Los Centros espiritistas deben ser «la cátedra del Espíritu de Verdad», porque de no tener el espíritu de luz su cátedra, tendría su influencia el espíritu del error, y desgraciados de aquellos espiritistas que están bajo la influencia del espíritu de tinieblas que poco, muy poco, adelantarán en la vía de su progreso.
