Hermanos míos, veo con placer que leéis afanosos las memorias de un pobre sacerdote a quien conocéis bajo el nombre de padre Germán; admiráis lo que vosotros llamáis sus virtudes, y que en realidad no fueron otra cosa que el estricto cumplimento de su deber. No penséis, hijos míos, que hice nada de particular, hice lo que deberían hacer todos…
