Amalia Domingo Soler

              ¡LA CARETA! 

                                                

I

Carnaval continuo es la vida, pues por regla general, todos decimos lo que no sentimos, así es, que el antifaz moral nos acompaña siempre, pero hay una época en el año que nos ponemos doble careta sobre la que encubre nuestras intenciones nos colocamos un pedazo de trapo sobre el rostro y el disfraz es completo; se ahueca la voz, se ríe estrepitosamente, se manoteas imitando a los epilépticos, se dan saltos y se ejecutan cabriolas con arrojo; los beodos, y el hombre más formal pierde por completo su modo de ser durante algunas horas; pero, en medio de tanto júbilo y de tanto aturdimiento, ¡cuántos dramas se desenvuelven! ¡cuántos problemas se solucionan! ¡cuántas historias llegan a su trágico desenlace!…

II

III

Efectivamente, el fluido de este espíritu me ha hecho sentir angustia y contrariedad, pero no siempre se ha de aspirar el perfume de las flores; también es preciso que nos hieran sus espinas y como este breve relato se presta a profundas y amargas consideraciones, contenta estoy de haber recibido la inspiración de una víctima de la hipocresía religiosa. ¡Pobre espíritu! ¡Cuánto ha sufrido y cuánto aún le quedará que sufrir!

                                                                                                            Amalia Domingo Soler.

Nº4  

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