SECCIÓN DOCTRINAL
AMPLIACION Y RECTIFICACIONES
Al querer condensar en pocas líneas, una idea ligera y clara del camino seguido por una verdad tan grande como el Espiritismo, que nace con la creación, y con el fin de no hacer difuso nuestro pequeño ensayo, prescindimos extractar de todas las obras de la escuela, muchas noticias referentes a su historia.
Pero al hacerlo así, hemos incurrido en varios errores que rectificamos con gusto, dando en cambio conocimiento a nuestros lectores de dos o tres hechos que nos agradecerán.
Dijimos en nuestro artículo anterior, que la sociedad parisién fue la primera; hoy sabemos por carta que nos ha dirigido su secretario, que El Centro Gaditano se estableció en 1855, llegando a contar al poco tiempo cien socios dispuestos, con una fe noble y santa, a ejercer el apostolado, llevando a la provincia el polen generador que germinó, y que contratiempos inmensos no pudieron arrancar la preciosa semilla, que para el bien había fructificado.
Muy lejos llevaron sus ideas, y Montevideo debe su sociedad Espiritista (que existe desde aquel año) a la buena nueva llevada allá por un marino socio de la de Cádiz.
Quisieron publicar una obra que explicara el fenómeno, sus causas y la misión de los espíritus, y después de recorrer todas las imprentas, en las que se negaron a imprimir aquel trabajo, encontraron una que lo hiciera siempre que la tirada ascendiese a mil ejemplares.
Para darlos a la publicidad, hubo que atenerse a la censura, y el gobernador primero y el fiscal después, estuvieron conformes en que podía circular, si bien éste último, dijo: que tratando algo religioso, le parecía conveniente sufriese antes la CENSURA ECLESIÁSTICA.
Ya conocieron nuestros hermanos del estrecho de Hércules lo que les había de suceder.
El prelado, al inspeccionar el folleto y ver la tendencia y origen, montó en ira y dejándose llevar de su mala impresión, mandó un oficio al gobernador, con el santo objeto de que secuestrara en el acto todos los ejemplares, poniéndolos a su disposición.
La autoridad, civil cumplió su cometido y la eclesiástica, consumó con aquellos un…. AUTO DE FE ante su palacio.
Luego excomulgó a los autores, tratándoles de panteístas y ateos y prohibió a sus ovejas la evocación de los espíritus, bajo pena de excomunión.
Así como el ave fénix resucita de sus mismas cenizas, sucede con las ideas, que no mueren porque hombres fanáticos las combatan con el hacha del verdugo, sino que renacen con más vigor y muestran la inutilidad de la persecución, cada vez que se intenta ahogarlas con el suplicio.
Cádiz no podía, Gibraltar dio cuna al verbo espiritista en 1857, entrando en aquélla capital como género de ilícito comercio y con la exposición de caer en manos de los espías del obispo, que supo se había llevado a efecto la impresión del opúsculo.
«El verdugo mata al hombre Mas no mata las ideas.»
Creyeron destruir la flor y ha llegado a ser robusto árbol.
¡Cuántas miserias cometen los hombres fanáticos!
No pudiendo el obispo impedir la lectura secreta del folleto, logró por fin—gracias a aquellos tiempos que tanto echan de menos sus cofrades―la orden para que se cerrara AQUEL CLUB REVOLUCIONARIO.
Lo consiguió, pero al poco tiempo apareció de nuevo.
Gracias a la galantería del secretario D. Francisco de Paula Colí, hemos recibido el opúsculo incombustible «LUZ Y VERDAD DEL ESPIRITUALISMO» del que hablaremos en otra ocasión cuando le tengamos estudiado.
Reciban nuestro parabién los hermanos de Cádiz, que tan pronto supieron aceptar la regeneradora idea que ha de llevar a la humanidad, por la senda de la virtud y del amor, al reinado de Dios sobre la tierra.
También dijimos que en París (1858) se publicó la primera revista espiritista, cuando en aquella época se publicaban ya en Génova, el Journal de l’ame, y en América y solo en los Estados Unidos, diez y siete periódicos, entre ellos uno francés, el Spiritualiste de la Nouvelle-Qrleans, publicado por Mr. Basthés.
Hoy, gracias a la persecución y a la controversia, y ayudados por esa ley inmutable, que tanto asusta a los reaccionarios, caminamos por la senda del bien, propagando nuestra doctrina en todas partes, ya bajo la tienda del árabe indómito, como del palacio de los reyes, y traduciendo las obras del Maestro Kardec a todos los idiomas.
Antonio del Espino.
Año I. Alicante 20 de Julio de 1872. Num.14.
REVISTA ESPIRITISTA
ÓRGANO OFICIAL DE LA SOCIEDAD ALICANTINA DE ESTUDIOS PSICOLÓGICOS