
Varios periódicos han publicado el relato de un drama pasional,verdaderamente interesante, pareciendo imposible que una niña de 17 años tuviera tanta energía para buscar la muerte.
En la edad de las ilusiones, de las esperanzas, cuando parece que la vida tiene tan dilatados horizontes, decir resueltamente “quiero morir”, algo terrible tiene que haber tras de aquella florida juventud.
El relato dice así:
Toledo. – Un terrible drama de los llamados pasionales en el que concurren circunstancias extrañas, es objeto aquí de todos los comentarios.
Desde hace algún tiempo sostenían relaciones amorosas una bella muchacha llamada Agustina García, de diecisiete años, y Samuel Pascual, dedieciocho.
Los novios parecían profesarse entrañable afecto; había en ellos todo el fuego de la primera pasión, con la exaltación que generalmente acompaña a los amores en los primeros años.
Los padres de Agustina debían partir en breve para Madrid y claro es que había de acompañarles su hija.
Los novios, al saberlo, tuvieron un horrible disgusto, no podían renunciar al placer de cambiar diariamente ardientes miradas y mutuas promesas de cariño inmenso.
Ésta fue sin duda la causa de que surgiera en ellos la idea del trágico drama desarrollado, en el que, al parecer, Agustina fue la que mayor valor y resignación mostrara.
No se sabe concretamente la gestación que el suceso tuvo; pero se conocen bien, desgraciadamente, sus fatales consecuencias.
Hace dos días Agustina desapareció de la casa paterna y la familia se hallaba consternada.
Cuando creían que la hija había huido en compañía de su novio, vino asumirles todavía en mayor desesperación terribles noticias.
Un tío de Agustina había recibido una carta de ella en la que decía que,cuando la leyera, su sobrina estaría ya muerta.
Poco después el vigilante del cementerio avisaba a las autoridades que a la puerta de éste se encontraba el cadáver de una señorita y un joven gravemente herido.
Éste que era el novio de Agustina, Samuel Pascual, declaró que anoche, a las diez, fueron los dos hasta allí.
Agustina se obstinó en que la matase, y como él se negara, Agustina le amenazó con que se arrojaría al río si no lo hacía.
Entonces él le dio una puñalada en el pecho, en el sitio designado por la misma Agustina, y después otra en el lado opuesto, también por orden de su novia.
Enseguida intentó Samuel suicidarse, dándose tres cuchilladas con la misma arma; pero a pesar de los esfuerzos hechos no logró matarse.
El suceso ha producido gran impresión, porque las familias de los protagonistas de este drama son muy apreciadas y gozan de generales simpatías.
Queriendo estudiar en ese gran libro inédito de la humanidad, pedí alguía de mis trabajos alguna explicación respecto a este sangriento drama, y el Espíritu me dio la siguiente comunicación:
“Tenias razón al pensar que tras de aquella florida juventud había un algo terrible, espantoso, había un crimen cometido por orgullo, por ambición ,por afán de adquirir riquezas.
Los novios de hoy, ayer estuvieron unidos por lazos de matrimonio; eran felices; ocupaban una gran posición social, y un hijo vino a completar su dicha; un apuesto mancebo que reunía belleza, bondad, elevación de espíritu y una inteligencia tan desarrollada y tan bien equilibrada, que prometía ser un hombre notabilísimo.
Sus padres estaban orgullosos de tener un hijo que reunía tantas perfecciones, y soñaban unirle en matrimonio con una joven duquesa, hermosa y distinguida; pero Romeo estaba enamorado desde niño de una joven muy bella, y buena aunque pobre, porque su padre era un modestísimo empleado, cuyo sueldo era tan mezquino, que su hija Isabel tenía que bordar de día y de noche para ayudar a los gastos de su casa; pero Romeo la quería con delirio, y como él era muy rico, no le importaba la pobreza de su amada; él tenía riquezas sobradas para darle el fausto de una reina; pero sus padres se opusieron abiertamente a tal enlace; emplearon los ruegos y las amenazas; mas todo fue inútil; él dijo resueltamente: “O con ella o con nadie uniré mi suerte”.
Sus padres se callaron y dejaron dormido el asunto; pero entretanto urdieron un trama terrible, arrojaron sobre Isabel el fuego de la calumnia y la hicieron aparecer ante Romeo como una mujer perdida, encenegada en la prostitución; hicieron llegar hasta él cartas dirigidas a hombres que le ofrecían montes de oro; y Romeo, loco, frenético, le escribió algunas líneas diciéndole: “Te odio, te desprecio, ¡Maldita seas! Que mi sangre caiga sobre tu impura frente”; y ante la morada de Isabel se mató de un pistoletazo.
Ella oyó la detonación, y sin perder momento salió de su casa, y corrió desatentada buscando el río que bañaba los muros de la población, y en sus aguas encontró el término de sus dolores.
Los padres de Romeo se horrorizaron de su obra y levantaron una iglesia para implorar el perdón de sus culpas, vistieron a muchos santos, derramaron el oro a manos llenas; pero sus remordimientos no les dejaron una hora de reposo y dejaron la Tierra desesperados y abrumados por el peso de su iniquidad.
En el espacio se dieron palabra de volver juntos y morir desgraciadamente como hicieron morir a su hijo y a la inocente y malograda Isabel; por eso ahora, ante una contrariedad que podían haber soportado y haber procurado hacerla más llevadera por medio de una asidua correspondencia, se entregaron a la desesperación, especialmente ella que había sido en su anterior existencia la instigadora del crimen, la madre ambiciosa que soñó para su hijo todas las grandezas de la Tierra”.
“Los criminales no pueden ser felices; por eso, estos infelices, en lo más hermoso de su juventud, han roto todos los lazos que los unían a la vida.
¡Hay tantas historias!
¡Hay tantos dramas ocultos en la noche del pasado!… ¡Se han cometido tantos crímenes por el afán de acaparar tesoros!… ¡Preguntad!¡Inquirid!
Levantad una punta del velo que cubre el ayer y rogad por los pecadores, que muchos hay en el Universo”.
Adiós.
Bien dice el Espíritu: ¡Cuántas historias! ¡Lo que parece más absurdo y más incomprensible, qué sencillo y natural aparece cuando se conoce el porqué de aquel desastroso efecto!
Es cierto que la felicidad no es patrimonio de la Tierra, porque sus habitantes todos somos licenciados de presidio, que hemos vuelto a caer en el momento que nos hemos visto libres, y una vez y otra y cien veces hemos cometido la misma falta.
Gracias que el tiempo es eterno como la grandeza de Dios, y con el transcurso de los siglos llegaremos a ser sabios y buenos; y cuando sepamos unir el amor y la ciencia, brillará el sol de la felicidad.
Amalia Domingo Soler