José AniorteLa manipulación de los Evangelios realizada en los primeros siglos, tiene sus consecuencias, y es responsable de la fe ciega que la sociedad cristiana está obligada a vivir hoy, con un ideal atrasado, y una concesión del Universo y de la vida inconciliable en muchos puntos con los descubrimientos de la ciencia y las aspiraciones de la humanidad. Esto produce una perturbación en las inteligencias y en las conciencias.

La Iglesia es consciente de esta peligrosa situación, porque esta poderosa institución no ha sabido aún sustituir con nada al viejo dogmatismo compuesto de ideas erróneas y envejecidas, de antiguas religiones ya desaparecidas.
Los obispos, vacilantes e impotentes para dar al hombre una síntesis, una idea exacta de sus relaciones con el Universo, consigo mismo y con Dios, abandonan la dirección moral del pueblo cristiano a una institución que ya no representa más que un ideal agonizante e incapaz de regenerar, educar, elevar y esclarecer la mente de sus fanatizados seguidores.

Desde hace ciento cincuenta años, el Espiritismo se extiende por el mundo como un soplo de libertad, como una luz que desvanece las sombras de todo fanatismo religioso, el Espiritismo esclarece las mentes para que puedan ver, comprender, y practicar el Cristianismo en su pureza inicial, sin manipulaciones ni alteraciones; tal y como lo vivió y lo enseñó su fundador; nuestro querido Maestro Jesús.

Pero los pueblos latinos conservan la profunda huella de la enseñanza católica, que durante doce siglos los ha modelado a su gusto, manteniendo en ellos las virtudes y los defectos que los caracterizan.

La Religión Católica le ha dado al hombre una idea errónea de sus deberes, ha contribuido a oscurecer su razón y falsear su entendimiento; aún así el Mundo Superior no ha permitido que el nombre de Jesús, ¡el Mensajero de Dios! Fuese ensombrecido y para ello, en todos los tiempos han reencarnado en esta misma Iglesia, espíritus de Luz, verdaderos misioneros que han practicado el Cristianismo con amor, sacrificando su vida y dando un ejemplo a seguir.

Los pueblos en que la Iglesia Católica ha ejercido su influencia son los más atrasados; la educación católica que han recibido durante los últimos siglos, le ha negado el derecho de pensar para que ciegamente confiaran en ellos, desarrollando un sentimiento y una imaginación infantil crédula, fanatizada y sin razón. Es triste y lamentable que en pleno siglo XXI aún existan pueblos que crean que su vida y su futuro dependen de sus vírgenes y sus santos.

La Iglesia Romana aún continúa con sus enseñanzas para distraer al Espíritu, confundirlo con sus enseñamientos para hacerle olvidar el objeto real del estudio, que es la conquista y el conocimiento de la verdad. En cambio ella les ofrece una doctrina ilusoria, sin ninguna base real, pero perfectamente adaptable a sus intereses materiales.
Las pompas del culto, las numerosas fiestas y las largas ceremonias, alejan a los fieles del estudio y la investigación aniquilando con su doctrina el uso del entendimiento y el derecho a la observación, exigiendo de sus fieles una credulidad  ciega con respecto a las afirmaciones dogmáticas, y por supuesto, completamente carente de pruebas.

El Catolicismo no es tan sólo una doctrina religiosa, también es un poder temporal que de alguna manera interviene en todas las contiendas del mundo, impulsado por el deseo de adquirir una autoridad absoluta fundada sobre un supuesto derecho divino. Con esta posición mundana ha contribuido poderosamente a despojar al Catolicismo de su dignidad serena y cristiana, que consiste esencialmente en el desprendimiento de los bienes materiales, a favor de los espirituales, que debe ser el principal objetivo de todas las religiones.

La educación católica desarrolla un sentimiento de intolerancia y produce una resistencia hacia el progreso, porque sus fundamentos inamovibles están anclados en el pasado.
Durante 16 siglos la Iglesia Romana ha silenciado el pensamiento humano y oprimido las conciencias en nombre de Dios y la unidad de la fe; durante todos estos siglos se ha asociado a todos los despotismos cuando se ha podido sacar beneficio de ello; y hoy reclama libertad para ella. Sería justo este pedido si fuese verdad pero no lo es, porque lo que ella entiende por libertad es un privilegio. Jamás el Catolicismo ha podido entender el significado que tiene la palabra “Libertad”.
Está muy familiarizada con la tiranía, la opresión y la imposición.
Aún hoy la Iglesia prohíbe el libre pensamiento, como en el pasado condenaba la interpretación de las Escrituras.

Decía San Pablo:

Examinadlo todo; retened lo bueno” (1ª epístola a los tesalonicenses 5:21)

“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad”. (2ª epístola a los corintios 3:17).

La doctrina de Jesús, es una doctrina de libertad y así está expresada en los Evangelios. Tenemos que enseñarla con amor, con humildad y tolerancia; convencer con nuestro ejemplo, aplicando en nosotros mismos, en nuestra forma de vida los enseñamientos cristianos.

Los jefes de la Iglesia no han cumplido nada de esto, han desviado al Cristianismo de su verdadero objetivo, han oprimido las conciencias, imponiendo la fe con amenazas de penas eternas, en lugar de pedirla por libre voluntad.

Si la Iglesia hubiese comprendido la verdadera idea del Cristianismo, no se habría dejado influenciar por las supersticiones romanas y mucho menos participar de las escandalosas orgías que realizaban. Tampoco habría lanzado el anatema contra aquellos que no compartían su punto de vista.
Dios nos dio el derecho de pensar, esto nos diferencia de los irracionales, y es a través del pensamiento que el Espíritu se transforma y se eleva para convertirse en un Ser superior; pues bien, la Iglesia siempre ha querido arrebatarnos este derecho que nos dio Dios: el derecho de pensar, ella dice:

¡Cree y no pienses! ¡Confía en mí y yo te indicaré el camino que debes seguir!.

Lo que quiere decir: Renuncia al derecho que tienes para pensar y desciende al estado del irracional.

Hay muchos lazos históricos y religiosos que ligan sin ninguna duda, al ser humano con la idea cristiana para que se pueda prescindir de ella. Hay en el Cristianismo elementos de progreso, gérmenes de una vida social con moralidad, con fines pacíficos, fraternos y renovadores, que al desenvolverse, pueden producir grandes cosas, elevando a la humanidad a un estado superior del que hoy se encuentra.

La doctrina de Jesús contiene muchas enseñanzas que no han sido comprendidas y que, bajo una influencia más honesta y más iluminada, puede producir fruto de sabiduría y amor fraterno, con un poderoso resultado para el bien general.

Seamos cristianos elevándonos por encima de las ideas medievales, envejecidas y dogmatizadas para defender los intereses de los falsos profetas. Amemos a nuestro querido Maestro Jesús, pero rechacemos las sectas intolerantes, y las iglesias que se combaten unas a las otras y se lanzan mutuamente el anatema, Cristo sólo tiene una iglesia: la del amor universal y sus brazos están ampliamente abiertos para toda la humanidad.

La Iglesia Romana ya es incapaz de satisfacer la necesidad de un ideal capaz de convencer a la humanidad de hoy, culta y desengañada por los desmentidos que la propia ciencia hace a esta fantasiosa creencia. Lo que ellas enseñan ya no convence a nadie, lo que lleva en su seno no es el presente ni el porvenir, es el pasado con sus sombras, sus intolerancias y sus rencores, y esto entre los hombres es causa de discordia y discusión. La insuficiencia de las iglesias cada día se hace más evidente, ante una generación ilustrada y deseosa de saber las verdades celosamente ocultas hasta hoy.

La propia Iglesia ha impedido con energía la iniciativa de alguno de sus miembros cuando han intentado hacer alguna reforma en sus postulados dogmáticos.
El papa León XIII, en agosto de 1898, reincidió ciegamente con las doctrinas y actitudes del pasado y con total intransigencia afirmó:

“En la Iglesia Romana es donde se perpetúa la misión constante e inmutable de enseñar todo lo que Jesucristo en persona ha enseñado y donde subsiste para todos la obligación constante e inmutable de aceptar y profesar toda la doctrina así enseñada”.

Pío XII en sus instrucciones sobre el modernismo asumió una posición inamovible, afirmándose rotundamente en la misma posición envejecida y dogmática de la Iglesia Católica.
Así, es como los papas pretenden decidir el destino de las almas.
Condenan a todas las doctrinas que no aceptan su supremacía.
Sus encíclicas no son más que reediciones, de la famosa expresión:

¡Fuera de la Iglesia no hay salvación!.

El Cristianismo era una fe viva y radiante; el Catolicismo ya no es más que una doctrina sombría, irreconocible y lejana de los elevados principios de los Evangelios; ante las críticas que hoy recibe, sólo puede defenderse con las afirmaciones de sus dogmas fantasiosos, porque estos no convencen ni pueden ser probados.
No hay una renovación moral si no es fuera del dogmatismo de las iglesias.

La humanidad de hoy necesita una creencia religiosa Universalista en armonía con la ciencia y el progreso que hoy estamos viviendo, que sea capaz de satisfacer y convencer a la razón humana.

Jesús nos decía: “mi reino no es de este mundo” y los fundamentos, el verdadero ideal del Cristianismo es conseguir que ese ideal se realice aquí en la Tierra, y que el reino de Dios y de su justicia sea una realidad para esta humanidad, que se purifique de sus vicios, de sus errores, de sus caídas y dándole el conocimiento de las leyes superiores y su verdadero destino que pueda desarrollarse en ella el espíritu de sabiduría y de amor, sin el cual no puede haber ni paz social ni elevación.

La Iglesia para sobrevivir tiene que purificarse bebiendo en las transparentes aguas que bebían los primeros cristianos. El Cristianismo Católico debe transformarse, desechar todo lo sobrenatural y milagroso para volver a ser sencillo, claro y racional, sin dejar de ser un punto de unión entre el hombre, el mundo invisible y Dios. Sin esta relación no puede existir una creencia firme, ni filosofía elevada, ni religión convincente.

Las creencias religiosas tienen que despojarse de las formas envejecidas, tienen que inspirarse en los descubrimientos modernos, con las leyes de la Naturaleza y en el buen sentido y la razón. El Espíritu humano debe conocer la ley del destino; que multiplica sus existencias y lo coloca alternativamente en los dos mundos, el corpóreo y el incorpóreo. Debe comprender también que una estrecha relación une a los miembros que viven en la Tierra y en el Espacio: los unos viven su vida en la carne, los otros esperan poder reencarnar de nuevo para trabajar por su progreso y por el de sus semejantes. Así a través de los tiempos, el Espíritu comprende que existe una soberana ley de justicia, en virtud de la cual cada uno recoge lo que siembra, lo bueno y lo malo, y de ello depende nuestra felicidad o nuestro sufrimiento.

Conocer estas leyes y comprenderlas proporcionan una nueva y sólida base a la educación, un principio moral y un fuerte lazo religioso entre todos los seres. Este lazo de solidaridad que los une se extiende al pasado, al presente y al porvenir. Así un día, todos los habitantes de este mundo se ayudarán mutuamente, compartiendo sus conocimientos y sus recursos, unidos hacia un ideal de justicia, sabiduría y virtud.

Jesús nos prometió que cuando llegase el momento, nos mandaría el Consolador para aclarar todas las cosas.
El Espiritismo es una filosofía religiosa y llega con una antorcha en la mano y su luz va a iluminar a lo lejos y fecundar a todos los que quieran verla y utilizarla.
El Espiritismo es una creencia fundamentada sobre hechos, es una creencia que se desarrolla y progresa con la humanidad y Las  puede unir a todos los seres elevándolos a una concepción cada vez más amplia del conocimiento de Dios, del destino y del deber.

No debemos buscar la elevación de nuestra alma en una religión de opresión y de terror. La humanidad tiene que librarse de las supersticiones y de los fantasmas del pasado.

La Religión Universal, que es la religión de Jesús, tiene los gérmenes del amor y del bien que la mano divina ha depositado en ella, porque es la verdadera religión, la que se eleva por encima de las otras religiones y no maldice a ninguna, y a todas las respeta.
El Espiritismo tiene formas inesperadas o bien, revelaciones olvidadas, pero idénticas a las que se dieron en las primeras manifestaciones del Cristianismo.

La Religión Católica está fundamentada en el milagro.

La Religión de Jesucristo está fundada sobre la prueba material de la supervivencia.

El Espiritismo se revela con la ayuda del fenómeno; pero es necesario aclarar que el fenómeno y el milagro son dos cosas totalmente diferentes.

El milagro está fuera de la ley natural y el fenómeno está dentro de ella.

Los fenómenos de ultratumba se encuentran en el pasado de todas las religiones.

Las relaciones de los “muertos” y el mundo de los vivos ha existido siempre.

En la India, Grecia, Egipto, este estudio era el privilegio de unos pocos iniciados que lo mantenían oculto. En la Biblia desde los tiempos de Moisés, Samuel, David y Jacob, la comunicación con los espíritus fue incesante. Pero las religiones no podían dominar y dirigir a su antojo a los pueblos si ellos mantenían contacto directo con el Mundo Espiritual; así prohibieron la comunicación con los “muertos”, crearon los dogmas con sus milagros; dominaron a los pueblos negándoles el derecho de pensar y sometieron a la humanidad a un largo periodo de oscuridad. El daño que las religiones han hecho a sus seguidores sometiéndolos a esa cruel tiranía, aún hoy tiene graves consecuencias.
Arrancar de sus mentes esa idea fanatizada, es una tarea difícil, pero no imposible, porque los argumentos que utiliza la Iglesia, envejecidos por los siglos, increíbles e inaceptables hoy, debilitan considerablemente su fortaleza que ya está en su acelerado proceso de decadencia.

El conocimiento y el estudio del mundo invisibleesclarecen las mentes y renueva el pensamiento. Se desvela el misterio del Mas Allá, que surge ante el Espíritu humano con fuerza, autoridad y persistencia, como nunca antes se había producido; jamás antes se habían visto un conjunto de hechos y fenómenos, considerados al principio como imposibles, y que hoy ya no se pueden negar y son reconocidos por la mayoría de nuestros contemporáneos.

El hombre desilusionado por todas las teorías religiosas y contradictorias, por todos los sistemas incompletos que han confundido su pensamiento, se deja dominar por la duda, y pierde por completo la noción de la vida futura.

Es en este crítico momento cuando el mundo invisible abre sus puertas y se manifiesta por todas partes, para que la humanidad tenga conocimiento de su existencia y recupere la sensatez. Por medios diversos, los muertos se manifiestan a los vivos. Las voces de ultratumba se escuchan. Los misterios de los santuarios orientales y los fenómenos ocultos de la antigüedad se están renovando y conociendo después de largos siglos de silencio; y por fin, el Espiritismo ha llegado con su potente luz.

El Espiritismo se presentó con manifestaciones de orden fenoménico, en un principio, porque el fenómeno habla a los sentidos y los sentidos son la abertura por donde el hecho penetra hasta el entendimiento. Las impresiones producidas en el organismo, despiertan el interés por el estudio, el cual lo llevará al convencimiento.

Después de esta primera fase material, como el Espiritismo no puede anclarse ni estacionarse, las manifestaciones se fueron renovando y desmaterializando. Los golpes se fueron regulando convirtiéndose en un modo de comunicación inteligente y consciente. Después de esta primera preparación e introducción, aparece la escritura automática que, rápidamente se propagó por todo el mundo. Las relaciones entre los dos mundos, el visible y el invisible, ya era una realidad que nadie podía negar. Miles de libros se han escrito y se siguen escribiendo, dictados por los espíritus mediúmnicamente a médiums de probada honestidad, como ejemplo citaré a nuestro recordado Francisco Cándido Xavier, con más de cuatrocientos libros escritos.

El Espiritismo rompe todas las concesiones dogmáticas y antiguas de las religiones y abre un camino nuevo y luminoso para la vida futura. Vence a la temida muerte, porque demuestra que ésta no existe. Cierra las puertas de ese cielo que las religiones venden tan lucrativamente, y cierra las del infierno que ellos han creado pero que en realidad nunca han existido.

A medida que se propaga el Espiritismo, éste tiene que enfrentar numerosas oposiciones que levantan contra el. Como todas las ideas nuevas, él también tiene que enfrentar el desprecio, la calumnia y la persecución moral. La idea cristiana en su principio también sufrió el dolor de las injusticias. Así sucede con toda idea nueva que, por justificada y probada que esté, siempre provoca entre los hombres la duda, el rechazo, o la desconfianza. Esto es fácil de comprender, si tenemos en cuenta que la humanidad durante muchos siglos ha sido engañada con falsos conceptos religiosos, y ahora cuando se revelan formas inesperadas de la verdad, completamente diferentes del antiguo ideal, que ya está muy debilitado pero aún no está muerto, y ante esto, es necesario un periodo más o menos largo de enseñanza, de reflexión y de convencimiento. Éstas son las dificultades que nosotros debemos vencer, con nuestro esfuerzo y ejemplo.

La doctrina revelada por el Espiritismo, aún hoy es objeto de muchas burlas; pero los poderes del Mundo Mayor velan por la humanidad y saben mejor que nosotros los medios de acción que conviene adoptar, según los tiempos y la evolución alcanzada, para que los seres encarnados vuelvan al sentimiento de sus deberes y de su destino, y respetando siempre su libre albedrío, porque es necesario que la libertad del hombre prevalezca siempre.

El Mundo Superior sabe apropiar a las necesidades de una época y de una raza las formas nuevas de la eterna revelación.
La voluntad Divina es la que envía en el seno de las sociedades a los pensadores, a los misioneros, y a los sembradores capaces de dar su vida, si es necesario, para cumplir su compromiso; ellos abren nuevos caminos con ideas nuevas y renovadas. Su obra se desenvuelve lentamente y la idea penetra poco a poco en las mentes que se van esclareciendo; y aunque de momento este movimiento pase inadvertido, después de un tiempo es seguro y profundo.

Fue necesario, en un principio, llamar la atención de los hombres, con hechos fenoménicos, porque éstos aún estaban muy materializados. Pero a medida que las mentes se van esclareciendo, los fenómenos también tienen que ser más espiritualizados; jamás el Espiritismo puede anclarse en el pasado; hay que renovarse continuamente y nunca fanatizarse.

A medida que el Espiritismo se conoce y se estudia, los fenómenos se tienen que ir transformando; el espiritista no debe estacionarse en sus primeras enseñanzas sino que debe estudiar, aprender, renovarse para superarse, y marchar en vanguardia con el progreso de la humanidad y de la ciencia.

La doctrina de los espíritus, es una Doctrina Universal, es la doctrina del presente y del futuro; el ideal y el objetivo de esta doctrina siempre ha sido el mismo y lo seguirá siendo, hasta conseguir la perfección del Espíritu.

Para conseguir este importante e inevitable objetivo, el Espíritu tiene que renovarse y elevarse, desprendiéndose del orgullo, prepotencia, vanidad y conseguir la humildad suficiente para reconocer sus errores y su insignificancia.

El Espiritismo, continuamente se está renovando. Las manifestaciones fenoménicas de los primeros tiempos, se afinaron, revistiendo un carácter más elevado. Espíritus de más elevación se manifiestan hoy con un séquito de pruebas y un acopio de testimonios importantes, hasta tal punto que la duda ya no es posible para los investigadores de buena fe.

 

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo