Amalia Domingo Soler

LA SIMPATÍA

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Hay un algo indefinible en la Tierra para el hombre, un misterio incomprensible, y es justo que esto le asombre.

A tal extremo, que Juan, que es un pensador profundo, ha ido con ardiente afán preguntando a todo el mundo.

¿Por qué un afecto sentimos por seres, que ni aún los vemos, y sin embargo, sufrimos si sus penas comprendemos?.

¿Quién motiva esta atracción poderosa, sin rival, que hace la eterna fusión de la vida universal?

Un alma creyente y buena le dijo con dulces modos: Dios concede gracia plena, a algunos seres, no a todos.

Los que tal gracia merecen, subyugan voluntades: será, mas no me convencen esas cristianas verdades.

Y se fue a ver a un ateo por ver si éste le decía, la causa de aquel deseo…que su ser estremecía.

Éste le miró un instante, y encogiéndose de hombros le dijo con voz vibrante: poca cosa os causa asombro.

Yo no me tomo el trabajo de saber en lo que estriba, que unos corran hacia abajo, y otros corran hacia arriba.

La vida es un entremés que vale poco en verdad; y todo en el mundo es,cuestión de casualidad.

Dejad vuestro empeño vano que es el divagar eterno; buscad fresco en el verano, y calor en el invierno.

Y dejad que siga el mundo en su rotación eterna, sin fijaros ni un segundo en la ley que lo gobierna.

Porque fuera absurdo loco buscar tal definición, y no merece tampoco tanto interés la cuestión.

Que nacemos, convenido, que vivimos, aprobado, tras de la muerte, el olvido; y negocio terminado.

-No me convencéis, no, no; quedad con vuestro ateísmo; sé que en el hombre hay un yo superior a su organismo.

Tenaz en su porfía siguió Juan de loma en loma, y fue a ver qué le decía un sectario de Mahoma.

Juan le expuso el pensamiento que se agitaba en su mente, y el moro le escuchó atento mirándole fijamente.

Y después con voz pausada le dijo de esta manera: La vida es una jornada, que termina en otra esfera.

Es la predestinación la base del Islamismo, porque todo en conclusión obedece al fatalismo.

Inútil es indagar misterios del infinito; el hombre debe aceptar, lo que hace tiempo estaba escrito.

Es, lo que tiene que ser, curiosidad indiscreta, la pretensión de saber, los mandatos del Profeta.

-A tan ciega sumisión dijo Juan: yo no me atengo, no admito fe sinrazón… ¿Dónde voy? ¿De dónde vengo?

¿Por qué siento? ¿Quién me agita…?¡Por algo mi ser se mueve! ¡Por algo se precipita el fuego tras de la nieve!

De misterio tan profundo buscaré la procedencia: ¿Quién me la dará en el mundo? Únicamente la ciencia.

Esa calmará mi afán, que esa todo lo conquista, y fue a preguntarle Juana un sabio materialista.

Éste con suma atención le escuchó tranquilamente; y con grave entonación le dijo solamente:

-¿Sabéis qué es alma y qué es vida?Eléctrica actividad; la inteligencia es debida a la centrabilidad.

De materia organizada en el cerebro del hombre; es la fuerza condensada; esto es todo, y no os asombre.

Porque Dios no es otra cosa que electricidad inconsciente del mundo;mole grandiosa que ha existido eternamente.

¿Quién motiva el movimiento?La fuerza de la materia; ante este gran argumento, compadeced la miseria.

De torpes preocupaciones, imbéciles y mezquinas, de insensatas religiones, que han dado en llamar divinas.

Hoy ya la cabeza humana, distinta forma presenta: en su vértice sea plana, y en tanto su frente aumenta.

Que de los tiempos pasados hasta la época actual, aumentó más de ocho grados el gran ángulo facial.

Y cuando sea la razón base de todo proyecto, llegará a la perfección; pues será el ángulo recto.

La vida y la inteligencia es materia organizada; la electricidad, la ciencia;esto es el todo:¡La nada!

Dijo Juan con tono triste: lamento vuestro estrabismo y si es que la ciencia existe, no está en el materialismo.

Y Juan su senda siguió y tenaz en su porfía una vez me preguntó:¡Amalia!¿Qué es simpatía…?

¿Por qué yo sin conocerte hace tiempo que te he querido?– Porque es un mito la muerte, porque siempre hemos vivido.

Porque nada se derrumba, y es bien lógico y notorio, que para el hombre,la tumba no es más que un laboratorio.

El Espíritu no muere, la materia se disgrega, y nuevas formas adquiere ya la diafanidad llega.

Y el Espíritu entre tanto por medio de encarnaciones, al realizar su adelanto, aumenta sus perfecciones.

Y aunque en la vida infinita perdemos nuestra memoria, ésta a veces resucita, y nos cuenta nuestra historia.

Y entonces reconocemos a seres que hemos amado, y nuevamente queremos nuestra vida del pasado.

Sin podernos explicar aquella extraña atracción, que nos induce a buscar un alma y un corazón.

Todos los grandes afectos cuentan muchas existencias, la simpatía y sus efectos son vagas reminiscencias.

De apasionados amores que dejamos más atrás, y el perfume de esas flores no se evapora jamás.

Nada se rompe en el mundo por más que aparezca roto, que en el piélago profundo Dios nos sirve de piloto.

Es el hombre un navegante y los mundos islas son, donde se para un instante a tomar agua y carbón.

Y después de luengos siglos suele a las islas volver, y a veces, halla vestigios de un algo que quiso ayer.

Convéncete de esto, Juan, cese tu tenaz porfía; ya has conseguido en tu afán el saber qué es simpatía.

Y fijándose un segundo, sin apelar a la ciencia, se comprende que en el mundo es todo reminiscencia.

El gran Sócrates decía: conocer es acordarse; y lo que el sabio creía, bien merece analizarse.

Algunos lo analizaron, se hicieron racionalistas, y a la razón sublimaron haciéndose espiritistas.

-De todo cuanto he escuchado sólo tú me has convencido, porque tú me has demostrado que el hombre siempre ha existido.

-Sí, Juan; del tiempo al través, amor, virtud, genio y ciencia; todo en este mundo es cuestión de reminiscencia.

Amalia Domingo Soler

La Luz Del Espíritu

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