Miguel Vives y Vives

LA TENTACIÓN,SUS MANERAS DE SER Y MODO DE COMBATIRLA

Imagen de un hombre dentro del mar frente al amanecer inclinado orando

Así como es muy difícil encontrar en la Tierra ningún ser que en su parte física goce siempre y en todas las ocasiones de una salud perfecta, lo es mucho más encontrar un ser verdaderamente equilibrado en su parte moral; nada hay perfecto en este mundo, y así como la atmósfera y la manera de ser en lo material tiene una relación muy distinta en la manera de ser de nuestro organismo y nos predispone a ciertas enfermedades, así los elementos espirituales que nos rodean indagan de tal modo nuestra manera de ser moral, que aprovechan lo más insignificante para desarrollar en nosotros sufrimientos morales o malestar interior con el objeto de mortificarnos o detenernos en la vía del progreso, porque los elementos espirituales que constantemente nos rodean se infiltran y penetran en nosotros, como los elementos atmosféricos crean a nuestro alrededor microbios y otros bacilos que desarrollan enfermedades, cuando la manera de ser en nuestro físico no se opone a su desarrollo.

Así pues, debemos estar prevenidos para ahuyentar las influencias espirituales tanto como los miasmas materiales, y así como por más precauciones que tomemos no podremos separar del todo las influencias del frío y del calor y otros cambios bruscos, así tampoco por más precauciones que tomemos no podremos separar del todo la tentación; lo que podremos hacer es no caer en lo que a ella nos induzca; y aquí debe estar nuestro método, en esto debemos poner toda nuestra atención y todo nuestro cuidado, aunque esto nos cueste sacrificio.

Con los elementos atmosféricos, ¿Qué hacemos? En invierno nos abrigamos y en verano nos desabrigamos y buscamos lugares frescos para que no sintamos tanto las molestias de los rigores del tiempo, y si de todos modos hemos de sufrir las molestias del tiempo, nos conformamos y no les damos importancia; sufrimos resignados y procuramos resistir todo lo posible, y decimos esto es el frío o el calor, esto ya pasará, concluyendo por no hacer caso de ello; pues lo mismo debemos hacer con la tentación, porque es un mal inherente a todos; porque no hay ser encarnado que no sufra, porque casi diríamos es una condición precisa y casi me atrevería a afirmar necesaria a nuestro progreso.

Pero entiéndase que la tentación no tiene siempre y en todos los individuos el mismo carácter y las mismas formas; como los grados de virtudes y de defectos son múltiples, varios e infinitos, también son muchas las variedades de tentación.

No siempre el espíritu que nos tienta se vale de incitar deseos y pensamientos malos en nuestro entendimiento, sino que a veces penetra en nosotros, y desde dentro de nuestra conciencia nos hace sentir deseos que parece una necesidad satisfacerlos; que éstos lo mismo pueden pertenecer al orden físico, como la sensualidad y las distracciones, recreos, vicios, etc., etc., como deseos de venganza, de crítica, de amor desmedido, o de repugnancia hacia determinadas personas.

Hay seres de bastante rectitud y buenos deseos en quienes les es muy difícil al espíritu de tinieblas penetrar ni en su entendimiento, ni en su interior; pero muy a menudo sucede que estas personas, muchas veces, a la primera contrariedad sueltan palabras inconvenientes y dichas con tono áspero, o se excitan por poca cosa, y es que, aunque no sentían, ni en su entendimiento ni en su interior, influencia o malestar alguno, el espíritu de tinieblas tenía aquel ser preparado para darle embestida y hacerle caer, y lo lograría o lo ha logrado a la primera ocasión. Generalmente, la tentación radica en el entendimiento, por eso se llama así; pero no es esto sólo lo que ejecuta el espíritu de tinieblas para hacernos caer.

Sucede, a veces, que el ser siente una tristeza y un malhumor, muchas veces sin motivo aparente, y si lo hay, es a veces tan insignificante que el mismo individuo se sorprende que motivo tan deleznable le produzca tanto malestar; este estado es más bien posesión que tentación; el espíritu que causa este estado, si no se le resiste mucho, puede hasta no solamente quitar la tranquilidad y poner al individuo en una situación comprometida, sino alterarle la salud. Ya explicaré, después, los medios para resistir a este estado.

A veces la tentación o posesión reviste otra forma y es la de prendarse demasiado de otra persona, que, sin saber por qué, se siente hacia ella un afecto injustificado; esta posesión la ejerce el espíritu de tinieblas para hacer cometer injusticias; esto lo mismo puede suceder entre y dentro de la familia, como al tratar personas extrañas; esta clase de posesión, como la anterior, a veces hace sufrir mucho y se necesita mucha fuerza de voluntad para contrarrestarla.

Aquí es cuando debemos recordar las palabras del Señor y Maestro: «Velad y orad»; es cuando debemos tener el pensamiento muy levantado y ejercer un gran espíritu de justicia, para no separarnos en nada ni para nada de lo que sea justo, y si con esto no podemos separar la posesión, no debemos cansarnos de pedir y tener pensamientos elevados y oponer una paciencia y resignación a toda prueba, que con esto el ser encarnado adelanta mucho.

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