Amalia Domingo Soler

¿HASTA CUANDO?

Conocí en mi juventud a una muchacha, por nombre Magdalena, tan simpática como desgraciada. No sabía aún pronunciar el dulce nombre de  madre, cuando la muerte le arrebató la suya, y su padre hubo de contraer segundas nupcias a los pocos meses, obligado por la necesidad de dar a sus hijos, todos chiquitines, una persona que substituye a la madre…

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