Hay acontecimientos en la vida humana, que hacen fijar en ellos la atención de todos los hombres pensadores.
Esto ha acontecido y sigue aconteciendo con los grandes fenómenos hijos de la doctrina Espiritista; fenómenos que, hoy más que nunca, están llamando la atención de toda la humanidad, desprendiéndose de ellos una luz que le señala el verdadero camino para su progreso.
Nosotros que al conocer estos grandes fenómenos, estudiamos la ciencia Espiritista; hemos visto las causas que las producen y no podemos menos que recomendar a la humanidad en general el estudio de esta gran doctrina, para que se convenza de la verdad que en sí encierra.
Verdad, sí; porque no hay duda, el Espiritismo es el áncora de salvación de esa humanidad perdida en el gran mar de las pasiones mundanas.
¡Pobre humanidad! cuán lejos estás de comprender la misión para que has sido creada.
Sin presentir tu fin, caminas errante por este mundo de expiación dominada por tu horrible materia, olvidando que un día, esta misma materia que hoy te deslumbra, se convierte en nada.
Llega este día y….. ¿Qué sucede entonces? ¿Se ha concluido todo? No. ¿Hay algo más allá? Sí, pero un algo, que es el todo; un algo, en el que es necesario que medites con profunda atención.
Vemos que el cuerpo muere; pero el alma, el Espíritu, esa emanación de Dios que anima nuestro cuerpo, al salir de su cárcel corpórea, de la materia, de ese cuerpo que muere, busca el fin para que fue creada.
¿Para qué fue creada? Para el progreso; para que llegue un día que presintiendo a su autor, a su Dios, ha ese Dios tan justo principio y fin de todas las cosas, a ese Dios que la humanidad tiene en un gran olvido, a ese Dios que velando constantemente por todos nosotros nos dice sin cesar; dad de comer al hambriento, socorred al desnudo, dad la mano al caído, perdonad a vuestros enemigos, amaos todos como hermanos, pues todos sois hijos míos; pueda ser digna de gozar la dicha eterna.
¡Pero cuán lejos estás, pobre humanidad, de comprender el camino que has de recorrer para llegar a este fin!
Sumida hoy en la oscuridad, te dejas arrastrar por la corriente material que te domina, sin presentir siquiera la luz que te ha de conducir por la verdadera senda.
El Espiritismo es esa luz. Sí…..Luz sublime, maravillosa, divina, emanada de las Jerarquías celestes; luz cuál no hay ninguna, luz que nos deja ver la realidad, luz que, cual faro en noche de tempestad, guía al marino a puerto de salvación, señala a la humanidad el verdadero camino que la ha de conducir a su feliz término, a la mansión celestial.
Dios con su divina bondad, no puede permitir que sus criaturas vivan en la oscuridad, entregadas por completo a los vicios materiales, germen de toda maldad y corrupción: he aquí por qué la luz ha existido, existe y existirá.
Veamos como:
La ley de Moisés fue la luz que en su tiempo guió en su progreso a la humanidad.
La palabra de Dios por boca de aquel santo varón hacia comprender a esta, la misión que tenía sobre la tierra.
Pero la materia…. ¡Cuán horrible es esta materia! Domina un día sobre los Espíritus encarnados, y aquellas tablas de la Ley, símbolo de la verdad dictada por Dios a los hombres, se vieron olvidadas por las generaciones.
¿Queda por esto la humanidad abandonada de su Creador? No…. Dios, con su misericordia infinita le señala otra luz: esa luz fue Jesucristo, sí Jesucristo que desde su nacimiento hasta el último instante de su vida material, fue el modelo de todas las virtudes; Jesucristo que nos dejó sobre la tierra la doctrina mas santa; Jesucristo que predicando la verdad de la Ley de Moisés, fue crucificado por los que se creían guardadores de ella; Jesucristo que con una enseñanza muy elevada (la pluralidad de existencias(1), la vida espiritual, las penas y las recompensas morales) guiaba a los hombres por el amor y la caridad a la mansión del Eterno.
Pero doloroso es confesarlo; así como la ley de Moisés fue desvirtuada por los hombres, haciendo necesario la venida del Redentor; la santa doctrina de éste, está a punto de sucumbir a manos tal vez, de los que se atreven a llamarse sus ministros.
Esto no puede permitirlo nuestro amado Padre de ningún modo; es necesario que la luz sea luz, que la verdad triunfe sobre todos los errores, que la ley de Dios sea comprendida por la humanidad para su bien, y que todas las farsas sucumban, porque no hay poder para quien todo lo puede.
Dios es justo…. ¿Cómo ha de permitir que sus hijos queden en la oscuridad, por la ambición de unos cuantos que se afanan en bien propio, por apagar aquella luz divina? la doctrina de Jesús.
Nuestro Padre no nos abandonará: oíd lo que nos dice por mediación de sus Mensajeros:
El Espiritismo es vuestra luz, seguidla; por ella veréis la verdad de la Ley de Moisés; por ella veréis lo santa que fue la doctrina de Jesucristo; y por ella veréis el verdadero camino que os ha de conducir a la mansión Divina.
Hermanos todos; estudiemos esta gran doctrina, practiquemos los sanos consejos que nos enseña, y con la fe puesta en Dios buscando el progreso de nuestro Espíritu, conseguiremos un día llamarnos dignos hijos de tan buen Padre.
A. A.
Año I. Alicante 20 de Abril de 1872. Num.8.
LA REVELACIÓN REVISTA ESPIRITISTA ALICANTINA