Hombres, ¿por qué os quejáis de las calamidades que vosotros mismos habéis amontonado sobre vuestras cabezas? Habéis desconocido la santa y divina moral de Cristo; no os maravilléis, pues, que la copa de la iniquidad se haya desbordado por todas partes. El malestar se hace general, y ¿Quién tiene la culpa sino vosotros mismos, que sin cesar procuráis destruiros unos…
