I Un recluso de la Penitenciaría de San Juan de Puerto Rico, me escribió hace pocos días, tristemente impresionado, contándome la muerte de un compañero de cautiverio que pasaba por idiota; tal era el abandono en que tenía su cuerpo y su inteligencia, que primero recluido en la enfermería del presidio, lo trasladaron después a un calabozo…
