
EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO
Dios consuela a los humildes y da fuerza a los afligidos que se la piden.
Su poder cubre la tierra, y en todas partes, al lado de una lagrima, hay un bálsamo que consuela.
El sacrificio y la abnegación son una continua oración y encierran una enseñanza profunda: la sabiduría humana reside en esas dos palabras.
Que todos los Espíritus que sufren puedan comprender esta verdad, en vez de clamar contra los dolores y los sufrimientos morales, que son vuestro lote en la tierra.
Tomad, pues, por divisa estas dos palabras: sacrificio y abnegación, y seréis fuertes, porque ellas resumen todos los deberes que imponen la caridad y la humildad.
El sentimiento del deber cumplido os dará el reposo del Espíritu y la resignación.
El corazón late mejor, el alma se calma y el cuerpo no desfallece; porque el cuerpo sufre tanto más, cuanto el Espíritu está más profundamente herido.
(EL ESPÍRITU DE VERDAD. Havre, 1862.)
Allan Kardec