El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza y manifestaciones de los espíritus.
Las leyes que rigen los fenómenos espiritistas, me han sido conocidas hasta que la experiencia las ha extraído, por decirlo así, de las múltiples manifestaciones que se están sucediendo desde 1848 a la fecha, y que hombres estudiosos han conocido y recopilado.
Pero, las comunicaciones y manifestaciones espiritistas, existen desde que hay espíritu, y con relación al mundo Tierra, desde que fue habitado.
En la noche del tiempo y en el albor de la historia, es Caín maldito por una atronadora voz que le dice: «¿Caín, Caín, que has hecho de tu hermano?»
A Moisés, se le aparee el ángel de Jehová (el Eterno) en una Rama de fuego, en medio de una zarza.
Y le encarga luego suba al monte, para darle unas tablas de piedra, la ley y mandamientos que en ella había escrito.
También guiaba a los hebreos en figura de columna de nube y en la de ángel de Dios.
Aparición tangente fue la del ángel que desvió el brazo de Abraham en el sacrificio de Isaac.
¿Y la escala espiritista vista por Jacob? ¿No es un acto vidente?
Mas tarde, Josué vio a Elías subir al cielo en un torbellino.
Ezequiel y los demás profetas vieron los espíritus y por ellos profetizaron.
No era obsesión lo que padecía Saúl, «que le atormentaba un mal espíritu» cuando David tocando el harpa le aliviaba o desobcesaba?
¿Qué fue, sino un hecho espiritista y de escritura directa o física, el MENE, TEKEL, PHARES del festín de Baltasar, cuya visión descifró Daniel?
¿Y la explicación dada por éste al sueño de Nabucodonosor, no fue adquirida videntemente?
¿No fue un agénere el ángel que acompañó a Tobías?
La estrella que guió a los reyes magos; el ángel que inspira a estos, a María y a José; la paloma en el bautizo; la trasformación en el monte Tabor; las curaciones y desobsesiones que hizo Jesús; la suspensión en el agua yendo a buscar la barquilla; las predicaciones y las cualidades de los apóstoles; la oración en el huerto; el ángel en el sepulcro; el aporte del cuerpo de Jesucristo, la aparición de éste a Magdalena y a los apóstoles; la aparición tangente a sus discípulos, para que Tomás pusiera el dedo en el costado; el don de curar, el de interpretar las escrituras, el de lenguas, el de inspiración, que recibieron sus queridos discípulos, qué son, sino manifestaciones de todo género de la nueva ciencia, del Espiritismo.
¿Por qué en el sínodo de Nicea, se guardó la decisión en la tumba de dos respetables padres de la iglesia, que a la sazón habían fallecido, para que firmaran aquel documento si lo aceptaban?
Porque los primeros padres, los primeros cristianos, creían en la comunicación, obteniendo las dos firmas, que hoy denominamos de escritura directa.
La aparición de San Pedro y San Pablo al terrible Atila, realizada a petición de León I, y la carta de éste a San Flabiano, puesta en la tumba de San Pedro, para que aquel Apóstol la aceptase y corrigiese, ¿no significa que los nazarenos, aceptaban, el trato con los muertos?
Todos los pueblos paganos han tenido público comercio con los espíritus, de aquí las sibilas, pitonisas, etc., que eran excelentes médiums; y Sócrates debe sus teorías, a las inspiraciones y consejos de un genio.
El martirologio romano está lleno de manifestaciones reales, aunque haya exageración y abuso en muchos de sus hechos.
Popular es, en España, la manifestación del Apóstol Santiago en la batalla de Clavijo.
Los hombres eminentes en letras y virtud, han sido propensos a esta debilidad, a juicio de sus conciudadanos, por lo que pocos lo han hecho público cómo el astrónomo Swedenborg.
Las manifestaciones caseras han sido a miles, pero exageradas por la ignorancia y el miedo, no han dado campo, mas que al trato con los espíritus inferiores que han gozado de los efectos; que producían.
De aquí los duendes, trasgos, brujas, demonios, cadenas, encantamientos y lugares, malditos.
El clero solo ha aceptado las presentaciones, que diremos santas, y la aparición familiar, las cuales le dieron un filón que explotó a su gusto; tal fue las misas y exvotos.
Llegada la humanidad a poseer un caudal de conocimientos regulares en ciencias exactas y materiales, ha podido deshacer rancias preocupaciones, aspirar a la libertad de pensar y de ahí, que naciera el racionalismo, que es el carácter especial de nuestra época.
Basadas todas las ciencias en el experimento, desechado el empirismo, las ideas caducas, inservibles, de la religión católica, se iban a paso de carga; la duda, el escepticismo, el materialismo, en fin, tomaba cartas de naturaleza, por no llenar las aspiraciones del hombre ninguna de las escuelas espiritualistas.
Ante este marasmo, ante tal peligro, aparece un pequeño fenómeno, un entretenimiento risible para los hombres graves; la danza de las mesas.
El año 1848 se distingue por la corriente danzante que se estableció en todo el globo, propagándose este entretenimiento de las reuniones donde, en confianza, se trataba de explicar este juego, por la influencia de la corriente magnética que producían todos los cuerpos de los asistentes puestos en relación por sus dedos; circunstancia sine qua non, podía llevarse a Cabo.
Los ligeros, triviales y poco pensadores; se hastiaron de este juego y le arrojaron o abandonaron como arrojan y desprecian al poco tiempo caballos, velocípedos y favoritos manjares.
Pero hombres más discretos y pensadores, contemplaron el fenómeno desde mayor altura, y trabajando por robar a la naturaleza uno de sus secretos, la razón de aquel hecho, efecto de aquella causa, vieron con asombro que les entendía, que les hablaba, que tenia voluntad, puesto que ante sus dudas y tanto amor al estudio, bailaba acompasado primero, luego tatareaba algún aire nacional o ejecutaba trozos musicales.
¡Qué alegría, qué placer para estos hombres destinados a realizar tan grande obra; qué dicha, repito, ver que aquella mesa, aquel trípode obedecía a una inteligencia y que contestaba a la insinuación benévola que se le hacía por estos!
Comenzó desde día tan inolvidable una comunicación de monosílabos por medio de los golpes, que se fue propagando como el efecto anterior con una rapidez pasmosa.
Las mesas parlantes fue el nombre de guerra y también por desgracia para la humanidad, corrió el mismo camino y con las mismas ventajas para la mayoría de los hombres ignorantes y perezosos.
Esta segunda prueba se perdió para los más, pero hubo quien con una constancia sin límites, siguió paso a paso el progreso de esta comunicación rudimentaria.
El alfabeto repartido en nueve letras por cada pie del trípode, la cestita y tablita con el lápiz después, y por último, la mano del hombre, han sido los tres tramos de la escalera, por la que la experiencia ha tenido que subir peldaño por peldaño, todos llenos de escollos y dificultades.
En el año 1853 se publicó en Cádiz la primera obra de espiritismo, que por hoy conocemos, exposición sencilla del medio tiptológico, con el extracto de varias comunicaciones así obtenidas; y luego en el 1857, apareció El libro de los Espíritus, recopilado por el patriarca de nuestra escuela, por el inolvidable Allan Kardec.
Hemos llegado a la relación del trabajo del hombre por excelencia, del trabajador incansable a quien la doctrina espiritista debe la unidad y la vida que tiene.
Le rendimos desde aquí un tributo de admiración y esperamos vuelva entre nosotros a proseguir su obra, con aquel espíritu sintético y elevado que, con claridad suma, dio a sus escritos.
Mas he aquí, que venimos a dar con la cuestión de nombre.
¿Cómo es pues que se llama espiritismo la ciencia de la que, con trabajo y fatiga extrema, arregló las bases y coordinó sus leyes el ilustre Allan Kardec? ¿Por qué no se titula Kardeismo?
La época, sólo la época explica esta anomalía que se presenta a primera vista.
Moisés dio el nombre al mosaísmo; Buda al budismo; Brahama al brahmanismo; Cristo al cristianismo; Mahoma al mahometismo y los filósofos de la antigüedad, dieron nombre a sus respectivas escuelas Pitagórica, Pirrónica, etc., época completa, de la individualidad.
No hacemos un hurto del nombre, como a Colón, el no denominar Colombia a las Américas, siendo Améric Vespucio guiado por el célebre navegante, no; desde que el hombre conoce que las ideas, son de la humanidad; desde que se establece esa solidaridad entre todos los seres y se trata de romper las cadenas de la esclavitud y las barreras o fronteras; desde que se quiere que el verdugo no ejerza, desde entonces el racionalismo se apodera de las conciencias y no hay más que el yo universal, la humanidad.
Por esto, todas las nuevas ideas no toman el nombre del genio que las fue sirviendo como de madre, para darlas al público con mayor fuerza por la acción.
La homeopatía, la democracia, el racionalismo, etcétera, etc. pertenecen a la humanidad y por esto no llevan el apellido de ningún nombre.
Y no tan solo por esto, deja de bautizarse con el nombre de Kardec, sino que como se observa, pertenece el espiritismo a las ciencias que explican fenómenos no inventados por los hombres, que vienen produciéndose desde que hay historia y que por lo tanto no les pertenece.
Y si esto decimos de los fenómenos, ¿Qué decir de las bases filosóficas en el que estriba nuestra escuela?
Recopiladas de miles de comunicaciones, pertenecen a una humanidad de espíritus y estos son los que bautizan y sellan su obra, con el grandioso nombre de Espiritismo.
«El Mosaísmo fue, el reino de la materia.»
«El Cristianismo el reino del verbo.»