La verdadera ciencia es una cooperadora de valor en el Espiritismo, puesto que contribuyendo para el progreso de la humanidad, está al servicio del bien. No debe el hombre olvidar la cultura de la ciencia en sus diferentes ramas,  porque ella honra el valor del espíritu, adornándolo con conocimientos que lo embellecen, lo engalanan.

El Espiritismo no hostiliza la ciencia, antes lo enaltece y propaga. Condenable es el orgullo de saber que exalta la vanidad. El verdadero sabio es humilde.

El entendimiento, abrillantado por el estudio y comprensión de la filosofía transcendental, es cosa de real valor, pero la inteligencia vanidosa ningún mérito tiene. Es útil, es provechoso, es bueno, que la inteligencia esclarecida colabore con el corazón amante en la divulgación de la doctrina que ennoblece las almas» El Espiritismo». De tal forma se llegará a resultados maravillosos para la sociedad actual, y la humanidad se irá liberando del espíritu dogmático que esclaviza sus facultades.
El hombre debe estudiar, investigar, analizar, sondear, examinar, discernir. Aumentará así el número de sus conquistas en el plano filosófico-espiritual. El saber humano, sin embargo, debe rendir el homenaje y el respeto debido a la Sabiduría Divina, recordándose siempre de que, por más que asimile científicamente, no podrá prescindir de la inspiración de lo “ALTO”, fuente inagotable de la verdadera ciencia.

La ciencia sobre ser estudiosa, debe ser sincera, humilde, reconociendo que no está en la jurisdicción humana poner el punto final de cualquiera de sus ramas. Las mentalidades PODEROSAS en la Tierra no pasan de mediocridades en vista de los grandes luminares instructores de los mundos invisibles, los cuales, por su vez son minúsculas parcelas de luz en comparación al grande foco luminoso que es nuestro ¡Señor Jesucristo!.

Cultivar, pues la ciencia, estudiar, profundizar conocimientos. Tened, sin embargo, siempre en vista aprender para vuestro bien y el de los otros, nunca por orgullo y ambición de superar a vuestros hermanos en saber y valor.

Dios abate el orgullo y exalta la humildad.

 

ADELAIDE AUGUSTA CÂMARA (AURA CELESTE)

Orvalho do Céu