Miguel Vives y Vives

LO QUE DEBE SER EL ESPIRITISTA ENTRE SUS HERMANOS Y EN LOS CENTROS ESPIRITISTAS

‒Los que habéis pronunciado palabras poco caritativas sobre vuestros hermanos, ¿habéis pensado antes de pronunciarlas en el deber que tiene todo espiritista de practicar la ley de caridad, amor, indulgencia y fraternidad a que os obliga el Espiritismo?

Y los que habéis recibido la ofensa, antes de daros por resentidos, ¿os habéis acordado del Señor y Maestro que se dejó besar por el apóstol traidor y no respondió ni una palabra a los insultos, a los golpes, a las heridas que le inferían sus verdugos y martirizadores, antes bien, les perdonó y pidió perdón para ellos?

Es muy natural que no pudieran darme ninguna contestación categórica.

Entonces les dije:

‒Id, pues, aprended bien lo que el Espiritismo os manda y enteraos bien de lo que manda el Señor en su Evangelio y de lo que Él hizo, y cuando estéis bien enterados y lo practiquéis, vosotros mismos me diréis quiénes de vosotros tienen razón y quiénes no la tienen.

Así entiendo que no es fácil que haya nunca disensiones en donde reine el amor, la caridad y la humildad, porque cada uno se considerará que es el servidor de los demás y tendrá sumo gusto en serlo, porque sabrá que así cumple la ley y así progresa, y que por este camino llegará a su felicidad, mientras que siguiendo por el camino contrario labra su ruina, que antes o después tendrá que soportar.

Entiendo, también, que pueden presentarse asuntos difíciles de solucionar; en estos casos, los más prudentes se callan y suplican a Dios y esperan que el tiempo y los acontecimientos vengan a poner remedio a los males, y sólo se acude a una resolución extrema, cuando ni la caridad, ni la indulgencia, ni el amor, ni la humildad pueden remediar esos males; pero la resolución se ejecuta con la prudencia y buenas formas que aconseja la moral más acrisolada, evitando murmuraciones y, sobre todo, hechos que puedan trascender fuera de los espiritistas, porque si no, se incurre en grave falta, se originan escándalos y publicidades que hacen gran daño a los que nos observan, y da lugar a considerar a los espiritistas como se considera a los demás hombres que no profesan ninguna doctrina moral.

En resumen: entendemos que en los Centros espiritistas debe haber quien dirija y enseñe; pero éstos no se hacen por votaciones ni a voluntad de los hermanos, sino que éstos vienen ya nombrados desde arriba; por eso el especial cuidado debe ser en saber reconocer los que vienen aptos para hacer un trabajo especial y, si se llegan a conocer, procurar que ocupen el lugar por el cual han venido entre nosotros y, mientras no haya motivo, deben permanecer en su puesto, porque de lo contrario se corre el riesgo de perder la verdadera lógica espiritista y caer en graves errores.

No nos cansaremos de repetir: en los Centros en donde reine el amor y la adoración al Padre en espíritu y verdad, la admiración, respeto y amor al Señor, la indulgencia, la caridad y la humildad, no faltará paz y armonía entre los hermanos, su vida se deslizará más tranquila, sentirán gozo en el alma.

Porque muchas veces recibirán la influencia de buenos espíritus, harán un gran progreso y hallarán una recompensa en el mundo espiritual, más grande de lo que se puede calcular.

 

Miguel Vives y Vives

Guía Práctica del Espiritista

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