Revista Espírita La Revelación

EL SUEÑO

Revistas de la Revelación 1872 a 1904

Calló la voz, y yo me sentí anegar en un piélago de vergüenza y confusión.

Hubiera dejado la polémica entablada a precio de mi propia vida, pero mis corifeos me miraban; mi reputación se hundía; una nube preñada de silbidos amenazaba mi frente, y no me atrevía prolongar mi silencio.

Entonces hablé de un misterio y le califiqué de augusto; no esperaba que la terrible voz me dijese nada por un concepto tan inofensivo:

¡pero ay! me equivoqué; ella volvió a sonar diciéndome estas palabras: «Llamas augusto misterio a un miserable girón del manto de la filosofía humana: ¡augusto misterio! ¿desde cuándo que los misterios son augustos? ¿desde cuándo que las sombras, las tinieblas son augustas? ¿desde qué época se admite como augusto lo que no se comprende ni se demuestra? ¿desde qué época se admiten como augustas unas cuantas frases sin lógica y sin sentido? ¿quién ha elevado al trono de la augustez, a un miserable logogrifo, que desde la cátedra de Abelardo hasta las columnas del Semanario Católico, viene resolviéndose sin que se haya resuelto, todavía?

¡Augusto! ¿Hay algo más augusto que un razonamiento claro y sencillo? ¿hay algo más augusto que una verdad modesta y comprensible? ¿hay algo más augusto que el sol, esa corona de Dios, lanzada por Él a los espacios para desvanecer los misterios de las sombras?

Responde, canónigo Zarandona, ¿hay algo más augusto que la luz, que son los ojos del Eterno?

¡Ah! panegiristas del misterio: harto sabe la humanidad por qué sois los amantes de él; bajo sus negras alas habéis escondido los horribles crímenes de la SANTA Inquisición, y bajo sus negras alas escondéis hoy la haz inmunda de vuestra conducta anticristiana! y esas seiscientas mil víctimas de aquella bárbara institución; esas seiscientas mil almas apenadas, esos seiscientos mil espectros que giran en el espacio, en torbellinos tan pavorosos como los torbellinos de condenados del Dante; esos espectros mutilados que van a turbar el sueño de vuestros antepasados que los sacrificaron a su fanatismo infame, saben por una dolorosa experiencia el secreto de vuestro amor a ese dios, negro como vuestro ropaje a quien dais el nombre de Misterio!»

Calló de nuevo la voz, y yo volví a abismarme en mi desfallecimiento, mas recordando el concilio de Nicea; las lecciones de la cátedra, y las sutiles armas de la antigua escolástica, me revolví súbitamente sobre mis contrarios en la prensa y clamé con desesperación: Jesús es Dios, porque él lo ha dicho.

¡Oh cielo!

Nunca hubiera pronunciado estas palabras; repentinamente pareció que estallaba mi estancia; cien mares de luz espléndida se esparcieron en el espacio, y en medio brillaba un sol infinito en hermosura y claridad; aquel sol tenía unos ojos azules e inmensos como la bóveda celeste y derramaba torrentes de majestad y dulzura; aquellos ojos se fijaron en mi corazón, y penetraron hasta lo más profundo de mi alma; yo me avergoncé como si de pronto hubiese quedado desnudo delante del universo; aquellos ojos escarbaban, atravesaban las profundidades de mi conciencia, como el rápido y ardiente rayo las profundidades de la tierra; yo me sentí desfallecer, porque aquellos ojos eran los del hermoso Nazareno; en medio de mi desfallecimiento, llegaron a mi comprensión estás palabras:

«Hipócritas que me lloráis mártir y vendéis mi cruz en pedazos;

hipócritas que me llamáis Cordero Celestial y os tituláis imitadores míos, y maldecís y odiáis y escarnecéis a vuestros hermanos;

hipócritas que me llamáis pacificador del mundo, y os tituláis imitadores míos, y soñáis al mismo tiempo con la guerra y la hoguera;

hipócritas que me llamáis Dios, y escupís en mis hijos y en el de vuestros hermanos;

hipócritas que habéis cargado sobre mis modestos hombros el inconmensurable peso del título de la Divinidad, por miedo al influjo de Constantino que os amenazaba en el concilio de Nicea, como también por astucia con el fin de cumplir vuestras egoístas aspiraciones

¿Hasta cuándo crucificareis mi memoria como crucificasteis mi cuerpo en el Calvario?

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