Miguel Vives y Vives

LA TENTACIÓN,SUS MANERAS DE SER Y MODO DE COMBATIRLA

Imagen de un hombre dentro del mar frente al amanecer inclinado orando

El ser encarnado debe buscar la manera de subvenir a sus necesidades de una manera justa y honrosa; pero cuando estas están cubiertas no debe tener ambición ni entusiastas anhelos para los demás, y, mayormente, si es espiritista; todo cuanto pueda adquirir de más debe procurar que los medios sean completamente lícitos, y, de lo que atesore, debe procurar que participen en una gran parte los desgraciados; sólo así se le permitirá tener algo sobrante, sin caer en responsabilidad; de lo contrario, si no cuenta en sus ganancias a los pobres, éstas, aunque parezcan lícitas ante el mundo, son una usurpación ante Dios; y el que tal hace, si es espiritista, no progresa, sino que retrocede: «Sin caridad no hay salvación posible», y que no les duelan prendas a los que están en condiciones de adquirir dinero.

El espiritista debe pensar que su felicidad no está en la Tierra, sino en el espacio; así pues, debe hacer todo lo posible para enriquecer a su espíritu de virtudes y de obras buenas, y para esto no debe olvidar que uno de los enemigos más grandes que puede mantener en él es el amor al dinero, mejor dicho, el egoísmo, que es el peor y más fatal enemigo que puede morar en él.

Ya he dicho cómo se combate esta pasión y la tentación que puede traer, y es haciendo partícipes de una gran parte de nuestros ahorros a los desgraciados; esto hará que nuestras iniciativas y nuestros trabajos redunden en bien de los que sufren; el que tal haga tendrá la satisfacción de poseer algo para su bienestar terrenal y luego progresará su espíritu, porque con su iniciativa y su trabajo, además de proporcionarse lo necesario, hará mucho bien.

De manera que cuando realice un buen negocio haga un trabajo que le valga mucho, ya ha de destinar al momento una cantidad proporcionada a las ganancias o a la cantidad adquirida a remediar los males o necesidades de los que sufren, y esto sin escuchar pensamientos egoístas, ni de conveniencia personal, sino tomar y ejecutar determinación rápida y realizarla; de lo contrario el espíritu de tinieblas acude y desbarata los buenos deseos y todo lo hace inútil.

En cuanto a la tentación posesiva, que es cuando el espíritu radica su influencia más bien en la conciencia que en el entendimiento, hay una manera de conocerla y combatirla, y es oponer en estado de conciencia un deseo de justicia muy recta; por ejemplo; ¿es una repugnancia a una persona o personas determinadas? Aquí debe oponerse un espíritu de caridad a toda prueba; si es un amor desmedido debe combatirse con un espíritu recto de justicia; por ejemplo: ¿es justo que por esta persona sientas lo que te pasa? Si no es justo, se puede estar seguro de que aquella impresión es sostenida por algún enemigo del espacio, mayormente si aquel deseo o amor desmedido puede dar lugar a hacer sentir los deseos de alguna pasión, o si bien las atenciones que se sienten por aquella persona pueden dar lugar a alterar la armonía, ya dentro de la familia, o dentro de nuestras relaciones íntimas.

Ya he dicho que la tentación tiene muchas maneras de emplearse entre los encarnados; pero si el espíritu se escuda con un verdadero espíritu de justicia, descubrirá en seguida la causa y podrá combatirla; y si con el querer solo no se logra separar influencias que perjudiquen a la moral y al cumplimiento del deber, entonces debe acudirse a la oración, evocar con entusiasmo y fe a nuestro guía espiritual y a influencias de espíritus elevados, que ellos acudirán con gusto a nuestro llamamiento y se verán satisfechos en sus deseos, que siempre son de que sus hermanos de la Tierra progresen y se eleven; así pues, por afligida que sea nuestra situación, nunca debemos desconfiar de los socorros de arriba, y mucho más si éstos se piden.

En estos casos es cuando están mejor aplicadas las palabras del Señor: «Pedid y se os dará; llamad y se os abrirá; velad y orad»; y al mismo tiempo, mientras se sufre, se debe poner una resignación a toda prueba y una paciencia inalterable, que es lo que más cansa al espíritu tentador; de manera que si en los estados de nuestro ánimo y en las tentaciones de nuestra mente oponemos siempre un espíritu de recta justicia y una resignación y paciencia a toda prueba opondremos una valla al espíritu de tinieblas que nunca podrá inducirnos al error y no nos podrá causar ni trastorno ni retroceso ninguno.

Al contrario, obrando de esta manera, todas las molestias que el espíritu de tinieblas nos podrá causar tendrán un resultado contraproducente a lo que tal espíritu se proponga, y es que con los sufrimientos de la tentación, sufridos y combatidos con espíritu de recta justicia, con paciencia y resignación, el ser encarnado progresa y da pruebas al Padre que por amor al cumplimiento de la ley sufre, se resigna y espera, suprema manera de obrar de los espíritus que han vivido, viven y vivirán en la Tierra.

Con esta manera de obrar, el espíritu encarnado en la Tierra no se evitará todas las molestias y sufrimientos que nos pueden causar los espíritus atrasados que pululan a nuestro alrededor, pero triunfará de todas sus acometidas, y los sufrimientos que le causen le servirán para progresar mucho.

Si obramos de la manera que dejo dicha, podremos repetir las palabras de un gran escritor antiguo. «Cuando se resiste la tentación, es la Hormiga del León; más cuando el ser se entrega a ella, es el León de la Hormiga; pues sigamos siendo siempre el León y la tentación la Hormiga, y así no tendremos que temerla», sino, al contrario, seremos dueños de nosotros mismos, pensando, sintiendo y queriendo o deseando únicamente lo que el deber nos imponga; así nos evitaremos muchas angustias en la vida y nos prepararemos para morar más tarde en el reino de Dios.

Sin embargo, no debemos olvidar nunca, mientras nos toque estar en la Tierra, que hemos de ser contrariados en todo; la humanidad está muy atrasada y apenas se encuentra una persona que sepa cumplir con todos sus deberes, y como es indispensable vivir en relación con muchas, ya sean de familia, ya sean en nuestras relaciones de amistad, no nos han de faltar nunca contrariedades: por eso mientras estemos en la Tierra es necesario vivir alerta, escudarse con un amor, una admiración y adoración al Padre sin límites, y poner toda nuestra esperanza en la grandiosidad de su obra, que es la casa en donde hemos de vivir eternamente.

Es necesario seguir la ley divina proclamada por el Señor y Maestro; es necesario ponerla en práctica y tener gran amor y fe en la palabra del Señor, y si algún día las angustias de la vida nos persiguen, no olvidemos sus palabras: «Bienaventurados los que sufren que de ellos será el reino de Dios»; procuremos que la confianza en sus promesas nos dé valor y fuerza para soportarlo todo, pensando que la existencia terrenal no es más que un soplo, un período cortísimo de nuestra existencia universal y que por cada día y cada noche que pasamos de sufrimiento en esta Tierra, si sabemos conformarnos y sabemos imitar a los mártires y a los justos, tendremos mil años de reposo y de felicidad.

Ánimo, hermanos míos; los que sufrís, dejad que el cuerpo se haga pedazos o sucumba por el dolor; mantened el espíritu fuerte en la práctica de la sumisión y del valor; permaneced enamorados de Dios, del gran Señor, y del cumplimiento de su ley; no olvidéis que la recompensa superará a todos vuestros deseos y vuestras esperanzas.

Por último, aconsejo que el hermano que se encuentre agobiado por la tentación busque a otro hermano que considere digno y de confianza y le abra su corazón, se lo explique todo y le pida su ayuda; pero considero que las personas que sean consultadas, llamadas en auxilio de estas almas enfermas, que bien pueden ser los presidentes de reuniones y Centros, deben ser calladas como una tumba, prudentes, misericordiosos, caritativos, dulces en el hablar y proceder, capaces de toda abnegación y con un entero amor al Padre y con una sumisión al Señor y Maestro y a su Ley, a toda prueba.

Debe considerar, el que sea consultado, que ejerce el deber de un guía espiritual, que puede hacer un gran bien al ser que le consulta, si sabe dirigirle con rectitud, mansedumbre y caridad.

Es muy necesario que haya entre los espiritistas, hermanos de experiencia en la práctica de la virtud, de la caridad, del amor al prójimo y de la adoración al Padre y veneración al Señor, para que estos hermanos tengan suficiente luz para, en caso de necesidad, poder ayudar a sus hermanos y darles la mano en el intrincado sendero de la vida.

Bienaventurado el que se esfuerza para llegar a tal estado, que éste ya no verá tinieblas y merecerá la confianza de los de arriba y de los de la Tierra.

Así es como después de esta morada terrestre, se llega a penetrar en el reino de Dios.

Miguel Vives y Vives

Guía Práctica del Espiritista

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