Parece mentira que al final del siglo XIX aún exista en las naciones que se llaman civilizadas la pena de muerte y que acudan las embrutecidas muchedumbres al pie de los patíbulos para ver las últimas gesticulaciones de los reos, poniéndose a la misma altura los que firman las sentencias y los que acuden presurosos a presenciar las ejecuciones. Yo…
