José Aniorte

El libro de los Espíritus, en el capítulo primero, su primera pregunta es:

¿Qué es Dios? –Dios es la Inteligencia Suprema, causa primera de todas las cosas.

Hay quien pregunta si existe Dios, y yo digo: La Creación dice que sí, y cada religión lo define a su manera, han creado un dios pequeño, al alcance de la idea del hombre y de su raciocinio.

El Universo no tiene principio ni fin. Dios es el Alma de la Creación y la Creación es Dios.

El Espíritu cuando está preparado para formar parte de la humanidad, es como un libro en blanco, y el progreso que a través de los siglos está alcanzando, es el encargado de escribir sus páginas.

Dios crea los mundos de trabajo para la evolución del Espíritu, y nosotros creamos los mundos de dolor para nuestro propio sufrimiento.

El Espíritu no ha nacido para la contemplación estática, ha recibido la inteligencia para utilizarla en su propia elevación, y poco a poco, con trabajo, esfuerzo, renuncia y sacrificio, alcance los méritos necesarios para vivir en un mundo mejor, siguiendo su ascensión hasta conseguir su redención.

En el hombre hay un principio de origen divino porque su Espíritu es un átomo creado por la voluntad de Dios, el hombre lleva en él, el germen del progreso y desde su principio a través de los mundos y las sucesivas existencias, adquiere cierta sensibilidad, que le hace sentir el hambre, la sed, el frío y el calor, y en este lento desarrollo, el alma, educada por ella misma, va mejorando la condición de su existencia, cambiando su forma de vida.

El ser humano llega a ser un hombre civilizado, que comprende y siente la necesidad de elevar su Espíritu, para sentirse mejor. La vida así tiene una tendencia racional hacia la perfección; tiene un desarrollo que está en sintonía con las leyes de la evolución, porque los árboles primero se cubren de hojas, después de flores y finalmente dan el fruto; todo tiene su tiempo determinado para su progreso.

La Naturaleza nos enseña que el trabajo es una ley de vida, sin el trabajo no existe el progreso y sin el progreso no existe evolución. ¡Sin la evolución, no existiría la vida!

El progreso es la gran obra de los siglos, pues yo no creo en la ley de la gracia o el perdón, creo en la ley de la Justicia Divina, que da a cada uno según sus obras. Lo que no se gana no se obtiene y es más razonable la perfección del Espíritu conseguida con su trabajo y esfuerzo que la eterna felicidad del alma por el perdón y la gracia, sin trabajo y esfuerzo para conseguirlo.

Los brujos del pasado, quemados en las hogueras, son los librepensadores, los racionalistas de hoy, y por medio de la comunicación de los espíritus, encontramos y conocemos la ley de continuidad. El Espiritismo tiene opositores, porque es una filosofía científica que no ha sido bien estudiada, y de la cual se apoderan algunos charlatanes haciendo mal uso de ella. Pero comentada, estudiada y analizada, se encuentra en ella, la lógica, la razón y la verdad, sin ningún secreto o misterio.

Según la doctrina católica, el alma es independiente de la materia, y es creada del nacimiento de cada ser, sobrevive y conserva su individualidad después de la muerte, desde ese momento, su destino queda irrevocablemente fijado, no tiene ningún progreso anterior, así que el intelectual y moral es para toda la eternidad, lo que fue durante su única vida. Los malos son condenados a un castigo, un sufrimiento eterno, porque el dios vengador les niega la posibilidad de arrepentirse y reparar el mal que han hecho. Los buenos son recompensados pudiendo ver y contemplar continuamente a Dios en el cielo. Todos los ángeles, son almas privilegiadas que sin ningún trabajo han llegado al estado de perfección, simplemente porque su dios caprichoso e injusto los ha escogido.

Esta doctrina deja sin contestar algunas importantes preguntas, y sólo haré alguna de las mil que podría hacer: ¿Porqué nacen seres buenos y malos, inteligentes o idiotas, cual es la suerte de los cretinos y de los idiotas, que no tienen conciencia de sus actos, cómo se justifican las miserias y las enfermedades no siendo el resultado de la vida presente, cual es la suerte de los salvajes y de todos los que forzosamente mueren en el estado de inferioridad moral en que se hayan, colocados por la misma naturaleza, si no tienen posibilidad de progresar en un futuro, porqué Dios crea a unos más favorecidos que a otros, porqué nacen criaturas sin piernas o sin brazos?…

La Doctrina Espírita es la Tercera Revelación, y lo es porque es la expresión más pura del Cristianismo Universalista, es la religión de los espíritus, es la religión del futuro.

El principio inteligente es independiente de la materia, el alma individual preexiste y sobrevive al cuerpo. Todas las almas son creadas iguales y están sometidas a un progreso indefinido. No existen espíritus privilegiados, ni más favorecidos unos que otros. Los ángeles son espíritus que han llegado a la perfección por sus propios merecimientos, pasando primero, como todas las criaturas, por los mundos inferiores para avanzar con el trabajo y el sacrificio hacia el estado de perfección que hoy tienen. Los espíritus progresan más o menos deprisa, en virtud de su libre albedrío, mediante el trabajo y el ejercicio de su voluntad.

La vida espiritual es una consecuencia de la vida material. El Espíritu progresa en el mundo material y se prepara para la vida corporal en el mundo espiritual; las vidas físicas son necesarias para que el Espíritu alcance cierto grado de perfección. Esto lo consigue con el trabajo y muchas otras dificultades que tiene que enfrentar, obligado por sus propias necesidades, con esto adquiere conocimientos y experiencias necesarias para su evolución. Sería imposible adquirir esto en una sola existencia, por lo que regresamos a la Tierra con un nuevo cuerpo, todas las veces que sea necesario, y con los conocimientos y experiencias conseguidos en sus anteriores existencias, cada vez regresamos con más disposición para el trabajo y la renuncia a las pasiones materiales, el despertar del alma dispuesta al sacrificio, ya es un sentimiento interior que cada vez se manifiesta con más fuerza.

En este estado llega el momento de su regreso al mundo de la verdadera vida; su Espíritu deseoso de conseguir su transformación se prepara siguiendo religiosamente la orientación de sus superiores, cuando él se siente seguro y preparado pide una nueva oportunidad, para realizar un trabajo de renuncia y sacrificio, una misión por la que si fuese necesario daría su propia vida. Paciente espera esa nueva oportunidad durante muchos años, sin dejar por esto su trabajo en el mundo espiritual. Finalmente sus mentores lo llaman y le dicen:

Hijo mío, ha llegado el momento, tenemos que realizar un importante trabajo, hay que abrir nuevos horizontes para dar a conocer una nueva idea, necesaria para el progreso de la humanidad, confiamos en ti, regresa a la Tierra con la bendición de nuestro Maestro Jesús. Nosotros siempre estaremos contigo y nuestra ayuda nunca te faltará”.

Todos los habitantes de este planeta, salvo excepciones, somos “verdugos” del pasado, que regresamos de nuevo, unos como víctimas y otros para ayudar de alguna manera a nuestras víctimas de ayer, así que nadie tiene el derecho de considerarse superior a su semejante.

El Cristianismo y el Espiritismo, que en sus bases o principios tienen el mismo ideal, influye en la transformación interior del ser humano para alcanzar la elevación del Espíritu, venciendo finalmente al hombre viejo, que durante tantos milenios nos domina y nos arrastra con sus pasiones.

Con nuestra transformación nace el hombre nuevo, el hombre del futuro, humilde, tolerante y caritativo. El verdadero espírita debe reunir estas condiciones, hay que divulgar la doctrina con el ejemplo, como han hecho los que nos han precedido: Allan Kardec, Amalia Domingo Soler, José María Fernández Colavida, Miguel Vives, Adolfo Becerra de Menezes, Francisco Cándido Xavier y muchos más que podrían servirnos de ejemplo.

Allan Kardec, nos dice: Conoceréis al verdadero espírita por su transformación. Para divulgar el Espiritismo, debemos tener una fuerza moral que sólo se consigue aplicando a nosotros mismos aquello que damos como ejemplo para los demás. Cierto día me preguntaron:

¿Cómo se conoce hoy a los falsos profetas? Es muy fácil; son aquellos que con mucha elocuencia repiten palabras sacadas de los libros, pero no creen en ellas ni practican lo que dicen, engañándose con esto a ellos mismos.

Todos los espíritas sabemos y conocemos los principios del Espiritismo, y por esto tenemos la responsabilidad de controlar nuestros actos o forma de vida, de ser humildes para poder comprender a nuestros semejantes, antes que ellos nos comprendan a nosotros, y dar preferencia a los bienes espirituales, que serán los únicos que nos acompañen en nuestro viaje de vuelta a la verdadera patria, al Mundo Espiritual.

El Espiritismo como ciencia está en condiciones de estudiar y enseñar la verdad suprema, está llamado a regenerar el mundo, esclareciendo las mentes de los hombres para que comprendan las sublimes verdades que enseña, hasta que la creencia y la razón no pronuncien otro credo religioso más en armonía con la grandeza de Dios; hasta entonces seremos cristianos-espíritas, racionalistas y libres pensadores. Teniendo este conocimiento, ya es hora de despertar de nuestro sueño y vivir en la realidad.

La noche ha pasado y un nuevo amanecer resplandeciente nos espera; rechacemos para siempre las obras de las tinieblas y empuñemos las armas que tiene que usar el Espiritismo: la humildad, la caridad y la fuerza de voluntad para conseguir nuestra transformación interior, para que nuestra conducta y forma de vida pueda servir de ejemplo para aquellos que nos escuchan.

Los espíritus encarnados constituyen el mundo visible o corporal, y los desencarnados, el mundo invisible o de los espíritus. El Espíritu con la muerte del cuerpo físico, recuperan nuevamente su libertad.

El hombre tiene dos naturalezas; por el cuerpo siente la influencia de la naturaleza animal, cuyos instintos posee, y por el alma siente la necesidad de liberarse de esa naturaleza animal.

El periespíritu o lazo de unión entre el cuerpo y el Espíritu, es una especie de cuerpo fluídico semi-material, adaptable a las necesidades del Espíritu. Cuando el cuerpo físico muere el Espíritu conserva el cuerpo etéreo, invisible para nosotros en estado normal y que puede ser visible en algunas circunstancias, y hasta tangible como sucede en el fenómeno de las apariciones.

El Espíritu no es un ser abstracto e indefinido que sólo se puede definir con el pensamiento, por el contrario, es un ser real que es apreciable en algunas ocasiones por los sentidos de la vista, del oído y del tacto.

Las reencarnaciones o vidas corporales sucesivas, son necesarias para el perfeccionamiento del Espíritu; a unos se les impone como duras pruebas o dolorosas expiaciones, hasta que rectifiquen su conducta; para otros, la reencarnación es una misión.

Las relaciones con los espíritus son continuas, los espíritus buenos nos animan para hacer el bien, nos fortalecen en los momentos difíciles de nuestra vida, y nos ayudan a superar las dificultades con valor y resignación.

Los espíritus malignos y malintencionados nos incitan al mal, debilitan nuestra voluntad y se sienten contentos cuando nos ven sucumbir y fracasar en nuestros buenos propósitos. El ser humano niega lo que no ve claramente y su limitada inteligencia no comprende, pero la ley del progreso sigue su marcha, nada ni nadie puede detenerla; no quedando incompleto o interrumpido cualquier estado evolutivo, por el fenómeno llamado muerte, porque la vida del Espíritu continua y la ley del progreso sigue su curso, y lo que no se ha podido realizar hoy, se realizará mañana, en otras existencias. El Espiritismo llena la gran necesidad que tiene el hombre de vivir siempre, y su creencia le es necesaria para poder soportar con paciencia los sufrimientos, contratiempos y aparentes injusticias de esta vida.

El Espiritismo tiene la explicación lógica y convincente para hacernos comprender que el mal es una creación del hombre y el bien es una bendición de Dios. El hombre crea su propio destino y Dios nuestro Padre, concede a todos sus hijos, la felicidad eterna cuando éstos tienen el merecimiento para ello.

Todo evoluciona, se transforma y perfecciona siguiendo la ley de evolución que es una ley Universal.

El Espiritismo es la Tercera Revelación, es el Consolador prometido por Jesús, y con él se cumplen las palabras del Maestro:

Conoceréis la verdad y la verdad os libertará.

Por medio del Espiritismo la humanidad ha de entrar en una nueva forma de vida, en la del progreso moral, una consecuencia inevitable de éste. Es muy importante propagar con rapidez las ideas espiritistas, pero también es importante que sus propagadores vivan y practiquen ese progreso moral; recordemos siempre que una buena imagen vale más que mil palabras.

Las religiones deben cambiar de rumbo y progresar como progresa todo en la Creación, y seguir la marcha ascendente modernizando las ideas. La humanidad ha tenido una infancia muy prolongada; ya es hora de que entre en el periodo de la madurez, de la fuerza, del entusiasmo, de que piense en su futuro y trabaje para sí misma, que se instruya, que lea y que investigue para saber de dónde viene, porqué está aquí y adonde va. Conociendo nuestro pasado, tendremos más seguridad, más confianza en nuestro porvenir.

El tiempo hace que el hombre avance, y algunos ya sienten la noble aspiración del progreso, y esto porque la humanidad científica ya no acepta los fanáticos y absurdos religiosos, convencida de que la razón no ha sido el patrimonio de los dogmas religiosos.

El espírita verdadero, el que aplica a su forma de vida, aquello que enseña a los otros, cree en el progreso del Espíritu, y está completamente convencido de que aún es el ser más pequeño de la Creación, es decir, el hombre en su estado embrionario, porque si nuestro Espíritu tuviese más lucidez, habría más ternura en nuestro corazón, y no tendríamos que vivir en un mundo donde el más fuerte, el más poderoso, ataca, destruye y asesina impunemente al más débil para arrebatarle algo que él ambiciona.

Aún somos muy pequeños cuando habitamos en un planeta tan inferior. Los espíritas no nos creemos sabios pero estamos agradecidos a la providencia, porque ya hemos visto un rayo de luz, y por esto nos esforzamos en conseguir nuestra transformación interior, en ser útil a nuestros semejantes, y humildes servidores de nuestro querido Maestro Jesús.

Pobre, débil y orgulloso es el que pretende engrandecerse, creyéndose superior a los demás. Este planeta necesita conocer las grandes verdades que los buenos espíritus nos revelan, para que pueda ser el faro que oriente a las nuevas generaciones.

Las bases del Espiritismo están fundamentadas en la moral de Cristo, que es la moral de Dios; es la ley Eterna promulgada en todos los tiempos por legisladores divinos que le han hablado a las humanidades en el lenguaje apropiado a su respectivo adelanto.

La idea de la eternidad del alma, es una idea instintiva que tiene el hombre desde que empieza a vivir y pensar como ser humano. Durante muchos milenios esta idea se desarrolla con fuerza y el hombre busca en las religiones el alimento necesario para satisfacer sus necesidades, y de momento lo consigue, pero pasado un tiempo comprende que el alimento que tomó no es suficiente, y continuando hambriento tiene tres opciones: 1ª Seguir en la religión aceptando sus condiciones y dogmas, sin pensar en nada más. 2ª Abandonarlo todo, desengañado, y vivir la vida despreocupadamente. 3ª Seguir buscando e investigando hasta encontrar una explicación convincente que nos haga comprender las desigualdades de esta vida y la razón de la vida y de la muerte.

Jesús hace dos mil años, nos prometió que cuando llegara el momento, nos mandaría el Consolador que explicaría todas las cosas, reconoceríamos todas las verdades y se acabarían todos los misterios.

El Espiritismo nos da la prueba material de la existencia del ser espiritual, de su supervivencia, de la inmortalidad y de su individualidad; precisa y define lo que en este pensamiento había de vago y dudoso, y nos muestra el ser inteligente en acción, independiente de la materia.

Todos los espíritus tienen el mismo punto de partida, todos son creados iguales, con igual actitud para progresar, mediante su actividad individual, utilizando su libre albedrío y su voluntad, para alcanzar por su propio esfuerzo el progreso deseado.

El principal objetivo de la misión de Jesús, fue enseñar a los hombres, con su propio ejemplo, que la verdadera vida no está en la Tierra, está en el mundo de los espíritus, y para conseguir vivir en el Reino de los Cielos que Él nos prometió, debemos seguir el camino que con tanto sacrificio él mismo siguió. Sin embargo, no lo dijo todo y aún así, dijo muchas verdades encubiertas con parábolas porque según él, la humanidad de entonces no estaba preparada para entender el sentido de sus parábolas.

El Espiritismo es ahora la clave que explica fácilmente todo lo que Jesús en aquella época no podía explicar. El Espiritismo es la nueva ciencia que viene a revelar a los hombres, con pruebas irrecusables, la existencia y la naturaleza del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo corpóreo; esta revelación no es algo sobrenatural, pero sí que es el reconocimiento de una de las leyes inmutables que obran en la naturaleza, y que producen una multitud de fenómenos incomprensibles hasta ahora, y tenidos como fantasías negadas rotundamente por las personas “sensatas”.

Tenemos que respetar todas las creencias religiosas, siempre que respeten la libertad de pensar y practiquen lo que enseñan, todas son buenas y necesarias, en un mundo tan mestizado como el nuestro. Todas las religiones son puras en su origen, y todas deben de unirse y respetarse porque siguen el mismo camino y persiguen el mismo objetivo ¡La salvación del alma! Y para esto debemos tener una moral elevada, una virtud evangélica y una abnegación sin límites. Cuando los espíritas reúnan estas condiciones, los hombres pacíficos, sin esfuerzo alguno, aceptarán el Espiritismo como aceptarían cualquier creencia que los consolara, que los elevara y les diera los conocimientos suficientes para saber de dónde vienen, porqué están aquí y adónde tienen que ir.

La Doctrina Espírita es la más consoladora, racional y convincente, porque no ha sido fundada por ningún hombre, ha sido revelada por Espíritus Superiores, por esto podemos decir que el Espiritismo será la religión del porvenir, y lo será por consecuencia lógica, porque en ella está la ley del progreso, sin violencias, sin imposiciones, con plena libertad de pensar y con un sentimiento fraternal con las demás religiones. Así el Espiritismo irá extendiendo sus enseñanzas, despertando la atención de muchos indiferentes y la curiosidad de otros.

Jesús, en el tiempo en que vivimos es la primera figura de la vida, del sentimiento, de la abnegación y del sacrificio. Desgraciadamente el enviado de Dios no fue comprendido; y la religión que ha querido representar el Cristianismo, siempre ha puesto barreras impidiendo el desarrollo de tan sublime ideal.

El mártir del Gólgota no vino para levantar templos ni altares, vino a inspirarnos el sentimiento de la fraternidad universal, la armonía social y la unión entre todos los pueblos y razas.

Ya es hora de que los religiosos, mal llamados defensores del Cristianismo, reconozcamos nuestros errores. “¡Dios mío, ten piedad de nosotros!

En tu nombre hemos hecho guerras, incendiado pueblos, esclavizado a sus habitantes; falseando y utilizando el nombre del Nazareno. ¿Todas estas atrocidades no son suficientes para que bajemos de nuestro falso pedestal, dando a conocer el verdadero sentido del Cristianismo?” Yo así lo creo y siento que en mi pasado, en otras existencias, de alguna manera, desde esta misma iglesia he participado en estas horrorosas acciones.

Muchos de nosotros, quizás estemos en esta misma situación; viejos sacerdotes del pasado, ahora como espíritas, con el compromiso de divulgar la verdad, aunque tengamos que sacrificar y renunciar a muchas cosas de esta vida, porque en nuestro pasado hemos utilizado la religión para conseguir el poder y satisfacer nuestras ambiciones. Hemos oscurecido las mentes de nuestros semejantes, para que no pudiesen ver ni pensar; ahora como espíritas, libres pensadores, tenemos el compromiso y el deber de esclarecer las mentes, revelando la verdad sobre el Cristianismo, y el mundo espiritual se movilizó para que se diese cumplimiento a esta misión.

El Espiritismo es una ciencia renovadora y progresista, y a los verdaderos espíritas, se les conocerá por su transformación moral y espíritu de sacrificio. Por todo esto debemos ser cuidadosos y no crear nuevos dogmas dentro del Espiritismo con el fenómeno, que en un principio fue necesario para manifestación de los espíritus pero hoy ya no lo es, porque tenemos suficientes manifestaciones de Espíritus Mayores que nos revelan las realidades del mundo espiritual y la perfección de sus leyes inmutables, que con justicia da a cada uno según su merecimiento, y la ayuda necesaria cuando está en condiciones de recibirla.

El culto a las imágenes es necesario aún para ciertas personas y cada cual debe tomar el alimento que pueda digerir, pero los espíritas tenemos el deber de divulgar la verdad sobre el espiritismo y el Cristianismo, y tenemos la obligación de vivir como verdaderos espíritas y verdaderos cristianos.

El Espiritismo es el encargado actualmente de decir que grandes cambios se están dando en nuestro planeta, necesarios para que se pueda vivir una era de paz, porque Cristo es el precursor de ella. Él es la luz que debe guiarnos. Su predicación se repite en nuestros días, y nuevos apóstoles anuncian esta buena nueva diciendo:

“La redención, la justicia y la verdad será la luz que ilumine a todos los hombres y mujeres que reúnan las condiciones necesarias para continuar viviendo en este planeta, que será un mundo de Regeneración”.

El Cristianismo es la fuente de donde emana la Doctrina de los Espíritus: el Espiritismo. Fuente inagotable de sabiduría, que esparce por el mundo aquello que éste necesita para encontrar paz y sosiego. El mundo necesita de principios moralizadores que le conduzcan hacia el camino Divino, a través de la practica del bien y el amor. El Cristianismo posee los fundamentos para que el mundo se regenere y cambie su estado actual hacia un estado de pensamiento en continua armonía con Dios. Si las religiones actuales se manifestaran con los mismos principios cristianos, en su pureza, el mundo que tenemos hoy sería el mundo o la humanidad que esperamos para el mañana.

En los años que sucedieron a la muerte de Jesús, todo fue muy confuso; no existía un testimonio escrito de cuanto él nos legó con palabras. Su obra estaba en el corazón de todos los que le seguían, pero su testimonio no tenía apoyo material de las personas, sino un apoyo moral. Pasado el tiempo, más tarde, se quiso restablecer su palabra y sus hechos, así que comenzó a aparecer el interés y la dedicación por parte de los apóstoles.

Las palabras de Jesús llegaron a mostrar la grandeza y sabiduría que puede haber en la conducta del hombre, siguiendo los pasos marcados por él. Jesús completó un ciclo en la humanidad, y consiguió que hoy 2000 años después, su ejemplo viva en los corazones de casi toda la humanidad.

Las personas viven en su hipocresía, adaptando lo divino a lo humano, renunciando a la vida de abnegación para entregarse al dominio social actual. Sin embargo, en los momentos de recogimiento y necesidad, el hombre piensa en lo divino y cree en la superioridad y grandiosidad de Dios, como Nuestro Padre Celestial.

El dominio social, un día perderá su poder, dando su verdadero valor a la palabra de Dios, la que siempre nos consuela y nos ayuda en nuestras desesperanzas. El Cristianismo enseñado a través del Espiritismo, mediante la comunicación de los Espíritus Superiores, es la luz que tiene que desvanecer las sombras de este mundo; viene a quitarnos el tupido velo que nos impide ver y saber qué significado tiene nuestra vida y nuestra muerte, el porqué se viene a la Tierra en condiciones tan diferentes unos de otros, viene a darnos la esperanza de una vida mejor, y a recordarnos las consoladoras palabras del Maestro Jesús:

Bienaventurados los que sufren porque ellos serán consolados.

La elevada moral del Espiritismo y su sana lógica, descansa en hechos prácticos y convincentes. Tiene que envolver a todo el mundo con sus fluidos bienhechores, y con ese fluido despierta en el hombre el deseo de sacrificarse por su ideal. Con esta fe, cuando cae un ser al abismo, tiene fuerzas para levantarse y seguir luchando para conseguir su fin, este fluido llamado esperanza, fortalece nuestra fe, confiando y creyendo en nuestro porvenir.

El Espiritismo es como una fuente de agua cristalina donde todos los sedientos pueden saciar su sed, todos los que han leído en este gran libro llamado Espiritismo, que va aumentando su volumen, a medida que la humanidad avanza en la luminosa senda de su progreso espiritual. Sus profundas verdades han convencido a muchos escépticos, porque han encontrado en esta Doctrina el ancla salvadora que puede salvar del naufragio a esta humanidad, ya bastante debilitada por su ateísmo o indiferencia. Por esto es tan importante y necesario divulgar con todo empeño el Espiritismo, para poner fin a la superstición, al fanatismo y a la indiferencia, plagas que están invadiendo este mundo.

 

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo