Es preciso amar la vida terrena a pesar de todo su amargos.

La rebelión contra las pruebas de la existencia en la tierra, sus páginas siniestras, producirán el remordimiento futuro, el desespero de tiempo perdido en un sufrimiento improductivo.
La revuelta del espíritu sufridor agrava sus padecimientos y le prepara la agonía de las noches sin luz más allá de la tumba. Los hombres ignoran estas cosas. Viven llenos de los humos lisonjeros del mundo, que les satisfacen la vanidad dominadora, insensibles a las influencias que los amigos reales del espacio intentan ejercer sobre ellos.

¿Cuál es el fin de las reencarnaciones del espíritu en este planeta?

¿Qué vienen a hacer?
Fácilmente responden los que tienen estudiado las leyes que dirigen la evolución de los seres:
“El espíritu viene a litigar su rehabilitación, aspirando a dar un paso para delante en la escala que conduce a la VIDA PERFECTA”


¿Por qué huir de la prueba que eleva, engrandece, rehabilita y salva, cual niño inexperto que rechaza el remedio amargo que le pretende curar la enfermedad? ¿Queréis crecer en espíritu, adelantando en virtud, sabiduría y amor? ¿Queréis evolucionar a la perfección? Necesitáis vivir todos los dolores.
Cada ser es el obrero de su propia felicidad. El más sabio es aquel que mejor sabe sufrir, porque su inteligencia le revela que el dolor le proporciona ascensión más rápida a los mundos felices. Una encarnación terrena tiene la duración de una noche en comparación con la vida eterna. Deprisa viene el día y con él el sol, si el alma pacientemente cumplió su misión. Preparad un día brillante para vuestros espíritus, para que no penetréis en la niebla, en la oscuridad, cuando dejéis a la tierra la carne que le pertenece.


Vuestro presente de hoy será mañana vuestro pasado, y el pasado es siempre la causa de las tristezas y de los placeres del presente.
¡Cuántos espíritus vienen a este mundo para recomenzar el trabajo que deberían haber concluido en la etapa anterior! Son los perezosos, los retrasadores de la evolución.

¡Pensad en vuestros destinos amigos! No os revotéis por expiar faltas pasadas. Tened confianza en el porvenir que os aguarda, rico de consuelos, harto de dulzuras, que no podéis comprender ceñidos por la espesura material que contiene en sí vuestro espíritu. Sin embargo, creedme, la felicidad no está en la satisfacción de los placeres terrenos, placeres que solamente el cuerpo goza. La felicidad está en la consciencia inmaculada, en la cual solo impera el amor en toda su pureza, amor que se da, que se sacrifica sin esperar recompensa, amor que es divino porque su origen es divino, en el cual las almas se funden, en comunión perfecta, DIOS ES AMOR!

 

 

ADELAIDE AUGUSTA CÂMARA (AURA CELESTE)

Orvalho do céu