INTRODUCCIÓN

José Aniorte

Moisés nos trae la primera Revelación, y con ella los Diez Mandamientos como una Ley Divina que había que cumplir, pero su pueblo salido de un largo periodo de esclavitud en Egipto, era violento, fanático, agresivo, y rebelde; difícil de dominar y dirigir.

Por esta razón mantuvo la imagen de un dios colérico y vengativo, que castigaba con penas eternas a aquellos que no le obedecían y premiaba de forma espléndida a todos los que le agradaban y le hacían ofrendas.

Tres mil años después llegó Jesús, el Mesías prometido, que el pueblo hebreo no reconoce porque el Mesías que ellos esperaban, debía liberarlos de la opresión y el dominio romano, pero Él fue la segunda Revelación.

Jesús nos dice “No he venido para alterar la ley sino para darle cumplimiento”.

Dios es amor y jamás castiga a ninguno de sus hijos; siempre les da una nueva oportunidad para rectificar su conducta, hasta que consigan la suficiente elevación para formar parte de un solo rebaño y un solo pastor.

También decía:
“Ni una sola de mis ovejas se perderá, todas se salvarán”,
“Conoceréis la verdad y ésta os hará libres”.

Con esta definición de lo que es Dios, nos da la firme seguridad de que podemos estar en continuo contacto con Él, sin ningún intermediario y esto no lo pueden aceptar algunas religiones, porque se han apoderado de la “exclusiva” y se han nombrado sus representantes para que nadie pueda llegar a ese dios sin la intervención de ellos.

Lo más grave es que para conseguir esto, han tenido que darle otro sentido a las palabras del Nazareno.

Han convertido a Jesús en un dios hecho hombre; manteniendo abierto un infierno que nunca ha existido y vendiendo “parcelas” en el cielo, un cielo que tampoco existe.

Todo esto para hacer el negocio más rentable de este mundo.

Estamos en el siglo XXI. El progreso de la humanidad y de la ciencia es asombroso, el recuerdo de nuestras generaciones pasadas nos parece tan lejano que nos cuesta imaginarlo; pues bien, aún así la Religión Católica, Apostólica y Romana, sigue en su dogmatismo milenario y fantasioso, inaceptable para las nuevas generaciones y también para las actuales.

El poder de la Iglesia aún sigue siendo muy grande, porque tiene muchos millones de seguidores, que viven en este siglo pero piensan y sienten como en la edad medieval; la religión se ha estacionado, se inmovilizó y cristalizó en esa época y también sus seguidores.

Estamos ya viviendo momentos de transición, nuestro planeta tiene que renovarse y con él también su humanidad.

Llegó el momento de conocer la verdad: “que vea quien tenga ojos para ver y oiga quien tenga oídos para oír”.

Grandes acontecimientos se van a producir en la Tierra y todos nosotros debemos estar preparados para enfrentar, con conocimiento de causa, esta gran realidad.

La razón por la que he escrito este libro, es precisamente para decir la verdad histórica una vez más, sobre las tres “religiones, creencias o doctrinas” más importantes de nuestra civilización.

No estoy contra ninguna de ellas, todas tienen el derecho de existir y manifestarse, pero también tienen el deber de respetar las otras creencias y el derecho de pensar libremente de todos los seres.

No se puede utilizar el nombre de Dios o de los Espíritus Superiores para satisfacer nuestras ambiciones orgullosas y desmedidas, utilizando la mentira, la falsedad y la calumnia, para confundir, oscurecer y dominar la mente de todos los que confían en ellos, porque creen que representan a Dios y hablan en nombre de Él.

Esto ya es intolerable, y ha llegado la hora de decir las cosas como en realidad son; así es como se dogmatizan las religiones y doctrinas, se alteran y materializan los principios puros y beneficiosos que todas ellas tienen.

No es mi deseo separar a nadie de su religión o creencia, porque todas ellas son caminos que conducen al mismo destino, si seguimos un rumbo correcto.

La verdad debe ser conocida para que todos sepan en lo que creen y el porqué.

Las religiones todas son buenas, las personas somos las que hacemos de ellas buenas o malas; porque todo aquel que se siente bien y seguro, creyendo en la Divinidad de Jesús, en la Virgen Inmaculada, en la castidad de José y en la concepción del Espíritu Santo, si esta creencia influye en su vida, si le hace ser un hombre de bien, si leyendo el “Sermón de la Montaña” que está en el primer capítulo de este libro, es capaz de vivirlo y adaptarlo a su forma de vida, puede estar seguro de que su alma llegará al “Cielo”, sin necesidad de ningún intermediario y no tiene porqué cambiar de creencia.

La última Revelación o doctrina, que hemos recibido es el Espiritismo, es la más fácil de comprender y al mismo tiempo la más esclarecedora.

Sin sombras ni misterios nos revela la existencia del mundo espiritual y abre las puertas del Más Allá.

Aún así, hay muchos llamados espíritas, que se esfuerzan en paralizar el Espiritismo en sus principios fenoménicos, y con esto le niegan el derecho y el deber que tiene de evolucionar y transformarse, siguiendo siempre el progreso de la humanidad y de la ciencia.

El Espiritismo continúa evolucionando en primera línea; ni el progreso de la humanidad ni el de la ciencia, puede dejarlo atrás, porque es científico, filosófico y renovador y porque es la religión de los Espíritus, la religión del futuro, es la Religión Universal.

Por esto nada ni nadie podrá paralizarlo ni tampoco ensombrecerlo, porque es sobre todo la más pura y cristalina expresión del Cristianismo, enseñado y vivido por Jesús.

La idea sublime y grandiosa que desciende de lo alto para aliviar el sufrimiento de la humanidad, se cubriría de sombras si esto fuese posible, es decir, si la esencia de donde procede ese ideal, le permitiera ensombrecerse.

Es verdad que como ideal nuevo y renovador, no puede escapar de las críticas y de la incomprensión de la humanidad ignorante y fanatizada por ideas o creencias religiosas del pasado, pero aún así, sigue inmutable su marcha ascensional y bienhechora, porque procede de la fuente de todo amor y poder y como obra Divina, no puede ser detenido su paso siguiendo siempre hacia delante.

Este conocimiento debería sentirse en lo más profundo del corazón de todos los seres que, en un sentido o en otro, participan en la divulgación del Espiritismo.

Hay muchos grupos que por curiosidad o pasatiempo tratan de ponerse en contacto con los espíritus que les rodean, es decir, pretenden descubrir los secretos del Más Allá.

Estos hermanos desconocen por completo la ciencia espírita y las leyes naturales que rigen la comunicación con lo invisible, y sin embargo, por su misma ignorancia, se atreven a pisar un terreno más peligroso de lo que pueden imaginar, cuando ponen en práctica la parte fenoménica del Espiritismo, sin haber estudiado esta doctrina y sin tener preparación alguna.

El espiritismo es un estudio constante de sí mismo, el cual nos ayuda a desprendernos de las inmundicias de las pasiones, de los sentimientos de orgullo y egoísmo, en fin, de todas las imperfecciones que nos dominan.

Del Espiritismo, lo que la humanidad debe de tomar, ante todo, es su doctrina cristiana y regeneradora en sus principios, no ocupándose del fenómeno sino en último lugar, puesto que no es más que un detalle insignificante del mismo.

El Espiritismo es el Evangelio de Jesús, llevado a todas las esferas de la vida humana.

Con la práctica espiritista, se afirma en las conciencias la Ley del Amor, el “no hagas a otro lo que no quieras para ti”, y se libera el hombre del aterrador egoísmo que es la causa de nuestros males.

El Espiritismo es un poderoso destructor de esos dos culpables de todos los males terrenos: el egoísmo y el orgullo.

Esto es el verdadero Espiritismo: ser hoy mejores que ayer y mañana mejores que hoy.

Las creencias religiosas, impuestas y enseñadas con violencia en los tiempos medievales, la época más oscura que ha vivido la humanidad terrestre, fue sin duda un freno para enfrentar la barbarie de entonces; pero a medida que la humanidad ha evolucionado, con el progreso de los siglos, la Religión Católica de Roma, debía haber evolucionado también de acuerdo con este progreso, pero hizo todo lo contrario, se cristalizó, se estacionó y envejeció con sus dogmas, quizás aceptables en aquella época, pero inaceptables en la cultura de hoy.

Sus representantes han mantenido hasta hoy, una posición inamovible, y todo esto para satisfacer sus ambiciones de riqueza y poder.

Ellos montaron el negocio más lucrativo del mundo, hasta convertirse en el Estado más rico y poderoso, olvidando las palabras de Jesús: “Soy pobre y no tengo una piedra donde reclinar mi cabeza”.

Tenemos que reconocer que esta misma Iglesia ha dado en todos los tiempos, miles de espíritus, hombres y mujeres, que fieles a su creencia han renunciado a los bienes materiales, para practicar la caridad y sacrificar su vida con amor, en beneficio de sus semejantes.

Han creído y practicado los enseñamientos de Jesús, tal y como ellos los comprendían.

Estos hermanos son misioneros sin nombre, pero sin duda alguna, han ganado su “cielo”.

Yo no estoy contra ninguna Iglesia, las respeto, todas son buenas y necesarias y lo serán mientras existan seres que crean en ellas, pero sí estoy contra las manipulaciones que hacen un negocio de ellas.

Yo en mi largo pasado, he pertenecido a la Iglesia Católica de Roma, fui uno de sus representantes, ambicioso y orgulloso, fui odiado y temido, hasta que mi Espíritu se dio cuenta de su equivocación, sufrió el dolor del arrepentimiento hasta que consiguió nuevas oportunidades para regresar a la Tierra, para rectificar su equivocada conducta.

En esta existencia tengo el serio compromiso de divulgar la verdad, a través del libro gratuito para esclarecer algunas mentes de las muchas que ensombrecí en el pasado.

Con la Tercera Revelación se abrieron las puertas del Más Allá, se desvanecieron los misterios, y los espíritus nos revelan la luz de la verdad, ellos nos hablan para decirnos: “La muerte no existe, los ‘muertos’ siguen viviendo, y participan en vuestras vidas, porque están cerca de vosotros”.

El Espiritismo, codificado por Allan Kardec, es el Consolador prometido por nuestro amado Jesús; y tiene la misión de restaurar el Cristianismo con toda su pureza y grandeza, tal como lo enseñó su fundador ¡Jesucristo!.

Esta doctrina consoladora, amorosa y universalista, debe ser conocida por todos aquellos que la necesitan.

El Espiritismo con su lógica, puede contestar todas las preguntas, puede ser investigado y examinado, porque no oculta nada, no tiene dogmas ni misterios.

Sus fundamentos son progresivos y están en continua evolución; siempre camina en la vanguardia del progreso humano y científico, y esto sólo es posible porque sus fundamentos y principios no son humanos, sino que son las revelaciones y manifestaciones de Espíritus Superiores y Universales.

Con este libro “Las Verdades del Espiritismo” intento esclarecer muchos puntos oscuros que aún existen con los envejecidos dogmas de algunas religiones.

Sinceramente pido disculpas a todos aquellos que puedan sentirse molestos por algunos de los temas que aquí se tratan.

No es ésta mi intención, respeto todas las creencias y el derecho que cada uno tiene para pensar o creer.

Mi deseo y compromiso es ayudar a todos aquellos que por falta de conocimiento han caído en el ateísmo, en la incredulidad y en la indiferencia, y así, una vez más, recordar estas palabras de Jesús:
“Conoceréis la verdad y la verdad os libertará”.

Que Dios nos bendiga a todos y que Jesús, nuestro querido Maestro guíe nuestros pasos, iluminando nuestro camino.

José Aniorte Alcaraz

“Las Verdades del Espiritismo”