Amalia Domingo Soler

A LOS BUENOS ESPÍRITUS

Qué inefable beatitud y qué dulce calma, se apodera de mi alma, cuando el bien y la virtud me inspiráis; a gratitud inunda todo mi ser de un inefable placer, tan inmenso y tan profundo, que no hay frases en el mundo para hacerlo comprender.

Amalia Domingo Soler

REMINISCENCIAS DE AYER

Hace algún tiempo visitamos una ciudad, que nos es muy querida, porque en ella habíamos descansado una larga temporada de nuestras habituales tareas, y contraído algunas relaciones cuyo buen recuerdo nos ha seguido constantemente en nuestra penosa peregrinación.

Amalia Domingo Soler

DRAMA PASIONAL

Varios periódicos han publicado el relato de un drama pasional,verdaderamente interesante, pareciendo imposible que una niña de 17 años tuviera tanta energía para buscar la muerte. En la edad de las ilusiones, de las esperanzas, cuando parece que la vida tiene tan dilatados horizontes, decir resueltamente “quiero morir”, algo terrible tiene que haber tras de aquella florida juventud. El relato…

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Amalia Domingo Soler

  ¡QUÉ FINAL!    

I Hay momentos en que el peso de la vida abruma, porque parece que todo se combina y se confabula para hacer más penosa nuestra peregrinación por la tierra; falta de salud, achaques inherentes a la vejez, escasez de recursos para atender a las primeras  necesidades de la vida, desengaños en las amistades, todo, en fin, cuanto puede mortificar al…

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Imagen de la flor púrpura con sus espinas
Amalia Domingo Soler

                                      ¡AYER!                                     

I De Cidra, (Puerto Rico) me escribe un espiritista, contándome el asesinato que se cometió en dicha localidad el 25 de septiembre de 1905, en la persona de un joven comerciante que reunía todas las virtudes; honrado, trabajador, amante de su familia que se componía de doce o trece individuos; no se había casado, por no crearse nuevas obligaciones y…

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Amalia Domingo Soler

AMALIA Y JUANITO

Amalia y Juanito son alumnos del colegio de Belén, ella ingresó primero en la clase, a los pocos días llegó Juanito, y sin que nadie le dijese nada se sentó junto a Amalia; las niñas, al verlos tan iguales de estatura y sentaditos el uno junto al otro, hablando y riendo como si fueran compañeros desde la cuna, exclamaron gozosas: