Dije hace mucho tiempo que, de cien centros espiritistas, si me fuera posible haría cerrar gubernativamente noventa y nueve; y recuerdo que el general D. Pascual de Lacalle, espiritista de muy buena fe, al que yo llamaba el aristócrata del presente y demócrata del porvenir –alma de niño, vestida de soldado-, vino a verme diciéndome que parecía mentira que yo…