Miguel Vives y Vives

LA TENTACIÓN,SUS MANERAS DE SER Y MODO DE COMBATIRLA

Imagen de un hombre dentro del mar frente al amanecer inclinado orando

Estas penas ocultas que a veces por nada del mundo el ser comunicaría a nadie tienen gran mérito ante Dios y hacen muy fuerte al espíritu encarnado.

No debe olvidarse nunca que en la Tierra no tendremos nunca paz completa, y si ésta llegamos a sentirla alguna vez, durará poco; así pues, cuando seamos atormentados por estos estados, debemos ser fuertes, resistir y oponer una paciencia, serenidad y calma sin límites.

Al mismo tiempo no debemos olvidar que a pesar de la pena que nos puede ocasionar, en un momento dado desaparece y nos quedamos tan tranquilos como si nada hubiese sucedido; ésta es la causa de estos cambios tan súbitos en la lucha que hay entre los espíritus que nos aman y los que nos aborrecen; por eso, nunca debemos desconfiar de los seres del espacio que nos aman; al contrario, debemos confiar mucho en ellos y pedirles y suplicarles su protección cuando nos veamos apurados, que mucho hacen para nosotros si nos ponemos en condiciones para recibirlos o para recibir de ellos la influencia necesaria en nuestras necesidades.

La tentación de pensamiento no nos causa tanta pena como la posesión; esta debemos combatirla, extirpando pasiones, vicios y deseos ilícitos; esta tentación la conoce todo el mundo menos los que están dominados por la incredulidad, pero los que en algo creemos respecto a la vida venidera, todos la conocemos.

En esta tentación, el espíritu de tinieblas empieza por hacer el pensamiento y el deseo ilícito, promover sensaciones y excitar deseos si se le presenta ocasión; en esta tentación se debe cerrar el pensamiento a toda idea que sea una infracción de la ley divina, y si a pesar de la resistencia el pensamiento continúa excitado, debemos colocarnos en el lugar de la víctima y reflexionar si nos agradaría a nosotros que nos robaran lo que es sagrado, y de gran estima para nosotros, y entonces colocarnos en el terreno de lo justo.

Parece que es por demás tratar estos asuntos entre espiritistas pero no es así. Cuando entramos en el Espiritismo no somos seres perfectos, muy al contrario, a veces, tenemos grandes defectos que combatirnos; y mucho más cuando el espíritu de tinieblas, que es el que nos dominaba mientras permanecimos entregados sólo a las cosas del mundo, no quiere separarse de nosotros y se aferra a lo que él había dominado hasta entonces.

A veces sucede, y este fenómeno pasa a la mayoría de los que entran en el Espiritismo, que al momento de conocerlo sienten tan vivos deseos de ser el hombre o la mujer nueva, que tornan derroteros y echan de sí deseos ilícitos; forman grandes resoluciones de hacer vida nueva y lo consiguen; dura algún tiempo esta determinación y se limpian de todo; pero después de algún tiempo, la impresión del principio va extinguiéndose y vuelven a sentir poco a poco los mismos deseos, y a veces el espíritu que dominaba antes vuelve a tomar posesión de su antigua morada y vuelven a caer en lo de antes; si entonces el espiritista no se escuda en la oración, en el amor, la caridad y un fuerte deseo de ser libre, son a veces peores las últimas cosas que las primeras: por eso hemos visto a muchos que han empezado y no continuado, y si mal estaban antes de empezar, después han estado peor.

A los que más les sucede esto es a los que han estado muy aferrados a los intereses, o sea, al dinero; esta pasión es muy difícil de desterrar y la más costosa de corregir; de manera que al egoísta o interesado le es muy difícil, por no decir imposible, entrar en el Espiritismo y sostenerse en él.

Aquí se puede aplicar la frase de gran trascendencia de Allan Kardec: «Sin caridad no hay salvación posible»; de manera que el espíritu que está aferrado y ama mucho los intereses materiales, casi se le puede decir que, mientras dure este estado, es inepto para comprender y entrar en el Espiritismo; he aquí la valla que retiene a la humanidad.

El amor al dinero es señal evidente de falta de caridad y de amor al prójimo, y el que se encuentra en este estado no realizará grandes progresos en su alma.

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