José AniorteEl Espiritismo puede ser aceptado por todas las castas y pueblos, sin ideas separatistas. Éste ha logrado la unión entre todos sus seguidores, respetando sus principios religiosos, prevaleciendo siempre su efecto crístico, de amplitud universal.
Sus principios fundamentados en el sublime Evangelio de Jesús, constituyen en su doctrina filosófica, el argumento más racional para definir sus preceptos divinos en todas las latitudes del mundo.
La doctrina espírita está cimentada en los principios inconfundibles del espiritualismo milenario; está codificada con clara precisión, para el buen entendimiento de todos los hombres y mujeres de este mundo.

Es un guía seguro que ilumina a todas las criaturas y sobre todo a las más humildes, liberándolas de los dogmas y preconceptos supersticiosos.
El Espiritismo no exige a sus adeptos que frecuenten la Iglesia (“Casa de Dios”) para dejar sus limosnas y encender velas. Porque Dios se encuentra en el corazón de los hombres, en los múltiples caminos de la vida y en las colectividades de humildes sufridores, que son bendecidas escuelas de educación, rectificación y reajuste fraterno.

La casa de Dios es el Universo, y sus hijos son todas las almas en proceso evolutivo, que por su propio esfuerzo y merecimiento, alcanzarán un día, no muy lejano, la paz y la felicidad de vivir en un mundo mejor, donde impere la justicia, la fraternidad y el amor.
Durante miles de años, las religiones dogmáticas, han engañado a sus seguidores, amenazándoles con un infierno que nunca ha existido, y vendiendo parcelas en el cielo, según el precio que cada uno pudiera pagar por ellas.

Ya es hora de conocer la verdad, contenida en los Evangelios de Jesús, hasta ahora manipulada por falsos profetas, que sin escrúpulos ni remordimientos, aún se empeñan en mantener sus mentiras, para seguir obteniendo beneficios personales.
Estamos viviendo una época en la que se precipitan los acontecimientos, y se están revelando unas verdades que hasta ahora han permanecido ocultas; estas verdades tienen efectos morales, sociales y espirituales.

En el cine, en la televisión, en muchos libros y en otros tantos descubrimientos científicos, ya se admite la realidad de la reencarnación y el reconocimiento de las vidas sucesivas.

La existencia del Espíritu inmortal ya es una realidad absoluta y demostrable.

El velo de lo invisible se está abriendo, la inteligencia humana está despertando, y se está realizando una campaña generalizada de intenso esclarecimiento.
Todos estos medios están acabando con los enigmas y misterios,

¡hasta el diablo ha perdido su rabo!

Los tiempos actuales son propicios para la renovación personal; si somos capaces de aceptar nuestras equivocaciones, también tendremos la capacidad para lograr realizaciones avanzadas en el orden espiritual.

Cuando decidimos vencer nuestras debilidades, y con valentía nos ponemos al servicio de nuestro Maestro Jesús, iniciamos nuestra rehabilitación espiritual y seguimos sin titubear, el camino que hemos emprendido.
Los espíritas debemos meditar con sensatez, sobre cuál es el verdadero objetivo de nuestra vida, el compromiso espiritual asumido, y la imperante necesidad de transformación interior.
El mundo espiritual, dirigido por espíritus de profusa elevación, tiene como principal objetivo esclarecer al Espíritu del hombre, para liberarlo conscientemente de los dolorosos y repetidos ciclos de vidas sucesivas.

Es necesario ayudar a los espíritus encarnados, para que comprendan el verdadero sentido de su vida y su índole espiritual. El hombre tiene que esforzarse en vencer sus instintos animales, para alcanzar su legítimo destino.

Como Espíritu inmortal también tiene que saber, que la Tierra está pasando por un proceso de transformación, y si nosotros no seguimos ese proceso, y no reunimos las condiciones precisas para vivir en un mundo mejor, tendremos que dejarlo para habitar un planeta primario, donde el progreso y la civilización, son totalmente desconocidos.

En estas condiciones de vida en un planeta primitivo, el hombre se encuentra con una vida corta, difícil y dolorosa. Controlando nuestras debilidades y disciplinando nuestra forma de vida, podremos conseguir los requisitos adecuados y el derecho de continuar viviendo en este planeta, que en un futuro corto, será un mundo de paz, evitando asimismo, el doloroso exilio a un planeta atrasado, en unas circunstancias de vida demasiado primitivas.
El hombre tiene la responsabilidad de aprender a cultivar la virtud, practicándola diariamente con las personas que le rodean, sin necesidad de alterar su forma de vida habitual.

Los espíritus nos dicen que el hombre debe instruirse, para que sepa inmunizarse contra las bajas pasiones, mediante la razón y el criterio que ilumina y plasma la conciencia.

Así el ser humano, es capaz de enfrentar las sombras del pecado, sin contaminarse y sin que sea indispensable el huir del ambiente que las circunstancias le han obligado a vivir.

En este ámbito, el hombre tiene que enfrentar las pruebas y luchas predestinadas, esenciales para la evolución del Espíritu. En cualquier circunstancia de la vida, todo lo prohibido estimula el deseo y tienta al Espíritu a conseguir aquello que le está restringido o vedado; ya que es propio de la naturaleza humana el propósito de obtener placer y comodidad en la vida, antes que interesarse por beneficios futuros, que ahora le parecen una utopía.

Cuando las virtudes son impuestas, haciendo uso de las creencias religiosas, no tienen fuerza para resistir la presión de los instintos inferiores.

Sólo la conciencia espiritual, emancipada por su propio convencimiento, razonado y comprobado, está en disposición de vencer en esa gigantesca batalla moral, que debe enfrentar, el espíritu humano contra el espíritu animal.

El mayor fracaso de las religiones, ha sido justamente, el imponer por la fuerza sus creencias, con dogmas prohibitivos y amenazantes, sin una base sólida para mantenerlos. La ciencia ha desmentido categóricamente estos dogmas que solamente son aceptables por una humanidad inculta y medieval. El hombre ilustrado de hoy, no acepta una idea religiosa que no tiene argumentos, ni lógica para mantener sus postulados.

La humanidad de hoy, descreída y desengañada, está dando un gran impulso al ateísmo y al materialismo, esto es sumamente peligroso; sólo en un siglo, el progreso de nuestro mundo, ha avanzado más que en los últimos cinco mil años, y es lamentable que por culpa de las manipulaciones religiosas, insostenibles y desmedidas, los hombres y mujeres que marchan al frente del progreso alcanzado, vivan desengañados, porque han buscado una creencia lógica y convincente para orientar sus vidas y no la han encontrado.
Es ahora, en estos momentos, cuando los valores del Espiritismo deben ser conocidos; es ahora cuando los verdaderos espíritas, ya preparados, se tienen que unir para divulgar esta doctrina consoladora y racional, que acepta sin ninguna duda, la existencia de un único Dios creador del Universo, y de todo lo que en él existe, y de Jesús como máximo representante de Él aquí en la Tierra.

El ser humano que es un Espíritu reencarnado, debe conocer la realidad de su propia existencia, y obtener el conocimiento que le lleve a comprender que existe una ley inexorable, evolutiva y creativa, responsable del destino y de la vida en todos los planetas del Universo.

Nos guste o no, nuestro Espíritu está sometido a esta ley evolutiva, que rige la vida en todos los mundos, y así es en el nuestro.

Desde el principio de la existencia como ser humano, nuestro Espíritu ha pasado por dolorosos procesos de evolución; naciendo, muriendo y renaciendo de nuevo. Para alcanzar el estado actual del que hoy gozamos, hemos tenido que vivir miles de años, en situaciones tan extremas que es difícil de relatar.
Nuestra existencia terrena actual, es consecuencia de nuestras vidas anteriores, y nuestra próxima existencia será obviamente una consecuencia de la de hoy.

Es imprescindible adquirir conocimiento sobre esto, para poder comprender las injusticias que aparentemente se cometen en este mundo: los crímenes y guerras injustificadas, y las terribles catástrofes que a tantas víctimas inocentes involucra.
Es necesario vivir una existencia digna y sublime, para poder conseguir una sintonía con los espíritus más elevados, consejeros indispensables para la redención del hombre.

José Aniorte Alcaraz

Elucidaciones Espíritas