José Aniorte Alcaraz

¡QUERER ES PODER!

Empecé la composición del cuarto libro “La Luz del Espíritu”, el cual sólo pude imprimir dos años más tarde, pues los únicos recursos económicos de que siempre he dispuesto han sido el salario de un trabajador y después el de un pensionista.

Este cuarto libro, editado en julio de 2.002, fue distribuido con gran éxito, en España y la mayor parte de la edición de 20.000 ejemplares, en los países de América, igual que los anteriores.

Ya tenía en mis manos las revistas de “La Luz del Porvenir” con los escritos de Amalia, necesarios para componer el quinto libro titulado “La Luz que nos Guía”.

Éste salió de la imprenta a primeros del año 2.004, con una tirada igual a la anterior.

No creo necesario decir que cada uno de estos libros, es una luz que se difunde por todo el mundo espírita, como un potente faro que conduce a los navegantes que luchan en un mar embravecido, hacia un puerto seguro.

A primeros del año 2.005, ya tenía compuesto y preparado el sexto libro titulado “La Luz del Futuro”.

Sentía el feliz deseo de imprimirlo, de verlo nacer, como otro hijo más, inmensamente querido por mí, pero tuve que esperar con paciencia hasta que pude reunir el dinero necesario para su edición e impresión, pues suponía una cantidad muy elevada para los ingresos que aportan mi pensión como jubilado.

Saliendo por fin, una primera edición en noviembre de 2.005.

En la codificación espírita realizada por Allan Kardec, encontramos los pilares, los fundamentos de la gran revelación de los espíritus; la síntesis que marca el rumbo que debe seguir la humanidad para alcanzar su elevación espiritual, venciendo la influencia material.

Es una obra inalterable en sus principios fundamentales, realizada por un Espíritu disciplinado, de mucha elevación.

En los escritos de Amalia Domingo Soler, también conocida como “La Gran Señora del Espiritismo”, encontramos una gran transparencia, fácil y comprensible para todos los humildes.

Sus escritos llegan al corazón de todos los seres que más sufren, como un bálsamo que alivia su dolor, que les da fuerzas y esperanzas para soportar los reveses y desengaños de una vida plena de obstáculos y aparentes injusticias.

Por todo esto, puedo afirmar que los libros de Amalia, son el mayor complemento de la gran obra kardeciana.

Cuando estos libros llegan más allá del océano, son recibidos con entusiasmo y cariño.

Desde allí, muchas personas se comunican conmigo para agradecerme el que les tenga presentes en mi trabajo divulgativo.

Muchos centros espíritas me agradecen la oportunidad de poder colaborar en esta campaña divulgativa emprendida por mí.

Me piden que vaya a visitarlos, pues desean conocerme, y su economía no les permite viajar a España.

Estas demostraciones de cariño me emocionan y quiero agradecerles y decirles que mi Espíritu está siempre con ellos, y cuando deje este cuerpo físico, aún estaré más cerca.

No quiero hacer alarde del trabajo que realizo, vivo solo y apartado del mundo y me considero rico y feliz, porque hay miles de personas, en distintas partes del mundo, que me quieren.

Con mis enfermedades y mi soledad, soy un hombre feliz, porque me siento útil y realizado.

Doy gracias a Dios y a los buenos espíritus, por todas las pruebas que encuentro en mi camino, porque esto me hace ejercitar las fuerzas que todos tenemos para resistirlas y vencerlas.

Quiero decir a todos mis hermanos en ideal, a todos los espíritas, que al aceptar la doctrina o filosofía espírita, ya contraen un compromiso, porque aceptan la existencia de la vida en el mundo espiritual y la continuación de ésta, con todas sus consecuencias en el mundo material.

Somos conscientes de que la verdadera vida está en el mundo espiritual, y también sabemos que sólo encontraremos allí, todo lo que no derrochemos aquí, o lo que con esfuerzo y sacrificio logremos ahorrar aquí, invirtiendo en beneficio de los más necesitados.

Teniendo conocimiento de todo esto, sólo depende de nosotros el practicarlo o dejarlo para futuras encarnaciones.

Aún así quiero recordar aquello que nuestra querida Amalia nos decía: ¡Querer es poder!

Y hace más el que quiere que el que puede.

La renuncia y el sacrificio dejan de existir cuando uno se integra en ello de todo corazón.

Cuando nos familiarizamos con el sacrificio, nacen nuevos sentimientos que lo sustituyen: el amor, la paz y la felicidad; algo que yo puedo afirmar, pues a lo largo de mi vida, he tenido que privarme de mucho, dedicando mi tiempo y mi dinero a divulgar el Espiritismo, pero este sacrificio, yo no lo siento como tal.

El conocimiento del Espiritismo cambió mi vida, dio un gran impulso a mi Espíritu, fortaleciéndolo, despertando el deseo adormecido de superarse, buscando un camino nuevo para conseguir su elevación; para conseguir este glorioso objetivo, hay varios caminos.

En un principio, me sentí muy ilusionado, escogiendo uno de estos caminos, sin querer ver que había escogido el más cómodo; más adelante, hubo un cambio en mi vida, y durante una década viví sintiéndome verdaderamente feliz, ignorando que el compromiso asumido por mi Espíritu, era mucho mayor.

El cuerpo material actuaba como un espeso velo, que envolviendo mi Espíritu, le impedía ver con claridad.

Tuve que pasar por el dolor y la enfermedad, para ver un poco mejor a través de ese velo material.

Arrepentido, comprendí que había escogido el camino equivocado, por lo que tuve que renunciar a la vida fácil, para empezar una vida nueva, siguiendo otro camino.

Tuve que vencer nuevos y grandes obstáculos, pero salí victorioso, venciendo todos los que encontré en mi camino; pasó una década, de nuevo sintiéndome seguro y feliz.

¡Dios mío! No podía imaginar que tenía que cambiar de rumbo otra vez, que sólo existe un camino, que es el único que puede conducirnos a la libertad, consiguiendo de esta forma, nuestra redención espiritual.

Cuando menos lo esperaba, nuevamente apareció la enfermedad y el dolor.

Durante ocho años sufrí la compañía de esa imagen que representa el sufrimiento y finalmente perdí a mi compañera, el ser que más he querido en este mundo.

Con este acontecimiento, comenzó un doloroso periodo de mi existencia material, y el más elevado para mi Espíritu inmortal. Empecé a sentir las huellas de mi soledad, las enfermedades aparecieron en mi cuerpo, las cuales me han ido acompañando hasta hoy.

Fue entonces cuando mi Espíritu se despojó del velo oscuro que lo envolvía y encontró finalmente la verdadera ruta que debía seguir.

Ahora doy gracias a Dios por todo lo que he pasado para llegar a encontrar el verdadero camino, pero me queda la duda y me pregunto:
¿No he cerrado inconscientemente los ojos, no he perdido mucho tiempo hasta encontrar la verdadera razón de mi vida?

Creo que sí, y que el tiempo perdido ya no se puede recuperar, pero tengo la plena seguridad de que jamás me dejaré envolver en ese velo oscuro, ni abandonaré el camino emprendido.

Estoy convencido de que uno de los mayores trabajos, que un espírita puede realizar, es la divulgación del Espiritismo.

Repetiré una vez más, que esto sólo se puede hacer con el ejemplo, nadie puede enseñar nada, sin practicarlo antes. Así lo hice yo y lo sigo haciendo.

En el Centro Espírita “La Luz del Camino” que yo dirijo, se estudia el Espiritismo profundamente, en sus raíces, en su forma moral, es su estado actual y en su posible futuro; todo esto desde un estudio racional y moral, sin fanatismo, creencias o prácticas, que previamente no sean rigurosamente analizadas.

Así enseño yo el Espiritismo, y este pequeño grupo que compone este Centro, que me siguen como buenos discípulos, ya están preparados, tienen un conocimiento científico y moral elevado y lo más importante es, que lo viven y lo practican.

Todos sacrifican su tiempo y sus recursos económicos para divulgar el Espiritismo en el mundo. Ahora sólo son siete los socios del Centro, pero estos siete valen por cien; participan en todos los trabajos que realizo con suma dedicación, siguen mis consejos como si fuese un padre para ellos, esto hace que me sienta feliz y los trate como si fuesen mis hijos.

Todo esto se consigue, enseñando con el ejemplo, porque aunque el sembrador disponga de una tierra fértil, si no la cultiva, no podrá obtener una buena cosecha.

Me siento feliz y satisfecho, después de haber conseguido formar este pequeño, pero gran grupo; ellos han comprendido y aceptado mis principios.

Yo ahora me siento tranquilo, porque tengo el convencimiento de que dejo en buenas manos este Centro, y de que se continuará realizando el trabajo divulgativo en el futuro, después de mi regreso al mundo de los espíritus.

Estoy seguro de que permanecerán unidos, respetando mi memoria, y por encima de todo, el compromiso que han adquirido por convencimiento y voluntad propia.

Entre otras actividades, en este Centro Espírita asistimos también a diferentes casos obsesivos, aplicando un tratamiento sencillo; no utilizamos pases, ni oraciones, ni agua fluidificada, nuestro trabajo sólo consiste en esclarecer la mente, con ideas nuevas para que la persona afectada, cambie de sintonía.

Para esto utilizamos el método racional del conocimiento, con un tratamiento que se debe seguir sin desviarse de él, asumiendo un serio compromiso que como objetivo principal exige un cambio en la vida, costumbres y hábitos.

Para conseguir esto, damos todos los libros necesarios, de forma gratuita, que la persona en cuestión debe leer, estudiar y meditar, sin olvidar que lo más importante es aplicar en su forma de vida, estos nuevos enseñamientos.

Cuando alguien acude al Centro a pedir ayuda, se la damos de esta forma, sin percibir retribución alguna, sin pedir nombre o dirección. Le hacemos saber que todo depende de él o ella, que si cumple el compromiso, se liberará de la obsesión, pero si no lo cumple, cada día estará en peor situación.

Este tratamiento nos ha dado muy buenos resultados, confiamos en él y lo seguimos aplicando.

Estoy llegando al final de mi trabajo, al final de mi existencia, con la vejez y la enfermedad; aún así, aunque no sea fácil de comprender, estoy viviendo los años, los meses y los días más felices de mi larga vida, porque es ahora cuando mi Espíritu tiene la claridad suficiente y necesaria para cumplir el verdadero compromiso que él asumió, antes de reencarnar en este cuerpo.

Mi hijo, con toda la familia, a causa de su trabajo, tuvieron que cambiar de residencia; ahora viven a 7 km. de mi casa, en la ciudad. Me insisten para que vaya a vivir con ellos y no esté solo en esta casa, y yo siempre les digo lo mismo: “No puedo dejar de cumplir mi trabajo y mi obligación con el Centro, quiero cumplir mi compromiso hasta el último día de mi existencia, que será cuando mi buen Jesús lo disponga”.

Debido a la diabetes, a la mala circulación, y a las heridas en los pies, causadas por estas enfermedades, me paso algunas noches, sentado en un sillón sin poder dormir por el dolor, entonces, en esas largas noches, brotan lágrimas de mis ojos y pido a Jesús fuerzas para no desanimar, pero al mismo tiempo le doy las gracias por ser tan bueno conmigo, porque Él me fortalece, porque en Él confío, porque con Él me siento seguro y sin temor.

Me siento joven, sin dejar que la vejez de mi cuerpo enfermo y débil, guiado por un marcapasos, pueda influir en la fortaleza de mi Espíritu.

Nuestra debilidad o nuestra fuerza, está en nuestra mente; si conseguimos dominarla, dirigirla y utilizarla como instrumento de nuestra voluntad, podemos vencer todas las dificultades, todos los obstáculos que aparezcan en nuestro camino, si por el contrario nos sometemos a ella, si perdemos su control, su dirección y nos convertimos en víctimas de su débil voluntad, entonces nos convertimos en pobres enfermos, sin defensa de todas las desgracias que una mente enferma es capaz de imaginar.

Nosotros mismos somos los únicos responsables de nuestro pasado, presente y futuro, somos los constructores de la felicidad o de la desgracia, del dolor o del bienestar que podamos sentir.

Con nuestra libre y soberana voluntad hemos creado nuestro cielo o nuestro infierno y en él tenemos que vivir, hasta que utilizando nuevamente nuestra libre voluntad, tomemos el control de la mente para cambiar de rumbo y seguir un nuevo camino, con sólo una dirección, que nos conduzca a una nueva vida de paz y de felicidad.

José Aniorte Alcaraz

Hechos y obras de una vida

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