Fácil es indicar el camino de la verdad, sencillo es mostrar a la humanidad el sendero de luz y ciencia que conduce a la perfección: pero no lo es tanto el apartar de esa misma Humanidad los vicios que corroen su corazón, los males que minan sus cimientos, no es tan fácil separar de sus fanáticos pechos las falsas ideas que la superstición y el oscurantismo han depositado en la extraviada razón del hombre, como tampoco es fácil que el ignorante idiota apruebe con propia convicción los adelantos que constantemente se realizan.
Y esto, que parece tan superficial, es precisamente la causa de la formidable oposición y continua lucha sostenida por los dos elementos más acentuados de la sociedad: el Progreso y la Reacción: es como si dijéramos, la rémora constante que siempre se opone a todo adelanto.
Cuando una institución se proclama, cuando una idea se levanta, cuando un pensamiento sublime cruza por la imaginación del elemento joven, del progreso, con el laudable fin de proporcionar a la sociedad los ventajosos efectos de sus resultados, entonces aparecen como fantasmas las rancias ideas del oscurantismo, hijas tan solo de las viejas preocupaciones de unos, sostenidas por la mala fe de otros, y la ignorancia de los más; y entonces es cuando se verifica esa lucha de que antes hemos hecho mención.
Sócrates, Newton, Arístides. Platón, Franklin. Colón, Bohernave y más que pudiéramos citar, son otros tantos testigos de esta verdad, son otros tantos ilustres mártires de sus elevados pensamientos, que la sociedad ingrata solo escuchó para ridiculizar.
Obsérvese que esta estúpida y sistemática oposición, se presenta a todos los adelantos que proclaman en alta voz la perfección de que es susceptible la humanidad, ya sean mirados aquellos bajo el punto de vista político, religioso o social: por manera, que si consideramos esto mismo, no debemos extrañar la inicua guerra que con ímprobos resaltados se está haciendo hoy al Espiritismo, estando esta doctrina basada en la verdadera caridad y justicia, resumiendo en sí la política más liberal, la religión más verdadera y la moral más sublime de las hasta aquí conocidas.
No negaremos que la Iglesia, en su día, en su época, hiciera un beneficio a la humanidad, dadas las circunstancias en que ésta se encontraba al tiempo de proclamarse aquella, pero en la actualidad no puede de ningún modo responder a las aspiraciones del hombre, si para ello atendemos a la cultura y grado de civilización en que hoy se encuentra.
Por lo mismo, se comprende que la Religión, ese poderoso elemento de la sociedad, no debe cerrar sus puertas a la civilización, no permanecer inerte ante la indestructible ley del Progreso.
La Religión empieza con el hombre, progresa con él mismo y termina en Dios.
De aquí se deduce, que la humanidad, no satisfecha con lo que le prometía la Iglesia católica, buscaba un más allá de que no se daba cuenta, buscaba otra vida y otro mundo, pero sin materia.
Y este más allá y otra vida, es la que le presenta el Espiritismo, cuya síntesis vamos a exponer aunque ligeramente.
El Espiritismo, es la pura emanación del Evangelio, separado de las falsas interpretaciones hechas por algunos hombres en beneficio de sus creencias particulares.
En él todo es amor, todo verdad, todo virtud: se funda en la revelación, en la razón natural y en la ciencia.
Cree en un Dios eterno, autor de cuanto existe, omnipotente, poderoso, sabio, inmutable, verdadero, todo amor, bien, misericordia, bondad y justicia.
Cree también en Jesucristo como enviado de la Suprema causa en este mundo para enseñarnos el bien, e inmolar en sacrificio su santa vida por amor a la humanidad.
Cree en el alma o espíritu, como ser verdadero, inmaterial, libre, inteligente y eterno.
Cree en un premio y un castigo moral, no material como la Iglesia le pinta.
Cree en la pluralidad de existencias y mundos habitados, como sitios que Dios tiene destinados para nuestra perfección. Su doctrina no excluye a nadie del premio eterno, todos, absolutamente todos, más o menos pronto, según sus acciones, llegarán a gozar de las delicias que Dios nos reserva y que solo Él puede comprender.
Nuestro templo, es el universo; nuestros sacerdotes, todos los hombres virtuosos que enseñen el bien; nuestro pontífice, Jesucristo; nuestro culto, es la exclusiva adoración a Dios en espíritu y verdad, no en materia y en mentira.
El Espiritismo, es la doctrina más noble y elevada que la humanidad ha podido estudiar en las diferentes épocas de adelanto, todo en él es grande, todo maravilloso, todo sorprendente, todo en fin, nos da a conocer de una manera real y positiva la Poderosa mano del Ser imposible de concebir por la humana inteligencia, del Ser cuya sabiduría no tiene límites, cuya Omnipotencia no reconoce nada más allá.
El Espiritismo como síntesis del progreso tiende en fin a perfeccionar al hombre y unirle con el indisoluble lazo de amor y caridad.
A. S. E.
Año I. Alicante 5 de Febrero de 1872.