REVISTA ESPIRITISTA ALICANTINA
SECCIÓN DOCTRINAL: EL ESPIRITISMO ANTE LA SOCIEDAD
Lo que fue, debió ser: lo que debió ser y no fue, será.
De la Sagra.
I
¿Qué es la doctrina espiritista?
¿Qué es el Espiritismo…?
¿Son por ventura hacinadas reminiscencias de ideas que las razas semíticas enviaron de Oriente a Occidente en las primeras edades de la vida de los pueblos de nuestro planeta, que envueltas en el sudario de las generaciones primitivas, han sido desenterradas mas tarde para darlas en nuestros días como móvil de enloquecedora distracción, como objeto de versátil pasatiempo, a un siglo, a una época que olvidándose mucho del mundo moral, se cuida en cambio de la resolución de los más grandes problemas del mundo físico?
¿Es acaso, algún sistema filosófico, religioso o político, ignorado de los más, desconocido de muchos y tan solo para los escogidos accesibles su iniciación en él?
¿O es, por el contrario, el verdadero camino que conduce a la humana inteligencia a comprender, por medios para ella sobrehumanos, pero tangibles, la posible seguridad de obtener la perfección moral de los seres?
Ah! he aquí el mal: he aquí que por no fijar el hombre su atención en asunto de tanta y tanta importancia, sin detenerse a juzgar con madurez, desecha con melancólica sonrisa, si ya las más veces no lo hace en despreciativa mirada, al que se atreve a hablarle de lo que malamente el mundo conoce por Espiritismo, y por consecuencia final, que los más grandes errores, los mayores absurdos van discurriendo por todas partes, allí donde el Espiritismo tiene un adalid, un adepto, un creyente, que sin gozar de popularidad ni suficiencia, sin más armas que su convicción, disputa y cierra el paso a las perniciosas doctrinas de Compte y de Litré.
Dejemos, pues, a otros hermanos la grata tarea de avivar más y más nuestro sentimiento, iluminar nuestra razón, buscar los medios de depurar más nuestra existencia de los lunares que la ennegrecen, y tomemos sobre nosotros, débiles e insuficientes, la de presentar el Espiritismo tal como es hoy en nuestro suelo, aun para gentes no vulgares, y lo que debe ser para todos los seres del mundo.
La inteligencia humana, fugaz destello de la luz Divina, encontrándose dueña y señora del mundo, no ha querido emplear como pudiera su fuerza reguladora en la marcha ascendente, que lleva en esa progresión continuada que practica y que a cierto tiempo de la vida se llama época, generación.
El hombre, desenvolviendo poco a poco los rudos elementos de que vive, en que vegeta, cuanto mayor ha sido la función de sí mismo, más y más ha descuidado «nosce te ipsum» que en otro concepto sentara un filósofo como fundamento de su doctrina.
Pero, si un día el Asia, dando la verdad al mundo en la persona de Jesucristo, ha producido la «Buena Nueva» y la preparación del hombre por el camino de vida eterna, Aquel, que es Espíritu sobre todo Espíritu, Ser sobre todo Ser, ha permitido que en todas las regiones del mundo, de un polo a otro polo, desde el cénit al nadir, la luz de su omnipotencia alumbre privilegiadas inteligencias, inflame corazones dispuestos a amar lo desconocido con la fe en las obras del Señor, y cual chispa eléctrica, se conozcan en todas partes hechos que demuestren la existencia de los Espíritus, la comunicación con nosotros, y las obras que con su influencia o por su medio se realizan: que el Espiritismo tiene un fin eminentemente moral, y no debe ni ponerse a prueba, porque fuera negar de una plumada los atributos de Dios, ni consentir en verlo empleado como conversación baladí, lo mismo en la plaza pública o retirada estancia, que entre el oscuro jornalero e ilustrado jurisconsulto, porque si hasta hoy esta doctrina no ha traspasado unos regulares límites en el proselitismo, un día no lejano, puesto que antes «no fue,» SERÁ la piedra miliárea que guie al hombre por su camino de peregrinación en este mundo, conduciéndole a ver como giran en armonioso torbellino alrededor de sí mismo, realizando inmutables leyes que les dio un día el que hizo, esos infinitos globos que con sus ejes de diamante, sirven de escabel al que más allá aun, se halla sobre su gloria contemplando su obra.
Elche Febrero de 1872.
F. R. CORTINA.
LA REVELACIÓN44Año I. Alicante 20 de Febrero de 1872. Num.4.