Amalia Domingo Soler

LAS NUEVAS IDEAS

VOLUNTAD
Foto de Amalia Domingo Soler

Las ideas nuevas lejos de ser producto de utópicos desvaríos de imaginación calenturienta, responden a exigencias sociales, a necesidades que dejan ya sentirse, a la ciencia, al progreso y a la civilización; es inútil querer combatirlas y pueril política el desacreditarlas.

Las ideas nuevas cuando son nobles y generosas los grandes principios aparecen para triunfar.

No se imponen en la conciencia humana de momento, y menos aún en la opinión de ciertas clases sociales; espantan a determinados intereses, al Espíritu de rutina, a los monopolizadores de injusticias sin nombre, a tradiciones y a preocupaciones sin razón de ser, todo se levanta y confabula invocando la tradición a lo que apellidan conservación, como si las ideas nuevas destruyeran y no consolidaran las obras de las civilizaciones pasadas.

Las ideas nuevas cuando son ciertas en vez de derrumbar, completan y coronan porque en ellas va invulnerado el Espíritu de la civilización y son como el resultado de un fondo de ideas que han germinado e influido ya, que han hecho su bien, que tienen su explicación y su justificación ante la historia, pero que han de retirarse cuando llega la hora, dejando libre la marcha progresiva de las sociedades.

Pero como esto no conviene a los enemigos sistemáticos del progreso, a los que viven a la sombra de un estado social determinado, a los que quieren envilecer a los pueblos para mejor vencerlos y dominarlos, y ven con horror como la corriente de la civilización fecundiza su prosperidad y les dignifica, haciéndoles formar un alto concepto de sus deberes y de sus derechos, a vivir una vida libre en la que se desenvuelva en todas sus bellas y grandiosas manifestaciones el Espíritu humano, ya que las ideas nuevas significan la reparación de todas las injusticias y la victoria del derecho y de la libertad, se las combate solapadamente con transacciones no razonadas que retardan la realización de los ideales, o se las calumnia calificándolas de trastornadoras y antisociales.

¡Trastornadoras porque quieren reformar!

¡Antisociales porque rechazan un autoritarismo que no es un principio regulador, racional dirigente de los pueblos!.

La historia nos lo dice; todas las ideas nuevas por ciertas y verdaderas, por salvadoras que hayan sido se las ha calumniado, bien en nombre de la tradición o del interés de la sociedad.

A los primeros cristianos se les llamó ateos porque negaban de las falsas divinidades; revolucionarios porque sacudían el yugo de los césares; demagogos porque hacían pedazos las cadenas de los esclavos; fanáticos sectarios porque predicaban la virtud en medio de la corrupción y desenfreno de los tiempos.

Así se alarmaban las conciencias a los ricos y conservadores de los tiempos de entonces, presentando a los adeptos de las nuevas ideas como enemigos de los dioses, que con su caridad no aspiraban más que arrebatarles sus riquezas.

Por esto el cristianismo tuvo su primer asilo en las chozas y no en los palacios de los conservadores.

Los pobres fueron los primeros cristianos que no tenían que conservar más, una conciencia embrutecida por el vicio y la crápula, envilecida por la opresión; y las nuevas ideas les ofrecían la redención y consuelo inefables.

Y hasta que no llegaron a penetrar en todas las clases sociales, no iluminaron más que los subterráneos de las catacumbas.

De ellas salieron el derecho, la filosofía y la civilización.

En el momento actual estamos plenamente convencidos que tenemos una buena y decidida voluntad para propagar la idea espiritista que ha de proporcionarle al hombre resignación en las duras pruebas de la vida, y lógica esperanza para aludir con una sonrisa de gratitud a su indefinido porvenir.

Amalia Domingo Soler

La Luz del Porvenir

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