Allan Kardec

DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES

¿Cómo Dios, tan grande, tan poderoso, tan superior a todo, puede inmiscuirse en detalles ínfimos, preocuparse de los mínimos actos y de los mínimos pensamientos de cada individuo?

Tal es la pregunta que uno se hace frecuentemente.

En su estado actual de inferioridad, sólo difícilmente las personas pueden comprender a Dios infinito,porque ellas mismas son restringidas y limitadas.

Es por eso que se Lo figuran restringido y limitado como ellas.

Se Lo representan como a un ser circunscrito y se hacen de Él una imagen a imagen suya.

Nuestros cuadros que Lo pintan con trazos humanos contribuyen para mantener ese error en la opinión de las masas, que adoran en Él más la forma que el pensamiento.

Para el mayor número de personas,es un soberano poderoso, sobre un trono inaccesible, perdido en la inmensidad de los cielos y, porque sus facultades y sus percepciones son limitadas, esas personas no comprenden que Dios pueda o Se digne intervenir directamente en las cosas más pequeñas.

En la incapacidad en la que se encuentra el ser humano de comprender la propia esencia de la Divinidad,sólo puede formarse de ella una idea aproximada por medio de comparaciones necesariamente muy imperfectas, pero que pueden, por lo menos,mostrarle la posibilidad de lo que, a primera vista, le parece imposible.

Supongamos un fluido suficientemente sutil como para penetrar en todos los cuerpos, es evidente que cada molécula de ese fluido producirá en cada molécula de la materia con la que está en contacto una acción idéntica a la que produciría la totalidad del fluido.

Es lo que la Química nos muestra a cada paso.

Al ser ininteligente, ese fluido actúa de manera mecánica, solamente por las fuerzas materiales.

Pero, si suponemos que ese fluido está dotado de inteligencia, de facultades perceptivas y sensitivas, actuará, ya no ciegamente, sino con discernimiento,con voluntad y libertad; verá, oirá y sentirá.

Las propiedades del fluido periespiritual pueden darnos una idea deeso.

Por sí mismo, él no es inteligente,ya que es materia, pero es el vehículodel pensamiento, de las sensaciones y de las percepciones del espíritu.

A consecuencia de la sutileza de esefluido, los Espíritus penetran en todas partes, escrutan nuestros pensamientos, ven y actúan a distancia.

Es a ese fluido, llegado ya a un cierto grado de depuración, al que los Espíritus superiores deben el don de la ubicuidad;les basta un rayo de su pensamiento dirigido hacia diversos puntos para que puedan manifestar allí su presencia simultáneamente.

La extensión de esa facultad está subordinada al grado de elevación y de depuración del Espíritu.

Pero los Espíritus, por más elevados que sean, son criaturas limitadas en sus facultades, y el poder y la extensión de sus percepciones, bajo ese aspecto, no pueden igualarse a los deDios.

Sin embargo, pueden servirnos de punto de comparación.

Lo que el Espíritu puede realizar tan sólo dentro de un límite estrecho, Dios, que es infinito, lo realiza en proporciones infinitas.

Hay también las siguientes diferencias: la acción del Espíritu es momentánea y está subordinada a las circunstancias; en cambio, la de Dios es permanente; el pensamiento del Espíritu sólo abarca un tiempo y un espacio circunscritos, mientras que el de Dios abarca el universo y la eternidad.

En suma, entre los Espíritus y Dios, hay la distancia que va de lo finito a lo infinito.

El fluido periespiritual no es el pensamiento del Espíritu, sino su agente e intermediario; como es el fluido el que transmite el pensamiento, está, de alguna manera, impregnado del pensamiento y, en la imposibilidad en la que nos encontramos de aislar el pensamiento, nos parece que éste y el fluido no forman más que una misma cosa, de la misma manera que el sonido y el aire parecen formar una sola cosa, de suerte que podemos, por así decirlo, materializarlo.

Del mismo modo que decimos que el aire se vuelve sonoro, podríamos, tomando el efecto por la causa, decir que el fluido se vuelve inteligente.

Sea o no sea así con relación al pensamiento de Dios, es decir, que actúe directamente o por intermedio de un fluido, para facilitar nuestra comprensión representémonos ese pensamiento bajo la forma concreta de un fluido inteligente que llena el universo infinito, penetra en todas las partes de la creación: toda la naturaleza está sumergida en el fluido divino;todo está sometido a su acción inteligente, a su previsión, a su solicitud;ni un único ser, por más ínfimo que sea, deja de estar saturado, de alguna manera, de ese fluido.

Así, estamos constantemente en presencia de la Divinidad.

Ni una sola de nuestras acciones podemos sustraer a Su mirada; nuestro pensamiento está en contacto con Su pensamiento y, con razón, se dice que Dios lee en los más profundos pliegues de nuestro corazón; estamos en Él así como Él está en nosotros, según las palabras del Cristo.

Para extender Su solicitud a las más pequeñas criaturas,no necesita, pues, lanzar Su mirada desde lo alto de la inmensidad, tampoco abandonar la morada de Su gloria,pues esa morada está en todas partes.

Nuestras oraciones, para ser oídas por Él, no tienen necesidad de atravesar el espacio, tampoco de ser dichas con voz atronadora, pues nuestros pensamientos, penetrados incesantemente por Él, en Él se repercuten.

La imagen de un fluido inteligente universal sólo es, evidentemente,una comparación, pero capaz de dar una idea más exacta de Dios que los cuadros que Lo representan con figura de un anciano de barba larga,envuelto en un manto.

Solamente podemos tomar nuestros puntos de comparación en las cosas que conocemos.

Es por eso que se dice todos los días: el ojo de Dios, la mano de Dios,la voz de Dios, el soplo de Dios, la faz de Dios.

En la infancia de la humanidad, el ser humano toma esas comparaciones literalmente; más tarde, su espíritu, más capaz de comprender las abstracciones, espiritualiza las ideas materiales.

La idea de un fluido universal inteligente, que todo lo penetra, como serían los fluidos luminoso,calórico, eléctrico u otros cualesquiera, si fueran inteligentes, tiene como objetivo hacer comprender la posibilidad de Dios de estar en todas partes, de ocuparse de todo, de velar asímismo por la brizna de hierba como por los mundos.

Entre Él y nosotros,la distancia se suprime; comprendemos Su presencia y ese pensamiento,cuando nos dirigimos a Él, aumenta nuestra confianza, pues ya no podemos decir que Dios está muy lejos y es demasiado grande para ocuparsede nosotros.

Pero ese pensamiento,tan consolador para el humilde y la persona de bien, es demasiado aterrador para el malo y el orgulloso endurecidos, que esperarían sustraerse a Él gracias a la distancia y que, en adelante, se sentirán bajo la compresión de Su poder.

Nada impide que se admita, para el principio de soberana inteligencia,un centro de acción, un foco principal que irradia sin cesar, inunda el universo con sus efluvios, como el sol lo inunda con su luz.

¿Pero dónde está ese foco?

Es probable que no esté fijo en un punto determinado, como no lo está su acción.

Si simples Espíritus tienen el don de la ubicuidad, esa facultad en Dios debe ser ilimitada.

Al llenar Dios el universo, se podría admitir, como hipótesis, que ese foco no tiene necesidad de transportarse y que se forma en todos los puntos en los que Su soberana voluntad considere oportuno producirse, de modo que se podría decir que está en todas partes y en ninguna.

Ante esos problemas insondables,nuestra razón debe humillarse.

Dios existe: no podríamos dudar de ello.

Es infinitamente justo y bueno: esta es Su esencia.

Su solicitud se extiende a todo: así lo comprendemos ahora.

Estando sin cesar en contacto con Él,podemos rogar Le con la seguridad de ser oídos; Él sólo puede querer nuestro bien, es por eso que debemos tener confianza en Él.

He aquí lo esencial;en cuanto a lo demás, esperemos que seamos dignos de comprenderlo.

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