¡Dios mío! que sueño tan espantoso he tenido; soñé que era el canónigo Zarandona; que me había levantado contra una idea nueva, y sus defensores me decían: «no hables de lo que no entiendes.»
¡Dios mío! que sueño tan espantoso he tenido; soñé que era el canónigo Zarandona; que me había levantado contra una idea nueva, y sus defensores me decían: «no hables de lo que no entiendes.»