Allan Kardec

EL ORGULLO Y LA VANIDAD II

Hombres, ¿por qué os quejáis de las calamidades que vosotros mismos habéis acumulado sobre vuestras cabezas? Habéis despreciado la santa y divina moral de Cristo. No os asombréis, pues, de que la copa de la iniquidad haya desbordado por todas partes. El malestar se generaliza. ¿A quién acusar sino a vosotros mismos, que sin cesar procuráis aniquilaros unos a otros?…

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