En busca de luz para mis cansados ojos, fui un verano a Deva, a tomar los baños de su agitador mar; entre los bañistas conocí a un matrimonio, y simpatizamos desde los primeros momentos que nos vimos. Ella era una mujer de cuarenta y cinco años, de distinguidos modales, y él joven de veintisiete años, de arrogante figura y porte…
