Yo os saludo, hermanos.
Una pregunta es hoy el inicio de esta comunicación que os traigo, como todas las otras, con la intención de vuestro bien: ¿Qué preferís: el bienestar terreno o la felicidad eterna de vuestros espíritus? No es ociosa la pregunta. Es oportuna. La vida en este mundo pequeñito es, tal vez ,comparada a la duración de un segundo, en confrontación con la vida futura de vuestra alma fuera del cuerpo actual de carne grosera.

Todo lo que os rodea es perecible, pasajero. Las alegrías del mundo, las tristezas de la Tierra, todo pasa.

Restará apenas los defectos que mancillaron vuestros espíritus, o vuestras virtudes que os ornamentarán. Los vicios que contaminaron vuestro YO, esos os acompañarán más allá de la muerte.

Las conquistas morales que os embellecen el alma, esas serán vuestro patrimonio más allá de la tumba.

El mundo material es apenas para el espíritu una escuela de experiencias.

¿Queréis aprovechar el tiempo del curso en el que haceis el aprendizaje de la vida? O ¿Preferís dejarlo pasar  inadvertidamente e imbecilmente? Queriendo llevar a efecto el grandioso ideal que aquí os traje, cuidad preparaos para cumplirlo a raja tabla.

¡Fuera de la ruta trazada por Jesús en su evangelio, no progresaréis, y eso es triste!

¡Espíritas creyentes, conocedores de las promesas del Cristo, el momento no es de contemporizaciones! Buscad vuestro Espiritismo sobre la recomendación del Divino Maestro:

“Amaos unos a los otros”.

Cantar hosannas al hijo de Dios, sí, pero no solamente con los labios: también con el corazón. Un corazón amargo de hiel de odio contra su prójimo no puede contener en sí la dulcísima llama del amor de Jesús.

Dar gloria a Dios no solamente por la palabra, pero con la obediencia filial a sus mandamientos.

Sed espíritas caritativos pero no únicamente de esa caridad que tiene en los bolsillos, porque el metal compra solamente el pan del cuerpo, pero no conquista el pan espiritual, del cual las almas están hambrientas.

Sed caritativos en vuestros pensamientos, actos y lenguaje.

Todo cuanto os repiten vuestros amigos instructores del espacio, lo hacen con la intención de aproximaros al divino maestro, delante de quien tomó la responsabilidad de auxiliraos, ¡Abriéndoos los ojos cuando los cerráis voluntariamente tantas veces! Es con este fin que nos aproximamos de vosotros, para que no malgastéis vuestro tiempo tan precioso, llenándonos de cólera, venganzas, mentiras y una mala voluntad de unos para con los otros. Preferís la felicidad eterna para vuestros espíritus, estoy cierto.

¡Sed, pues, coherentes con vuestra fe!

Unios y trabajad por el bien de los otros, exentos de egoísmo y vanidosa ambición.

¡Caridad, mis hermanos, amor, humildad, abnegación!

 

ADELAIDE AUGUSTA CÂMARA (AURA CELESTE)

Orvalho do céu