Hace pocos días fue recogido por la ronda correspondiente un individuo que se dedicaba a implorar la caridad pública, y llevaba en su poder 7.500 pesetas en billetes y monedas de distintos países.

Anoche fue conducida al Asilo del Parque una mujer andrajosa y sin domicilio, a quien se le encontraron títulos y obligaciones por valor de 8.392 pesetas.

¡Qué historia tan horrible tendrán esos dos Seres!… cuando tienen que ir por el mundo cargados de oro, mendigando el suplicio de Tántalo, que según la historia mitológica, fue arrojado a los infiernos sufriendo un castigo horrible, que consistía en permanecer en medio de un lago cuya agua le llegaba a la barba y se escapaba de su boca cada vez que, poseído de una sed ardiente, quería beber de ella, y en estar rodeado de árboles frutales, cuyas ramas se elevaban hasta el cielo cada vez que, devorado por el hambre, llevaba la mano a ella para coger los frutos.

Igualmente esos dos desgraciados llevaban encima de ellos el agua y la fruta madura y se morían de hambre y de sed: ¿Qué habrán hecho ayer?



Efectivamente, vivir a la intemperie, carecer de todo y guardar afanosamente lo que pudiera salvarle del sufrimiento, es ser verdugo de sí mismo; por eso debemos vivir dentro de la moral más estricta para no hacernos acreedores a ser los parias, los ilotas degenerados por los que nadie se interesa, que viven en la sombra, aquí y allá.

¡Cuán cierto es que en la culpa está el castigo!.

Amalia Domingo Soler

Hechos que prueban