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Jose Aniorte Alcaraz

Jose Aniorte Alcaraz

EL CENTRO ESPÍRITA

José AniorteEl estudio de los fenómenos mediúmnicos, es de vital importancia en los centros espíritas. En este estudio tiene sus bases fundadas el Espiritismo; pero con frecuencia vemos como, por falta de las nociones fundamentales, y de una buena directriz, se perjudica notablemente la labor que se debe de realizar.
El centro debe de ser una luz en el camino, para los espíritus encarnados y desencarnados; la tarea de dirigir un grupo, es muy importante, exige muchas cualidades, mucho conocimiento y capacidad de discernir, y una fuerza moral irreprochable. Ningún grupo puede funcionar bien, si no está sometido a una rígida disciplina.

La persona que dirige el grupo debe estar apoyada por los guías del centro, que desde el plano espiritual marcarán, las normas a seguir en el plano terrestre. Los demás integrantes del grupo, son imprescindibles para la tarea espiritual a realizar, sin la cooperación y participación de todos los integrantes del centro, junto con la participación del plano espiritual, sería irrealizable la luminosa labor a desempeñar, en pro de la evolución espiritual de la Tierra.

El orgullo, la vanidad y el deseo de ocupar un lugar destacado, anula todas las posibilidades de conseguirlo.
El que es humilde, acepta el último lugar, y tiene el deseo de contribuir y ser útil, sin duda éste es el más grande, como decía Jesús:

“el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el “Hijo del Hombre” no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.

Yo estoy de acuerdo con el trabajo que se realiza en todos los centros; cada uno de ellos desempeña su misión en el ambiente proporcionado por la asistencia espiritual que tiene, siendo útil con la tarea realizada, siempre que no se dejen llevar por el envanecimiento y se conviertan en instrumentos dóciles de espíritus mal intencionados.

En el momento que el responsable de uno de los centros, intente imponer en el centro o fuera de éste, como única y verdadera la interpretación que él hace de la doctrina espírita, desmintiendo a los que no acepten sus puntos de vista, sin ninguna duda es un fiel instrumento de las fuerzas negativas, y en esto tenemos que ser prudentes y meticulosos.
Es muy necesario que los dirigentes de los centros, debido a la responsabilidad que han asumido, pues la elección para el desempeño de dicho cargo, tiene carácter espiritual, que mediten y vigilen toda práctica y actividad que se realice en el centro, procurando que se cumplan los preceptos establecidos por la doctrina espírita.

Es un deber de todo espírita, divulgar el Espiritismo sin alterar su origen. Su misión fundamental es modificar y exaltar las cualidades de todo cuanto pueda intervenir o influir, dirigido hacia el mejoramiento de nuestras condiciones de vida.

Es la influencia espiritual que reconoce los valores del alma. Los principios del Espiritismo son tan viejos como el Espíritu del hombre; están exceptuados de preconceptos de sectas o castas, aunque éstas orienten al ser humano hacia objetivos avanzados de la vida superior.

El Espiritismo no fue codificado para competir con otras religiones, y Allan Kardec, Espíritu de mucha elevación, liberado de dogmatismos religiosos, no se le puede responsabilizar por el fanatismo de algunos espiritistas, que malinterpretan la doctrina.

Sus bases son inamovibles, porque descansan sobre un principio eterno.

Creemos en un Dios único e indivisible, cuya casa o templo es el Universo; creemos en la existencia del mundo espiritual, en la pluralidad de mundos habitados dentro de nuestro Universo, en la ley de vidas sucesivas, hasta que el Espíritu tenga necesidad de ellas. Finalmente creemos en Jesús y su Evangelio. Jesús es nuestro guía, el Espíritu más elevado de nuestro planeta, al que seguimos, porque creemos en Él y en el camino de la verdad que nos enseñó.

Los centros espíritas tienen la obligación de analizar y vigilar la asistencia espiritual y las comunicaciones que reciben, pues algunas de las comunicaciones mediúmnicas, pueden ser un fraude; entregándose el médium a trabajos anímicos, sembrando la mixtificación a cuenta de un servicio mediúmnico superior.

Los espíritus superiores no se manifiestan en los centros espíritas donde predominan la ansiedad y la inquietud por el fenómeno espectacular, el cual entorpece la propia redención del médium.

Entonces se anula el espíritu de iniciativa, cayendo en el fanatismo, desvirtuando y descuidando la responsabilidad espiritual.

Esa influencia astralina, a veces inteligente pero mal intencionada, puede ser muy peligrosa, como ya dije antes; sus miembros están muy bien preparados, en el campo de la astucia, consiguen fácilmente introducirse entre los espíritas neófitos, que se entusiasman por el fenómeno mediúmnico, antes de buscar la transformación espiritual de sí mismos.

Con sus dudas y desacertados argumentos, destruyen la seguridad espiritual mantenida por los protectores del mundo superior. En todos los centros o grupos, puede haber alguna persona que esté dominada por el orgullo, vanidad o ambición, y se convierta en dócil instrumento del mundo de las sombras; dando lugar a que el más mínimo desacuerdo que pueda surgir en el grupo, sea utilizado para sembrar la discordia y separación, impidiendo el beneficioso estudio y trabajo que se debe realizar en un centro espírita.

El verdadero espírita, es aquél que profundiza en el estudio, que no se deja manipular por interpretaciones falsas, y lo más importante es que aplica en él, en su sistema de vida, todo lo que intenta enseñar a los demás, dando el ejemplo moral para que sus semejantes confíen en él; es entonces cuando recibirá el don de la intuición, esa percepción clara y recta de las verdades espirituales, sin presentimientos ni visiones.

La intuición marcará con toda seguridad el rumbo que debe seguir, sin que nadie le aparte de su camino. Una vez alcanzada esta situación, será fortalecido en sus debilidades, asistido en las enfermedades, no sintiéndose solo o abandonado jamás, porque la asistencia de los buenos espíritus nunca le faltará. Por esto, la intuición se estima como la etapa más elevada en la transformación de un espírita.

Mientras el hombre esté dominado por la razón humana, será gobernado y esclavo del mundo de las formas, sometido a las fuertes pasiones de la vida física. La mayoría de los seres, no tienen noción alguna, de que diariamente se participa en los fenómenos del mundo oculto, confundiéndolos fácilmente con hechos comunes y cotidianos de la vida terrena. Aquéllos que dicen ser ateos, no pueden imaginar, en su escepticismo, la estrecha relación que tienen con los “muertos”, según su visión del mundo.

En la vida material, todo está relacionado con la vida del mundo espiritual. Nuestra forma de vida está condicionada al tipo de amistades espirituales que atraemos y conservamos.

Esta relación mantenida con el plano espiritual, tiene un importante significado a través de nuestros sentimientos, pues la tristeza o alegría que manifestamos, es debida a la proximidad del ser invisible, que sintoniza perfectamente con nuestros pensamientos y emociones.

Aquí como en el Más Allá, cuando nos desviamos del camino recto, cuando nos dejamos influenciar por los espíritus pervertidos, atraemos decenas de ellos, que sin piedad, nos arrastran al estado de sufrimiento que ellos están padeciendo.

Todos nosotros tenemos que dejar aquí nuestro cuerpo, y al abandonar este plano terrestre, seremos espíritus buenos o malos; felices o desgraciados, esto dependerá de cómo hayamos vivido, de qué tipo de influencias nos han dominado; si nos hemos inclinado por las pasiones mundanas o por el contrario por las virtudes y buenos propósitos.

Aunque todos seamos, más o menos, influenciados por espíritus desencarnados, no debemos olvidar que también existen espíritus buenos; dedicados en su abnegación a ayudar siempre a los que en la vida física, intentan su rehabilitación espiritual. Los que desean liberarse de las entidades opresoras de las sombras, no deben descuidar su reajuste moral, y el control emotivo y mental, sobre sus deseos y pasiones inferiores.

El Espiritismo es una doctrina disciplinada por un conjunto de leyes, principios y reglas, que orientan las relaciones entre los espíritus encarnados y desencarnados, y promueve la renovación filosófica y moralizadora de sus seguidores.

No es suficiente que el espiritista frecuente el centro espírita, que escuche a los espíritus, que comprenda o crea en la existencia del mundo espiritual, que reciba pases magnéticos, o que participe de las reuniones.

El verdadero espírita, es necesario que se integre incondicionalmente en sus postulados morales, dando como ejemplo la fuerza moral de sus actos.

De no ser así, bastaría la asistencia frecuente y constante a los centros espíritas, y el uso indiscriminado del servicio medianímico, para caracterizarse como un verdadero espírita.

Pero no es así, porque sólo por la transformación interior, se reconocerá al buen espírita.

Es posible que esto, para algunos sea algo inverosímil o fantasioso; pero yo os puedo decir que a lo largo de mi existencia, he aplicado estas normas a mi vida y a mi trabajo espiritual, he intentado siempre seguir los pasos de mi querido Maestro Jesús, al que le ofrecí mi insignificante vida, y hoy en mis últimos días, sólo me queda decir:

¡Gracias por todo, mi querido Maestro!

 

José Aniorte Alcaraz

Elucidaciones Espíritas

Jose Aniorte Alcaraz

OBSESIÓN Y PRUEBAS

EnJosé Aniorte ningún momento el Espíritu regresa a la Tierra siendo víctima de un destino implacable, que lo condene a sufrir situaciones irreparables, si así fuese, estaríamos inevitablemente condenados al castigo y la venganza por nuestras debilidades del pasado.

La justicia divina no es vengativa, es justa y amorosa, no desea nuestro aniquilamiento y sufrimiento, sí quiere nuestra recuperación, asimismo las pruebas que debamos sufrir, sólo dependen de nuestra conducta y comportamiento.

La fatalidad, la suerte, el acaso o destino, están en nuestras manos, son creación nuestra; existe una ley justa pero inflexible, que actúa de forma inmediata, según nuestros pensamientos, voluntad y forma de vida que cada uno libremente decida vivir.
Los espíritus endeudados con faltas indisciplinadas, cometidas en existencias pasadas, son enviados nuevamente a este plano terrestre, y colocados en medio de las influencias mórbidas, semejantes a las que ellos alimentaron anteriormente.

La nueva existencia física, puede ser favorable o no, dependerá de la forma en como actúe y piense en medio de sus viejos compañeros, ya sean víctimas o verdugos.

Siempre que tengan un comportamiento digno y vivan en buena armonía con sus semejantes, podrán sobrevivir sin mayores conflictos o tragedias, recibiendo con justicia la ayuda del mundo espiritual, con el sólo deseo de inspirarles hacia una vida mejor.

El Espíritu que haya renacido en una familia, con un ambiente de baja condición espiritual, y aún así, se esfuerce en resistir las malas influencias, se aparte de ellas practicando el amor, la tolerancia, el sacrificio y la renuncia a favor de sus semejantes, aunque fuese perseguido por un peligroso obsesor, podría sobrevivir en la materia, venciendo cualquier influencia obsesiva.

La ley universal nos dice:

“la cosecha siempre ha de ser conforme haya sido la siembra”,

y yo digo que:

“si hacemos una buena siembra, podremos recuperar las pérdidas de la mala cosecha anterior”.

Los espíritus que en el pasado sembraron confusiones mentales en otros, en sus cerebros incautos, deben reencarnarse ahora, en esas familias cuyas creencias infantiles retardaron su progreso espiritual.

Ahora tienen que ayudarles a liberarse del negativismo ignorante y fanatizado que en ese triste pasado de su vida, les inculcaron y enseñaron.
Estos espíritus arrepentidos, nacen con el compromiso y el deber de despertar y esclarecer las mentes atrofiadas y confundidas por los dogmas incisivos e indiferentes de unas creencias manipuladas y falsas.

Gracias a su sacrificio y a la cura recibida por medio de su transformación íntima, estos espíritus perturbadores del pasado, como valientes gladiadores, vuelven a la lucha y al servicio de Jesús para restablecer la verdad, y dar su vida si fuese necesario, para el bien de la humanidad.

Esta tarea abnegada, no es impuesta a ningún Espíritu; la razón esclarecida y consciente por reducir su débito, es lo que les permite aceptar el servicio doloroso a favor del prójimo, y también en su propio beneficio.

No existe obsesión incurable, pues toda obsesión tiene su causa en nuestro pasado o en las debilidades del presente.

Todos los acontecimientos trágicos son el fruto de la debilidad moral y de la ignorancia del hombre.

Todos nosotros tenemos en nuestro haber, muchas existencias reprobables; hemos cometido abusos y atropellos, sembrando desgracia, sufrimiento y desesperación en nuestros semejantes, acumulando en nosotros mismos, grandes deudas a pagar en vidas sucesivas.

Arrepentidos de nuestra maldad, ya hace mucho tiempo que estamos deseosos de nuevas oportunidades, para poder ayudar a nuestras víctimas de ayer, con el anhelo de conseguir su perdón, sacrificando, en ocasiones, nuestra vida a favor de ellos.

Esto no impide que alguna de nuestras víctimas, incapaces de perdonar, sienta aún el empeño de la venganza, intentando hacernos daño, como obsesores resentidos.

En este caso, para  contrarrestar la maldad, tendremos que sufrir la prueba de la paciencia y tolerancia, devolviendo bien por mal, y amor por odio.

Siendo ésta nuestra conducta, no debemos temer nada, pues por grande que sea esa fuerza negativa, nada puede contra el Espíritu arrepentido, que ya emplea sus medios y humilde voluntad, para ser un servidor del Maestro Jesús.

Una gran parte de esta humanidad, sufre actualmente una influencia negativa y obsesiva, tan peligrosa como la relatada aquí.

El materialismo, el ateísmo, las pasiones y aficiones desenfrenadas, que descontroladamente se generalizan por todas partes, hacen que el futuro del ser humano, se vea ensombrecido.
El astral inferior, residencia de los espíritus enfermos, es como un inmenso hospital, y por una fuerza de atracción muy poderosa, sus puertas se han abierto y todos los espíritus afectados de graves patologías, se han esparcido por nuestro planeta, contaminando y transmitiendo su enfermedad, allí donde son recibidos.

Estos espíritus se refugian con mucha facilidad donde encuentran afinidad, entonces se instalan, y si no obtienen resistencia, se envalentonan tomando posesión de la mente y cuerpo de sus víctimas, que cobardemente se sometan a su dominio; ejerciendo sobre ellos una terrible y destructora influencia, que los lleva a su total aniquilamiento como personas racionales, pudiendo en ocasiones, acabar en locura o suicidio.

Es primordial analizar estas cuestiones detenidamente, porque nos hacen comprender cómo una simple atracción, por afinidad en nuestros gustos o tendencias, puede en algunos casos, convertirse en una cruel obsesión, arruinando nuestras vidas, y mucho más grave sería que por esta causa, nuestro Espíritu quede condenado a largos siglos de soledad y sufrimientos, en un mundo de sombras.

Las pruebas en nuestra vida son diversas y continuas, las sufrimos todos diariamente: padres, hijos, familias enteras que tienen que vivir juntos, soportarse y ayudarse, sin que haya entre ellos afinidad alguna; personas muy relacionadas con nosotros que nos engañan o traicionan sin justificación aparente; rechazo o antipatía que sentimos por ciertas personas con las que tenemos que convivir, porque en realidad nunca nos han hecho nada censurable.

Todas estas situaciones tienen su causa en el pasado, y en el presente tenemos que vivir y sufrir sus consecuencias como pruebas, más o menos difíciles, pero muy necesarias para rectificar muchas de las injusticias cometidas por nosotros, en anteriores existencias.

No existe el perdón, ni el castigo, ni el olvido de nuestras equivocaciones, pero existe una ley sabia, justa y divina, que nos da a cada uno lo que con justicia merecemos.

Decía Jesús: “en un tiempo se siembra y en otro se recoge”.

Si en nuestro pasado hemos sido egoístas, orgullosos, intransigentes, empleando todos nuestros medios y facultades en beneficio propio, sin que nos importara la ruina de nuestros semejantes, ahora debemos dar reconocimiento a la justicia divina, que sacrifica el bienestar y la vida, de quienes antes faltaron a la ley universal de amor y fraternidad.

La ley de causa y efecto se cumple, y nuestras víctimas de ayer, se convierten en el verdugo de hoy, que participa en nuestras vidas, proporcionando el efecto derivado de la causa; siendo el instrumento necesario para que la ley se cumpla.

Así se explica la falta de unión entre miembros de una misma familia, donde impera la incomprensión y la violencia, extendiéndose entre la generalidad de los seres humanos.
Tenemos que ser conscientes de que espíritus negativos, muy preparados, con astucia y medios suficientes, nos siguen de cerca, esperando un mínimo descuido o debilidad para intervenir, con intención de truncar nuestro progreso y fomentar el fracaso de nuestros proyectos.

Si su influencia y actuación no pueden hacerla directamente, de forma muy astuta, utilizan a la familia o personas de nuestro entorno que ignorantemente y sin maldad, se dejan utilizar, consiguiendo así nuestro adversario, en muchas ocasiones, desviarnos del objetivo y hundirnos en el fracaso.

Todo el que se somete a una influencia extrema con su familia biológica, es aquél que siente la vida como una existencia única. Somos una minoría los que tenemos la certeza de que más allá del cuerpo físico, existe un Espíritu eterno que es inmutable, que conserva su individualidad después de la muerte física, manteniendo su inteligencia, más o menos cultivada, en cada una de sus existencias.

Debemos de analizar, con sumo cuidado, las tendencias y necesidades de nuestros seres más queridos, que utilizando su libre albedrío, tienen el derecho de pensar y vivir como crean conveniente.

Pero también debemos hacer respetar nuestra independencia, como espíritus comprometidos con el mundo espiritual, para divulgar el Espiritismo; doctrina consoladora que nos explica con lógica y razonamiento, de dónde venimos, el porqué vivimos en la situación actual, cuál es nuestro objetivo y a donde vamos tras la muerte del cuerpo material.
El verdadero espírita, en su humildad, somete su voluntad al estudio, y reconoce con naturalidad sus errores, con intención de rectificarlos, pues si no los reconociera no podría corregirlos.
El camino, nos dijo Jesús:

“es difícil y pedregoso, y aquél que lo siga debe renunciar a todo por amor a mí”.

Yo asumí ese compromiso hace cuarenta y siete años, y nunca a pesar de los impedimentos y sacrificios dolorosos que he tenido que soportar, me aparté de él.

Hoy al final de mi vida, puedo decir que me siento feliz y doy gracias a Dios, por la oportunidad de progreso espiritual que me dio, y que yo he sabido utilizar para ser el más pequeño de sus servidores.

José Aniorte Alcaraz

ElucidacionesEspíritas

Jose Aniorte Alcaraz

CONOCERÉIS LA VERDAD Y ÉSTA OS LIBERTARÁ

José AniorteEl Espiritismo puede ser aceptado por todas las castas y pueblos, sin ideas separatistas. Éste ha logrado la unión entre todos sus seguidores, respetando sus principios religiosos, prevaleciendo siempre su efecto crístico, de amplitud universal.
Sus principios fundamentados en el sublime Evangelio de Jesús, constituyen en su doctrina filosófica, el argumento más racional para definir sus preceptos divinos en todas las latitudes del mundo.
La doctrina espírita está cimentada en los principios inconfundibles del espiritualismo milenario; está codificada con clara precisión, para el buen entendimiento de todos los hombres y mujeres de este mundo.

Es un guía seguro que ilumina a todas las criaturas y sobre todo a las más humildes, liberándolas de los dogmas y preconceptos supersticiosos.
El Espiritismo no exige a sus adeptos que frecuenten la Iglesia (“Casa de Dios”) para dejar sus limosnas y encender velas. Porque Dios se encuentra en el corazón de los hombres, en los múltiples caminos de la vida y en las colectividades de humildes sufridores, que son bendecidas escuelas de educación, rectificación y reajuste fraterno.

La casa de Dios es el Universo, y sus hijos son todas las almas en proceso evolutivo, que por su propio esfuerzo y merecimiento, alcanzarán un día, no muy lejano, la paz y la felicidad de vivir en un mundo mejor, donde impere la justicia, la fraternidad y el amor.
Durante miles de años, las religiones dogmáticas, han engañado a sus seguidores, amenazándoles con un infierno que nunca ha existido, y vendiendo parcelas en el cielo, según el precio que cada uno pudiera pagar por ellas.

Ya es hora de conocer la verdad, contenida en los Evangelios de Jesús, hasta ahora manipulada por falsos profetas, que sin escrúpulos ni remordimientos, aún se empeñan en mantener sus mentiras, para seguir obteniendo beneficios personales.
Estamos viviendo una época en la que se precipitan los acontecimientos, y se están revelando unas verdades que hasta ahora han permanecido ocultas; estas verdades tienen efectos morales, sociales y espirituales.

En el cine, en la televisión, en muchos libros y en otros tantos descubrimientos científicos, ya se admite la realidad de la reencarnación y el reconocimiento de las vidas sucesivas.

La existencia del Espíritu inmortal ya es una realidad absoluta y demostrable.

El velo de lo invisible se está abriendo, la inteligencia humana está despertando, y se está realizando una campaña generalizada de intenso esclarecimiento.
Todos estos medios están acabando con los enigmas y misterios,

¡hasta el diablo ha perdido su rabo!

Los tiempos actuales son propicios para la renovación personal; si somos capaces de aceptar nuestras equivocaciones, también tendremos la capacidad para lograr realizaciones avanzadas en el orden espiritual.

Cuando decidimos vencer nuestras debilidades, y con valentía nos ponemos al servicio de nuestro Maestro Jesús, iniciamos nuestra rehabilitación espiritual y seguimos sin titubear, el camino que hemos emprendido.
Los espíritas debemos meditar con sensatez, sobre cuál es el verdadero objetivo de nuestra vida, el compromiso espiritual asumido, y la imperante necesidad de transformación interior.
El mundo espiritual, dirigido por espíritus de profusa elevación, tiene como principal objetivo esclarecer al Espíritu del hombre, para liberarlo conscientemente de los dolorosos y repetidos ciclos de vidas sucesivas.

Es necesario ayudar a los espíritus encarnados, para que comprendan el verdadero sentido de su vida y su índole espiritual. El hombre tiene que esforzarse en vencer sus instintos animales, para alcanzar su legítimo destino.

Como Espíritu inmortal también tiene que saber, que la Tierra está pasando por un proceso de transformación, y si nosotros no seguimos ese proceso, y no reunimos las condiciones precisas para vivir en un mundo mejor, tendremos que dejarlo para habitar un planeta primario, donde el progreso y la civilización, son totalmente desconocidos.

En estas condiciones de vida en un planeta primitivo, el hombre se encuentra con una vida corta, difícil y dolorosa. Controlando nuestras debilidades y disciplinando nuestra forma de vida, podremos conseguir los requisitos adecuados y el derecho de continuar viviendo en este planeta, que en un futuro corto, será un mundo de paz, evitando asimismo, el doloroso exilio a un planeta atrasado, en unas circunstancias de vida demasiado primitivas.
El hombre tiene la responsabilidad de aprender a cultivar la virtud, practicándola diariamente con las personas que le rodean, sin necesidad de alterar su forma de vida habitual.

Los espíritus nos dicen que el hombre debe instruirse, para que sepa inmunizarse contra las bajas pasiones, mediante la razón y el criterio que ilumina y plasma la conciencia.

Así el ser humano, es capaz de enfrentar las sombras del pecado, sin contaminarse y sin que sea indispensable el huir del ambiente que las circunstancias le han obligado a vivir.

En este ámbito, el hombre tiene que enfrentar las pruebas y luchas predestinadas, esenciales para la evolución del Espíritu. En cualquier circunstancia de la vida, todo lo prohibido estimula el deseo y tienta al Espíritu a conseguir aquello que le está restringido o vedado; ya que es propio de la naturaleza humana el propósito de obtener placer y comodidad en la vida, antes que interesarse por beneficios futuros, que ahora le parecen una utopía.

Cuando las virtudes son impuestas, haciendo uso de las creencias religiosas, no tienen fuerza para resistir la presión de los instintos inferiores.

Sólo la conciencia espiritual, emancipada por su propio convencimiento, razonado y comprobado, está en disposición de vencer en esa gigantesca batalla moral, que debe enfrentar, el espíritu humano contra el espíritu animal.

El mayor fracaso de las religiones, ha sido justamente, el imponer por la fuerza sus creencias, con dogmas prohibitivos y amenazantes, sin una base sólida para mantenerlos. La ciencia ha desmentido categóricamente estos dogmas que solamente son aceptables por una humanidad inculta y medieval. El hombre ilustrado de hoy, no acepta una idea religiosa que no tiene argumentos, ni lógica para mantener sus postulados.

La humanidad de hoy, descreída y desengañada, está dando un gran impulso al ateísmo y al materialismo, esto es sumamente peligroso; sólo en un siglo, el progreso de nuestro mundo, ha avanzado más que en los últimos cinco mil años, y es lamentable que por culpa de las manipulaciones religiosas, insostenibles y desmedidas, los hombres y mujeres que marchan al frente del progreso alcanzado, vivan desengañados, porque han buscado una creencia lógica y convincente para orientar sus vidas y no la han encontrado.
Es ahora, en estos momentos, cuando los valores del Espiritismo deben ser conocidos; es ahora cuando los verdaderos espíritas, ya preparados, se tienen que unir para divulgar esta doctrina consoladora y racional, que acepta sin ninguna duda, la existencia de un único Dios creador del Universo, y de todo lo que en él existe, y de Jesús como máximo representante de Él aquí en la Tierra.

El ser humano que es un Espíritu reencarnado, debe conocer la realidad de su propia existencia, y obtener el conocimiento que le lleve a comprender que existe una ley inexorable, evolutiva y creativa, responsable del destino y de la vida en todos los planetas del Universo.

Nos guste o no, nuestro Espíritu está sometido a esta ley evolutiva, que rige la vida en todos los mundos, y así es en el nuestro.

Desde el principio de la existencia como ser humano, nuestro Espíritu ha pasado por dolorosos procesos de evolución; naciendo, muriendo y renaciendo de nuevo. Para alcanzar el estado actual del que hoy gozamos, hemos tenido que vivir miles de años, en situaciones tan extremas que es difícil de relatar.
Nuestra existencia terrena actual, es consecuencia de nuestras vidas anteriores, y nuestra próxima existencia será obviamente una consecuencia de la de hoy.

Es imprescindible adquirir conocimiento sobre esto, para poder comprender las injusticias que aparentemente se cometen en este mundo: los crímenes y guerras injustificadas, y las terribles catástrofes que a tantas víctimas inocentes involucra.
Es necesario vivir una existencia digna y sublime, para poder conseguir una sintonía con los espíritus más elevados, consejeros indispensables para la redención del hombre.

José Aniorte Alcaraz

Elucidaciones Espíritas

Jose Aniorte Alcaraz

LA VERDADERA RELIGIÓN

José Aniorte
Al hablar de verdadera religión, no me estoy refiriendo a una manifestación exterior sino a un sentimiento profundo que se encuentra en el corazón, que es donde se siente la necesidad de elevarse hacia un mundo de paz y felicidad.

El Espiritismo no es una religión en el sentido exacto de la palabra, pero sí una doctrina filosófica, científica y racional, actualizada para la humanidad de hoy, y la humanidad del futuro; con un fundamento religioso, ya que todas sus bases están dirigidas por el Maestro Jesús, y cimentadas en sus Evangelios y enseñamientos, que al mismo tiempo se apoyan en las leyes inmutables que rigen el Universo.

Los espíritas no necesitamos de templos, imágenes, sacerdotes o salvadores de almas, porque cada uno tiene que ser capaz de salvarse a sí mismo, por su propio esfuerzo renovador, cada uno tiene que obtener su propia luz, por merecimiento personal.
Yo aconsejaría a los hermanos que se dejan confundir por falsos profetas, que desconfíen de ellos, que la luz no se puede dar, y tampoco prestar, porque un ciego no puede ser guía de otro ciego.

Cuando nos sentimos aniquilados por el peso de nuestros sufrimientos, (digo nuestros sufrimientos, porque todos hemos pasado por situaciones parecidas) a consecuencia de nuestros desatinos cometidos en el pasado, sólo nos cabe una alternativa: el arrepentimiento sincero y reparador.

No nos engañemos, el perdón no existe como tal, las faltas cometidas hay que pagarlas y proceder a su rectificación; si somos capaces de hacer la enmienda con humildad, sin cometer nuevas infracciones, comenzará para nosotros un nuevo ciclo de reencarnaciones, más seguros de nosotros mismos, emprendiendo un camino más luminoso. El Espiritismo interpretado así, abarca todos los cultos, todos los sacerdocios, se eleva por encima de todos ellos, y dice:

¡La verdad está más alta que cualquier culto, y lo que en verdad nos interesa es el perfeccionamiento de la humanidad!

Las religiones, inmovilizadas en sus dogmas, cuando todo marcha y evoluciona en torno suyo, se sienten agotadas y agonizantes, porque ya han perdido toda su influencia sobre sus creyentes y están destinadas a morir; como todo en este mundo se muere para renacer, porque la idea que los hombres se forman de la verdad, se modifica y se engrandece y por esto las religiones deben transformarse cuando ya han cumplido su objetivo, porque ya no responden al progreso de la humanidad.

El progreso nadie puede pararlo, y a medida que avanza en su camino, necesita nuevas concepciones, un ideal más elevado, que lo encuentra en los descubrimientos de la ciencia y en las nuevas instrucciones, que esclarecen y renuevan con nuevas ideas, al conjunto de la humanidad. Hemos llegado a un momento de la historia, en que las religiones envejecidas y agonizantes, tienen que ceder paso a nuevos y renovadores proyectos.

El Espiritismo reúne las condiciones imprescindibles para la transformación hacia una nueva humanidad.

El Espiritismo es ciencia, filosofía y moral religiosa. Pero no es una religión organizada, es diferente de las demás religiones tradicionales; no tiene templos suntuosos, ni sacerdotes, ni jefes religiosos, no adopta ningún tipo de ceremonia ni misterios. Siempre está abierto al estudio renovador y lógico; es claro y transparente, no pretende engañar a nadie prometiendo salvaciones o promesas que no puede cumplir.

El Espiritismo nos dice que,

“nuestra salvación sólo depende de cada uno, y que nosotros construimos y somos portadores de nuestro cielo o nuestro infierno que nos acompaña siempre, porque está dentro de nosotros”.

Un mundo de aspiraciones se agita en lo más profundo de esta humanidad, haciendo esfuerzos para tomar forma y salir a la luz. Las dos grandes fuerzas: hombre y Espíritu, se enfrentan finalmente en un terrible combate, y podríamos decir que si el Espíritu sabe resistir, será el gran vencedor.

El Espiritismo representa una fase nueva de la evolución humana. Los modos de correspondencia que unen a los hombres que viven en la Tierra, se extienden cada día más con los habitantes del mundo invisible. No obstante, en los avances sucesivos de su campo de acción, aquellos espíritas que no tienen aún la suficiente preparación, pueden tropezar con numerosas dificultades en las relaciones con el mundo invisible, que aun dándonos siempre resultados favorables, también nos ofrecen muchos peligros, pues es un mundo oculto, mucho más difícil de penetrar y analizar que el nuestro.

Tanto allí como aquí, el saber y la ignorancia, la verdad y la mentira, la virtud y la corrupción, se mezclan en la misma sintonía, dificultando su percepción, que aun sintiendo con fuerza su presencia, permanecen ocultos a nuestros sentidos.

Por todo esto, antes de experimentar la comunicación con el Más Allá, se deben de hacer copiosos y extensivos estudios. Es necesario el conocimiento teórico, y la preparación moral del Espíritu, para poder discernir, explicar y enseñar en el Espiritismo, lo verdadero de lo falso; la realidad de la fantasía.

El Espiritismo no es solamente la demostración de la supervivencia del Espíritu, sino que también es el medio por el cual recibe la humanidad las inspiraciones del mundo superior; es más que una ciencia, es la comunicación directa entre dos mundos, el mundo espiritual y el mundo material.

Con el Espiritismo, las facultades mediúmnicas que en otros tiempos, fueron privilegio de algunos, hoy están al alcance de todo el que la posee, por ser una facultad muy extendida a personas que reencarnan con esta preparación. Dicha facultad está muy expandida de forma popular, si bien está reconocido el beneficio o ventajas que aporta, hay que estar atentos y prevenidos ante los escollos y peligros que puede desencadenar.

El Espiritismo nos pone en comunicación, a través del conocimiento, con el mundo superior, efectuándose la revelación permanente, y la iniciación del hombre en las leyes supremas.

Es el manantial potente de inspiración, que despierta en el Espíritu el sentido de la realidad y lo impulsa con decisión y firmeza, a la difícil lucha de su renovación, y sin escatimar en sacrificios sigue adelante, dispuesto a reparar hasta el último desatino que haya podido cometer.

Cuando el Espiritismo es malinterpretado, se convierte en un espiritismo de baja calidad; éste también tiene su utilidad, pues nos familiariza y nos pone en comunicación con el mundo espiritual inferior.

Las manifestaciones a través de los fenómenos vulgares, nos ponen de manifiesto interesantes pruebas de identidad; de ellas se pueden obtener importantes datos para la investigación. Pero estas prácticas sólo deben realizarse cuando sea necesario para el estudio o en casos puntuales; naturalmente con la debida preparación, porque se puede dar el caso y muchas veces se ha dado, de que el “hechicero” quede “hechizado”.
El inmenso imperio de los espíritus, está poblado de seres benéficos y también maléficos, están en todos lados en el espacio infinito; desde los espíritus más triviales y groseros que están lindando con la animalidad, hasta los espíritus más nobles y puros, mensajeros de la luz, que llevan por todos los lugares, a través de los tiempos y del Universo, las radiaciones del pensamiento divino.
Es posible que muchos rechacen estas conclusiones y quizás los menos, las acepten, ¡pero esto tal vez no importe!
Porque yo no estoy buscando el éxito, solamente me mueve el sincero e inmenso deseo de divulgar la verdad y esclarecer las mentes de todo aquél que esté dispuesto a no dejarse embaucar más por ideas erróneas.
Muy pronto dejaré esta vida y me sentiré muy dichoso si mi paso por este mundo no ha sido estéril, pues mi objetivo ha sido el contribuir a llevar la esperanza y el consuelo a los que sufren y he pretendido iluminar las inteligencias deseosas de conocer la verdad.

Debemos de tener siempre presente, que débil o fuerte, ignorante o instruido, el Espíritu vive en nosotros y gobierna nuestro cuerpo que sólo es un instrumento para manejar, según su voluntad. Este Espíritu es libre y responsable de todos sus actos, y voluntariamente puede transformarse y mejorarse, aspirando a su propia elevación espiritual.

Las ambiciones personales y las malas pasiones, chocan con la razón y el sentimiento del deber, y por este motivo, nuestra voluntad está frecuentemente en conflicto con nuestros instintos. También por decisión propia, podemos sustraernos de las influencias negativas de la materia, dominando esta parte material y convirtiéndola en un instrumento dócil.

Todos somos conocedores de las circunstancias por las que han tenido que pasar aquéllos que para cumplir con su deber, han soportado la injusticia y la incomprensión, han vivido con la enfermedad y en la más triste soledad, ahogando y venciendo los lamentos de la materia, que siempre se resiste a someterse al dominio del Espíritu.

Nuestro estado psíquico es obra personal. Nuestro grado de comprensión y entendimiento, es una compensación a los esfuerzos que hemos hecho, pues somos lo que hemos querido ser, a lo largo de nuestras muchas vidas.
El cuerpo fluídico que nos envuelve, sea oscuro o radiante, reproduce nuestro valor exacto, es como un espejo donde se refleja la verdadera imagen del Espíritu. Es una imagen real que se plasma con toda claridad en nuestro periespíritu.
El mundo espiritual es el mundo de la verdad, nadie puede usurpar un lugar que no le corresponde, cada uno se encuentra en la situación y en el estado que él mismo se ha creado, es dichoso o desgraciado, dependiendo de la clase de vida que haya elaborado para sí mismo.

Ha llegado el momento de comprender que de nuestras ideas, de nuestras inclinaciones y obras, en un sentido o en otro, nos construimos una envoltura sutil de bella imagen, abierta a las más delicadas sensaciones, o bien, una morada sombría, una cárcel oscura, donde después de la muerte, el alma está sepultada como en una tumba. Así es como el hombre crea su propia dicha y su felicidad, o por el contrario, su desdicha y su desgracia.

Cuando regresa al mundo espiritual, toda su obra la lleva grabada en la imagen que él mismo ha creado. Y por un efecto de las mismas causas, el hombre atrae las influencias del mundo invisible, las vibraciones negativas, o los vulgares deseos de los espíritus con pasiones desordenadas.

Esta es la realidad de las manifestaciones espíritas; no es otra cosa que la ley de atracción y de afinidad.

En los momentos de meditación, podemos relacionarnos con el mundo espiritual y según nuestro estado vibratorio, recibir las inspiraciones de espíritus superiores que nos transmiten paz, o sentir la influencia de los espíritus de escalas inferiores.

Para la mayor parte de los hombres, la creencia en la vida futura, no es más que una vaga hipótesis, una idea que todos los soplos de la crítica hacen vacilar. Los espiritistas, sabemos que los espíritus de las personas que han muerto, nos rodean y toman parte activa en nuestra vida; se nos presentan como verdaderos seres humanos, dotados de cuerpos sutiles, conservando la apariencia y sentimientos que tenían aquí en la Tierra.

También sabemos que la muerte no produce ningún cambio esencial en el Espíritu, el cual continúa siendo lo que era antes de su muerte, llevándose más allá de la tumba los afectos, pasiones, debilidades o virtudes, contando en su haber las acciones cometidas. Todos los bienes materiales aquí se quedan, sólo las obras malas o buenas que hayamos hecho nos acompañan.
La intuición profunda nos pone en contacto con nuestros amigos espirituales, y hasta cierto punto nos permite recibir la inspiración de ellos, proporcionándonos los medios necesarios para establecer una comunicación entre los dos mundos, terreno y espiritual.

Si conseguimos elevarnos, aunque lentamente, por encima de la influencia que la materia ejerce sobre nosotros, estas comunicaciones o inspiraciones, se hacen más frecuentes, más transparentes y reveladoras, y de este modo los espíritus encarnados y desencarnados, trabajan juntos para conseguir que la gran familia universal, obtenga su progreso moral y espiritual.

Para poder realizar estas prácticas, es necesario reunir ciertas condiciones y actitudes, como son: la humildad, la perseverancia, el desprendimiento, y algo muy importante como es la elevación moral, que nos faculta para mantener una comunicación con el mundo espiritual superior.

El Espiritismo, además de ser una ciencia, es también un ideal nuevo y renovador, que esclarece las mentes, combate el ateísmo con demostraciones lógicas, sin misterios; es finalmente el Consolador prometido, que viene a iluminar a la humanidad y a liberarla del yugo impuesto durante tantos siglos, por el fanatismo de las religiones tradicionales.

El alma es un mundo en el que aún se mezclan la luz y la sombra, y en su interior está el germen de todas las potencias, esperando el momento de su fecundación. El dolor físico junto al dolor moral, es un poderoso medicamento para el progreso. Las pruebas del dolor nos ayudan a conocernos mejor y vencer nuestros defectos y pasiones. Con el dolor nos purificamos y con él aprendemos a ser más pacientes y resignados, fortaleciendo nuestro Espíritu.
No pongamos en duda la justicia divina; el dolor nos arranca de nuestra indiferencia y modela nuestra alma, dándole una forma más pura, más perfecta y bella.

 

José Aniorte Alcaraz

Elucinaciones Espiritas

Jose Aniorte Alcaraz

ESPIRITISMO Y CIENCIA

José Aniorte
Cada paso que damos, nos recuerda lo poco que aún sabemos. Nuestras conquistas científicas solamente son nociones provisionales, superiores a la ciencia del siglo pasado, pero superada por los descubrimientos de nuestro próximo futuro.
El tiempo presente sólo es una etapa en el gran viaje emprendido hacia nuestro futuro, un punto en la historia de las
generaciones.

El Espiritismo, como toda gran idea y descubrimiento, ha tenido que pasar la prueba de la humillación, de la calumnia, de la incomprensión y de la persecución.

Los fenómenos espiritistas, considerados en un principio como puro charlatanismo, ya han entrado en el dominio de la observación seria y rigurosa.

Hoy ya hay personajes eminentes que estudian e investigan estos fenómenos, y hacen constar la gran importancia y realidad de ellos. En Europa y en América, hay sociedades de estudios psicológicos que trabajan y hacen serias investigaciones, convencidos ya de estos hechos. Todo esto, naturalmente, está dirigido a los incrédulos, a los que aún no aceptan la vida espiritual, a los que no quieren entender la estrecha relación que existe entre el mundo visible y el invisible.

Para los espiritistas, estos sucesos ya están más que demostrados desde hace ciento cincuenta años; pero aún tenemos que contemplar cómo un sector importante de este planeta, desengañado de las religiones, se debate en el lodazal del ateísmo y la incredulidad. En estas mentes desconfiadas, es muy difícil introducir una doctrina nueva, aun siendo ésta una idea buena.

Ante esto no podemos cerrar los ojos y cruzar los brazos.

Debemos reaccionar ante las dudas, con máximo cuidado y sin asumir ningún compromiso previo.

Debemos antes, investigar y bucear en busca de la verdad, que hasta ahora no hemos podido encontrar en ninguna religión. Así lo hice yo: busqué e indagué hasta que encontré la verdad que me convenció con lógica, como un libro abierto.

Al fin hallé la verdad que buscaba, esto cambió totalmente mi vida, porque vivir en la duda, sin una creencia, sin saber de donde venimos y adonde tenemos que ir, es una muerte lenta.

Este conocimiento fue como una luz que ilustró mi mente, despertando en mí el deseo de compartir con mis semejantes, la felicidad y el bienestar tan inmenso que sentía. En ello empleé todo mi esfuerzo y recursos posibles, y hoy en los últimos días de mi actual existencia, me siento útil y realizado, por lo que doy gracias a Dios por todo cuanto me ha dado.

El advenimiento del Espiritismo, ha sido uno de los más grandes acontecimientos de nuestra historia.

Hace dos mil años, cuando el paganismo agonizaba en el seno de una sociedad corrompida, la voz del cristianismo se extendía hacia los más humildes y desgraciados, dirigida por el Rabí de Galilea.

La palabra amorosa de Jesús nos trajo una moral y una fe nueva, una revelación y unos principios ignorados por las multitudes, como son la caridad y la fraternidad.

De la misma manera hoy, frente a unas religiones petrificadas en su pasado, incapaces e impotentes para iluminar el Espíritu del hombre, surge el Espiritismo con una filosofía racional, abierta a toda comprobación, sea científica o no.

Es una doctrina traslúcida, no tiene anclajes en el pasado, sigue los avances de la ciencia y está siempre por delante de todo progreso humano. Tiene todos los componentes necesarios para conseguir una transformación social, eliminando y regenerando los elementos de descomposición, que hoy afligen y contaminan al mundo.

Los fenómenos espiritistas, siendo tan importantes por sus resultados científicos y consecuencias morales, no han sido acogidos con el interés merecido. Tras tantos siglos de fanatismo religioso, las mentes aún influenciadas han caído rendidas inconscientemente en los brazos del materialismo, sufriendo mucho daño.

No es tarea fácil reparar los efectos causados, pero el mundo espiritual, se movilizó y en este último siglo, mandó reencarnar a un numeroso grupo de espíritus abnegados y luchadores, que hasta hoy están cumpliendo con su deber, restableciendo la verdad y abriendo nuevos caminos de luz, dando como ejemplo su vida, una existencia de sacrificio y fidelidad al Maestro Jesús.

En Europa y América, se extiende cada día con más fuerza, la luz del Espiritismo; se están abriendo nuevos caminos, el libro espírita gratuito para los más necesitados ya es una realidad, y el número de colaboradores que quieren participar en esta obra, aumenta día a día.

Yo invito a todos los que quieran trabajar para el Divino Maestro, que se pongan a su servicio, que escuchen su llamada y se ofrezcan a Él.

El Espiritismo nos revela que la muerte no es más que una transformación, porque el Espíritu que da la vida al hombre es inmortal. Cada vez que una existencia termina, se produce la muerte del cuerpo; el Espíritu se separa de él, y el alma se siente completa y libre; se cubre con un cuerpo fluídico, el cual adquiere un aspecto más sutil o menos, dependiendo de su estado de evolución espiritual.

La envoltura de los espíritus más atrasados, suele ser densa y pesada, porque después de la muerte, siguen sintiendo las pasiones y necesidades, igual que en la vida terrestre. El hambre, el frío, el dolor, las necesidades materiales que siente su cuerpo astral, son un verdadero suplicio. No perciben la vida en el espacio, viven en las tinieblas, rodeados de sombras.

El Espíritu desprendido de la materia, tiene un cuerpo fluídico semejante a su adelanto, cuanto más puro es, más sutil es su periespíritu. Participa del bienestar de la vida espiritual superior y se siente feliz trabajando para conseguir su redención y su continua evolución.

El mundo invisible es muy variado y desconocido; exige mucha prudencia y perseverancia para poder penetrar en él. Sólo después de muchos años de reflexión y de observación se adquiere la preparación necesaria para contactar con él.

El Espíritu en el Más Allá, se encuentra tal y como era durante su vida terrena. Después de la muerte, no es mejor ni peor que antes, sino el reflejo de su personalidad. Para dominar nuestras pasiones aquí en la Tierra, corregir y vencer ciertos defectos y aficiones, se necesita una firme voluntad y un importante deseo de superación. Para someterse a esto, es indispensable sentirse cobardemente víctima de una fatalidad, fruto de nuestros actos, pues sólo existe porque nosotros mismos la hemos creado.

El mundo espiritual es un mundo de luz y de sombras.

Los espíritus que durante su vida terrena han luchado para vencer los malos instintos, se encuentran allí en un mundo de paz. Los que han hecho todo lo contrario, satisfaciendo sus deseos materiales, gozando de las cosas pueriles y banales de la vida, estos espíritus acaban formando numerosas legiones, viviendo en las sombras, en el dolor y el sufrimiento.

No pongamos en duda el justo proceder de la justicia divina. Jesús nos decía:

“Procura reconciliarte con tu enemigo en el camino, antes de que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en prisión y no salgas de allí hasta que no hayas pagado el último cetil”.

El mundo de los espíritus sufridores existe, también existe la justicia divina, poseedora de los medios necesarios para aplicar el cumplimiento de la ley, según nuestro merecimiento.

¿Acaso puede un ciego ser guía de otro ciego? Si uno de ellos tropieza y cae en una zanja, ¿no arrastrará consigo al otro y lo hará caer también?
¿Nos atreveríamos a intentar a toda costa sacar la paja del ojo del vecino, sin antes haber sacado la viga que está en el nuestro? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver con claridad para sacar la paja del ojo de tu hermano!

Si queremos ayudar a los hermanos necesitados, debemos hacerlo aquí, porque una vez que han caído en el abismo del Más Allá, nada más podemos hacer desde aquí por ellos.
No creamos que todos los espíritus poseen la ciencia y la verdad.

Allí igual que aquí, la superioridad moral e intelectual, sólo se obtiene con un trabajo lento y continuado, con renuncia, dedicación y sacrificio; acumulando los progresos conseguidos durante muchos siglos.

El mundo invisible influye continuamente sobre nosotros, al contrario de lo que muchos piensan.

Los muertos tienen una influencia dominante sobre los vivos. Nos guían y nos inspiran sin que nos demos cuenta de su influencia.

Nos inspiran para que sigamos el camino del bien o nos tientan y empujan hacia la senda del mal.

Estos espíritus son atraídos por nosotros mismos, de acuerdo con nuestros gustos o afinidades; debemos pensar seriamente en esto, porque sólo depende de nuestra actitud, el que nos acompañen una clase de espíritus u otra, y el tipo de problemas que nos puedan causar.

Los espíritus inferiores son incapaces de sentir la más mínima aspiración elevada, llegando en ocasiones, a dominar y subyugar a las personas débiles, que no saben oponerse a su influencia.

Los espíritus superiores, sólo se manifiestan en los casos en que su presencia pueda ser útil, para facilitarnos el camino de progreso espiritual.

Así pues, se necesita una gran prudencia para entrar en comunicación con el mundo invisible.

El bien, el mal, la verdad y la mentira, se confunden fácilmente.

Para poder distinguir uno de otro, para no dejarse engañar, hay que examinar todas sus enseñanzas y revelaciones meticulosamente, con un juicio severo y una fuerza moral intachable.

Aquél que en su vida, cumple el compromiso espiritual adquirido, los espíritus de luz que ven sus intenciones, le apoyan para que pueda realizar su trabajo, ayudando a sus semejantes, mientras se ayuda a sí mismo.

Muchos de los que se entregan a las manifestaciones, buscando el fenómeno, no tienen nociones exactas de lo que están haciendo.

Poco instruidos en estas cuestiones, confunden y alteran la realidad con falsas interpretaciones, arrojando el descrédito sobre el Espiritismo, que supuestamente quieren practicar.

La ignorancia es muy difícil de vencer, y los errores y abusos que engendra, hacen mucho daño a la verdad y la razón, con el gran peligro de fanatizarse, convirtiéndose en antagonista de la verdad.

Todas las doctrinas y religiones han sufrido esta plaga, que es un intento más de las fuerzas astrales para impedir que la verdad sea conocida.

Querer demostrar la existencia de un fenómeno, sería colocarlo en el orden permanente de las cosas materiales.

En este mundo todos los seres y todas las cosas, se encadenan y se unen en estrecha solidaridad y sublime armonía; no hay lugar para el milagro ni para lo sobrenatural.

Leyes rigurosas e inflexibles, gobiernan la materia y el mundo invisible, y para conocer este admirable funcionamiento, sólo existe un medio que es estudiar.

Con un estudio profundo del Espiritismo, podremos llegar al entendimiento y comprensión del mundo espiritual.

La ciencia continúa siendo impotente para ejercer una influencia saludable y moralizadora sobre la humanidad; es incapaz de trazar sus deberes y proporcionar un principio de mejoramiento individual y social.

Este concepto nuevo que reúne los elementos dispersos de la unidad y armonía; esta ley moral indispensable para la vida y el progreso de la humanidad, la ofrece el Espiritismo, porque sus consecuencias morales son insuperables.

Su enseñanza bien comprendida puede consolar a los afligidos, reprimir las más fuertes pasiones, y dar todo el valor necesario para no sucumbir ante la adversidad.

El Espiritismo es una poderosa síntesis de las leyes físicas y morales, un medio de regeneración y progreso, que con su conocimiento, el hombre puede vivir tan feliz, como sea posible serlo en este mundo.

No se produce ninguna sentencia cuando el Espíritu regresa al plano espiritual después de la muerte, sino que allí sufre las consecuencias naturales de sus actos, que recaen sobre él como una recompensa o un doloroso castigo.

En el mundo espiritual, no padece sólo por el mal que ha hecho, sino por el bien que tenía que realizar y no lo hizo.

El sufrimiento es inevitable hasta que el Espíritu acepta la realidad, reconoce sus faltas y siente deseo sincero de rectificarlas. El sufrimiento es una consecuencia ineludible del estado de imperfección del hombre.

Alrededor de este planeta, presidio del Espacio, flotan legiones de espíritus imperfectos y sufridores, esperando la hora de poder reencarnar. Sólo pagando el precio del dolor y el sacrificio podemos sembrar el germen de nuestra futura felicidad.

Quienes empiezan a sentir el arrepentimiento, esperan resignados el final de sus pruebas, y están preparados para aceptar con humildad la justicia divina. El remordimiento como pálido fulgor, ilumina sus almas, y esa pequeña pero significativa claridad, permite que los buenos espíritus se acerquen a ellos, para prodigarles el consuelo y la ayuda necesaria.

La justicia divina es infalible, rige y controla nuestro destino, y está presente en todo el Universo.

Nuestro planeta aún es un mundo de prueba y expiación, tanto en la parte corpórea como en la incorpórea.

Estos dos mundos están estrechamente relacionados, porque realmente sólo existe uno.

El cuerpo físico aparentemente nos separa, pero sólo es una falsa imagen, siempre estamos juntos, compartimos todo lo que sentimos y deseamos con ellos, nos unimos por afinidad y gustos.

La muerte de nuestro cuerpo no significa nada, nuestro mundo y nuestra forma de vida no se altera, porque es una creación nuestra que siempre nos acompaña.

Los espíritus inferiores o sufridores, sobre los cuales cae con fuerza el peso de sus faltas, no pueden imaginar su porvenir, porque no conocen nada de las leyes superiores. Sufren, lloran y se lamentan, sólo piensan que viven en un mundo de injusticia.
La negatividad que les envuelve, impide que espíritus más elevados, que quisieran ayudarles, se puedan acercar a ellos.
En la erraticidad, se encuentran grandes agrupaciones de espíritus en esta situación, que agitados buscan un estado mejor que no pueden alcanzar.

Están sumergidos en el aislamiento y la desesperación. Esta situación se prolonga hasta que golpeados por el peso de sus culpas, reconocen y aceptan con humildad su rectificación.

El destino es el resultado de nuestras vidas sucesivas, de nuestras obras y libres decisiones.

En el estado de Espíritu comprendemos mejor nuestras equivocaciones, y deseosos de rectificarlas aceptamos una nueva reencarnación, sin reparar en las dificultades que podamos encontrar en ella. De vuelta a una nueva vida, y sin conservar ningún recuerdo, aparentemente, de nuestra promesa, nos dejamos envolver nuevamente por las influencias de la vida material, retrasando nuestra evolución y acumulando deudas para el futuro.

Este ideal es el único que despertará en el Espíritu el sentido del deber, la fe, entusiasmo y abnegación para cumplir sus compromisos espirituales y superar todas sus debilidades.

El que ha sabido comprender el alcance moral de la enseñanza de los espíritus, sabe que el conocimiento que esta doctrina le ha dado, le obliga a trabajar con mayor energía en su mejoramiento y el de sus semejantes, aplicándolo primero en él, estudiándose a sí mismo con atención y sometiendo sus actos a un examen escrupuloso, pues sería imposible rectificar un defecto, sin tener conocimiento de él primero.

En los momentos actuales, una grandiosa misión se está cumpliendo. El Espiritismo nos revela la verdadera identidad del mundo invisible, que es el mundo de las causas finales.

Con este estudio, el hombre llegará a la ciencia verdadera, convertida en creencia.

El hombre con este conocimiento, vivirá mejor la vida y no temerá más a la muerte.

 

José Aniorte Alcaraz

Elucidaciones Espíritas

 

Jose Aniorte Alcaraz

ELUCIDACIONES ESPÍRITAS

José Aniorte

INTRODUCCIÓN

Dice Allan Kardec: “Conoceréis al verdadero espírita por su transformación moral”: Estas palabras escritas por el Maestro, me impactaron mucho cuando las leí, se grabaron en mi mente y hasta hoy las tengo presentes.

A continuación hago una ligera referencia sobre mi persona, porque creo necesario que, al leer y estudiar un libro como el que tiene usted ahora en sus manos, es conveniente tener una reseña del autor del mismo:

Conocí el Espiritismo en Brasil, en el año 1.951, y en este país lo estudié y lo practiqué. Estoy seguro de que esto se dio como preparación para realizar un compromiso de trabajo, veinte años más tarde al regresar a España; compromiso que ya había asumido en el plano espiritual, antes de mi reencarnación.

Desde el momento en que llegó a mis manos el primer libro espírita, quedé entusiasmado con su lectura, fue como si un viajero sediento, encontrara en su camino, un manantial de agua fresca y cristalina.

En los nueve años siguientes, leí un centenar de libros, divulgué la doctrina que a mí tanto bien me había hecho, participé en diversas obras de caridad, hasta que en el año 1.960, ciertas inquietudes se apoderaron de mí, sin encontrar razón alguna que las justificara.

De forma inesperada sufrí una grave enfermedad, y fue entonces, cuando muy afligido me pregunté si verdaderamente se había producido en mí, la transformación interior que el maestro Allan Kardec promulga en sus libros.

Con lágrimas en los ojos, tuve que reconocer que ese cambio no se había producido en mí, que aún con el estudio y el trabajo realizados, el hombre viejo ejercía su dominio sobre mí, dando excesiva importancia a la vida material, así como: a la conservación de mi patrimonio, el bienestar material de mi familia y significativamente el mantener una buena imagen ante una sociedad que era todo lo contrario de aquello que yo tanto deseaba ser.

Convencido de esta triste realidad, me declaré en guerra contra ese hombre viejo y egoísta, que tanta influencia ejercía sobre mis actos y pensamientos.
Fue una guerra larga y difícil, pero finalmente conseguí vencer.

Pasaron aproximadamente diez años, hasta que pude recibir al hombre nuevo y con él comenzar un cambio radical en mi vida; una vida nueva, renunciando a los bienes materiales para ayudar a los que viven oprimidos por fanatismos y liberar las mentes oscurecidas, para abrir nuevos caminos más luminosos, en fin, para que aquellos que tengan ojos de ver, vean, conozcan la verdad y la verdad los libere para siempre de la terrible oscuridad que sufren, impuesta por los dogmas medievales de las religiones. (Lean “Hechos y obras de una vida”).

Todo espírita conoce los libros de la codificación espiritista y muchos otros libros relacionados con este tema, pero ¿la interpretación que se le da a esta enseñanza es la correcta? Esto es una de las cosas que voy a tratar en este libro.

Los espiritistas, con los conocimientos que poseemos, podríamos alcanzar en la Tierra un grado de felicidad, que aunque relativa, causaría envidia y celos en una gran parte de la humanidad.

Pero esto no es así, porque hoy, vivimos fuera de la realidad; profesamos un credo, tenemos unas convicciones, nos alimenta un ideal y aún así, hacemos todo lo contrario en nuestra vida diaria.

En las luchas de la vida no nos acordamos de nuestras creencias e ideales, y en pocas ocasiones aplicamos nuestra doctrina; preocupándonos en exceso por las necesidades materiales, que se mantienen en pie, firmes como antes de conocer el Espiritismo.

Esta es la vida que predomina entre la mayoría de los espíritas, dando una falsa imagen del Espiritismo, algo por lo que deberíamos de sentir vergüenza.

Si sabemos que existe un pasado que nos impone la realidad del presente, si sabemos que el presente condiciona de forma inexorable nuestro futuro, porque tendremos que recoger inevitablemente todo aquello que hemos sembrado, ¿cuándo, por fin, vamos a comprender que para cumplir nuestros compromisos espirituales, debemos de sacrificar los intereses materiales?

Todo espírita es poseedor de conocimiento doctrinario, y al reencarnar en este planeta, viene con el compromiso asumido en el plano espiritual, de propagar la nueva doctrina, cada uno con su propio esfuerzo y recursos y con total independencia; aplicando a sí mismo la moral de esta doctrina, porque nadie puede, ni tiene la moral suficiente para enseñar algo que no aplica y practica en su propia vida.

Si esto es así, y sabemos que lo es, ¿cómo somos capaces de caer nuevamente en los errores del pasado?

En el pasado comercializamos las religiones, haciendo de ellas un medio para satisfacer nuestras pasiones y ambiciones, y hoy aparentemente arrepentidos, volvemos a hacer lo mismo con la doctrina espírita; comercializando nuevamente un ideal tan sublime, utilizándolo para complacer nuestro orgullo, empleando los recursos ajenos para practicar una falsa caridad.

No pretendo convertirme en justiciero de nadie, ni me considero autorizado para ello, pero sí estimo necesario levantar la voz para decir que, “al verdadero espírita se le conoce por su transformación moral”, que está siempre dispuesto a convertirse en apóstol de la verdad y que después de vivir esta realidad para él mismo, tiene la fuerza moral para enseñarla a los demás.

Así lo he hecho yo, en el espacio de los 56 años transcurridos desde el día en que conocí el Espiritismo hasta hoy. He conseguido mi transformación; he utilizado todos mis recursos en divulgar esta doctrina, esclarecedora y consoladora, con total autonomía.

He publicado 16 libros, y cientos de miles de estos, circulan por todo el mundo, distribuidos de forma gratuita, para que la luz de la verdad, llegue con facilidad a todas partes.

Y esto me concede el privilegio de decir a los que pretenden oscurecer la luz del Espiritismo, que jamás lo podrán conseguir.

Yo con toda humildad le pido a nuestro querido Maestro Jesús, que ilumine la mente de estos queridos hermanos, para que reconozcan su equivocación y cambien su conducta, porque siempre estamos a tiempo de rectificar; si queremos podemos hacerlo.

¡Que nuestro Señor Jesús, nos ilumine, nos fortalezca y nos ayude a vencer nuestras debilidades!

 

 

José Aniorte Alcaraz

Elucidaciones Espíritas

Jose Aniorte Alcaraz

EL CENTRO ESPÍRITA Y LA ILUMINACIÓN DE LOS ESPÍRITUS

José Aniorte

 

No es mi intención criticar ni censurar la interpretación que hacen algunos centros espíritas durante sus trabajos mediúmnicos, tienen el derecho de utilizar su libre albedrío, pero también asumen la responsabilidad de sus aciertos o desaciertos.

Yo sólo quiero recordar a nuestros hermanos espíritas, que para nosotros existe una ley fundamental, la de causa y efecto, según esta ley, cada uno cogemos lo que sembramos; cuando nuestros hermanos sufridores nos piden ayuda para salir de la situación dolorosa que ellos mismos se han creado, entonces los espíritas “caritativos” en un esfuerzo gratuito, intentan librarlos del temporal que ellos mismos han provocado. Estos “espíritas” distribuidores de luz, son aquellos que son pequeños pero sienten la necesidad de sentirse grandes.

 

Con este comportamiento cometen tres faltas graves: ponen en duda la Justicia Divina que existe en todo el Universo; ignoran que en el mundo espiritual todo está dirigido con justicia y equidad y cada Espíritu recibe la ayuda necesaria cuando está en condiciones de recibirla, y por último engañan a esos infelices hermanos dándoles falsas esperanzas, haciéndoles creer que los sacan del sufrimiento, cuando en realidad es algo que sólo depende de ellos.

 

Nuestro principal objetivo, es iluminar y ayudar a nuestros hermanos, supuestamente equivocados, pero la ayuda hay que dársela aquí donde aún pueden cambiar de rumbo y rectificar su forma de vida.

Aquí durante la vida física es donde el Espíritu encarnado tiene que rectificar su conducta, para que cuando regrese al plano espiritual haya pagado parte de las deudas atrasadas, y no haya contraído otras que puedan agravar su situación. Por tanto la caridad a los espíritus hay que hacerla aquí, con amor, renuncia y abnegación, revelándoles la verdad, con nuestro ejemplo.

 

Yo creo en Jesús, y Jesús nos dijo: Reconciliaros con vuestro enemigo (nuestras debilidades, pasiones y vicios) en el camino (nuestra vida física), porque si no os prenderá el alguacil que os entregará al juez, y el juez (nuestra conciencia) os meterá en prisión (zonas de sufrimiento) y de allí no saldréis hasta haber pagado el último cetil”. Amigos espíritas, no se puede dar luz a los espíritus, si ellos viven en las sombras.

 

Para finalizar este libro, en este capítulo, añado cuatro capítulos de nuestra querida Amalia Domingo Soler, extraídos de la revista La Luz del Porvenir que explican claramente, la realidad del tema principal que contiene esta obra:

 

 

EXTRACTO DE UNA COMUNICACIÓN

Con el uso del libre albedrío que tiene cada individuo, hemos aceptado del Espiritismo todas las manifestaciones y procedimientos de muy buen grado, menos el hacer caridad a los espíritus.

Sin poderlo remediar, cada vez que vemos a un médium hacer visajes y contorsiones, lanzando maldiciones espeluznantes, dominado por un Espíritu en sufrimiento, se apodera de nosotros tal contrariedad que huimos de presenciar tales escenas, de escuchar los diálogos que se entablan entre el presidente del grupo o del centro que se dedica a hacer caridad a los espíritus.

Mas siempre que hemos tocado este punto, haya sido de palabra o por escrito, hemos sido reconvenidos por cuantos nos han escuchado, pero recriminados duramente, diciéndonos que difundir la luz entre los ciegos era una obra de misericordia y ciego era el criminal empedernido que en sucesivas existencias, hacía el mal por el solo placer de ser hostil y feroz para con sus semejantes; a lo que siempre hemos contestado: y antes de ser conocido y practicado el Espiritismo en la Tierra, ¿Cómo abrían los ojos a la luz, los ciegos de entendimiento?

Cuando no había médiums a quien molestar y entretener, (porque éstos no habían adquirido el menor desarrollo) ¿Qué hacía Dios con aquellos desventurados? ¿Los dejaba sumergidos en las tinieblas? Esto no parece posible; porque las leyes Divinas son de toda eternidad, y a Él no se le ocurrirá hoy, lo que no pensó ayer, por consiguiente, los espíritus en el Espacio siempre habrán tenido guías y protectores que les habrán enseñado el camino del arrepentimiento y los medios más oportunos para salir del caos del dolor; y además, ¿Qué papel representa en el Universo la humanidad terrena? ¿Qué virtudes atesoran los habitantes del planeta Tierra? ¿Qué grados de progreso les hace marcar en la historia de los siglos, los hechos más culminantes de su vida?

Triste y vergonzoso es confesarlo, pero en todos los tiempos se ha sostenido una lucha titánica y fratricida, el fuerte dominando al débil, y éste empleando la astucia y todas las malas artes para vengarse de su opresor; no ha habido redentor en la Tierra que no haya sido crucificado, no ha habido sabio que no haya sido objeto de ludibrio para sus semejantes en el cuerpo, mas no en la inteligencia.

 

Todos los grandes inventos han sido bautizados con las amargas lágrimas de su inventor. Toda religión, todo principio de moral ha sido maleado y explotado por la ambición insaciable del hombre. Todos los imperios más poderosos han levantado su solio sobre montañas de cadáveres.

Los políticos eminentes, los que sostienen en sus tronos a los Césares, no son otra cosa que mercaderes de coronas. En la Tierra hasta el amor es un cambio de egoísmo.

Y estos espíritus que viven en continua turbación, en uno de los mundos de peores condiciones que pueblan los espacios, son los encargados, son los elegidos para dar luz a los que ya no tienen la camisa de fuerza de nuestra grosera envoltura.

¿Hemos de instruir a los que están más libres que nosotros?

El Espiritismo indudablemente tiene aún muchos puntos oscuros, y uno de ellos ha sido y es para nosotros “el hacer caridad a los espíritus”, pero como siempre que hemos tratado semejante cuestión, hemos adquirido enemigos y hemos sido objeto  de agrias censuras, hemos concluido por decir: ruede la bola, estudiemos y algún día se sabrá la verdad.

 

Así las cosas, hemos seguido asistiendo a las sesiones espiritistas del Círculo de Buena Nueva, en el cual, en doce años que venimos estudiando las comunicaciones que da un buen médium parlante, nunca afortunadamente, éste ha servido de instrumento o de intermediario a espíritus en sufrimiento.

Sus comunicaciones sencillas y dulces las unas, filosóficas y profundas las otras, han sido un curso de moral racionalista, digno de ser estudiado y archivado en la biblioteca del hombre más sabio; pero careciendo de taquígrafos nada ha quedado de tan buenas lecciones, más que alguna que otra historia que hemos recogido en fragmentos, o el extracto de alguna comunicación cuyo asunto nos pareciera digno de ser estudiado y comentado detenidamente; y a este género de comunicaciones, pertenece la que oímos el 22 de julio último; la que hubiéramos querido que la hubiesen escuchado todos los espiritistas de la Tierra; porque el Espíritu que se comunicó dijo grandes y profundas verdades, y tanto nos impresionaron sus palabras, que le pedimos que nos inspirara para trasladar al papel algunos de sus conceptos; y aunque muy imperfectamente haremos el extracto de un discurso, quizá el más notable y de mayor trascendencia que hemos oído sobre Espiritismo.

Dijo así el Espíritu:

 

“Hermanos míos, voy a tocar un tema que ha sido muy discutido, que ha levantado gran polvareda entre los espiritistas, y éste se reduce a hacer una pregunta sencillísima.

¿Es útil, es conveniente hacer caridad a los espíritus?”

“¿Qué son los espíritus para los terrenales? Seres invisibles que se comunican con determinadas personas, las cuales tienen condiciones medianímicas apropiadas, para recibir de distintas maneras el pensamiento y la voluntad de los que un día habitaron en la Tierra.

¿Podéis responder de su identidad? No; podéis deducir, conjeturar y hasta creer que será éste, o aquél, unas veces porque le ven los médiums videntes, otras porque dicen lo que sólo uno de sus deudos sabe, pero la completa y absoluta seguridad de que el que se comunica es Juan, Manuel o Pedro, esa no la podéis tener, la identidad sin duda es completamente imposible; luego al hablar con los espíritus, habláis con seres enmascarados que pueden reírse de vosotros a mandíbula batiente (si la tuvieran), como se ríen vuestras máscaras en las fiestas del carnaval de aquellos que se empeñan en adivinar, quién será el bullanguero encapuchado sabedor de secretos y deslices.

Y a estos seres que no conocéis, que ignoráis por completo cómo vivieron y cuales fueron sus aspiraciones en la Tierra, si se os presentan gimoteando y destrozando al médium, decís con acento compasivo:

¡Pobrecito! ¡Cuánto sufre! ¡Qué turbación tan horrorosa!

Es preciso no dejarle en la oscuridad. Escucha buen Espíritu, ¿Tú no sabes que existe Dios?

A esta pregunta el pobre médium suele ser arrojado al suelo y maltratado por el Espíritu que reniega y maldice hasta su sombra; y los inocentes espiritistas sin cuidarse de lo que sufre el médium, principian a exhortar al Espíritu en turbación y a decirle: mira, atiende, escucha, ¿Tú no sabes rezar? ¡Ah! Tú no sabes el consuelo que se encuentra en la oración, ora, buen Espíritu, ¡Elévate! ¡Elévate! Y encontrarás a Dios

“¡Infelices! (que no merecen otro nombre los que se asocian a los comediantes del Espacio) ¿Pensáis que un Espíritu empedernido en el crimen se eleva en el breve plazo de algunos segundos? No; necesita siglos para engrandecerse y aspirar el perfume divino de la oración.

¿Por qué sois tan torpes? ¿Por qué no estudiáis en vuestra propia vida? En vuestra misma familia no faltará un ser más descreído que vosotros, que se ría de vuestras creencias y al que predicáis continuamente para que entre en el redil, y cuántas veces, después de escucharos os dice con la mayor indiferencia: bueno, allá veremos; y a su vez aprovecha la ocasión que cree más propicia para ridiculizaros y atraeros a su escepticismo, sin que vuestro trabajo obtenga más fruto que el que alcanzar pudiera un misionero, predicando en un desierto día tras día.”

“Vosotros mismos, si os miráis sin usar el anteojo del amor propio, reconoceréis que de cien defectos, sólo os habéis despojado por completo de uno, después de estudiar años y años el aforismo de la moral eterna: “no hagas a otro, lo que no quieras para ti”.

Ahora bien, ¿Cómo queréis, ¡Pobres ciegos de entendimiento! Que los criminales se rediman en un segundo, si vosotros sin serlo, tardaréis muchos siglos en redimiros?”

“¡Redimir! He aquí la eterna monomanía de la humanidad; pero siempre queréis redimir a los que están más lejos, olvidándose de vosotros mismos, y luego de aquellos que llamáis salvajes y que habitan en regiones, en las cuales aún no habéis puesto vuestra planta.

¡Tanto como tenéis que hacer aún en ese planeta, tanto como tenéis que colonizar, tanto como tenéis que aprender para enseñar e instruir, a las masas embrutecidas por la barbarie de la ignorancia!…y perdéis un tiempo precioso ridiculizando al Espiritismo, convirtiendo un estudio serio y profundo en irrisible pantomima, en comedia que por vuestra torpeza puede muy bien convertirse en tragedia”.

“¿Queréis hacer caridad a los espíritus? Comenzar por vosotros mismos, moralizando vuestras costumbres y dulcificando vuestros sentimientos; engrandeciendo vuestros ideales y sublimando todas vuestras aspiraciones, siendo modelos acabados de mansedumbre y de templanza, esa es la mejor caridad que podéis hacer a los que os necesitan.

No levantéis un nuevo monumento a la superstición, no hagáis del Espiritismo una farsa indigna entre los miserables de arriba y los imbéciles de abajo, aprovechad mejor el tiempo estudiando, que nada sabéis todavía del mundo de los espíritus, pues sólo sabéis que el alma no muere, pero ignoráis en las condiciones que se encuentra, pues en vuestras afirmaciones todo es hipotético, os pondré un ejemplo sencillo: ¿Saben los hombres honrados lo que pasa dentro de los presidios? No; acuden a ver a los confinados, les aconsejan, les exhortan y sus palabras resuenan en los oídos de los penados como una música más o menos armoniosa, que al cesar la cadencia cesa la impresión, y su género de vida no sufre alteración alguna, porque siempre se inclina el Espíritu del lado de la rutina y de la costumbre, pues de igual manera, los espíritus criminales no se convierten por los consejos de aquéllos a quienes toman en su malicia y perversidad como juguete y entretenimiento, complaciéndose en atormentarlos y en obsesarlos sin compasión”.

¡Cuánto tiempo malgastáis! ¡Cuántas horas perdéis en inútiles predicaciones, conversando con los de arriba mientras abandonáis a los de abajo!…

“¿Creéis que os faltan en vuestro planeta espíritus en turbación? Miraos a vosotros y veréis que ocupáis el primer lugar entre los seres ofuscados”.

“Estoy leyendo en vuestro pensamiento que se hace la siguiente pregunta. ¿Todos los espíritus en sufrimiento que se comunican, son unos impostores? ¿Todos engañan? No todos precisamente; pero tened entendido que el Espíritu que de buena fe llega a vosotros para contaros sus penas, respetará al médium y no le hará sufrir, ni tampoco dirá con fingido alborozo ¡Qué bien me encuentro! ¡Ya veo la luz! ¡Cuán feliz soy! No, nada de eso; porque tenedlo bien entendido, no sois los terrenales los encargados de dar luz a los habitantes del Espacio, porque aún vivís en completas tinieblas, porque sois unos infelices cargados de penalidades y no sabéis siquiera la mayoría de vosotros, de qué se compone el aire que respiráis.

No tratéis de redimir a nadie, que harto trabajo os costará redimiros en el transcurso de los siglos”.

Aprovechad mejor el tiempo, estudiad, analizad, comparad y haréis la mejor obra de caridad porque veréis nuevos horizontes y dejaréis de representar farsas ridículas, queriendo convertir muchas veces a quien sabe más que vosotros, en todos los sentidos”.

Los espíritus no necesitan caridad, en el Espiritismo no hay ánimas del purgatorio que esperen misas y responsos, las leyes eternas se cumplen sin intervención de nadie; los espíritus se estacionan o adelantan según sus grados de progreso ¡Y cuántas comedias se han representado hasta ahora en los Centros Espiritistas! Porque no ha habido tal conversión y sí sólo la burla de los de arriba y la supina ignorancia de los de abajo”.

“Repetid mis palabras y no temáis al estamparlas en el papel, que ellas den lugar a protestas, decid siempre la verdad, que la verdad os hará libres. De verdades está sedienta la humanidad, tenedlo bien entendido, haced que la razón sea el manantial inagotable que calme la ardiente sed de las generaciones del porvenir. Adiós”.

 

Ésta fue la síntesis de la comunicación, su lenguaje fue correcto y elocuente, y hartos sentimos no haber podido copiar fielmente sus menores palabras, pero en la ruda lucha de la vida no siempre se dispone del tiempo necesario, no siempre se pueden emplear todas las horas en trabajos intelectuales; mas aunque muy imperfectamente, no hemos querido dejar de transcribir algunos fragmentos de tan valiosa comunicación, que ha venido a corroborar nuestra opinión de que los espíritus no necesitan caridad; al menos en la forma que hasta ahora se ha venido haciendo, y creemos que el mayor bien que les podremos hacer es convertir la Tierra en un mundo de paz y de amor; paz y amor que hasta el presente desconocemos, pues los terrenales no se quieren, no se aman, únicamente se toleran, la tolerancia es lo que hoy simula el amor en el seno de la familia; que los espíritus perversos cuando se acerquen a la Tierra no vean más que familias felices, y la contemplación de nuestras virtudes, será para ellos la mejor obra de caridad.

 

HACER CARIDAD A LOS ESPÍRITUS 1ª PARTE

En el número 20 de La Luz del Porvenir publicamos un artículo titulado, “Extracto de una comunicación” y en él nos ocupábamos de si era, o no, conveniente hacer caridad a los espíritus.

Expusimos francamente nuestra humilde opinión y aquí fue Troya: de Valencia, de Veracruz, de Alicante, de Buenos Aires y de otros puntos, recibimos cartas y artículos impresos protestando de nuestro modo de pensar, y sea porque no expusimos bien nuestros pensamientos, o porque no nos han entendido, lo cierto es que hemos encendido la tea de la discordia (metafóricamente hablando) entre algunos espiritistas.

En este supuesto, nada más justo que escribamos uno o dos artículos más sobre este asunto, que aunque no pretendemos convencer a nadie, sí queremos dar más explicaciones sobre este particular, que tan interesante es a nuestro parecer y de tanta importancia para la vida racional del Espiritismo.

Nosotros respetamos y admiramos los trabajos verificados en la sociedad “Constancia” (de Buenos Aires), donde bajo una entendida dirección, personas competentes hacen profundos estudios. Sabido es que donde hay entendimiento claro, todo el trabajo que se emprende es útil; y para estos hombres entendidos no hablamos nosotros, que cada cual progresa según sus aptitudes especiales, según sus aspiraciones y sus conocimientos anteriores. En un Centro bien organizado como el que dirigía Allan Kardec en París, Fernández Colavida en Barcelona, Manuel Ausó en Alicante, Torres Solanot en Madrid, Bassols en Zaragoza, etc… que en estas reuniones se hicieran toda clase de estudios sobre Espiritismo, nada más justo ni más conveniente, porque había una inteligencia superior para juzgar y apreciar, no diremos con un criterio infalible, porque en la Tierra no hay ningún hombre que lo sea, al menos razonablemente. Nosotros no combatimos a las personas sensatas que emplean su tiempo en convencer de sus errores a los habitantes del Espacio, porque todo es un estudio de más o menos aprovechamiento, pero estudio e investigación al fin.

Lo que nosotros hemos combatido, combatimos y combatiremos siempre, es que personas completamente ignorantes hagan caridad a los espíritus, porque esta clase de comunicaciones y de intimidades con los seres de ultratumba, es más peligrosa que el manejo de armas de fuego, por niños que desconocen el mecanismo de las pistolas o escopetas que en mala hora cogieron.

Hacer caridad a los espíritus, es un estudio, es un trabajo, es una investigación que debe revestir tal seriedad y examen tan minucioso, que sólo personas competentes deben dedicarse a ella, pero no las personas ignorantes, no los seres viciosos de conducta reprensible que por pasatiempo, por curiosidad y hasta por interés propio, se dedican a perder algunas horas pronunciando pláticas insulsas y dando consejos vulgares o haciendo preguntas impertinentes que dan por resultado relaciones terroríficas de los espíritus en sufrimiento, gemidos, sollozos y al fin un grito de alegría, porque han visto la luz, ¿Y la luz dada por quién? Por alguna mujer murmuradora que antes y después de la sesión, saca a relucir las faltas de cuantos conoce, o por algún hombre que vive escandalosamente fuera de su hogar.

 

Antes que espiritistas somos racionalistas, la razón es nuestro escudo, nos dirán que hay médiums admirables, (nosotros los hemos conocido) cuya conducta dejaba mucho que desear y que sin embargo sus comunicaciones eran un código de perfecta moral. Esto es muy distinto, el médium es un instrumento nada más, y tanto es así, que a médiums hemos conocido, que se reían de los fenómenos espiritistas y decían que no los creían, en cambio los directores de los grupos familiares (que es donde hay monomanía de hacer caridad a los espíritus), éstos trabajan por su voluntad, éstos hablan, preguntan y amonestan y son los actores que desempeñan su papel mejor o peor aprendido, siendo su trabajo completamente distinto del que ejecutan los médiums.

Nos preguntan de Veracruz si no es útil orar por los espíritus en sufrimiento, y a esto contestamos: que la oración es una expansión del alma que se ha prostituido por el abuso que de ella han hecho las religiones.

Rezar, se reza a todas horas, es una lección aprendida en la infancia que se repite como una canción popular, pero orar… se ora…. muy pocas veces en la vida con ese fervor, con ese íntimo deseo de que Dios escuche nuestro ruego.

Ora la huérfana, ante el cadáver de su madre.

Ora el anciano, ante la cuna vacía de su nieto más querido.

Ora la madre, ante la tumba de su única hija.

Ora la mujer enamorada pensando en su esposo ausente.

Ora el padre de familia cuando ve que la miseria invade su hogar y él no tiene fuerzas para rechazarla.

Ora la mujer abandonada recordando su niñez.

Se ora en fin, siempre que se siente mucho, y para sentir es necesario que se agite nuestro ser por los grandes dolores que envenenan la vida, y esa oración suprema no se pronuncia pensando en los seres que sufren en el Espacio, podrá pedirse por ellos en el momento que nos impresionen sus quejas, pero luego…, se rezará a su memoria, se repetirán palabras, pero no se orará con ese íntimo sentimiento, que es el que tiene poder suficiente para conmover hasta el duro granito.

Creemos que a muchos espiritistas, les pasa lo que a la novia del cuento, que compró la cuna antes que el lecho nupcial.

Si aún no sabemos complacernos mutuamente, si aún nos dejamos abandonados los unos a los otros ¿Para qué rezar por los de arriba sin antes proteger a los de abajo?.

¡Hacer caridad a los espíritus! ¡Y mientras, se dejan a muchas familias espiritistas que se mueran de inanición!

Estudien en buena hora los hombres de talento, investiguen, analicen, busquen los secretos y los arcanos de la vida espiritual en los seres de ultratumba, pero no profanemos los santuarios de la ciencia, los que no tenemos más que ligeras nociones de la supervivencia del alma, no queramos coger el fruto sin antes haber sembrado la semilla.

Si en esta existencia no podemos hacer más que mejorar nuestras costumbres, no nos demos por descontentos, ya volveremos mejor preparados y entonces podremos relacionarnos más íntimamente con los espíritus, como vimos que se relacionaron Kardec, Fernández Colavida, Palet, y otros muchos sin tocar consecuencias funestas ni perder el tiempo lastimosamente.

En la Tierra tenemos mucho que hacer los espiritistas, sin entremeternos en libros de caballería, los que no tenemos instrucción, los que tenemos que ganarnos el sustento trabajando todo el día.

¿Acaso es preciso en las sesiones familiares ocuparse en rescatar cautivos?

Lo primero de todo es leer y comprender lo que se lee, con estudiar cuanto han escrito Allan Kardec, Pezzani, Flammarion, Manuel González, Torres Solanot, Amigó y Pellicer, Navarro Murillo, William Crookes y centenares de obras espiritistas que hay al alcance de todas las inteligencias, es la mejor caridad que a sí mismos se pueden hacer todos los que carecen de instrucción, que el no saber no es ningún delito, y si nos hacemos la caridad de estudiar, entonces es muy santo y muy bueno que nos dediquemos a convertir infieles del Espacio, si tal es nuestro deseo, pero hoy por hoy, exceptuando los Centros formales donde hombres sensatos estudian las fases de la vida espiritual, en los grupos familiares por regla general, si no se contentan con las sencillas comunicaciones de deudos y amigos, se corre el riesgo de ser engañados por las máscaras del Espacio que se cambian de antifaz y modulan la voz a su capricho y a su placer.

Antes que espiritistas somos racionalistas, y encontramos que la mejor caridad es conocer nuestra ignorancia y nuestra pequeñez que no nos permite dar luz a nadie, cuando de ella carecemos una gran parte de los espiritistas.

 

HACER CARIDAD A LOS ESPÍRITUS 2ª PARTE

Por tercera y última vez, nos ocuparemos de una cuestión que ha levantado una gran marejada entre los espiritistas, los unos nos recriminan duramente llamándonos materialistas, los otros nos llaman desertores de la escuela de Allan Kardec, y los menos nos dicen ¡Adelante! Ha puesto Ud. el dedo en la llaga, ¡Todo por la verdad! Como decía el inolvidable Palet.

No nos gusta las polémicas inútiles, porque no lograremos llevar el convencimiento a la mente de aquellos que buenamente encariñados con dar luz a los ciegos, les parece una verdadera profanación lo que nosotros decimos. Nunca creímos convencer al que está completamente opuesto a nuestro modo de pensar, lo único que nos ha movido a decir algo sobre este particular es la consideración siguiente:

¿Dijo Allan Kardec la última palabra en las obras fundamentales del Espiritismo? No, porque esto sería detener la marcha majestuosa del progreso.

Él habló sencillamente para que las multitudes le entendieran, él formuló muchas y variadas oraciones, porque comprendió que las almas acostumbradas a tener templos para rezar, no podía dejárselas sin el consuelo de una plegaria repetida en diversos tonos.

Él habló a todas las inteligencias humildes, porque son las primeras que aceptan todas las predicaciones que les ofrecen un porvenir de redención.

Él hizo un trabajo cuya importancia aún no comprendemos, porque sólo el tiempo agiganta a los reveladores de nuevas verdades.

Él despertó en la generalidad el sentimiento de la compasión, porque éste es el primer paso que da el Espíritu para dulcificar su rudeza, y esta compasión la extendió hacia los seres desencarnados, despertando en ellos el interés por las comunicaciones de los espíritus, diciendo alguno de los buenos creyentes con el mayor entusiasmo:

-Yo tengo una gran habilidad para convertir a los ciegos del Espacio; ya tengo aprisionados en un saco fluídico a tantos o a cuantos espíritus. Ayer tuve un día feliz, les di la libertad a cien espíritus que gemían en la oscuridad, y este procedimiento para nosotros, es lo mismo que la fe y la esperanza que tienen los católicos romanos en tal Virgen, más milagrosa que ninguna, o tal Cristo que suda sangre y llora los desaciertos de la humanidad.

El hacer la caridad a los espíritus sin tener la más leve noción del Espiritismo, sin conocer qué es el fluido, sin comprender en lo más sencillo la vida de ultratumba, ¿Cómo puede asegurarse que uno no es víctima de un engaño, de una superchería?, si desconoce por completo las malas artes de los espíritus, si no puede distinguir la mentira de la verdad.

Si la identidad es poco menos que imposible con los seres desencarnados. ¿No se pierde un tiempo precioso exhortando a quien no se conoce?

Habrá espiritistas tan convencidos como nosotros, de la verdad innegable de la comunicación ultra-terrena, pero más que nosotros no, porque le hemos debido al conocimiento del Espiritismo las horas más hermosas de nuestra vida.

Nosotros no abjuramos de creencias cimentadas en el estudio y en la manifestación de los espíritus, únicamente disentimos en algunas prácticas porque las consideramos muy peligrosas y no queremos catástrofes como las que ya hemos presenciado.

Recordamos a una médium que se quedaba en éxtasis, cuando el Espíritu de la Virgen María (según aseguraba una vidente) se apoderaba de ella; en aquellos momentos solemnes la médium decía que tenía poder para convertir a los espíritus en sufrimiento, y una noche si no se la desnuda violentamente queda asfixiada aquella infeliz, dominada por fuerzas superiores y desconocidas, y por hacer caridad a los espíritus, ¡Qué consecuencias tan fatales para todos los que estaban en la reunión, si aquella pobre mujer pierde la vida!.

Dicen que nosotros queremos establecer privilegios, no y mil veces no, pero ¿Cómo nos ha de inspirar la misma confianza para tratar con los espíritus, una persona completamente ignorante en la ciencia espírita, y un hombre que haya perdido la lozanía de su juventud, arrancando secretos a la comunicación de ultratumba? Este último ¿No parece más indicado para levantar una punta de ese velo que cubre lo desconocido?.

Nadie como el verdadero espiritista comprende que no hay más privilegio que el trabajo individual y el afán que tiene cada uno de progresar dentro de su esfera.

Si todas las ciencias necesitan tan profundos estudios, para conocer una mínima parte de sus propiedades y manifestaciones, el Espiritismo que es la ciencia de las ciencias, ¿No necesitará investigaciones analíticas? ¿No será necesario un detenido examen de las comunicaciones de los espíritus? ¿No será indispensable poseer una buena parte de sentido común, para saber apreciar los consejos e instrucciones de ultratumba?.

Creemos que sí, creemos que ante todo debe uno tratar de adquirir los conocimientos rudimentarios, para comprender algo de ese gran todo llamado Espiritismo.

No sabemos si por suerte o por desgracia, hemos tocado muy de cerca las consecuencias tan tristes de la impremeditación de algunos espiritistas, tan creyentes y tan bondadosos como ignorantes en la cuestión de tratar con los espíritus, para lo cual se necesita no sólo un estudio profundo de cuanto concierne a la vida de ultratumba, sino también conocimientos adquiridos en otras muchas existencias, que se manifiestan por una doble vista sorprendente y una penetración maravillosa, condiciones indispensables para emprender la difícil tarea de hacer caridad a los espíritus y saber distinguir entre el alma apenada y afligida y el ser que se divierte haciendo padecer a los médiums, siendo un obstáculo las sesiones con su obstinada permanencia en ellas, entreteniendo durante horas al auditorio con , arranques violentos y una carcajada burlona por punto final.monosílabos entrecortados

Será muy bueno y muy santo hacer caridad, pero ha de hacerse con conocimiento de causa, es preciso saber a quien se hace la caridad.

Dice un antiguo refrán: haz bien y no mires a quien, y ese aforismo lo rechazamos, porque dar sin saber qué clase de persona lo recibe, es exponerse a fomentar el vicio quitándole al verdadero necesitado un consuelo y un alivio en su dolor.

Pues esto mismo sucede con los seres desencarnados, hay espíritus que verdaderamente escuchan con atención profunda, los consejos y explicaciones de los directores de los Centros Espiritistas, y lentamente aquel alma adormecida va saliendo de su letargo, y estos mismos consejos le son perjudiciales al Espíritu hipócrita y burlón que se divierte abusando de la credulidad y de la buena fe de algunos espiritistas, confiados en demasía, porque se le da ocasión propicia para engañar, entretener y hacer perder el tiempo inútilmente.

No todos sirven para esa clase de trabajo, nosotros por ejemplo, que llevamos más de quince años trabajando continuamente en la propaganda del Espiritismo, con verdadero entusiasmo, con íntima y profunda convicción de que la comunicación de ultratumba es la manifestación de la vida del infinito, si nos viéramos precisados a dirigir un Centro Espiritista, confesaríamos ingenuamente que no tenemos condiciones para ello, porque no sabemos distinguir el oro del oropel.

Nos sucede a veces que no nos satisfacen algunas comunicaciones, que dudamos cuando los espíritus dan nombres de eminentes sabios, en silencio rechazamos cuanto nos parezca que está reñido con el sentido común, pero no sabemos discutir con los espíritus y conociendo nuestra insuficiencia enmudecemos, en cambio, hemos visto muchas veces a hombres del pueblo dirigiendo perfectísimamente una sesión por borrascosa que haya sido, manteniendo a raya a los espíritus perturbadores.

No nos han comprendido al lanzar sobre anatema nosotros, el  de que ya no somos espiritistas porque no nos gusta hacer caridad a los espíritus.

 

Por mirar en el estudio razonado del Espiritismo, la regeneración social, por creer que sin esa creencia eminentemente racional y profundamente lógica, se hace imposible el progreso en la humanidad, por considerar que la comunicación de los espíritus es la verdad innegable de todos los tiempos, por encontrar en la vida de ultratumba el complemento de la vida terrena, por hallar en los seres invisibles amor inmenso, consejos evangélicos y todo cuanto puede dar aliento al desheredado de la Tierra, por eso no queremos que las sombras del error y de la superchería tiendan su negro manto sobre la luz esplendente del Espiritismo, por eso queremos estudio, porque sin saber no se va a ninguna parte. No basta la buena voluntad, nuestra voluntad es inmensa y sin embargo, cuántas veces nos dicen los espíritus:

“daríamos comunicaciones científicas, pero…, no servís para recibirlas, por esta vez el templo de la ciencia está cerrado para vosotros”.

Cuando leemos ciertas descripciones de lo que acontece en los Centros dedicados a hacer caridad a los espíritus, decimos con profunda tristeza ¡Cuánta ignorancia!.

 

LAS PLAGAS DEL ESPIRITISMO

Dice Castelar, que no hay ningún hombre a la altura de su idea. Es muy cierto, certísimo, por eso sin duda alguna, muchos espiritistas tienen sobra de buena fe, y falta de sentido común, siendo su mayor desgracia la de ser médiums.

La mediúmnidad en ciertos seres es una verdadera calamidad, porque les convierte en el hazme reír de los desocupados, de los maliciosos y de todos aquéllos que se complacen en evidenciar las debilidades ajenas, viendo como suele decirse, la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga que llevan en el suyo.Entre las plagas del Espiritismo, figuran en primera línea los médiums ignorantes, aquellos que con una fe inmensa, creyendo que cada Espíritu es semejante a Cristo, escuchan con el mayor recogimiento las palabras que les dictan los seres de ultratumba, copiándolas con verdadera veneración, aunque sea un escrito, como se dice vulgarmente, sin pies ni cabeza.

En esta clase de comunicaciones, abundan los anuncios proféticos de mejores días, y a veces, por el contrario, predicen calamidades y castigos para las gentes de poca fe. Pero todo esto, dicho con más desatinos que palabras: lo que a nosotros nos causa profunda pena, pues vemos que la ignorancia es perjudicial en todas las escuelas y muy perjudicial también en el Espiritismo Filosófico; porque lo más sublime, lo más grande, lo que más hace pensar y discurrir a los profundos sabios, queda reducido en poder de los ignorantes a una serie de comunicaciones insulsas que hacen reír a los indiferentes, y hacen llorar a los que verdaderamente conocen y estudian las verdades fundamentales del Espiritismo.

Hay una especial monomanía en crear Centros Espiritistas y desarrollar médiums, sin escoger con prudencia un presidente o director que sea medianamente entendido, que sepa distinguir el oro del oropel, y no se deje engañar por los espíritus, que tomando nombres retumbantes (que nunca les han pertenecido), dicen las mayores simplezas y majaderías, que son aceptadas como artículos de fe.

En estos centros se dedican con preferencia, a las curaciones, y nada más cómico que una de esas sesiones en que unos cuantos infelices (no infelices por su humilde posición social, sino por su falta de entendimiento), le van explicando al médium sus dolencias y padecimientos, y éste, magnetizado por los espíritus, va recetando las medicinas más vulgares que ya dieron al olvido nuestros abuelos, por haber dado la ciencia médica pasos de gigante con el sistema homeopático el dosimétrico, el hidroterápico y otras muchas aplicaciones que hoy tiene la medicina y que emplean admirablemente.

 

Por nuestra parte diremos para concluir que por lo mucho que nos interesa la propaganda del Espiritismo, porque rendimos ferviente culto a las comunicaciones de los espíritus, queremos que los espiritistas se hagan la caridad de conocerse a sí mismos, y cada cual trabaje en el terreno que le pertenezca.

Los más sabios no son por privilegio, sino porque han trabajado miles de existencias, estos que se dediquen a investigar y analizar los efectos desconocidos de las leyes naturales, y pregunten a los espíritus qué misterios encierra la vida de ultratumba, y los obreros de última hora, los que sólo tenemos buena voluntad contentémonos con ir quitando piedras del camino sin meternos en honduras de hacer caridad a los espíritus, porque es muy fácil, que si los ciegos guían a otros ciegos, todos resbalen y caigan en el abismo.

 

El estudio del Espiritismo, reclama ante todo que no se resuciten nuevos fanatismos, la comunicación de los espíritus es luz y verdad, no arrojemos sobre ella la sombra del error.

 

José Aniorte Alcaraz

 

Las Verdades del Espiritismo

Jose Aniorte Alcaraz

LA VERDADERA ORACIÓN ESTÁ EN EL TRABAJO

 

José Aniorte

En el mundo invisible, los espíritus no sólo se reúnen bajo la misma tendencia y naturaleza espiritual, sino que se agrupan por afinidad de raza, sentido psicológico y concepción filosófica, resultando de ello un padrón armonioso y familiar que favorece mucho el trabajo que en conjunto se debe realizar.

Aunque las almas desencarnadas puedan reunirse por los vínculos de las razas terrenas, también trabajan en la planificación de una forma de vida mejor para una civilización más avanzada que la actual. No olvidemos que en nuestro planeta estamos viviendo un proceso de transición, de cambio y de rectificación.

La esfera astral que existe alrededor de la Tierra, es la región donde se agrupan todos los desencarnados terrenos, así que es natural que en esa región se produzcan actividades como si se tratara de otro planeta semejante, pero mucho más rico en oportunidades espirituales, debido a su esencia sutilísima que aumenta todos sus sentidos en el mundo espiritual.

La vida después de la muerte continua y nuestro destino depende fundamentalmente de la fuerza mental que posea el Espíritu desencarnado, donde funciona el pensamiento como su potencial de relaciones y progreso.

El poder del pensamiento tiene una gran fuerza, que el ser humano aún no consigue controlar, ni sabe valorar.

El religioso se inclina respetuoso ante el altar, con los ojos cerrados, elevando su pensamiento.

El espírita, con los ojos cerrados, con profundo aire de sensatez y reverencia, con su cabeza inclinada mientras eleva el pensamiento, con el fin de lograr un ambiente severo y respetuoso, pero con vibraciones al mismo tiempo contradictorias… Los hombres, y principalmente los espíritas, ignoran que de ningún modo podrán elevar su pensamiento a última hora, si durante el día lo tienen dedicado a las cosas triviales o excesivamente materiales; porque los rostros místicos y los ojos cerrados durante algunos minutos de espasmódica concentración, no podrán compensar nunca las irreverencias practicadas durante el día.

La oración que más nos acerca a Dios, es nuestra transformación interior, las demostraciones exteriores tienen muy poco valor para Él.

La verdadera oración está en el control de nuestra mente, en nuestra firme voluntad para realizar un trabajo positivo, sin reparar en los sacrificios, siguiendo las enseñanzas del Maestro Jesús, cumpliendo sus mandamientos, renunciando a las cosas superfluas de la materia, para conseguir la redención de nuestro Espíritu.

Si hacemos esta clase de oración, no tendremos que representar una apariencia mistificada que, en realidad, puede ser falsa.

Es evidente que Dios está presente en todo aquello que creó, en todo el Universo, en los mundos de luz y en los mundos de sombras, y en el ambiente “impuro” de la vida material. El desorden y la impureza no dejan de ser estacionamientos evolutivos que contribuyen a la formación de la conciencia individual del Espíritu, muy inmaduro aún en sus facultades racionales.

Ya es tiempo de enfrentar la realidad espiritual, la falta de este conocimiento confunde y atemoriza a los seres humanos; en esta situación no pueden comprender que la verdadera vida es la espiritual, y que ésta continúa después de la muerte del cuerpo.

Es muy deplorable que aquí aún persista el tabú de que el Espíritu desencarnado es el fantasma de los histéricos o de los individuos verdaderamente sádicos, deseosos de asustar a todos los que se dejan impresionar.

Sin duda que el Espiritismo ha esclarecido todos estos temas o “misterios”, también ha roto muchos eslabones de la esclavitud religiosa, esclareciendo sensatamente a la humanidad sobre los dogmas infantiles y supersticiones absurdas, que tanto han deformado a la figura heroica y espiritual de nuestro Maestro Jesús.

Es necesario que los espíritas se esfuercen más en divulgar la doctrina y se preocupen menos de salvar a los espíritus que ya están en el sitio que les corresponde, según la justicia Divina que, sin duda alguna es justa y perfecta.

También hay que liberar a algunos centros espíritas (no todos) de su herencia idólatra, para que se entreguen a trabajos de más alto nivel, pero siempre huyendo a la peligrosa tentación de endiosar a los espíritus y convertirlos en “santos” sin coronas, para lo cual se dejan dominar muchos espíritas, sin tener la debida preparación, y se someten sumisamente ante los espíritus atrasados que se titulan “guías, olvidando que la experiencia individual es una necesidad indiscutible para la vida de todos los seres.

La historia religiosa nos cuenta los grandes fracasos sucedidos con respecto a la idea espiritual, elevada y sublime que nos transmitió Jesús, y que ha quedado sujeta a las interpretaciones contradictorias de los hombres.

El Cristianismo sencillo de Jesús se transformó en la organización fastuosa de hoy, de poca utilidad para el hombre espiritual, pues crearon distintas jerarquías demasiado humanas entre sus sacerdotes que, hasta entonces seguían la idea cristiana. Después se establecieron las ceremonias de adoración a los “santos” y a toda clase de imágenes.

Finalmente se firmaron contratos interesados con los poderes públicos y acuerdos políticos con el mundo profano, y con esto ya es suficiente para anular cualquier idea de paz, dignidad y renuncia espiritual.

Más tarde se crearon rituales y liturgias para impresionar a los fieles y construyeron templos suntuosos, sacrificando las economías de la comunidad pública y religiosa, falseando la personalidad de Jesús pobre, para caracterizarlo con la de un rico millonario en una casa lujosa, tan diferente a la humilde casita en que nació y de la modesta vivienda de Betania, donde él acostumbraba a descansar de sus fatigas.

Estos enseñamientos esclarecidos a la luz de la verdad, deberían ser suficientes para cambiar el rumbo de nuestras vidas, pero no es así, las ideas envejecidas y dogmatizadas que aún continuamos aferrados a ellas, despreciando la verdad de las ideas nuevas, nos siguen dominando y nos causará graves problemas al desencarnar.

La situación del ser humano que regresa al mundo espiritual, depende mucho del caudal de virtudes que haya conseguido el Espíritu desencarnante y del modo como haya vivido en la materia, porque en general, los encarnados obedecen más a los instintos de las pasiones animalizadas que a la razón espiritual; poco a poco se dejan envolver por las sugestiones maléficas de los indeseables de las sombras, que desde el más allá, les preparan anticipadamente el periespíritu para que se sintonice mejor a sus vibraciones maléficas después de la llamada muerte del cuerpo físico.

Son pocos los espíritus que durante su existencia física se esfuerzan por vivir las enseñanzas espíritas y salvadoras dentro de la práctica del Evangelio Cristiano, con la firme creencia que los sacrificios y las vicisitudes soportadas en la materia les ha de garantizar la liberación espiritual en el plano invisible.

Los seres encarnados que descuidan su responsabilidad y cultivan los vicios y pasiones que tanto abundan en nuestro ambiente, cierran totalmente sus sentidos para no recibir las llamadas de advertencia que continuamente les hacen sus guías espirituales.

Es indudable que tales criaturas después de la muerte son recibidas en el astral por una sombría comitiva de las tinieblas, que exigen los derechos que adquirieron sobre los desencarnantes, quienes recibieron sus consejos e inspiración, cuando aún se encontraban en el mundo material.

La protección tan necesaria y deseada que todos necesitamos después de la muerte corporal, dependerá fundamentalmente de la clase o forma de vida que hayamos llevado a lo largo de nuestra existencia.

Cada ser se eleva accionado por su propio esfuerzo y sacrificio.

El miedo a la muerte, también produce serias dificultades en la última hora, porque detiene al desencarnante más tiempo del debido, junto a su cadáver, negándose a aceptar una realidad que él no quiere comprender, debido a la ignorancia sobre la realidad espiritual y sobre la inmortalidad del Espíritu, también influye en esto, el llanto y la desesperación de los familiares que con su misma ignorancia terminan por imantar al moribundo a su lecho, dificultando la rápida liberación de su Espíritu en el momento del desprendimiento.

Los hombres se preocupan mucho por conseguir una preparación universitaria y profesional, con el fin de conseguir bienes materiales y mejor posición social en la vida, gozando de todo cuanto ella pueda ofrecerle, y el verdadero sentido de la vida lo confunden o ignoran, no quieren saber nada sobre las necesidades que tiene su Espíritu inmortal, que debería ser lo más importante para ellos.

En esta situación se enfrentan con el terrible momento de la muerte, donde la vida corporal se escapa sin posibilidad alguna de retención, el miedo se apodera de ellos y se apegan desesperadamente a los últimos resquicios de vitalidad, queriendo resistir más tiempo para desatar los últimos lazos de la existencia terrena.

Si analizáramos este tema en todos sus matices sería muy largo de explicar, pero sí diremos que, los hombres y mujeres de nuestro planeta, se empeñan ciegamente en ignorar la finalidad de la vida humana, la inmortalidad del Espíritu y lo que es más grave, la existencia del mundo espiritual.

¡Por amor de Dios!

Dejemos de vivir con los ojos cerrados y recuperemos la vista, para conocer la verdad que nos libertará.

Hay muchísimas cosas que esta humanidad ignora, aunque al mismo tiempo se considera muy “sabia”. Si estudiamos el Espiritismo podemos comprobar fácilmente que todos tenemos compromisos asumidos con la Divinidad, para conseguir nuestro progreso espiritual a lo largo de los milenios transcurridos y las innumerables existencias físicas que hemos tenido: Dios nos permite construir de forma dinámica nuestro propio organismo carnal, con el fluido vital necesario e indispensable para conseguir las experiencias de la vida planetaria.

Todo esto, para adquirir bienestar, paz y eterna felicidad, obtenido con esfuerzo y merecimiento.

Sin embargo, pocas veces respetamos este compromiso asumido con la Divinidad, porque además de lesionar nuestro organismo físico, lo usamos para fines brutales en las sensaciones corrompidas, y nos revelamos cuando la ley nos impone la multa rectificadora de acuerdo con la falta cometida. Abusamos desatinadamente de los bienes y beneficios que Dios pone a nuestro alcance para nuestra ventura espiritual, pero es evidente que más tarde deberemos sufrir las necesarias rectificaciones, bajo el proceso doloroso del sufrimiento, en el mismo escenario del mundo, en el que cometimos la falta.

Aunque el Espíritu no sea consciente de su situación y continúe en la rebeldía o en los desatinos por largo tiempo, llegará el día en que tendrá que aceptar un programa integral y de sacrificio, para su recuperación espiritual. Entonces se ve obligado a aceptar una nueva encarnación en la vida física, para sensibilizar y depurar al Espíritu, en sufrimiento benéfico y reparador. Pero en ese momento, los familiares y la ciencia de los hombres, creyendo que ese sufrimiento atroz y de recuperación espiritual es injusto y cruel, resuelven intervenir y en un acto de “caridad”, cortan el proceso evolutivo de ese Espíritu, por medio de la eutanasia.

La ignorancia humana es muy atrevida y lo que ellos no pueden imaginar es que, con la eutanasia se transfiere para una futura existencia el dolor y el sufrimiento, que fueron reducidos por ese acto. Este procedimiento es discutible hasta por la razón humana. Nadie está autorizado para intervenir en los procesos evolutivos del Espíritu, que es eterno.

Toda intervención indebida, implica una punición, y adoptar la eutanasia, es una forma indebida, aunque se quiera justificar por un sentimiento de “piedad”, pero muchas veces este sentimiento caritativo se puede confundir con sentimientos de comodidad o egoísmo. No conviene dejarse llevar por el primer impulso emotivo, que equivocadamente podemos sentir, creyendo que es un sentimiento piadoso, pero que en lo más profundo de nuestro ser puede tener otro origen muy distinto.

Nosotros aún estamos lejos de conocer con claridad todo lo que el Espíritu pretende realizar cuando se encuentra encarnado en el cuerpo físico.

En lo más íntimo del ser humano siempre hay un punto débil pero predominante, que es vulnerable a las sugestiones maléficas de las influencias astrales, que puede servir de motivo básico para formar una idea negativa, necesaria para el éxito de la obsesión.

Es por esto que tenemos que saber que nuestros mayores enemigos están dentro de nosotros mismos, y deben combatirse con nuestra fuerza de voluntad, pues en verdad, nuestros defectos, vicios y debilidades, suponen un gran peligro, donde los delincuentes y perturbados desencarnados, se afirman para imponernos su voluntad obsesiva. Desde hace muchos siglos, la voz de los espíritus amigos nos dice: conócete a ti mismo”, ésta es nuestra mayor seguridad y prevención para esas negativas influencias.

Los obsesores tienen una preparación muy extensa, la astucia es uno de los métodos que más resultados les da; saben explotar el punto más débil de sus víctimas, que casi siempre es ignorado por ellas mismas. Si la víctima no tiene conciencia exacta de su situación o no cumple fielmente los enseñamientos de los Evangelios de Jesús, no tardará en someterse al deseo y dominio de los espíritus inferiores.

El obsesor transporta hacia la consciencia de su víctima el “deseo fundamental”, que puede ser una vanidad reprimida, un orgullo oculto, un deseo cruel, una mal disimulada lujuria, propensión a cualquier tipo de drogas,… El obsesado, ignorante de los verdaderos propósitos del obsesor, se convierte en una víctima, pero responsable de todos sus actos, emociones y pensamientos.

Esto le crea un grave conflicto para su futuro; los obsesores se convierten en “socios” de su vida, y cuando el obsesado regrese al plano espiritual, le exigirán el pago del “servicio” que le han dado. Al mismo tiempo la ley de causa y efecto, le impondrá una rectificación dolorosa para corregir el daño que se ha hecho a sí mismo haciendo mal uso de su libre albedrío, y posiblemente a sus semejantes.

El ser humano es obsesionado porque se deja influenciar por las seducciones de la materia y descuida la vigilancia que debe tener para proteger su habitación carnal, porque justamente está orientada hacia un objetivo material que la domina.

Una vez alcanzado este dominio, los espíritus inferiores obsesores, procuran satisfacer los deseos y realizaciones peligrosas de sus “protegidos” prolongando cada vez más el trance seductor, y utilizando con más intensidad el punto débil de la criatura, que le permitirá un dominio mayor de su víctima.

Algunos pregonadores religiosos que se creen salvadores de la humanidad, adoctrinadores espíritas, críticos inteligentes de su trabajo hacia el prójimo y médiums de brillante fenomenología, se pierden porque los domina la vanidad o el orgullo, y esto porque no utilizan el sentido crítico de la célebre frase: conócete a ti mismo, y cierran los ojos a las más sensatas advertencias que reciben de sus guías espirituales, la vanidad los confunde y cometen las mayores equivocaciones como si fuesen manifestaciones de alta espiritualidad. Entonces se encierran en su auto-fascinación, convencidos por completo de su falsa modestia, ignorando que el viejo y astuto orgullo del pasado, aún está latente en nosotros, y puede estar surgiendo lentamente utilizado por la astucia de los espíritus que nos engañan.

A medida que el ser humano se rebaja por sus desatinos emotivos y desajustes mentales, poniéndose en un contacto peligroso con las influencias del astral inferior, también aumenta el imperio de las sombras sobre la Tierra.

La vida del Espíritu en las zonas astralinas, es muy difícil y dolorosa, los hermanos que por su mal comportamiento en la existencia terrena tienen que vivir allí, viven en un “infierno”; están llenos de deseos carnales que no pueden satisfacer, estos deseos se hacen más imperantes debido a las condiciones vibratorias del mundo astral, que acentúa las sensaciones del periespíritu, que es la sede de los deseos del Espíritu; esos deseos recrudecen y se vuelven más violentos al no poder saciarse por intermedio del cuerpo físico, al cual estaban unidos.

Igual sucede con tantos otros vicios dependientes, a los que el Espíritu estaba entregado y sujeto durante su vida en el cuerpo físico. Éste es uno de los motivos por los cuales, los espíritus desencarnados realizan tenaces esfuerzos para conseguir obsesar a un Espíritu encarnado, utilizándolo como un muñeco viviente que pueda satisfacer sus necesidades y vicios. Ésta es la razón de por qué los espíritus inferiores o vengativos, no aceptan sólo vengarse de sus enemigos, sino que además de vengarse realizan todos los esfuerzos para dominarlos y conducirlos, para hacerlos intermediarios e instrumentos dóciles a sus vicios y deseos, los cuales sienten como una necesidad desesperante desde que dejaron su última vida carnal.

Estos espíritus infelices, y que al fin merecen nuestra compasión, forman grandes agrupaciones delictivas, se ayudan mutuamente en sus trabajos vengativos, trabajan en equipos que actúan astutamente sobre los encarnados que por su debilidad se someten a su dominio, utilizándolos como “alimento” de sus insaciables vicios. Se ponen furiosos y aumentan su odio contra aquellos que quieren ayudar al obsesado y arrebatarles sus víctimas, y buscan un punto débil para poderles atacar también a ellos, con verdadera furia.

La venganza, casi siempre, es el argumento que utilizan para justificar sus acciones sombrías del mundo tenebroso en que viven, pero en verdad, lo que más les interesa es conseguir sus objetivos, para satisfacer sus deseos y necesidades viciosas, que los atormenta como un fuego que no se extingue.

Solamente el dolor en su intensa manifestación, consigue influenciar a los seres indiferentes o a los espíritus atrofiados por el exceso de goces o bienestar; pasiones y ambiciones por los bienes materiales que, a veces, se pierden porque la ley de la vida nos impone una incesante superación a todos los fracasos, sufrimientos o vicisitudes humanas.

Aun cuando los espíritus encarnados, se olviden de su cometido y se entreguen a una degradación completa, viven con la esperanza de alcanzar una situación venturosa; realmente les falta fuerza de voluntad para adquirir el control de su vida, y continuar cometiendo peligrosos desatinos contra ellos mismos. Se preocupan mucho por mantener una buena imagen hacia el exterior, dentro de la sociedad en que viven.

En lo íntimo de cada ser, se activa el deseo ardiente de poder recuperarse y renovar las esperanzas frustradas, pero este deseo no se puede realizar si antes no conseguimos nuestra transformación interior.

La elevación espiritual no se consigue sólo a saltos improvisados, sino que también se consigue por caminos más dolorosos y tortuosos, la criatura pobre, simple, humilde y bondadosa, está también elevando su Espíritu; y qué diremos de aquel que nace con discapacidad física o mental y que está soportando la prueba severa de una rectificación espiritual, maniatado por la ley que utilizó mal en el pasado. Casi siempre es un feroz enemigo de los padres que le ofrecen una nueva oportunidad para rectificar y perdonar.

Las pasiones y la agresividad aún pueden estar latentes o amordazadas en cuerpos enfermos. Si estos espíritus tuviesen libertad y un organismo sano, debido a su inmadurez psíquica no tardarían en cometer los mismos desatinos, crueldades y torpezas del pasado. Si no fuese así el Espíritu culpable no podría efectuar a corto plazo, una renovación espiritual tan necesaria para su evolución.

La elevación espiritual se hace por etapas distintas y con lentas modificaciones, sin violentar el libre albedrío del Espíritu.

Comúnmente el Espíritu invierte más de un milenio para sólo conseguir una virtud loable: como la resignación, la paciencia, la honestidad o la simplicidad, junto con la humildad.

El Espíritu que desencarna de forma prematura, sin tener en cuenta los casos de accidentes imprevistos y provocados, es una entidad bien situada espiritualmente, mientras que el que enfrenta una existencia larga, generalizando, tiene que expiar muchos defectos o cumplir grandes compromisos que también le exigirán grandes sacrificios.

Muchas veces consideramos como dolores y sufrimientos, las etapas o tiempos que tenemos que vivir en proceso kármico que, a su debido tiempo transforma al Espíritu humano en un ángel. Este sufrimiento no tiene carácter de punición por las faltas cometidas por los seres humanos, en esta o en otras existencias. Esas vidas dolorosas, son como etapas de perfeccionamiento progresivo, que conducen a los seres negativos hacia las más elevadas expresiones del Espíritu. El hombre sólo progresa cuando a través del dolor, se libera de las pasiones degradantes.

Ya sabemos que somos dueños de nuestra voluntad y libre albedrío, pudiendo practicar nuestras acciones a favor o en contra de nuestros semejantes, e incluso de nosotros mismos, pero tenemos que recordar siempre, que la ley de consecuencias, interviene siempre que nos desviamos de la línea que ella nos ha trazado, creando situaciones más dolorosas para nuestro futuro.

Ante la constante y eficaz presencia de la ley de Causa y Efecto, por detrás de cualquier acontecimiento inevitable o trágico, es preferible curvarse humildemente a la resignada convicción de que Dios es justo y siempre sabe lo que hace, para que finalmente todos nosotros alcancemos un estado de paz y felicidad.

El Espíritu es la mayor realidad que existe en todo el Universo y que sobrevive eternamente a las innumerables desintegraciones de los cuerpos que ocupó. La ignorancia de esa realidad es la que produce el sufrimiento prolongado, motivado por nuestro comportamiento negativo y el temor que aún se tiene a la muerte corporal.

Los espíritus enfermos y delincuentes, ya desencarnados, debido a su carencia de un cuerpo físico, viven excitados por deseos inferiores que antes satisfacían en la materia, y cuando dejan el cuerpo en la Tierra, ven con desesperación que no pueden gozar de los vicios que alimentaban su vida corporal.

Entonces procuran continuar con sus vicios y degradaciones, tratando de apoderarse de los hombres y mujeres que por su  ignorancia están desprevenidos y no saben defenderse, a fin de transformarlos en verdaderas “fuentes vivas”, y conseguir el medio de hartarse en sus deseos mórbidos. A través de seducciones creadas y enseñadas por entidades diabólicas, terminan por agotar la vitalidad y defensa de sus infelices víctimas. Estas entidades astrales son tenaces, astutas pacientes, frías y sin ningún escrúpulo; con tal de conseguir sus objetivos, intervienen incesantemente sobre el mundo material en busca de víctimas pasivas y descuidadas, con las que puedan realizar sus intentos malvados, dominando su voluntad para introducir en ella los deseos por las pasiones pervertidas. Una vez conseguido este objetivo, sus víctimas se convierten en esclavos sumisos de su maléfica voluntad.

La ley de afinidad o correspondencia vibratoria, actúa con más facilidad y sutilidad entre el mundo astral y físico, siendo relativamente fácil la operación para los espíritus viciados que se sintonizan a los periespíritus de los encarnados, con la finalidad de satisfacer sus apetitos inferiores y practicar torpezas y abusos inimaginables.

Aquellos que no se deciden a modificar su desordenada forma de vida, no tardan en ser dominados por esa fuerza negativa y se convierten en esclavos de la mórbida voluntad de los espíritus perversos. Después de perder el control de sí mismos, manifiestan extraobsesoresñas y confusas enfermedades que presentan diagnósticos confusos por parte de la medicina terrena, y pasan a vivir un estado excitado, afligido y de continua preocupación. Los presuntos “dueños” de su voluntad, con mucha astucia evitan que presten cualquier atención o aproximación amiga o redentora, que le sacaría de su situación.

La técnica que utilizan los obsesores sabios del astral inferior, es muy eficaz, rodean a sus obsesados de cuidados especiales, para que se aparten de las personas, ambientes, lecturas, doctrinas o películas, etc. que puedan despertarles la conciencia adormecida y se den cuenta de su triste situación y de la esclavitud en que viven, dominados por los vicios.

Es muy difícil contabilizar la cantidad de contradicciones, vicios, frustraciones, defectos o emociones incontroladas, que pueden servir de motivo suficiente para que los  realicen su trabajo con mucho éxito, emprendido por los espíritus de las sombras, gracias al descuido de los encarnados.

En base a la ley de afinidad vibratoria, que determina las afinidades o simpatías entre todos los seres, somos nosotros los que creamos la receptividad favorable para la presencia angélica o clima electivo para la penetración e influencias peligrosas de los espíritus inferiores de las sombras.

Si estamos verdaderamente dispuestos a sacrificar nuestros intereses y deseos materiales, para conseguir la elevación de nuestro Espíritu, podemos conseguirlo; creando un ambiente vibratorio para estar en continua comunicación con el mundo superior.

Si nos dejamos dominar por las pasiones indignas, los vicios degradantes, y lo que es peor, la envidia, los celos y el orgullo, seremos un campo abierto para las embestidas hábiles del astral inferior. Estos espíritus delincuentes y viciosos del Más Allá, buscan todas las causas morales, y mentalmente vulnerables de las personas con tendencias viciosas que puedan ser sus víctimas y poder explotarlas. Les sugieren de forma malévola que busquen en el vicio o en los placeres un consuelo para el mal que supuestamente padecen. Se interesan, en especial, por las personas orgullosas, envidiosas, livianas, negligentes y muy comprometidas con los bienes y pasiones materiales.

Si no fuese tan grande la decadencia espiritual y el ostensivo consentimiento pecaminoso entre los hombres y mujeres, bastante débiles de carácter, aún les sería posible a los protectores espirituales reducir la creciente perversión moral que cada día está aumentando.

El prematuro deseo de los jóvenes modernos de hoy por emanciparse intelectualmente, sin alcanzar el equilibrio moral, crea el problema del menor delincuente, de la juventud desviada y descarriada; esto se adapta perfectamente a un peligroso siglo  científico y a su atmósfera alterada por innumerables contradicciones, rarezas y rebeldías a los principios pacíficos y evangélicos expuestos por Jesús.

Los espíritus de las sombras trabajan para dominar la mente de esos jóvenes, haciéndoles creer que los Evangelios de Jesús sólo son un pasatiempo ridículo, propio de una época supersticiosa y llena de excomulgaciones, de tutelas religiosas y castas privilegiadas… Las sombras hacen creer a los jóvenes que el “evangelio” de la hora presente, es la rebeldía en toda expresión conservadora y deben rechazarse todas las normas de los tiempos antiguos, que traen sobre sus escrituras el polvo de los siglos y no se adaptan a la realidad científica de estos momentos.

Los espíritus de las sombras, malévolos y astutos, siembran sus ideas realizando un trabajo malicioso capaz de confundir y dominar a las mentes descuidadas, incapaces aún de pensar con total independencia… Estos elementos sombríos, exponen así sus ideas:

“Jesús fue un excelente filósofo que pregonó una buena doctrina para su época, ¿mientras tanto cómo conciliar los electrones que pueden modificar la superficie del planeta, con los granos de mostaza que remueven las montañas? Jesús fue bueno, puro y un hombre sincero, pero ahora está muy alejado de la grandeza científica del siglo XXI, por lo tanto es muy poético, pero inaceptable para nuestra época”

De esta influencia negativa, astuta, mal intencionada y obsesiva, emana ese desinterés profundo de los jóvenes de la actualidad, imprudentes que confunden el descontrol espiritual con la emancipación intelectual, y sin darse cuenta se esclavizan a los genios del mundo de las sombras, con la vida espontánea y materializada.

Incapaces de comprender que cuando se reúnen en ruidosas algarabías y festivas demostraciones de libertad, empiezan a contrariar los compromisos del Espíritu, de la vida y de la responsabilidad de cumplirlos; entregándose al vicio del alcohol, tabaco y otras drogas.

Los obsesores los vigilan desde la vida invisible, saturando su mente con sugestiones atractivas para debilitarles y que se dejen llevar por el camino que los convertirá en los nuevos “alimentos vivos” para los hambrientos del Más Allá.

La voluntad negativa, no se puede imponer a un Espíritu encarnado a través del proceso instintivo, ni aunque el Espíritu obsesor posea psiquismo vigoroso. No es posible vencer la voluntad del encarnado cuando éste tiene una firme voluntad y a través de su libre albedrío, controla con firmeza sus facultades mentales, sin controlar nuestra mente, cuando nosotros nos descuidamos e inconscientemente nos ponemos a disposición de ellos, entonces nuestras defensas se debilitan y nos dejamos manipular por estos espíritus mal intencionados.

Así como recibimos las intuiciones de nuestros guías espirituales, en forma de sugestiones o invitaciones hacia el bien, que podemos aceptar o rechazar, también las instrucciones negativas se plasman bajo nuestra libre y exclusiva voluntad.

El Espíritu encarnado sólo queda anulado en su libre albedrío y pierde el dominio de su cuerpo en los casos de obsesiones posesivas, relacionadas con rectificaciones kármicas o cuando están obsesados por el vicio degradante.

Las familias que ignoran la peligrosa intervención, de los elementos de las sombras en la intimidad de su hogar, y que además viven la vida con un sentimiento material, contribuyen inconscientemente para alejar la ayuda espiritual que sin duda podrían recibir; esta situación se agrava muchas veces por el jefe de la familia, si se encuentra influenciado por los fluidos negativos del Más Allá.

Las familias terrenas, muchas veces, no dejan de ser el punto de encuentro donde se reúnen los espíritus para la mutua lucha, a favor de la victoria del capricho, el orgullo, el amor propio, los celos, etc.

En el mundo astral, invisible para nuestros ojos, se efectúa un trabajo incesante, perseverante y disciplinado, para que los espíritus encarnados vean debilitadas sus defensas espirituales, confundan sus sentimientos, equivoquen sus razonamientos y faciliten los planes tenebrosos del astral inferior.

Los perseguidores del mundo de las sombras, son astutos y muy pacientes, viven sembrando intrigas y confundiendo a sus víctimas, hiriendo el amor propio, excitando la vanidad, el orgullo, los celos, la envidia, la ambición y el egoísmo, para convertir a la criatura en un instrumento dócil a sus caprichos.

Si no estamos vigilantes y no vivimos la vida según las enseñanzas evangélicas de Jesús, si no estamos fortalecidos para rechazar sus ataques, que muchas veces llegan a través de nuestros seres queridos, entonces también seremos víctimas de ellos.

Vivimos en un mundo en que los siglos se han acumulado uno sobre el otro, y el hombre aún no se dio cuenta de que el principal objetivo que debe conseguir, es el de conocerse a sí mismo.

El hombre ha luchado para conquistar las empresas más peligrosas de la Naturaleza, pero se ha desinteresado por su elevación espiritual y la incredulidad sobre los valores nobles de la vida, aún los sigue ignorando, lo que facilita mucho el trabajo incesante de las fuerzas negativas, que perturban el ambiente de este mundo.

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo

 

Jose Aniorte Alcaraz

¿QUÉ ES EL ESPIRITISMO Y QUÉ ES EL CRISTIANISMO?

José Aniorte

El contenido de este libro puede ser incómodo para algunos e inaceptable para otros. Mi compromiso o misión, es decir, la verdad, una verdad que no es nueva pero que se mantiene oculta por unos pocos, para que la ignoren muchos que han sido engañados durante siglos, y continúan dejándose engañar.

En el año 1950, yo estaba preparado para dejar España y emigrar a un país americano, que no fuese Brasil, pues aún así, en contra de mi voluntad, acabé en un país, para mí hoy, el más maravilloso del mundo, mi querido Brasil. Allí conocí y estudié el Espiritismo a través de los libros, porque cuando intenté participar en algún grupo espírita, mi razón rechazaba la interpretación que allí se hacía, fanatizada y marcada por otros; no tenían ninguna independencia.

Yo me mantuve alejado de este ambiente, como si una voz interna me dijera: “nuestro trabajo es diferente, tenemos que abrir un camino nuevo, para divulgar la idea espírita”.

Entonces yo no podía comprender ni darle sentido a estas inspiraciones, pero sí puedo decir que durante 18 años estudié y practiqué el Espiritismo con total independencia, sin comprometerme con ningún otro grupo.

En el año 1970, recibí mi primera revelación, que me decía:

“debes dejarlo todo y regresar a España, empezar una nueva vida y un nuevo compromiso”;

y durante estos últimos cuarenta años, mi vida ha sufrido muchos cambios, cada día más comprometido y dedicado al compromiso que asumí en el mundo espiritual. En este importante trabajo divulgativo de la doctrina espírita a través del libro gratuito han intervenido muchos Espíritus Mayores, pero yo quiero destacar el nombre del que he sentido más cerca de mí, del que quizás más me ha ayudado, este Espíritu es Amalia Domingo Soler.

Doy gracias a nuestro querido Maestro Jesús y a todos los espíritus que me ayudan para realizar este trabajo de divulgación del Espiritismo, en el conocimiento de su verdadera interpretación, en el conocimiento de la verdad.

El Centro Espírita tiene una misión muy importante que cumplir, él es el punto de reunión de los espíritus encarnados y desencarnados, que desean y tienen necesidad de conocer la verdadera realidad de la vida espiritual. El mundo invisible y el mundo físico, son dos mundos paralelos que viven juntos; el uno se plasma en el otro como si en realidad sólo existiera uno. El mundo incorpóreo es el mundo del sentimiento y del pensamiento, el corpóreo es el mundo de las formas, de las ilusiones y de las pasiones incontroladas, pero al mismo tiempo también puede ser el mundo del sacrificio y la renuncia, para la elevación del Espíritu.

Este conocimiento deben tenerlo todos los espíritas que asumen el compromiso de enseñar esta doctrina, tanto a los seres encarnados como a los desencarnados. Para enseñar una idea hay que creer en ella, y si creemos en ella tenemos que vivirla y practicarla, y si no hacemos esto, no tenemos el derecho ni la fuerza moral para convertirnos en guías de nadie, porque cuando un ciego guía a otros ciegos, todos caen en un abismo.

En cuanto a los hermanos sufridores que lloran y se lamentan en los “planos astrales” y nosotros como hermanos cariñosos queremos sacarlos de ese sufrimiento, simplemente con una oración y una supuesta elevación del pensamiento, les estamos prometiendo algo que no podemos cumplir.

Ellos han contraído una deuda que tienen que pagar, y cuando estén en condiciones de ser ayudados, el mundo espiritual tiene los suficientes medios para hacerlo.

El deber de un Espíritu, es conseguir su transformación, viviendo de acuerdo con las enseñanzas de la doctrina espírita.

Esta doctrina tiene que ser divulgada, porque es necesaria para esclarecer las mentes de nuestros hermanos, ensombrecidas durante muchos siglos de manipulaciones religiosas y dogmas fanatizados. Es el momento de escuchar la voz de Jesús quien nos decía: conoceréis la verdad y la verdad os libertará.

Hay muchos espíritas que se encuentran preparados para recibir la luz de Jesús, como buenos trabajadores, humildes y convencidos aceptan el trabajo que les ofrece su Maestro, sin condiciones, dispuestos al sacrificio, a la renuncia y sin temor a las críticas, burlas, escarnios y persecuciones, convencidos de que si Jesús está con nosotros, nada ni nadie nos puede vencer.

La doctrina espírita y la doctrina de Jesús, que es la misma, demuestra la igualdad de todos los espíritus en el momento de ser creados, la diferencia que se establece después entre ellos, es el resultado del adelantamiento más o menos rápido, según el esfuerzo que cada uno de ellos haga para integrarse en la familia universal, cuyos miembros somos todos hermanos que debemos ayudarnos con amor y abnegación.

El progreso de los espíritus es lento, pero siempre avanza en su camino evolutivo, y cuanto mayor es el progreso más sienten los deberes de la fraternidad. Cuanto más adelantados estén más sentirán la tendencia generosa y el sentimiento del sacrificio a favor de sus hermanos, como expresión del amor fraternal.

Con la palabra caridad no se debe entender tan sólo el dar una limosna o no tener sentimientos de odio, es necesario imponernos un sacrificio para aliviar el dolor de los demás. La fe no es solamente una exaltación pasajera del alma en busca de Dios, manifestada tal vez por un sufrimiento.

El verdadero sentido de la oración, está en la asociación continua con todos los sufrimientos, aceptados con humildad y dando gracias a Dios por los beneficios que con ellos recibimos. El amor fraternal impone el bien por medio de la palabra, de las obras, del olvido de uno mismo en beneficio de los demás, mediante el sacrificio para ayudar a nuestros semejantes, cumpliendo todos nuestros deberes fraternos y humanos.

La doctrina Universal, es la doctrina de Jesús, es la doctrina del amor, basada en la igualdad y en la fraternidad, y en esto consiste el prestigio de Jesús en medio de la humanidad. Él vino a traer la ley de Dios a un mundo demasiado nuevo para poderla comprender, pero puso los cimientos de su obra, que será inmortal, y esa obra continúa su desarrollo, hoy impulsada por el Espiritismo.

Él nos enseñó la ley del sacrificio y de la renuncia, y que sus apóstoles cumplieron, aunque no los seguidores de ellos, que debían seguir el camino de la humildad y la pobreza y no lo hicieron, faltando así a los mandamientos del Maestro, pero ahora ya vienen discípulos más fervorosos que sabrán cumplir dichas enseñanzas, repitiendo sus palabras y cumpliendo sus mandamientos.

Las revelaciones de los espíritus más elevados nos proporcionan fuerzas, pero las inclinaciones del hombre aún son muy negativas para recibir la nueva revelación, que despertaría en su conciencia un deseo de cambio y la esperanza de una vida mejor.

El hombre que se ilumina con una idea nueva, revelada por los espíritus de más elevación, siente esta inmensa felicidad que le da fuerzas para sacrificarse en aras de la caridad y fraternidad universal, divulgando la verdad sobre la vida espiritual, llevando el consuelo a los que sufren, la esperanza a los desesperados y el esclarecimiento a las mentes ensombrecidas.

El buen espírita tiene el compromiso de realizar este trabajo, con renuncia y sacrificio, porque es un colaborador en la obra de nuestro Maestro Jesús. A todos los espíritus que participan en este trabajo, se les reconoce por la elevación de sus manifestaciones.

Ninguno de ellos rechaza las leyes que rigen para la naturaleza humana, y todos buscan robustecer en sí mismos, el sentimiento de justicia y de abnegación.

La doctrina espírita es un conocimiento superior, que tiene el verdadero espírita que saben interpretarla, vivirla y divulgarla; se manifiesta por la inspiración de los espíritus al Ser encarnado, haciéndose ostensible por el acrecentamiento del deseo y la voluntad que se impone para el cumplimiento de las misiones que cada uno deba realizar. Así se da cumplimiento, en parte, a la ley del amor que se debe desarrollar entre los seres humanos.

Esta ley sólo puede aplicarse según la comprensión de nuestros semejantes y ella proporciona la luz apropiada según las necesidades de aquel que la recibe.

La manifestación del Espíritu elevado es buena y generosa, pero permanece siempre dentro de los límites trazados por la sabiduría y elevación de su misión. No participan en la solución de los problemas humanos, para conseguir los bienes temporales, pero sí se interesa mucho en el adelantamiento del Espíritu.No contestan a las preguntas dictadas por la curiosidad en forma de consulta, por esto se alejan de los médiums indignos y son poco frecuentes sus manifestaciones.

Este tema no dice nada nuevo y todos los espíritas lo conocen, pero no son muchos los que quieren reconocerlo y aplicarlo como un serio mandamiento a seguir en su conducta y forma de vida.

Cuando el esclarecimiento de la mente, la fuerza de voluntad y la fe se establecen sobre una realidad, demostrada en un mundo material, el Espíritu no puede debilitarse, pero la naturaleza humana, humilla tan profundamente al Espíritu agitado bajo la presión de las fantasías materializadas, que tiene que hacer un gran esfuerzo para mantener su independencia y su libertad, que necesita para cumplir su misión al servicio de Jesús.

Las dificultades que tienen los espíritus más esclarecidos, aumentan en relación con la inferioridad del mundo en que habitan y a pesar de las luces espirituales y de la fuerza del conocimiento que un Espíritu pueda tener, sufrirá con más o menos intensidad los ataques a sus convicciones por las sombras arrojadas sobre su ideal, en un mundo en que todas las creencias religiosas se manifiestan con demostraciones referentes al pasado y al presente, sin reconocer los errores cometidos, ensombreciendo el porvenir y negando la inteligencia del Ser encarnado.

La familia en la Tierra se compone de alianzas, sin tener homogeneidad y sin fuerza colectiva para alcanzar su verdadero objetivo. Estas alianzas se convierten en lamentables pruebas para los espíritus más adelantados, que con más elevación tienen que someterse a una convivencia más inferior.

En el ejercicio de su libre albedrío, el Espíritu encuentra la calma necesaria para mantener su fe, la fuerza para realizar su trabajo y la seguridad para dirigir su obra. Para cumplir esta misión también necesita de una cierta libertad para actuar, y esta libertad se ve cuestionada, a veces, por la dependencia que existe entre los miembros de una misma familia.

La dependencia y la influencia material que existe en un mundo como este, nadie puede eludirla, y el Espíritu superior que se encuentra aquí para abrir nuevos caminos y cumplir una misión, tiene que hacer un gran sacrificio para conseguir la libertad necesaria para la realización de su trabajo, pero entristeciéndose al sentirse incomprendido y rechazado por los seres que tanto ha querido.

Las debilidades de la fe, son una consecuencia de toda creencia sostenida sin un conocimiento y sin una razón. Estas debilidades en las creencias religiosas, constituyen motivos de constantes esfuerzos para todos los que practican una religión sin comprenderla.

El fanatismo, que consiste en una fe ardiente, privada de razón, debe considerarse como una peligrosa enfermedad del Espíritu.

La fe verdadera jamás se separa de la razón. Ella revela una personalidad convencida de los compromisos asumidos, y este Espíritu jamás retrocede ante las dificultades que debe enfrentar para realizar su trabajo.

Cualquiera que sea el deber a cumplir, seguirá siempre en su lucha; éste es el resultado de muchos sufrimientos y claudicaciones, por faltas cometidas en el pasado, y los deberes futuros del mismo Espíritu serán el resultado de su actuación de hoy, sobre la base de sus medios actuales.

Muy lentamente, la naturaleza humana puede desprenderse de sus tendencias carnales, pero la fe verdadera proporciona el empuje del coraje, la perseverancia en los compromisos superiores, el desprecio por los peligros, y el estudio profundo para ampliar conocimientos, se hace cada vez más fácil, la materia se debilita cada vez más, y el Espíritu conquista nuevas posiciones y se eleva de etapa en etapa hasta el aniquilamiento de la materia. La fe verdadera es el premio de todos los espíritus veteranos, cuyo adelanto intelectual no se ve deprimido, por la decadencia moral.

El deber descansa en el cumplimiento de la ley de Dios, y en los compromisos adquiridos para la emancipación de nuestro Espíritu.

La ley Universal se cumple cuando aceptamos y comprendemos que el Espíritu es inmortal y que tendrá que seguir inevitablemente, una ruta marcada para conseguir su perfectibilidad; el ser humano desprecia las grandezas de la vida superior y aún se entrega sin reparos a las bajas pasiones, creando para ellos mismos un futuro difícil y de grandes sufrimientos, así será hasta que comprenda que el único camino a seguir es el que nos enseñó nuestro Maestro Jesús, entonces conocerá la verdad y la verdad le hará cambiar. Comprenderá entonces que sólo a través de la Caridad y el Amor, se salvará el hombre.

El Espíritu débil, unido a un cuerpo físico, se atrofia en la atmósfera de las causas mórbidas, y se hace pesado por la debilidad de los sentidos materiales, deja de ser un conductor y se arroja en los brazos de extravagantes demostraciones.

Tras la muerte, el Espíritu guarda sus recuerdos, sean estos consoladores o funestos. Para un ser que sólo se preocupó de satisfacer sus pasiones y vivir la vida según sus ambiciones, el recuerdo que siente es un verdadero tormento, sin embargo, para los fuertes y los justos, el recuerdo que siente es un bienestar, una experiencia y un engrandecimiento.

El remordimiento toma formas diferentes, todas basadas sobre las impresiones de los recuerdos, y el beneficio de la esperanza no existe para los infelices que se encuentran embargados por la visión del delito y del temor de la represalia.

La luz de su porvenir, se hace más o menos clara, más o menos lenta, para los espíritus que después de la muerte corporal regresan al mundo espiritual. Además de estos dos aspectos de la humanidad terrestre, los espíritus se distinguen por sus grados de adelanto.

Después de los espíritus demasiado nuevos para comprender el principio espiritual, tenemos al Espíritu perezoso, al Espíritu escéptico por orgullo, al Espíritu supersticioso o fanático por ignorancia; todos son responsables de sus actos y pueden mejorar aquí y en la vida espiritual. Los inteligentes, los investigadores, los sabios, los apóstoles y misioneros, están en los mundos materiales y constituyen los focos del progreso.

Los espíritus considerados capaces de colaborar en el progreso universal, se encuentran repartidos y colocados en los mundos materiales de acuerdo con las fuerzas que cada uno dispone, y según el engrandecimiento moral que debe resultar de su acción, en los determinados centros humanos, mediante el buen cumplimiento de su misión. A ellos les cabe aclarar todo sobre el misterio de la vida y de la muerte, no obstante, el mundo de sombras en que tienen que vivir, les corresponde a ellos mismos el hacer conocer el principio creador, inteligente y eterno, desmenuzar los ídolos y proclamar la Religión Universal, que es la verdadera, porque es la religión de Dios y ella nos dice:

hay que vencer o morir por la verdad, cualquiera que sea el precio impuesto a las victorias o a las derrotas, hay que sacrificar el interés personal ante el interés general y elevarse entre los hombres, humillándose ante Dios”.

No se pueden contar fácilmente los espíritus que utilizando su fuerza de voluntad persistente, han dirigido movimientos sensibles en la marcha ascendente de la humanidad.

Estos espíritus mediativos, que abren nuevos caminos para el futuro de la humanidad, pocas veces se ven honrados y seguidos durante su vida humana. Casi siempre mueren en la soledad, incomprendidos, calumniados y a veces perseguidos.

Los desviados del sentido moral, los que gozan con las alegrías mundanas, los indignos poseedores de las facultades intelectuales, todos los que viven en la oscuridad, todos los incapaces por cobardía, se encuentran dominados por el terror de la vida espiritual, y así será hasta que un acontecimiento importante en su vida, le haga cambiar el rumbo equivocado que están siguiendo. Estos hermanos deben comprender que la Justicia Divina es infalible y que cada uno de nosotros cogerá, inevitablemente, lo que haya sembrado.

Para finalizar este capítulo, relataré una de las últimas intervenciones del Maestro Jesús a sus discípulos:

La verdad tendrá que ser restablecida, los impostores serán confundidos, los creyentes serán recompensados y castigados los tibios”.

“La malicia y la perversidad del mundo, os preparan malos días. Conservad vuestra fe pura de todo fingimiento y no pongáis límites a vuestra caridad. La fuerza viene de Dios y yo os transmitiré la fuerza”.

Pedid los tesoros de Dios y despreciad las riquezas de la Tierra. Quien quiera elevarse entre los hombres, será rebajado delante de Dios”.

“Vosotros sois mis apóstoles, predicad la palabra de Dios y anunciad su reino por toda la Tierra”.

“Vosotros, los que escucháis mis palabras, sois mis discípulos queridos, ayudad a los pobres, revelarles la verdad, ellos son mis miembros, facilitad el arrepentimiento para una rectificación. Dios nuestro Padre, siempre nos da una nueva oportunidad”.

“Todo lo que vosotros emprendáis en mi nombre, será asistido, y la gracia os acompañará en la paz y en los peligros”.

No devolváis jamás mal por mal, sed fuertes ante vuestros enemigos para que os respeten. Confirmad vuestra fe, más con las obras que con los discursos, y en la hora del sacrificio y la renuncia, recordad mis promesas y mi martirio”.

“Estas promesas las cumpliré si sois fuertes y habéis comprendido y practicado lo que yo os ordeno y lo que yo mismo he practicado”.

“Una vida tranquila no es una vida de apóstol y la  regularidad de la conducta no constituye la virtud de un discípulo. Son necesarias al discípulo fuerza y coraje para afrontar la burla, la crítica, el desprecio, la persecución, la esclavitud, la muerte y el heroísmo, debe tener una disciplina; conducta que deben seguir los discípulos del Maestro Jesús”.

“El apóstol demostrará a Dios y sufrirá por la verdad”.

“El discípulo abandonará los bienes del mundo y los honores del mundo. Abandonará al padre, a la madre, a la mujer, a los hijos, antes que renegar de mi doctrina, ya sea con actos, ya sea con las palabras, ya sea con la abstención o con el silencio”.

“Vosotros sois mis apóstoles y mis discípulos; yo tendré que contar con vosotros y no obstante… Yo sé que alguno de vosotros me traicionará”.

“¡Pobres locos! Les decía Jesús a los hombres entregados a la vida alegre y al orgullo, vosotros destruís el porvenir en obsequio del presente, y el presente huye como una sombra.

Adornáis vuestros cuerpos y desnudáis vuestras almas, buscáis los honores del mundo cuando Dios solicita en vano los honores de vuestro Espíritu”.

“Os arrodilláis ante el becerro de oro mientras vuestros hermanos carecen de todo. Ahora os lo digo, aquellos que acumulan bienes innecesarios, se verán después privados de lo más necesario”.

“Los que gozan de honores humanos, en el día de hoy, no podrán tener más que humillaciones en el día de mañana. Y todos los que se complacen en los goces carnales, y los que colocan la felicidad en la posesión de las riquezas y del mando, serán los pobres, los desheredados, los parias de una nueva vida difícil; vosotros tendréis hambre y sed. ¡Oh ricos egoístas!

Pediréis descanso, holgazanes orgullosos, y continuaréis en el trabajo, sin aplacar el hambre y la sed”.

Sus discursos fueron manipulados Se le dio un sentido erróneo y negativo, sembrando la ignorancia, atribuyéndole palabras que él nunca pronunció.

Sus palabras siempre fueron verdaderas, y no vino para alterar la ley, sino a cumplirla, y todo lo que pueda alterar la ley natural no lo hizo Jesús. Dios no altera sus leyes, las leyes de Dios son inmutables y se cumplen en todo el Universo.

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo

Jose Aniorte Alcaraz

LEY DE CAUSA Y EFECTO

José Aniorte

Es necesario saber que el éxito de nuestro Espíritu, está en aprovechar las experiencias vividas, tanto en estado corporal como espiritual. Será crucial para ello, el esfuerzo individual y el interés del Espíritu para enfrentar y soportar las pruebas y sufrimientos que conlleva la vida corpórea, circunstancias en la vida necesarias para alcanzar la estabilidad espiritual. Por este motivo, tenemos que divulgar los hechos y experiencias de los espíritus desencarnados, para que sirvan de estímulo y ejemplo a los que siguen en la retaguardia. De la misma manera, hay que dar a conocer los dolores, decepciones y sufrimientos que el Espíritu imprudente e incauto que no escuchó los consejos de sus guías espirituales, encuentra a su regreso al plano espiritual.

Estos sufrimientos despiertan la conciencia de los que aún subestiman la pedagogía espiritual, a través de la ley de consecuencias en mundos materiales.

Después de la muerte del cuerpo, el Espíritu que es el ser pensante, está obligado a enfrentar su destino, el cual él mismo ha creado y seguir viviendo de acuerdo con la vida que ha llevado en la Tierra.

El Espíritu verdaderamente sabio, no se aparta de las prácticas espirituales, porque de este modo consigue liberarse más rápidamente de las cadenas pesadas, impuestas por las vidas materializadas. No cambia la felicidad prevista de un mundo superior por los encantos pasajeros de los fenómenos digestivos y sexuales del mundo de las ilusiones; así es el buen alumno que se inicia en la espiritualidad; y prefiere huir de las distracciones transitorias que le rodean, para conseguir una asignatura mejor en la escala espiritual.

Habría que lamentar la habitual negligencia de los espíritus que al regresar nuevamente a la Tierra se dejan subyugar de forma placentera por las bajas pasiones, entregándose sin resistencia a satisfacerlas, acabando dominados por las fuerzas de la vida inferior. De este modo se están haciendo daño a sí mismos, porque están agravando sensiblemente su deuda kármica. No realizan ningún esfuerzo para avanzar sin pasar por la triste situación del dolor. Revolotean atontados, como las mariposas indefensas, alrededor de las lámparas mortíferas, y espiritualmente están embrutecidos, pensando sólo en aparentar un lujo y un bienestar que muchas veces, en realidad no tienen, pero así satisfacen su orgullo y vanidad. Se regocijan dilatando el abdomen por los excesos abusivos de las comidas y bebidas, sin reparar una vez más en el daño que se están haciendo ellos mismos.

Hay muchos religiosos que no practican ni creen en su religión. Asisten a los actos religiosos y repiten sus oraciones, sin tener conocimiento de su contenido, porque no lo aplican a su forma de vida. Se desinteresan de los bienes eternos del Espíritu porque confían en sus representantes religiosos, que les han de conseguir el deseado ingreso en el Reino de Dios y allí serán eternamente felices. Pero esto no es así, la realidad es muy distinta cuando la sepultura recibe el cuerpo abatido por los excesos de los placeres materiales. El tenebroso cortejo de sombras les espera en el plano invisible, unido al dolor que les produce las llagas ocasionadas por su comportamiento. Estos espíritus se sitúan frente a la ley de causa y efecto, contenida en el Código Moral del Evangelio, que nos dice: a cada uno le será dado conforme sus obras según su libre albedrío puede sembrar a voluntad, creándose el determinismo de la cosecha obligatoria de lo que ha sembrado.

Irresponsablemente hacemos una fuerte resistencia a las enseñanzas de Jesús, sin comprender ni comprobar que, para conseguir una integración definitiva con Él, sólo es posible con la práctica indiscutible del bien: hacer a los demás lo que queramos que nos hagan a nosotros, sólo esto es lo que nos libra de las terribles consecuencias purgativas que comúnmente lleva al desencarnado que ha vivido una desenfrenada vida, a las torturas del mundo astral.

Cuando llega el momento de la muerte, que no para todos es igual, muchos desencarnados regresan al plano espiritual como fieras enfurecidas, por las propias pasiones que aún sienten, mientras que otros dejan este mundo como los pajaritos que emprenden su vuelo feliz al dejar su nido. Para ser feliz en el mundo espiritual, no es suficiente tener unos conocimientos, porque aunque éstos sean el producto de grandes esfuerzos, hay que saber utilizarlos para obtener un mayor beneficio.

Las perturbaciones que sienten aquellos que aún se torturan delante de la muerte, son el resultado de la naturaleza y el desequilibrio de las pasiones que fueron cultivadas por ellos mismos, durante la vida perturbada que vivieron.

Las pasiones humanas son como los caballos salvajes, hay que amansarlas y domesticarlas para que después nos sirvan como fuerzas disciplinadas y de ayuda benéfica para la marcha de nuestro Espíritu, a través de las pruebas de la vida.

Para conseguir el dominio de las bajas pasiones, es necesario el ejercicio del evangelio, porque es el recurso más eficiente, pues, se hace a través de la ternura, del amor y de la renuncia enseñada por el Maestro Jesús.

La serenidad y armonía, en la hora de la muerte, son estados que requieren un completo equilibrio de la razón y el sentimiento, pues aquel que sabe quien es, de dónde viene y a dónde va, también sabe lo que necesita, lo que quiere y lo que es ser un Espíritu venturoso. La mente que piensa y dirige, exige también que su corazón o su estado interior se purifique y se transforme para cambiar su forma de sentir, pensar y actuar. La vida feliz en el Espacio, depende únicamente de la forma de vivir que llevamos y el bien o el mal que nos hacemos a nosotros mismos.

La ley de Causa y Efecto no es la ley del “ojo por ojo y diente por diente”, como generalmente se entiende, por lo cual un hecho delictivo tendría que generar otro hecho idéntico en pago del ocasionado. La solución moral de cada alma es un problema que ella misma tiene que solucionar y no con la ley, pues ésta no crea acontecimientos iguales a los anteriores, para que a través de ellos se cumpla la punición. No sería justo que el delito de un hombre, en una determinada existencia, obligase a la ley a crear acontecimientos criminales en el futuro, para que el culpable se reajuste por medio de un hecho igual o similar en su próxima reencarnación.

Los Evangelios de Jesús son el barómetro que debemos tener para saber con seguridad la conducta que tenemos que seguir para que nuestro Espíritu a través de nuestros actos sea como la aguja de una brújula que nos marque el camino seguro de nuestra felicidad espiritual.

Sólo existe un camino para liberarnos de las cadenas de la ley de Causa y Efecto en los mundos físicos que aún merecemos vivir; este camino es el de la renuncia, el sacrificio y el perdón.

Con estos conceptos podemos solucionar nuestros problemas adversos del pasado.

En la abundante cosecha de injusticias e ingratitudes que recibimos, recogemos los frutos de la simiente plantada anteriormente, en momentos de imprudencia o decadencia espiritual. La ley de Causa y Efecto nos exige que paguemos moneda por moneda, hasta el total de todas nuestras deudas contraídas en el pasado, pero también nos permite disminuir la cantidad o intensidad del mal practicado si trabajamos para mejorar la vida de los más necesitados y consolar a los más desesperados.

También podemos asumir un compromiso de renuncia y sacrificio para mejorar la situación negativa de este mundo, que nosotros mismos hemos creado. Tenemos la oportunidad de pagar nuestras deudas kármicas, trabajando por nuestros semejantes.

Hay muchos recursos que nos ofrece la convivencia humana, que permiten al Espíritu reparar y rectificar los errores cometidos en el pasado, sin necesidad de pagar de forma violenta nuestras infracciones a la ley. Dios no quiere la muerte ni el castigo del pecador, quiere su transformación.

La Tierra es una escuela de educación espiritual, y no rechaza al alumno bien intencionado, que se compromete a recuperar el curso perdido, aunque para ello tenga que repetir todas las materias que no pudo superar.

Ya es tiempo de que los seres humanos despierten hacia la realidad espiritual, para poder asumir la realidad de su propio destino, y comprender que otros hombres, aunque representen altas jerarquías religiosas en el mundo, nunca les podrán proporcionar la paz y la felicidad interior que sólo podemos alcanzar por nosotros mismos, con esfuerzo y trabajo.

Es importante y necesario terminar para siempre con esa tergiversación mal intencionada sobre la verdadera vida que vivimos en el Más Allá, y que la obstinación sacerdotal aún impone a las conciencias inmaduras aún de sus fieles, sin importarles el daño que le hacen, haciéndoles creer en un panorama infantilizado a la vez que ridículo, con respecto al buen sentido de la justicia Divina.

El mundo astral es un lugar de trabajo, de reajuste, de preparación y de felicidad o sufrimiento, según haya sido nuestra conducta. Sin privilegios religiosos, ni títulos o derechos de nobleza. Todos somos iguales, pobres, ricos o mendigos, con la esperanza de una renovación espiritual y con la seguridad de que Dios concede nuevos ciclos reencarnatorios, para que el Espíritu pueda rectificar su conducta del pasado, haciéndoles comprender que ese estado de felicidad prometido por las religiones, es falso, pues la única verdadera felicidad que existe, se tiene que ganar por uno mismo.

La humanidad, en su inteligencia actual, debería de comprender que es más lógico y sensato pensar que la evolución del Espíritu, a través de sus propias experiencias y actividades espirituales, forma parte de una ley creada por Dios, antes que creer en absurdos y ridículos privilegios, prometidos por las religiones para satisfacer sus intereses particulares.

Vemos con tristeza, como una gran mayoría de seres humanos, se entregan desenfrenadamente a los placeres que les ofrece la vida material, con sus sensaciones y goces materiales; despreocupándose inconscientemente de su vida interior, esto hace que se atrase por mucho tiempo su despertar, para ver y comprender que el verdadero objetivo de sus existencias físicas, es conseguir su renovación y elevación espiritual.

Una existencia física, aunque sea de corta duración, es suficiente para hacer olvidar al Espíritu la realidad de su compromiso y la razón de su vida, que es conseguir su transformación interior, para alcanzar la elevación de su Espíritu.

Nos cuesta mucho hacernos una idea exacta de lo que es la vida en el plano espiritual. La equivocación proviene, sin duda, porque queremos utilizar las leyes de un plano físico para comprender la naturaleza y la vida etérea astral, de un plano que es invisible para nuestros ojos, que sólo podemos vivir en un escenario material como el de la Tierra.

El espíritu con su periespíritu o cuerpo astral, puede moverse lógicamente, en el medio astral así como en el mundo material, se desliza con toda naturalidad, sin que nada ni nadie se lo pueda impedir, porque en ambos casos está constituido de la misma sustancia del medio en que actúa. Por esa causa, si el suelo, las cosas, los seres y todo lo que constituye nuestro mundo, son hechos de la misma sustancia, su vida de relación, también transcurre como la vida en la Tierra.

Es conveniente saber, que la vida astral es mucho más intensa y dinámica que la vida en el plano terrestre, porque se actúa con la materia quinta esenciada, que es mucho más rica en reproducción vibratoria emotiva.

Para comprender esto debemos imaginarnos al Espíritu desencarnado, como si se moviera en un ambiente material fluídico, así como vemos al hombre moviéndose y viviendo dentro del pesado ambiente terreno. El ser humano, con su cuerpo material, tiene la perceptibilidad de todo su cuerpo y sus vestidos, también sus alimentos que son todos de sustancias materiales. Del mismo modo, pero bajo otro estado vibratorio, el Espíritu con su cuerpo fluídico puede sentarse en una silla etérea o ingerir frutas o líquidos etéricos.

Después de la muerte de nuestro cuerpo físico, nos damos cuenta de que tenemos otro cuerpo, el cuerpo espiritual o periespíritu, que es el verdadero cuerpo, porque existe antes del nacimiento y sobrevive después de la muerte. Es un delicado cuerpo fluídico que nos relaciona con el mundo espiritual, muy sensible a las percepciones y sentimientos del Espíritu. Como el estado mental del Espíritu, es el centro de nuestra conciencia individual, el cuerpo físico y el periespíritu simbolizan y reflejan el verdadero estado del Espíritu.

¿Cuál de los dos cuerpos es el más valioso e importante?

Podemos decir, sin duda alguna, que es el cuerpo espiritual, porque además de ser un organismo definitivo, es el que más lo liga a la conciencia inmortal. El cuerpo físico es un organismo pesado y denso, pero necesario e imprescindible para que el Espíritu consiga su evolución y elevación.

El periespíritu, debido a su contextura sutilísima y quintaesenciada, es un maravilloso instrumento de acción, para desenvolver las energías del mundo astral. Su delicada estructura permite manifestar y reflejar rápidamente la voluntad, el pensamiento y el estado emocional del Espíritu; es como un espejo donde se ve la verdadera imagen del Espíritu, no puede ocultar ni disimular nada, aquí nos encontramos con la gran realidad, sea ésta feliz o desgraciada, según el uso que hayamos hecho de nuestro libre albedrío.

A medida que el Espíritu se vuelve más sensible, debido al sufrimiento y al dolor, en las sucesivas vidas materiales conseguirá una mayor expansión en la vida espiritual y su cuerpo fluídico, al mismo tiempo se transforma consiguiendo cada vez más claridad.

Sólo cuando estamos en el plano espiritual y en situación de ver esta realidad, comprendemos que el estado ensombrecido o luminoso de nuestro cuerpo fluídico, sólo depende del estado mental de nuestro Espíritu.

Sin duda alguna, somos nosotros mismos los que creamos ese mundo exterior que nos aguarda, y lo hacemos igualmente en el astral como estando viviendo en el plano físico, pero todo es una creación de nuestra voluntad, que siempre se manifiesta y se impone en cualquier ambiente o lugar que estemos viviendo.

Así es como edificamos nuestro cielo, cuando los sentimientos son elevados, como también construimos los horrores de un infierno a consecuencia de las peligrosas creaciones mentales de nuestra mente.

Todo lo que se produce en la intimidad de nuestro Espíritu, sucede en un camino vibratorio diferente al de la materia, es un fenómeno que se relaciona con el mundo invisible que nos rodea y marca el futuro y el destino de nuestro Espíritu. Todo podemos conseguirlo a través de nuestras fuerzas mentales; el extraordinario poder de nuestra mente puede actuar con éxito y es capaz de utilizar las energías del medio para construir las formas deseadas.

Cuando conseguimos armonizar con los espíritus más elevados, mantenemos contacto con ellos, obteniendo, cuando ellos lo creen necesario, enseñanzas y conocimientos mucho más avanzados. Entonces nuestros esfuerzos se multiplican dinámicamente, ultrapasando las aflicciones y las fatigas que causan los contratiempos de la vida.

Aunque nos encontremos viviendo en un cuerpo carnal, podemos vivir también el ambiente del plano espiritual, superior o inferior, al cual iremos a vivir después de la muerte del cuerpo. Nuestra forma de vida, sentimientos y pensamientos, cultivados durante nuestra existencia terrena, son ejercicios que desarrollan la sensibilidad psíquica para situarnos en un plano más elevado.

Todo impulso de ascensión espiritual es la consecuencia del esfuerzo que se ha realizado para liberarse de la materia esclavizante. Nuestros deseos de progreso se reducen por la habitual negligencia espiritual que existe sobre el sentido educativo de la vida humana, como también se eleva cuando son accionados por la fuerza de nuestra voluntad, para conseguir una aspiración superior, manteniendo heroicamente a distancia al sensualismo peligroso de las formas.

No importa que estemos viviendo en un mundo material, si cultivamos las iniciativas dignas que nos permiten mantener una vida vibratoria en contacto con un plano superior. Si nuestro objetivo es el estudio del verdadero sentido de la vida y de la muerte, la renuncia a las seducciones de la materia transitoria y la desencarnación, resultan para nosotros un suave desahogo y el ingreso positivo en un ambiente delicado, que ya sembramos en el interior de nuestra alma aún estando encarnada, y la vida humana en vez de ser una carga pesada, se vuelve una rápida promesa de felicidad.

Cuando sentimos vibrar en lo más íntimo de nuestro ser, la necesidad de asumir un compromiso con nuestro guía y Maestro Jesús, entonces le ofrecemos nuestra vida incondicionalmente, sin reparar en sacrificios, privaciones o persecuciones, para ayudar a nuestros semejantes, haciéndoles conocer la verdad que Él nos enseñó; recordemos sus palabras:

Yo soy el camino de la verdad y de la vida, y aquel que lo siga se salvará”.

Para poder comprender esto, necesitamos despertar en nuestro mundo la verdadera idea de la inmortalidad, que es el fundamento de nuestra propia estructura espiritual, aclarando para siempre la ingenua idea o creencia que se ha formado sobre la muerte del cuerpo físico, y por el contrario comprender que la muerte es necesaria para la supervivencia y evolución de nuestro Espíritu, que está siempre con nosotros en todo momento, en cualquier plano de vida, y en él está toda la historia de nuestra individualidad.

En realidad, sucede que aún creyendo en la inmortalidad del alma y sabiendo que la muerte del cuerpo físico es una transformación para que el Espíritu siga viviendo, aún así existe la duda o el recelo, lo que nos causa un cierto temor. Por esto el ser humano acostumbra a pensar sobre la muerte, como si ésta no existiera; pensar de esta manera no nos libra de nuestro destino y la muerte nos llega cuando menos la esperamos.

Muchos hombres célebres de nuestro mundo, salieron de la pobreza o vivieron en ella y hasta sobrevivieron sufriendo graves enfermedades. Hace miles de años que en la Tierra, el principal motivo del sufrimiento, reside en la gran ignorancia espiritual y lo que menos hace esta humanidad, es interesarse en conseguir un conocimiento que la libere de esta triste situación.

Los siglos se acumulan constantemente y los seres humanos continúan repitiendo las mismas cosas que hace siglos hicieron, prefieren continuar sufriendo nuevas pruebas carnales por la indiferencia que sienten para pensar y el desinterés que prestan al saber. En su mayor parte, los espíritus terrenos regresan al plano invisible y después de incontables reencarnaciones, vuelven de nuevo, en el mismo grado de evolución.

Hay una gran indiferencia por la propia ventura espiritual, y hoy ya hay mucha facilidad para educarse e instruirse en este sentido. El Espiritismo aclara todas las sombras y misterios del pasado.

Los espíritus que ya pueden comprender el sentido de la vida, que pueden mirar por encima de sus realizaciones espirituales y abarcar el largo camino recorrido con los pies ensangrentados, se sienten invadidos de una gran tristeza, al comprobar lo lenta que ha sido su elevación espiritual, por el tiempo perdido en los caminos espinosos de la vida física.

Cualquier espíritu luchador que se destaque entre esa multitud negligente, animalizada y esclavizada por los sentidos de la carne, por ser un Espíritu que estudia e investiga, rompe las ataduras dogmáticas que lo esclavizaban y consigue su independencia, pero es incomprendido en el ambiente en que vive, calumniado y hasta perseguido. No es extraño que así suceda, pues es un Espíritu liberado de los dogmas, tabúes sagrados o explotaciones religiosas, que trabaja, renuncia, estudia y se sacrifica con la seguridad de que

cuando el discípulo está preparado el Maestro siempre aparece”.

La incesante liberación y renuncia valerosa a las ilusiones de la materia, es realmente lo que nos desata de las cadenas de la vida material, y que nos ayuda en las diversas desencarnaciones y regresos al mundo de la verdad. De alguna manera todos sentimos un cierto temor a la muerte, pero cuando llega este momento inevitable, si nuestra conciencia está en paz, si sabemos ya la vida que nos espera, todo ese temor desaparece y nos sentimos libres y felices.

El dolor no debe interpretarse como un castigo, porque no siempre es una consecuencia o un pago por faltas cometidas en nuestro pasado; puede ser y muchas veces lo es, el efecto de la acción sobre el medio en que el Espíritu actúa.

Si consideramos el dolor exclusivamente como medio de pago por delitos cometidos en el pasado, tendríamos que investigar el origen del sufrimiento de tantos espíritus jóvenes que viven aún en un estado primitivo y salvaje. El Espíritu tiene que vivir muchas veces sufriendo la angustia del fracaso y la alegría del éxito, sin que este proceso sea la causa de liquidar faltas cometidas.

El sentido de la vida material es un disciplinado proceso para que el hombre aprenda a dominar sus bajas pasiones, dando un sentido más elevado a la razón de su vida, y precisamente es a través del dolor, el cual tanto atemoriza a los seres humanos, como se consigue dar ese cambio para el perfeccionamiento.

La humanidad actual se sitúa entre dos tipos espirituales extremos, de un lado está el tipo tradicionalista, conservador y apegado fanáticamente al pasado, viviendo con una inquietud continua al pensar que en cualquier momento les puede llegar la muerte. Del otro lado se encuentra el hombre idealista, valeroso, heroico, que es censurado y combatido en sus trabajos, porque se esfuerza en dar a conocer los nuevos ideales evolutivos del mundo, pues esclarece los horizontes sombríos y abre nuevos caminos para la elevación de la mente humana.

La convicción y creencia en la inmortalidad del Espíritu y la seguridad que tiene para un futuro mejor, es una idea consoladora para la recuperación espiritual, y hasta los seres más descreídos podrán fortalecerse ante las mayores desgracias de la vida.

Mientras tanto, muchos espiritualistas convencidos de la inmortalidad del alma, viven en el mundo con la fisonomía ceñuda y aire solemne, esparciendo a su alrededor un enfermizo e injustificable pesimismo ¿y esto por qué?, porque tiene una creencia que en realidad no convence, no ofrece ningún futuro, no tiene vida espiritual.

El Espiritismo nos dice, nos enseña y nos prueba, con hechos irrefutables, que el Espíritu es inmortal, la vida siempre continua, en el plano físico o en el mundo invisible; tiene un futuro para trabajar, luchar y vencer sus propias imperfecciones, hasta alcanzar por su propio esfuerzo un mundo de paz y felicidad.

 

 

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo

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