Amalia Domingo Soler

¡POR MIEDO!

A semejanza del pequeñuelo que busca ansioso los brazos de la madre para huir de algún peligro o apoderarse de un nuevo juguete, el ser pensante, cuando sufre o cuando goza, vuelve los ojos a la causa primera y le pide auxilio en su dolor, o la bendice en sus breves horas de felicidad.