A esta religión se le ha dado un nombre, no sabemos si bastante apropiado al asunto: se le dice Espiritismo, y espiritistas se llaman todos los que creen en los espíritus desencarnados y se comunican con los habitantes de este mundo; y como si no hubiera bastantes religiones, no han faltado ilusos que han dicho y creído buenamente que el Espiritismo es una nueva religión más o menos adelantada, más o menos espiritualizada y más en armonía con el creciente racionalismo del hombre, pero el Espiritismo en sí, no constituye una religión; lo que si hace es quitarle el antifaz a las religiones que ya es bastante.
No crea ningún nuevo culto porque no es necesario; ya hemos dicho anteriormente que la religión nació con el hombre y el hombre con la religión, porque el hombre nació con la conciencia, y en la tranquilidad íntima está el santuario del alma; por eso los espíritus al comunicarse no nos hablan de un Dios más misericordioso ni más clemente; nos dicen que el hombre vive siempre, y que para su progreso no le sirve llamarse católico o protestante, budista o mahometano, materialista o espiritista; el nombre no es nada, el fondo es el todo; no basta llamarse cristiano, es preciso serlo en obras, y hombre religioso es todo aquel que no perjudica a su hermano, que si le ve llorar llora con él, si le ve desnudo le da la mitad de su manta, si le ve hambriento parte con él la mitad de su pan, si le ve sediento corre si es necesario una legua para buscar una vasija de agua, si le ve ignorante trata de instruirle, si le ve malvado le aparta del crimen; y el hombre que así obre ama realmente a Dios, aunque en su obcecación terrena quizás niegue su nombre.
La verdadera religión es la que Moisés presentó a su pueblo, y es la que Jesús condensó en dos mandamientos, ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a tí mismo, y estos mandamientos todos los unió Kardec en uno solo: “Sin caridad no hay salvación”.
Las religiones de la Tierra están alarmadas con el crecimiento del Espiritismo y no deben alarmarse porque el Espiritismo no es una nueva religión, y sólo la ignorancia de algunos fanáticos podrá darle en algunos lugares más o menos formalismos, pero en realidad el Espiritismo no es más que la conversión de las humanidades, el diálogo no interrumpido de las generaciones, es la reflexión, es la meditación de los pueblos que pasaron, es el mundo antiguo que habla con el mundo moderno, es el racionalismo de los hechos que prueba la verdad de la vida; pero no temáis sacerdotes de las religiones positivas que los sacerdotes del Espiritismo os quiten la muchedumbre por el atractivo mágico de sus virtudes.
Los espiritas no adquieren con las comunicaciones de los espíritus dotes sobrenaturales, no adquieren más que el convencimiento de la pequeñez de su Espíritu y la certidumbre de que si ellos quieren progresar es suyo el porvenir.
Esto es todo lo que hace hoy el Espiritismo; despierta al hombre de su letargo y le hace comprender que las religiones son convenios sociales creados en la Tierra; en ella nacen y aquí se quedan, pero la religión del bien, de Dios viene y a Dios va.
Espiritistas no os creáis salvos porque admitáis la comunicación de los espíritus, esto no os hace ni más malos ni más buenos, y únicamente vuestros hechos os harán ser grandes y dignos de admiración; pero es tanta la ignorancia que hay en este planeta que, cuando los espiritistas hacen lo mismo que los demás que caen y tropiezan en los escollos del mundo, dicen los adversarios de esta escuela filosófica; ¡Miradlos! ¡Han caído!.. !Han sido débiles!
¿Y qué?
¿Quizás la comunicación con los espíritus nos da la patente de santidad? ¡No!; seremos santos si luchamos y dominamos nuestras pasiones: esto podemos hacerlo llamándonos católicos, protestantes o espiritistas, todas las religiones serían buenas si los hombres quisieran ser buenos.
Religión no hay más que una y el hombre nació con ella pero la desecha por ser demasiado austera.
Las religiones son más cómodas, son acuerdos convencionales, y la religión verdadera cuenta con pocos adeptos. El Dios de la justicia no tiene muchos adoradores.
La religión quiere un corazón limpio, y en la Tierra casi todos los corazones parecen carbones.
Quiere una conciencia tranquila, y en este globo casi en todas las conciencias hay una tempestad desencadenada.
Quiere un amor inmenso, y en este mundo todo lo más que hacemos es tolerarnos unos a otros (salvando honrosísimas excepciones, se entiende); pero con la humanidad de hoy, ¿Cabe la religión en la Tierra? Hay pocos hombres verdaderamente religiosos, y aunque el Espiritismo, las masas ignorantes lo bautizan con el nombre de nueva religión, no hay tal cosa.
Religión no es cuestión de nombre, es cuestión de práctica y la práctica del bien pueden hacerla todos los habitantes de este planeta, sea cual fuere su creencia y el ídolo de su fe.
Lo único que hace el Espiritismo ya lo hemos dicho; es desenmascarar las religiones positivas y decirles a los hombres:
No sois salvos por rezar en una catedral o haceros abluciones en una mezquita, o leer los libros sagrados en la sinagoga, o pedir a los espíritus consejo; no son esos los medios, es preciso trabajar en el perfeccionamiento propio, y al mismo tiempo en el ajeno.
Es necesario amar para ser amados, compadecer para ser compadecidos, ser generosos para encontrar hospitalidad.
El Espiritismo no es religión, pero tampoco es una de las religiones positivas, es únicamente la voz del progreso que le dice al hombre:
¡Trabaja si quieres ser grande!
¡Trabaja si quieres ser bueno!
¡Trabaja si quieres ser verdaderamente religioso!
Porque el trabajo es la religión del porvenir, es el culto eterno que se rinde al Creador en el Universo.
Amalia Domingo Soler
La Luz del Porvenir