Allan Kardec

ADVENIMIENTO DEL ESPÍRITU DE VERDAD

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ALLAN KARDEC

INSTRUCCIONES DE LOS ESPÍRITUS

Vengo, como en otro tiempo, entre los hijos descarriados de Israel, a traeros la verdad y a disipar las tinieblas.

Escuchadme: El Espiritismo, como otras veces mi palabra, debe recordar a los incrédulos que sobre ellos reina la verdad inmutable: el Dios de bondad, el Dios grande que hace crecer la planta y levantar las olas.

Yo revelé la doctrina divina; yo como un segador, até en haces el bien esparcido por la humanidad y dije: ¡Venid a mí, vosotros que sufrís!

Pero los hombres ingratos se desviaron del camino recto y ancho que conduce al reino de mi Padre, y se han extraviado en los ásperos senderos de la impiedad.

Mi Padre no quiere aniquilar la raza humana; quiere que, ayudándoos unos a otros, muertos y vivos, es decir, muertos según la carne, porque la muerte no existe, os socorráis; y que no solo la voz de los profetas y de los apóstoles, sino la de aquellos que ya no existen se haga oír para deciros: ¡Rogad y creed! porque la muerte, es la resurrección, y la vida es la prueba elegida, durante la cual vuestras virtudes cultivadas, deben crecer y desarrollarse como el cedro.

Hombres débiles, que comprendéis las tinieblas de vuestras inteligencias, no alejéis la antorcha que la clemencia divina pone en vuestras manos para iluminar vuestro camino, y conduciros como niños perdidos al regazo de vuestro Padre.

Estoy demasiado conmovido de compasión por vuestras miserias, por vuestra inmensa debilidad, para no tender una mano caritativa a los desgraciados extraviados que, viendo el cielo, caen en el abismo del error.

Creedme, amad, meditad las cosas que se os revelan; no mezcléis la cizaña con el buen grano, las utopías con las verdades.

¡Espiritistas! amaos, he aquí el primer mandamiento; instruíos, he aquí el segundo.

Todas las verdades se encuentran en el cristianismo; los errores que se han arraigado en él son de origen humano; y he aquí que desde más allá de la tumba donde creíais encontrar la nada, hay voces que os gritan: ¡Hermanos! nada perece; Jesucristo es el vencedor del mal, sed vosotros los vencedores de la impiedad. (EL ESPÍRITU DE VERDAD. París, 1860.)

Allan Kardec

El Evangelio según el Espiritismo

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