José Aniorte
Al hablar de verdadera religión, no me estoy refiriendo a una manifestación exterior sino a un sentimiento profundo que se encuentra en el corazón, que es donde se siente la necesidad de elevarse hacia un mundo de paz y felicidad.

El Espiritismo no es una religión en el sentido exacto de la palabra, pero sí una doctrina filosófica, científica y racional, actualizada para la humanidad de hoy, y la humanidad del futuro; con un fundamento religioso, ya que todas sus bases están dirigidas por el Maestro Jesús, y cimentadas en sus Evangelios y enseñamientos, que al mismo tiempo se apoyan en las leyes inmutables que rigen el Universo.

Los espíritas no necesitamos de templos, imágenes, sacerdotes o salvadores de almas, porque cada uno tiene que ser capaz de salvarse a sí mismo, por su propio esfuerzo renovador, cada uno tiene que obtener su propia luz, por merecimiento personal.
Yo aconsejaría a los hermanos que se dejan confundir por falsos profetas, que desconfíen de ellos, que la luz no se puede dar, y tampoco prestar, porque un ciego no puede ser guía de otro ciego.

Cuando nos sentimos aniquilados por el peso de nuestros sufrimientos, (digo nuestros sufrimientos, porque todos hemos pasado por situaciones parecidas) a consecuencia de nuestros desatinos cometidos en el pasado, sólo nos cabe una alternativa: el arrepentimiento sincero y reparador.

No nos engañemos, el perdón no existe como tal, las faltas cometidas hay que pagarlas y proceder a su rectificación; si somos capaces de hacer la enmienda con humildad, sin cometer nuevas infracciones, comenzará para nosotros un nuevo ciclo de reencarnaciones, más seguros de nosotros mismos, emprendiendo un camino más luminoso. El Espiritismo interpretado así, abarca todos los cultos, todos los sacerdocios, se eleva por encima de todos ellos, y dice:

¡La verdad está más alta que cualquier culto, y lo que en verdad nos interesa es el perfeccionamiento de la humanidad!

Las religiones, inmovilizadas en sus dogmas, cuando todo marcha y evoluciona en torno suyo, se sienten agotadas y agonizantes, porque ya han perdido toda su influencia sobre sus creyentes y están destinadas a morir; como todo en este mundo se muere para renacer, porque la idea que los hombres se forman de la verdad, se modifica y se engrandece y por esto las religiones deben transformarse cuando ya han cumplido su objetivo, porque ya no responden al progreso de la humanidad.

El progreso nadie puede pararlo, y a medida que avanza en su camino, necesita nuevas concepciones, un ideal más elevado, que lo encuentra en los descubrimientos de la ciencia y en las nuevas instrucciones, que esclarecen y renuevan con nuevas ideas, al conjunto de la humanidad. Hemos llegado a un momento de la historia, en que las religiones envejecidas y agonizantes, tienen que ceder paso a nuevos y renovadores proyectos.

El Espiritismo reúne las condiciones imprescindibles para la transformación hacia una nueva humanidad.

El Espiritismo es ciencia, filosofía y moral religiosa. Pero no es una religión organizada, es diferente de las demás religiones tradicionales; no tiene templos suntuosos, ni sacerdotes, ni jefes religiosos, no adopta ningún tipo de ceremonia ni misterios. Siempre está abierto al estudio renovador y lógico; es claro y transparente, no pretende engañar a nadie prometiendo salvaciones o promesas que no puede cumplir.

El Espiritismo nos dice que,

“nuestra salvación sólo depende de cada uno, y que nosotros construimos y somos portadores de nuestro cielo o nuestro infierno que nos acompaña siempre, porque está dentro de nosotros”.

Un mundo de aspiraciones se agita en lo más profundo de esta humanidad, haciendo esfuerzos para tomar forma y salir a la luz. Las dos grandes fuerzas: hombre y Espíritu, se enfrentan finalmente en un terrible combate, y podríamos decir que si el Espíritu sabe resistir, será el gran vencedor.

El Espiritismo representa una fase nueva de la evolución humana. Los modos de correspondencia que unen a los hombres que viven en la Tierra, se extienden cada día más con los habitantes del mundo invisible. No obstante, en los avances sucesivos de su campo de acción, aquellos espíritas que no tienen aún la suficiente preparación, pueden tropezar con numerosas dificultades en las relaciones con el mundo invisible, que aun dándonos siempre resultados favorables, también nos ofrecen muchos peligros, pues es un mundo oculto, mucho más difícil de penetrar y analizar que el nuestro.

Tanto allí como aquí, el saber y la ignorancia, la verdad y la mentira, la virtud y la corrupción, se mezclan en la misma sintonía, dificultando su percepción, que aun sintiendo con fuerza su presencia, permanecen ocultos a nuestros sentidos.

Por todo esto, antes de experimentar la comunicación con el Más Allá, se deben de hacer copiosos y extensivos estudios. Es necesario el conocimiento teórico, y la preparación moral del Espíritu, para poder discernir, explicar y enseñar en el Espiritismo, lo verdadero de lo falso; la realidad de la fantasía.

El Espiritismo no es solamente la demostración de la supervivencia del Espíritu, sino que también es el medio por el cual recibe la humanidad las inspiraciones del mundo superior; es más que una ciencia, es la comunicación directa entre dos mundos, el mundo espiritual y el mundo material.

Con el Espiritismo, las facultades mediúmnicas que en otros tiempos, fueron privilegio de algunos, hoy están al alcance de todo el que la posee, por ser una facultad muy extendida a personas que reencarnan con esta preparación. Dicha facultad está muy expandida de forma popular, si bien está reconocido el beneficio o ventajas que aporta, hay que estar atentos y prevenidos ante los escollos y peligros que puede desencadenar.

El Espiritismo nos pone en comunicación, a través del conocimiento, con el mundo superior, efectuándose la revelación permanente, y la iniciación del hombre en las leyes supremas.

Es el manantial potente de inspiración, que despierta en el Espíritu el sentido de la realidad y lo impulsa con decisión y firmeza, a la difícil lucha de su renovación, y sin escatimar en sacrificios sigue adelante, dispuesto a reparar hasta el último desatino que haya podido cometer.

Cuando el Espiritismo es malinterpretado, se convierte en un espiritismo de baja calidad; éste también tiene su utilidad, pues nos familiariza y nos pone en comunicación con el mundo espiritual inferior.

Las manifestaciones a través de los fenómenos vulgares, nos ponen de manifiesto interesantes pruebas de identidad; de ellas se pueden obtener importantes datos para la investigación. Pero estas prácticas sólo deben realizarse cuando sea necesario para el estudio o en casos puntuales; naturalmente con la debida preparación, porque se puede dar el caso y muchas veces se ha dado, de que el “hechicero” quede “hechizado”.
El inmenso imperio de los espíritus, está poblado de seres benéficos y también maléficos, están en todos lados en el espacio infinito; desde los espíritus más triviales y groseros que están lindando con la animalidad, hasta los espíritus más nobles y puros, mensajeros de la luz, que llevan por todos los lugares, a través de los tiempos y del Universo, las radiaciones del pensamiento divino.
Es posible que muchos rechacen estas conclusiones y quizás los menos, las acepten, ¡pero esto tal vez no importe!
Porque yo no estoy buscando el éxito, solamente me mueve el sincero e inmenso deseo de divulgar la verdad y esclarecer las mentes de todo aquél que esté dispuesto a no dejarse embaucar más por ideas erróneas.
Muy pronto dejaré esta vida y me sentiré muy dichoso si mi paso por este mundo no ha sido estéril, pues mi objetivo ha sido el contribuir a llevar la esperanza y el consuelo a los que sufren y he pretendido iluminar las inteligencias deseosas de conocer la verdad.

Debemos de tener siempre presente, que débil o fuerte, ignorante o instruido, el Espíritu vive en nosotros y gobierna nuestro cuerpo que sólo es un instrumento para manejar, según su voluntad. Este Espíritu es libre y responsable de todos sus actos, y voluntariamente puede transformarse y mejorarse, aspirando a su propia elevación espiritual.

Las ambiciones personales y las malas pasiones, chocan con la razón y el sentimiento del deber, y por este motivo, nuestra voluntad está frecuentemente en conflicto con nuestros instintos. También por decisión propia, podemos sustraernos de las influencias negativas de la materia, dominando esta parte material y convirtiéndola en un instrumento dócil.

Todos somos conocedores de las circunstancias por las que han tenido que pasar aquéllos que para cumplir con su deber, han soportado la injusticia y la incomprensión, han vivido con la enfermedad y en la más triste soledad, ahogando y venciendo los lamentos de la materia, que siempre se resiste a someterse al dominio del Espíritu.

Nuestro estado psíquico es obra personal. Nuestro grado de comprensión y entendimiento, es una compensación a los esfuerzos que hemos hecho, pues somos lo que hemos querido ser, a lo largo de nuestras muchas vidas.
El cuerpo fluídico que nos envuelve, sea oscuro o radiante, reproduce nuestro valor exacto, es como un espejo donde se refleja la verdadera imagen del Espíritu. Es una imagen real que se plasma con toda claridad en nuestro periespíritu.
El mundo espiritual es el mundo de la verdad, nadie puede usurpar un lugar que no le corresponde, cada uno se encuentra en la situación y en el estado que él mismo se ha creado, es dichoso o desgraciado, dependiendo de la clase de vida que haya elaborado para sí mismo.

Ha llegado el momento de comprender que de nuestras ideas, de nuestras inclinaciones y obras, en un sentido o en otro, nos construimos una envoltura sutil de bella imagen, abierta a las más delicadas sensaciones, o bien, una morada sombría, una cárcel oscura, donde después de la muerte, el alma está sepultada como en una tumba. Así es como el hombre crea su propia dicha y su felicidad, o por el contrario, su desdicha y su desgracia.

Cuando regresa al mundo espiritual, toda su obra la lleva grabada en la imagen que él mismo ha creado. Y por un efecto de las mismas causas, el hombre atrae las influencias del mundo invisible, las vibraciones negativas, o los vulgares deseos de los espíritus con pasiones desordenadas.

Esta es la realidad de las manifestaciones espíritas; no es otra cosa que la ley de atracción y de afinidad.

En los momentos de meditación, podemos relacionarnos con el mundo espiritual y según nuestro estado vibratorio, recibir las inspiraciones de espíritus superiores que nos transmiten paz, o sentir la influencia de los espíritus de escalas inferiores.

Para la mayor parte de los hombres, la creencia en la vida futura, no es más que una vaga hipótesis, una idea que todos los soplos de la crítica hacen vacilar. Los espiritistas, sabemos que los espíritus de las personas que han muerto, nos rodean y toman parte activa en nuestra vida; se nos presentan como verdaderos seres humanos, dotados de cuerpos sutiles, conservando la apariencia y sentimientos que tenían aquí en la Tierra.

También sabemos que la muerte no produce ningún cambio esencial en el Espíritu, el cual continúa siendo lo que era antes de su muerte, llevándose más allá de la tumba los afectos, pasiones, debilidades o virtudes, contando en su haber las acciones cometidas. Todos los bienes materiales aquí se quedan, sólo las obras malas o buenas que hayamos hecho nos acompañan.
La intuición profunda nos pone en contacto con nuestros amigos espirituales, y hasta cierto punto nos permite recibir la inspiración de ellos, proporcionándonos los medios necesarios para establecer una comunicación entre los dos mundos, terreno y espiritual.

Si conseguimos elevarnos, aunque lentamente, por encima de la influencia que la materia ejerce sobre nosotros, estas comunicaciones o inspiraciones, se hacen más frecuentes, más transparentes y reveladoras, y de este modo los espíritus encarnados y desencarnados, trabajan juntos para conseguir que la gran familia universal, obtenga su progreso moral y espiritual.

Para poder realizar estas prácticas, es necesario reunir ciertas condiciones y actitudes, como son: la humildad, la perseverancia, el desprendimiento, y algo muy importante como es la elevación moral, que nos faculta para mantener una comunicación con el mundo espiritual superior.

El Espiritismo, además de ser una ciencia, es también un ideal nuevo y renovador, que esclarece las mentes, combate el ateísmo con demostraciones lógicas, sin misterios; es finalmente el Consolador prometido, que viene a iluminar a la humanidad y a liberarla del yugo impuesto durante tantos siglos, por el fanatismo de las religiones tradicionales.

El alma es un mundo en el que aún se mezclan la luz y la sombra, y en su interior está el germen de todas las potencias, esperando el momento de su fecundación. El dolor físico junto al dolor moral, es un poderoso medicamento para el progreso. Las pruebas del dolor nos ayudan a conocernos mejor y vencer nuestros defectos y pasiones. Con el dolor nos purificamos y con él aprendemos a ser más pacientes y resignados, fortaleciendo nuestro Espíritu.
No pongamos en duda la justicia divina; el dolor nos arranca de nuestra indiferencia y modela nuestra alma, dándole una forma más pura, más perfecta y bella.

 

José Aniorte Alcaraz

Elucinaciones Espiritas