

Esta instrucción ha sido hecha, sobre todo, para las personas que no poseen ninguna noción de Espiritismo y a quienes se les quiere dar una idea sucinta de él en pocas palabras.
En los grupos o reuniones espíritas donde se encuentren asistentes novatos, puede servir útilmente de preámbulo de las sesiones, según las necesidades.
Las personas extrañas al Espiritismo, al no comprender ni el objetivo ni los medios, se hacen de él casi siempre una idea completamente falsa.
Lo que les falta, sobre todo, es el conocimiento del principio, la clave primera de los fenómenos; debido a la falta de eso, lo que ven y lo que oyen resulta sin provecho y hasta sin interés para ellas.
Es un hecho propiciado por la experiencia el de que únicamente la visión o el relato de los fenómenos no basta para convencer.
La persona que es, ella misma, testigo de hechos capaces de asombrarla queda más atónita que convencida; cuanto más el efecto le parece extraordinario, más ella sospecha.
Un previo estudio serio es el único medio de conducir a las personas a la convicción; frecuentemente, basta ese estudio para cambiar completamente el curso de las ideas.
En todos los casos, es indispensable para el entendimiento de los fenómenos más simples.
A falta de una instrucción completa, que no puede ser dada en algunas palabras, un resumen sucinto de la ley que rige las manifestaciones bastará para que el tema sea examinado bajo su verdadero punto de vista por las personas que todavía no están iniciadas.
Es éste el primer hito que damos en la pequeña instrucción a continuación.
Sin embargo, una observación previa es necesaria.
La propensión de los incrédulos en general es sospechar de la buena fe de los médiums y suponer el empleo de medios fraudulentos.
Además del hecho de que esa suposición es injuriosa con respecto a ciertas personas, hay que preguntarse, ante todo, qué interés podrían tener ellas en engañar y en representar o hacer representar una comedia.
La mejor garantía de sinceridad está en el desinterés absoluto, pues donde nada hay que ganar, la charlatanería no tiene razón de ser.
En cuanto a la realidad de los fenómenos, cada uno puede constatarla si se pone en las condiciones favorables y emplea en la observación de los hechos la paciencia, la perseverancia y la imparcialidad necesarias.