interesa la propaganda del Espiritismo, porque rendimos ferviente culto a las comunicaciones de los espíritus, queremos que los espiritistas se hagan la caridad de conocerse a sí mismos, y cada cual trabaje en el terreno que le pertenezca.

Los más sabios no son por privilegio, sino porque han trabajado miles de existencias, estos que se dediquen a investigar y analizar los efectos desconocidos de las leyes naturales, y pregunten a los espíritus qué misterios encierra la vida de ultratumba, y los obreros de última hora, los que sólo tenemos buena voluntad contentémonos con ir quitando piedras del camino sin meternos en honduras de hacer caridad a los espíritus, porque es muy fácil, que si los ciegos guían a otros ciegos, todos resbalen y caigan en el abismo.

 

El estudio del Espiritismo, reclama ante todo que no se resuciten nuevos fanatismos, la comunicación de los espíritus es luz y verdad, no arrojemos sobre ella la sombra del error.

 

José Aniorte Alcaraz

 

Las Verdades del Espiritismo