Corazón

Si los hombres se amasen con un mutuo amor, la caridad se practicaría mejor; pero para esto sería preciso que os esforzaseis en desembarazaros de esa coraza que cubre vuestros corazones, a fin de ser más sensible para los que sufren.

El rigor mata los buenos sentimientos; Cristo no se negaba a nadie; el que a él se dirigía, cualquiera que fuese, no era rechazado: la mujer adúltera y el criminal eran socorridos por él; no temía nunca rebajar su propia consideración.

¿Cuándo pues le tomareis por modelo de todas vuestras acciones?

Si la caridad reinase sobre la tierra, el malo no tendría imperio; huiría avergonzado; se ocultaría, porque por doquiera se encontraría fuera de su lugar. Entonces desaparecería el mal; estad bien penetrados de esto.

Empezad por dar el ejemplo vosotros mismos, sed caritativos para todos indistintamente; esforzaos en no tildar a los que os miran con desdén y dejad a Dios el cuidado de toda justicia, porque todos los días en su reino, separa el buen grano de la cizaña.

El egoísmo es la negación de la caridad; y sin la caridad no puede haber sosiego en la sociedad; digo más, ninguna seguridad; con el egoísmo y el orgullo que se dan la mano, el mundo será siempre un juego favorable al más astuto, una lucha de intereses en la que son pisoteados los más santos afectos, en que ni aún son respetados los lazos sagrados de la familia.

(PASCAL. Sens, 1862.)

Allan Kardec

El Evangelio según el Espiritismo