José Aniorte Alcaraz

EL ESPÍRITU NO RENACE NI MUERE

Los espíritas que se estacionan en las prácticas espiritistas que se realizaron en el siglo XIX, negando el progreso realizado hasta hoy, ignorando los mensajes y consejos de espíritus de indiscutible elevación, que nos revelan nuevas formas de vida y un conocimiento más claro y convincente del mundo espiritual; estos espíritas que aún con el estudio de los libros y las nuevas revelaciones continúan fanatizados queriendo dirigir los destinos del plano espiritual, seguramente son los católicos del pasado, que rechazando los ídolos de su antigua religión no se liberaron del fanatismo religioso.

Cambiaron el rótulo religioso, pero se mantienen bajo la misma frecuencia espiritual y la misma obstinación de antaño; siendo incapaces de adaptarse al concepto universalista del Espiritismo. Subliman sus viejas creencias, sustituyendo a los sacerdotes por los médiums; las imágenes de los santos por los líderes espíritas consagrados; el agua bendita por la fluidificada; los rezos por las oraciones extensas; las bendiciones por los pases, la misa de los domingos por la irradiación a los desencarnados; los milagros de la Iglesia por las curas mediúmnicas, y las exequias católicas por los discursos junto a la tumba de los hermanos fallecidos.

Hay que aplicar la libertad espiritual enseñada por Allan Kardec, y, como el Espiritismo es deliberadamente contrario a cualquier culto, ceremonia, idolatría u obligación religiosa, los espíritas debemos interpretarlo y vivirlo así.

El Espiritismo simplificó las enseñanzas complejas de Oriente acerca de la reencarnación, de la ley de consecuencias o ley de causa y efecto, exponiéndolas de forma fácil y precisa, sin las sutilezas iniciáticas, ni los simbolismos tan complejos, propios de la capacidad mental de los adeptos de aquellas remotas épocas.

La revelación y el conocimiento de la vida inmortal del Espíritu, no se dará de un modo instantáneo y milagroso, sino que se producirá a través del estudio, investigación y transformación del espírita, conseguida con su trabajo y esfuerzo.

Muchos espíritas aún están confundidos ante los cambios que deben hacer, tienen miedo de conocer otros movimientos o principios doctrinarios, que en verdad se apoyan en los mismos fundamentos y las bases del Cristianismo. Tales dudas y recelos crean un estancamiento mental que estos espíritas no podrán vencer hasta otra existencia futura.

La Tierra es una escuela de educación espiritual primaria, que sólo libera a sus alumnos después que aprobaron todas las materias existentes.

Los espíritas saben que no hay privilegios ni preferencias en el camino de la evolución espiritual.

Por esto cuando el espírita conoce la verdadera realidad de la vida inmortal, se encuentra ante un problema capital de su actual existencia, porque al mismo tiempo entra en conflicto con su conciencia, con los instintos primarios del animal y la imperante necesidad que tiene su Espíritu de elevarse para vivir en un mundo mejor; esto lo impulsa y le da fuerza para la lucha, hasta convertirse en un vencedor de sus propios instintos.

En estas circunstancias tiene que elegir entre el “cielo” y el “infierno”, pues tiene que desintegrar la personalidad del “hombre viejo” para que nazca el “hombre nuevo”, con un sistema nuevo de vida y cambiando el rumbo de su camino. No se puede cambiar la forma de vida de un planeta, sin antes rectificar la conducta y los sentimientos de la humanidad que viven en él. El ambiente moral y social de la Tierra aún es muy primario, y las modificaciones fundamentales de este ambiente dependen esencialmente de mejorar el patrón espiritual de sus habitantes.

Desgraciadamente ya está muy limitado el plazo para los  reprobados que quieren una nueva oportunidad, es decir, una nueva existencia; esto cada día es más difícil porque ya están llegando espíritus en mejores condiciones, para integrarse en la nueva humanidad que tiene que poblar la Tierra, ya reformada.

El Espiritismo tiene que colaborar muchísimo para esclarecer a los que estén interesados en estos momentos de transición, popularizando las enseñanzas ocultas, dando a conocer el mundo de los espíritus.

Los Espíritus Superiores nos dicen: es necesario distribuir la literatura espírita, tiene que ser conocida, para que los seres humanos comprendan la realidad de la vida y de la muerte. El libro espírita es una luz esclarecedora y consoladora que debe de llegar a los hogares de los más pobres, enfermos y necesitados.

Bajo la inspiración del mundo Superior, el Espiritismo está destinado a cumplir esta importante misión.

Muchos hombres de cultura y científicos de renombre universal, han divulgado el Espiritismo de forma apropiada y convincente. Hicieron un elevado trabajo y una verdadera contribución doctrinaria con el fin de impedir los excesos de la imaginación y de las prácticas supersticiosas. Estos hombres reencarnaron en la Tierra para cooperar en la elevada obra de Allan Kardec, para liberarla de las supersticiones y misticismos, y de las prácticas mediúmnicas perniciosas que confunden y hasta obsesionan a los asistentes de ellas.

Hombres inteligentes como: Gabriel Delanne, Akasakoff, Leon Denis, William Croockes, Oliver Lodge, Guillén, Cairbal Shutel, Biten Court Sampaio, Becerra de Menezes, Cirne, Amalia Domingo Soler, Miguel Vives, Fernández Colavida, Francisco Cándido Xavier, y otros, prestaron al Espiritismo un servicio digno y provechoso. Gracias a estos hombres, valerosos y dedicados, el Espiritismo resistió las arremetidas capciosas del clero fanático y se impuso respetuosamente, abierto a cualquier investigación.

Kardec organizó y codificó la estructura del Espiritismo y sus discípulos cuidaron de su cuerpo doctrinario, sin que sus  adversarios tengan la posibilidad de contestar o refutar a la lógica de sus afirmaciones sobre la vida inmortal y la convivencia con los espíritus.

Nosotros los espíritas que tenemos este conocimiento y convencimiento, debemos cuidar mucho de nuestra actitud y pensamientos. Tenemos que ser humildes y tolerantes para comprender a los demás, sin dejarnos influenciar por los sentimientos negativos como la ira, los celos, el orgullo, la envidia, etc.; estas vibraciones producen en el Espíritu, formas con el pensamiento negativo, causando alteración en el sistema endocrino, contraen la vesícula, atrofian el intestino, producen congestión hepática, debido a la sobrecarga cardiaca o ralentización circulatoria sanguínea.

La oración cuando es verdadera y sentida, es útil al cuerpo físico, porque le transmite poderosas fuerzas espirituales y lo defiende contra las vibraciones inferiores, proyectadas por otras mentes mal intencionadas. La oración y la meditación es una especie de centinela vigilante contra las influencias negativas.

Con la oración el hombre se fortalece y no se ve afectado ante los impulsos inferiores, rechazando las explosiones de odio, celos y orgullo. En cada órgano del cuerpo humano repercute la carga negativa creada por nuestra mente, ya que acelera, retarda y hasta paraliza las funciones orgánicas, pues, actúa en perfecta sintonía con nuestra fuerza mental positiva o negativa.

La armonía que asegura una parte importante de nuestra salud corporal, depende mucho de nuestro estado espiritual.

Cada ser humano crea para sí mismo la felicidad, desgracia, sufrimiento o tranquilidad, en su vida.

Debemos de comprender y saber todos los que sufrimos “injusticias” y enfermedades, que no existe una ley de castigo o venganza, pero sí existe una ley de rectificación y consecuencias para nuestro propio bienestar, las víctimas de hoy fuimos los verdugos de ayer; somos enfermos sometidos a un riguroso tratamiento, que si nos sometemos a él humildemente, nuestra cura será más rápida y menos dolorosa, sin embargo, si nos resistimos y nos revelamos contra el tratamiento, nuestra cura será más larga y dolorosa, retardando nuestra recuperación espiritual.

Para conseguir este conocimiento, tenemos que creer en la vida inmortal del Espíritu y comprender que la vida en el cuerpo físico es necesaria para la evolución del Espíritu.

Estamos viviendo unos tiempos que se caracterizan por sus exclusivas tendencias materialistas. El egoísmo individual y colectivo, es el guía de todas las actividades. La cómoda y clásica interpretación de la moral; la corrupción y confusión en el campo político y diplomático; el odio que existe entre razas y naciones; el estancamiento y la ineficacia de las religiones positivas, por su evidente falta de claridad para reconocer la realidad del mundo espiritual, y la inmortalidad del Espíritu, y la ley de vidas sucesivas o la ley de la reencarnación ya enseñada por Jesús, estas son algunas de las causas responsables de la degeneración y el atraso moral de nuestra civilización.

Con la llegada del Espiritismo ya se están aclarando y descubriendo muchas verdades; esta doctrina es asimilada fácilmente por los más humildes, porque anuncia una nueva era para el futuro de la humanidad, un consuelo y una esperanza para los desengañados.

El Espiritismo aporta las pruebas necesarias para creer en la vida después de la muerte, y explica al mismo tiempo a través de las comunicaciones de las entidades más elevadas, todas las cosas relacionadas con la vida espiritual, hasta los límites impuestos a los conocimientos humanos.

El Espiritismo hará renacer en las conciencias, la creencia en la inmortalidad del alma, y los seres humanos concientes de esta verdad, tendremos un conocimiento apoyado en pruebas irrefutables. Consecuencia de esto, será un cambio en la forma de vivir y de pensar.

La comunicación de los espíritus tiene la gran virtud de conmover a los seres humanos, y sin duda alguna, provocará una total revisión en las creencias religiosas que hasta ahora han recibido acerca de la verdadera naturaleza del hombre y su destino futuro.

Es realmente sublime la filosofía espírita enseñada por los Espíritus Elevados, en sus comunicaciones con las mismas enseñanzas que el Maestro Jesús nos dio en el maravilloso Sermón de la montaña.

La máxima del Evangelio: “Sólo por el amor será salvo el hombre”, es la fuerza poderosa que sacará a esta humanidad del abismo en que está sumergida y la encaminará hacia su destino de progreso, para conseguir los méritos necesarios y seguir viviendo en este mundo ya renovado.

Para esto es indispensable tener la convicción íntima de su propia supervivencia, más allá de la muerte, pues ésta no es más que un paso necesario para que el Espíritu siga su camino de evolución, naciendo en la vida material y muriendo de nuevo de regreso al mundo invisible, para nacer nuevamente en otro cuerpo físico.

Siendo los responsables de nuestros actos, sembramos y recogemos, pues somos los constructores de nuestro presente y de nuestro futuro. Ésta es una ley inmutable que rige la vida en este mundo y en todo el Universo.

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo

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