Allan Kardec

CARIDAD PARA CON LOS CRIMINALES

manos orando
Foto de Allan Kardec


La verdadera caridad es una de las más sublimes enseñanzas que Dios haya dado al mundo.

Entre los verdaderos discípulos de su doctrina, debe existir una fraternidad completa.

Debéis amar a los desgraciados y a los criminales, como criaturas de Dios, a las cuales se concederá el perdón y la misericordia, si se arrepienten como a vosotros mismos, por las faltas que cometéis contra su ley.

Pensad que vosotros sois más reprensibles, más culpables que aquellos a quienes rehusáis el perdón y la conmiseración, porque muchas veces ellos no conocen a Dios como vosotros lo conocéis, y se les harán menos cargos que a vosotros.

No juzguéis, ¡oh! no juzguéis, queridos amigos míos, porque el juicio que vosotros forméis os será aplicado aún con más severidad, y tenéis necesidad de indulgencia por los pecados que cometéis sin cesar.

¿No sabéis que hay muchas acciones que son crímenes a los ojos del Dios de pureza, y que el mundo solo considera como faltas ligeras?

La verdadera caridad no consiste solamente en la limosna que hacéis, ni tampoco en las palabras de consuelo con que podéis acompañarla; no, no es esto solo lo que Dios exige de vosotros.

La caridad sublime enseñada por Jesús consiste también en la benevolencia, concedida siempre y en todas las cosas a vuestro prójimo.

Podéis también ejercitar esa sublime virtud con muchos seres que no tienen necesidad de limosna y a quienes la palabra de amor, de consuelo y de valor conducirán al Señor.

Se acercan los tiempos, os repito, en que la gran fraternidad reinará en este globo; la ley de Cristo es la que regirá a los hombres; ella sola será el freno y la esperanza, y conducirá a las almas a la morada de los bienaventurados.

Amaos, pues, como hijos de un mismo Padre; no hagáis diferencia entre los otros desgraciados, porque Dios es quien quiere que todos sean iguales; no despreciéis, pues, a nadie; Dios permite que estén entre vosotros grandes criminales con el fin de que os sirvan de enseñanza.

Muy pronto, cuando los hombres sean conducidos a la práctica de las verdaderas leyes de Dios, ya no habrá necesidad de esas enseñanzas y todos los Espíritus impuros y rebeldes serán dispersados en mundos inferiores en armonía con sus inclinaciones.

Debéis a esos de quienes hablo el socorro de vuestras oraciones: es la verdadera caridad.

No es necesario que digáis de un criminal:

«Es un miserable; es menester purgar la tierra; la muerte que se le impone es demasiado benigna para un ser de su especie.»

No, no es así como debéis hablar.

Contemplad a Jesús, vuestro modelo; ¿qué diría si viese junto a él a ese desgraciado?

Le compadecería; le consideraría como un enfermo muy desdichado y le tendería la mano.

Vosotros no podéis hacerlo en realidad, pero al menos podéis rogar por él, asistir a su Espíritu durante los pocos instantes que debe pasar en la tierra.

El arrepentimiento puede conmover su corazón si rogáis con fe.

Es vuestro prójimo como el mejor de entre los hombres, su alma descarriada y rebelde es creada como la vuestra para perfeccionarse; ayudadle, pues, a salir del cenagal y rogad por él.

(ELISABETH de Francia. Havre, 1863.)

Allan Kardec

El Evangelio según el Espiritismo

Etiquetado , , , ,