Amalia Domingo Soler

A LOS BUENOS ESPÍRITUS

Qué inefable beatitud y qué dulce calma, se apodera de mi alma, cuando el bien y la virtud me inspiráis; a gratitud inunda todo mi ser de un inefable placer, tan inmenso y tan profundo, que no hay frases en el mundo para hacerlo comprender.

Miguel Vives y Vives

IV EL ESPÍRITA Y LA HUMANIDAD

Dice el Señor: «Vos sois la sal de la tierra; si la sal pierde su sabor, ¿con qué se ha de salar?» Y fue como si dijese: que sois la luz del mundo; si la luz pierde su claridad, ¿con qué se iluminará? Todo espírita que hace profesión pública de su creencia no debe jamás olvidarse de que, por donde…

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