Un lecho de floresTiempo es ya de que los sacerdotes, dejen sus antiguos breviarios por los nuevos breviarios científicos.

En la ciencia está la fe, en la ciencia está la vida del Espíritu, en la ciencia está el progreso, y en el progreso está Dios.

Si el Espiritismo negase la existencia de Dios, del alma, su individualidad y su inmortalidad, las penas y las recompensas futuras, el libre albedrío del hombre; si se enseñase que cada uno vive para sí en la Tierra, que sólo en sí debe pensar, sería no sólo contrario a la religión católica, sino a todas las religiones del mundo; sería la negación de todas las leyes morales, base de todas las sociedades humanas.

Lejos de esto, los espíritus proclaman un Dios único, soberanamente justo y bueno; dicen que el hombre es libre y responsable de sus actos, remunerando según el bien o el mal que haya hecho; ponen por encima de todas las virtudes la caridad evangélica y esta regla sublime enseñada por Cristo:

Hacer a los otros lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros.

¿No son estos los fundamentos de la religión?

Hacen más aún: nos inician en los misterios de la vida futura, que no es ya para nosotros una abstracción, sino una realidad; porque los mismos a quienes conocíamos son los que vienen a pintarnos su situación, a decirnos cómo y porqué sufren o son dichosos.

¿Qué hay en esto de antirreligioso?

Esta certeza del porvenir, de encontrar a los que hemos amado, ¿No es un consuelo?

La grandiosidad de la vida espiritual, que es su esencia, comparada con las mezquinas preocupaciones de la vida terrestre, ¿No es a propósito para elevar nuestra alma y para estimularla al bien?

El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica, como ciencia práctica, consiste en las relaciones que pueden establecer con los espíritus; como doctrina filosófica comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.

Podemos definirlo así:

El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus, y de sus relaciones con el mundo corporal.

Esto como se ve, ni es impío ni es irrisible; porque las innegables comunicaciones de los espíritus, nos demuestran sin lugar a la duda que los muertos viven.

Así como no hay más que un Dios, y no hay más que una verdad y cuando el hombre piensa en el progreso no se acuerda de las religiones, sino de la verdadera religión; y a la religión universal pertenecen todos los hombres que reconocen en Dios la causa primera y le conceden al Espíritu un progreso indefinido.

Pero mejor será que copiemos algunos párrafos del libro de los espíritus de Kardec, cuando habla de los animales y del hombre:

“Si en punto de inteligencia comparamos al hombre y a los animales, parece difícil establecer la línea demarcatoria; porque ciertos animales bajo aquel aspecto, son notoriamente superiores a ciertos hombres.

¿Semejante línea puede ser establecida con precisión?

Acerca de este punto no están muy acordes nuestros filósofos, queriendo los unos que el hombre sea un animal y otros que el animal sea el hombre.

Todos se equivocan; el hombre es un ser especial que se rebaja mucho a veces o que puede elevarse también mucho.

En lo físico, el hombre es como los animales y está mucho menos previsto que muchos de ellos, pues la naturaleza ha dado a éstos todo lo que aquél se ve obligado a inventar con su inteligencia, para conservación y satisfacción de sus necesidades.

Su cuerpo se destruye como el de los animales, es cierto; pero su Espíritu tiene un destino que sólo él puede comprender porque sólo él es completamente libre.

¡Pobres hombres que os rebajáis hasta el bruto! ¿No sabéis distinguiros de él?

Reconoced en el hombre el pensamiento de Dios”.

“¿De dónde toman los animales el principio inteligente, que constituye la especie particular del alma de que están dotados?

¡Del elemento inteligente Universal!”

“La inteligencia del hombre y la de los animales, ¿Dimanan, pues de un principio único?

Sin duda alguna; pero en el hombre ha experimentado una elaboración superior a la que anima al bruto”.

“Se ha dicho que el alma del hombre en su origen, es el estado de infancia en la vida corporal, que apenas destella su inteligencia y que se ensaya para la vida; ¿Dónde pasa el Espíritu esta primera fase?

En una serie de existencias que precede al periodo que llamáis humanidad”.

“¿Parece pues, que el alma ha sido el principio inteligente de los seres inferiores de la creación?

¿No hemos dicho que todo se encadena y tiende a la unidad en la naturaleza? En estos seres que estáis muy lejos de conocerlos en su totalidad; se elabora el principio inteligente, se individualiza poco a poco y se ensaya en la vida, como hemos dicho, esta es hasta cierto punto, un trabajo preparatorio como el de la germinación, después del cual el principio inteligente experimenta una transformación y se convierte en Espíritu, entonces empieza para el periodo de la humanidad, y con él, la conciencia de su porvenir, la distinción del bien y del mal y la responsabilidad de sus actos, como después del periodo de la infancia viene el de la adolescencia, luego la juventud, y en fin la edad madura.

Por lo demás nada de humillante tiene este origen para el hombre.

¿Se creen humillados los grandes genios por haber sido fetos informes en el seno de su madre?

Si algo debe humillarle, es su inferioridad ante Dios, y su impotencia para sondear la profundidad de sus designios y la sabiduría de las leyes que arreglan la armonía del Universo.

En esa admirable armonía que hace que todo sea solidario en la naturaleza, reconocer la grandeza de Dios, creer que haya podido hacer algo sin objeto y crear seres inteligentes sin porvenir, sería blasfemar de su bondad que se extiende a todas las criaturas”.

“Puesto que los animales tienen una inteligencia que les da cierta libertad de acción, ¿Existe en ellos un principio independiente de la materia?

Sí, y sobrevive al cuerpo”.

“¿Este principio es un alma semejante a la del hombre?

Si así lo queréis, también es un alma, eso depende del sentido que se de a esa palabra: pero es inferior a la del hombre. Del alma de los animales a la del hombre, va tanta distancia como del alma humana a Dios”.

La escuela espiritista ya puede discutir con ventaja en el terreno científico, pero para ello se necesitan mejores adalides que nosotros.

Por eso al hablar del Espiritismo no lo hacemos más que encareciendo su importancia moral, su tendencia progresiva, sin mezclarnos en investigar sus principios científicos, y decimos esto, porque somos muy amigos de dar a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar; y como nuestra réplica es tan pobre, (científicamente considerada) por esto repetimos que sólo hemos hablado, sin mezclarnos en nada con el sabio.

En nombre del Espiritismo hablaremos en sentido filosófico, pero también de punzantes abrojos; y como las primeras pueden deslumbrar, y los segundos herir, por esto, en este terreno vedado para nosotros en esta actual existencia, si alguna vez entramos en él, lo hacemos por nuestra opinión individual, por nuestra propia iniciativa, sin ampararnos en la sombra de nuestra creencia, porque la respetamos demasiado para arrastrar en nuestra caída su gran importancia social, que dista mucho su grandeza y nuestra pequeñez.

Para defender el Espiritismo científicamente, se necesitan hombres sabios; pero para decir que es una doctrina profundamente consoladora, en la cual resplandece la eterna justicia de Dios, para decir esta gran verdad: basta las mujeres y los niños.

Por esta sencilla razón, no hemos titubeado en decir lo que es el Espiritismo.

 

“La Luz del Futuro” – Amalia Domingo Soler