José Aniorte

El contenido de este libro puede ser incómodo para algunos e inaceptable para otros. Mi compromiso o misión, es decir, la verdad, una verdad que no es nueva pero que se mantiene oculta por unos pocos, para que la ignoren muchos que han sido engañados durante siglos, y continúan dejándose engañar.

En el año 1950, yo estaba preparado para dejar España y emigrar a un país americano, que no fuese Brasil, pues aún así, en contra de mi voluntad, acabé en un país, para mí hoy, el más maravilloso del mundo, mi querido Brasil. Allí conocí y estudié el Espiritismo a través de los libros, porque cuando intenté participar en algún grupo espírita, mi razón rechazaba la interpretación que allí se hacía, fanatizada y marcada por otros; no tenían ninguna independencia.

Yo me mantuve alejado de este ambiente, como si una voz interna me dijera: “nuestro trabajo es diferente, tenemos que abrir un camino nuevo, para divulgar la idea espírita”.

Entonces yo no podía comprender ni darle sentido a estas inspiraciones, pero sí puedo decir que durante 18 años estudié y practiqué el Espiritismo con total independencia, sin comprometerme con ningún otro grupo.

En el año 1970, recibí mi primera revelación, que me decía:

“debes dejarlo todo y regresar a España, empezar una nueva vida y un nuevo compromiso”;

y durante estos últimos cuarenta años, mi vida ha sufrido muchos cambios, cada día más comprometido y dedicado al compromiso que asumí en el mundo espiritual. En este importante trabajo divulgativo de la doctrina espírita a través del libro gratuito han intervenido muchos Espíritus Mayores, pero yo quiero destacar el nombre del que he sentido más cerca de mí, del que quizás más me ha ayudado, este Espíritu es Amalia Domingo Soler.

Doy gracias a nuestro querido Maestro Jesús y a todos los espíritus que me ayudan para realizar este trabajo de divulgación del Espiritismo, en el conocimiento de su verdadera interpretación, en el conocimiento de la verdad.

El Centro Espírita tiene una misión muy importante que cumplir, él es el punto de reunión de los espíritus encarnados y desencarnados, que desean y tienen necesidad de conocer la verdadera realidad de la vida espiritual. El mundo invisible y el mundo físico, son dos mundos paralelos que viven juntos; el uno se plasma en el otro como si en realidad sólo existiera uno. El mundo incorpóreo es el mundo del sentimiento y del pensamiento, el corpóreo es el mundo de las formas, de las ilusiones y de las pasiones incontroladas, pero al mismo tiempo también puede ser el mundo del sacrificio y la renuncia, para la elevación del Espíritu.

Este conocimiento deben tenerlo todos los espíritas que asumen el compromiso de enseñar esta doctrina, tanto a los seres encarnados como a los desencarnados. Para enseñar una idea hay que creer en ella, y si creemos en ella tenemos que vivirla y practicarla, y si no hacemos esto, no tenemos el derecho ni la fuerza moral para convertirnos en guías de nadie, porque cuando un ciego guía a otros ciegos, todos caen en un abismo.

En cuanto a los hermanos sufridores que lloran y se lamentan en los “planos astrales” y nosotros como hermanos cariñosos queremos sacarlos de ese sufrimiento, simplemente con una oración y una supuesta elevación del pensamiento, les estamos prometiendo algo que no podemos cumplir.

Ellos han contraído una deuda que tienen que pagar, y cuando estén en condiciones de ser ayudados, el mundo espiritual tiene los suficientes medios para hacerlo.

El deber de un Espíritu, es conseguir su transformación, viviendo de acuerdo con las enseñanzas de la doctrina espírita.

Esta doctrina tiene que ser divulgada, porque es necesaria para esclarecer las mentes de nuestros hermanos, ensombrecidas durante muchos siglos de manipulaciones religiosas y dogmas fanatizados. Es el momento de escuchar la voz de Jesús quien nos decía: conoceréis la verdad y la verdad os libertará.

Hay muchos espíritas que se encuentran preparados para recibir la luz de Jesús, como buenos trabajadores, humildes y convencidos aceptan el trabajo que les ofrece su Maestro, sin condiciones, dispuestos al sacrificio, a la renuncia y sin temor a las críticas, burlas, escarnios y persecuciones, convencidos de que si Jesús está con nosotros, nada ni nadie nos puede vencer.

La doctrina espírita y la doctrina de Jesús, que es la misma, demuestra la igualdad de todos los espíritus en el momento de ser creados, la diferencia que se establece después entre ellos, es el resultado del adelantamiento más o menos rápido, según el esfuerzo que cada uno de ellos haga para integrarse en la familia universal, cuyos miembros somos todos hermanos que debemos ayudarnos con amor y abnegación.

El progreso de los espíritus es lento, pero siempre avanza en su camino evolutivo, y cuanto mayor es el progreso más sienten los deberes de la fraternidad. Cuanto más adelantados estén más sentirán la tendencia generosa y el sentimiento del sacrificio a favor de sus hermanos, como expresión del amor fraternal.

Con la palabra caridad no se debe entender tan sólo el dar una limosna o no tener sentimientos de odio, es necesario imponernos un sacrificio para aliviar el dolor de los demás. La fe no es solamente una exaltación pasajera del alma en busca de Dios, manifestada tal vez por un sufrimiento.

El verdadero sentido de la oración, está en la asociación continua con todos los sufrimientos, aceptados con humildad y dando gracias a Dios por los beneficios que con ellos recibimos. El amor fraternal impone el bien por medio de la palabra, de las obras, del olvido de uno mismo en beneficio de los demás, mediante el sacrificio para ayudar a nuestros semejantes, cumpliendo todos nuestros deberes fraternos y humanos.

La doctrina Universal, es la doctrina de Jesús, es la doctrina del amor, basada en la igualdad y en la fraternidad, y en esto consiste el prestigio de Jesús en medio de la humanidad. Él vino a traer la ley de Dios a un mundo demasiado nuevo para poderla comprender, pero puso los cimientos de su obra, que será inmortal, y esa obra continúa su desarrollo, hoy impulsada por el Espiritismo.

Él nos enseñó la ley del sacrificio y de la renuncia, y que sus apóstoles cumplieron, aunque no los seguidores de ellos, que debían seguir el camino de la humildad y la pobreza y no lo hicieron, faltando así a los mandamientos del Maestro, pero ahora ya vienen discípulos más fervorosos que sabrán cumplir dichas enseñanzas, repitiendo sus palabras y cumpliendo sus mandamientos.

Las revelaciones de los espíritus más elevados nos proporcionan fuerzas, pero las inclinaciones del hombre aún son muy negativas para recibir la nueva revelación, que despertaría en su conciencia un deseo de cambio y la esperanza de una vida mejor.

El hombre que se ilumina con una idea nueva, revelada por los espíritus de más elevación, siente esta inmensa felicidad que le da fuerzas para sacrificarse en aras de la caridad y fraternidad universal, divulgando la verdad sobre la vida espiritual, llevando el consuelo a los que sufren, la esperanza a los desesperados y el esclarecimiento a las mentes ensombrecidas.

El buen espírita tiene el compromiso de realizar este trabajo, con renuncia y sacrificio, porque es un colaborador en la obra de nuestro Maestro Jesús. A todos los espíritus que participan en este trabajo, se les reconoce por la elevación de sus manifestaciones.

Ninguno de ellos rechaza las leyes que rigen para la naturaleza humana, y todos buscan robustecer en sí mismos, el sentimiento de justicia y de abnegación.

La doctrina espírita es un conocimiento superior, que tiene el verdadero espírita que saben interpretarla, vivirla y divulgarla; se manifiesta por la inspiración de los espíritus al Ser encarnado, haciéndose ostensible por el acrecentamiento del deseo y la voluntad que se impone para el cumplimiento de las misiones que cada uno deba realizar. Así se da cumplimiento, en parte, a la ley del amor que se debe desarrollar entre los seres humanos.

Esta ley sólo puede aplicarse según la comprensión de nuestros semejantes y ella proporciona la luz apropiada según las necesidades de aquel que la recibe.

La manifestación del Espíritu elevado es buena y generosa, pero permanece siempre dentro de los límites trazados por la sabiduría y elevación de su misión. No participan en la solución de los problemas humanos, para conseguir los bienes temporales, pero sí se interesa mucho en el adelantamiento del Espíritu.No contestan a las preguntas dictadas por la curiosidad en forma de consulta, por esto se alejan de los médiums indignos y son poco frecuentes sus manifestaciones.

Este tema no dice nada nuevo y todos los espíritas lo conocen, pero no son muchos los que quieren reconocerlo y aplicarlo como un serio mandamiento a seguir en su conducta y forma de vida.

Cuando el esclarecimiento de la mente, la fuerza de voluntad y la fe se establecen sobre una realidad, demostrada en un mundo material, el Espíritu no puede debilitarse, pero la naturaleza humana, humilla tan profundamente al Espíritu agitado bajo la presión de las fantasías materializadas, que tiene que hacer un gran esfuerzo para mantener su independencia y su libertad, que necesita para cumplir su misión al servicio de Jesús.

Las dificultades que tienen los espíritus más esclarecidos, aumentan en relación con la inferioridad del mundo en que habitan y a pesar de las luces espirituales y de la fuerza del conocimiento que un Espíritu pueda tener, sufrirá con más o menos intensidad los ataques a sus convicciones por las sombras arrojadas sobre su ideal, en un mundo en que todas las creencias religiosas se manifiestan con demostraciones referentes al pasado y al presente, sin reconocer los errores cometidos, ensombreciendo el porvenir y negando la inteligencia del Ser encarnado.

La familia en la Tierra se compone de alianzas, sin tener homogeneidad y sin fuerza colectiva para alcanzar su verdadero objetivo. Estas alianzas se convierten en lamentables pruebas para los espíritus más adelantados, que con más elevación tienen que someterse a una convivencia más inferior.

En el ejercicio de su libre albedrío, el Espíritu encuentra la calma necesaria para mantener su fe, la fuerza para realizar su trabajo y la seguridad para dirigir su obra. Para cumplir esta misión también necesita de una cierta libertad para actuar, y esta libertad se ve cuestionada, a veces, por la dependencia que existe entre los miembros de una misma familia.

La dependencia y la influencia material que existe en un mundo como este, nadie puede eludirla, y el Espíritu superior que se encuentra aquí para abrir nuevos caminos y cumplir una misión, tiene que hacer un gran sacrificio para conseguir la libertad necesaria para la realización de su trabajo, pero entristeciéndose al sentirse incomprendido y rechazado por los seres que tanto ha querido.

Las debilidades de la fe, son una consecuencia de toda creencia sostenida sin un conocimiento y sin una razón. Estas debilidades en las creencias religiosas, constituyen motivos de constantes esfuerzos para todos los que practican una religión sin comprenderla.

El fanatismo, que consiste en una fe ardiente, privada de razón, debe considerarse como una peligrosa enfermedad del Espíritu.

La fe verdadera jamás se separa de la razón. Ella revela una personalidad convencida de los compromisos asumidos, y este Espíritu jamás retrocede ante las dificultades que debe enfrentar para realizar su trabajo.

Cualquiera que sea el deber a cumplir, seguirá siempre en su lucha; éste es el resultado de muchos sufrimientos y claudicaciones, por faltas cometidas en el pasado, y los deberes futuros del mismo Espíritu serán el resultado de su actuación de hoy, sobre la base de sus medios actuales.

Muy lentamente, la naturaleza humana puede desprenderse de sus tendencias carnales, pero la fe verdadera proporciona el empuje del coraje, la perseverancia en los compromisos superiores, el desprecio por los peligros, y el estudio profundo para ampliar conocimientos, se hace cada vez más fácil, la materia se debilita cada vez más, y el Espíritu conquista nuevas posiciones y se eleva de etapa en etapa hasta el aniquilamiento de la materia. La fe verdadera es el premio de todos los espíritus veteranos, cuyo adelanto intelectual no se ve deprimido, por la decadencia moral.

El deber descansa en el cumplimiento de la ley de Dios, y en los compromisos adquiridos para la emancipación de nuestro Espíritu.

La ley Universal se cumple cuando aceptamos y comprendemos que el Espíritu es inmortal y que tendrá que seguir inevitablemente, una ruta marcada para conseguir su perfectibilidad; el ser humano desprecia las grandezas de la vida superior y aún se entrega sin reparos a las bajas pasiones, creando para ellos mismos un futuro difícil y de grandes sufrimientos, así será hasta que comprenda que el único camino a seguir es el que nos enseñó nuestro Maestro Jesús, entonces conocerá la verdad y la verdad le hará cambiar. Comprenderá entonces que sólo a través de la Caridad y el Amor, se salvará el hombre.

El Espíritu débil, unido a un cuerpo físico, se atrofia en la atmósfera de las causas mórbidas, y se hace pesado por la debilidad de los sentidos materiales, deja de ser un conductor y se arroja en los brazos de extravagantes demostraciones.

Tras la muerte, el Espíritu guarda sus recuerdos, sean estos consoladores o funestos. Para un ser que sólo se preocupó de satisfacer sus pasiones y vivir la vida según sus ambiciones, el recuerdo que siente es un verdadero tormento, sin embargo, para los fuertes y los justos, el recuerdo que siente es un bienestar, una experiencia y un engrandecimiento.

El remordimiento toma formas diferentes, todas basadas sobre las impresiones de los recuerdos, y el beneficio de la esperanza no existe para los infelices que se encuentran embargados por la visión del delito y del temor de la represalia.

La luz de su porvenir, se hace más o menos clara, más o menos lenta, para los espíritus que después de la muerte corporal regresan al mundo espiritual. Además de estos dos aspectos de la humanidad terrestre, los espíritus se distinguen por sus grados de adelanto.

Después de los espíritus demasiado nuevos para comprender el principio espiritual, tenemos al Espíritu perezoso, al Espíritu escéptico por orgullo, al Espíritu supersticioso o fanático por ignorancia; todos son responsables de sus actos y pueden mejorar aquí y en la vida espiritual. Los inteligentes, los investigadores, los sabios, los apóstoles y misioneros, están en los mundos materiales y constituyen los focos del progreso.

Los espíritus considerados capaces de colaborar en el progreso universal, se encuentran repartidos y colocados en los mundos materiales de acuerdo con las fuerzas que cada uno dispone, y según el engrandecimiento moral que debe resultar de su acción, en los determinados centros humanos, mediante el buen cumplimiento de su misión. A ellos les cabe aclarar todo sobre el misterio de la vida y de la muerte, no obstante, el mundo de sombras en que tienen que vivir, les corresponde a ellos mismos el hacer conocer el principio creador, inteligente y eterno, desmenuzar los ídolos y proclamar la Religión Universal, que es la verdadera, porque es la religión de Dios y ella nos dice:

hay que vencer o morir por la verdad, cualquiera que sea el precio impuesto a las victorias o a las derrotas, hay que sacrificar el interés personal ante el interés general y elevarse entre los hombres, humillándose ante Dios”.

No se pueden contar fácilmente los espíritus que utilizando su fuerza de voluntad persistente, han dirigido movimientos sensibles en la marcha ascendente de la humanidad.

Estos espíritus mediativos, que abren nuevos caminos para el futuro de la humanidad, pocas veces se ven honrados y seguidos durante su vida humana. Casi siempre mueren en la soledad, incomprendidos, calumniados y a veces perseguidos.

Los desviados del sentido moral, los que gozan con las alegrías mundanas, los indignos poseedores de las facultades intelectuales, todos los que viven en la oscuridad, todos los incapaces por cobardía, se encuentran dominados por el terror de la vida espiritual, y así será hasta que un acontecimiento importante en su vida, le haga cambiar el rumbo equivocado que están siguiendo. Estos hermanos deben comprender que la Justicia Divina es infalible y que cada uno de nosotros cogerá, inevitablemente, lo que haya sembrado.

Para finalizar este capítulo, relataré una de las últimas intervenciones del Maestro Jesús a sus discípulos:

La verdad tendrá que ser restablecida, los impostores serán confundidos, los creyentes serán recompensados y castigados los tibios”.

“La malicia y la perversidad del mundo, os preparan malos días. Conservad vuestra fe pura de todo fingimiento y no pongáis límites a vuestra caridad. La fuerza viene de Dios y yo os transmitiré la fuerza”.

Pedid los tesoros de Dios y despreciad las riquezas de la Tierra. Quien quiera elevarse entre los hombres, será rebajado delante de Dios”.

“Vosotros sois mis apóstoles, predicad la palabra de Dios y anunciad su reino por toda la Tierra”.

“Vosotros, los que escucháis mis palabras, sois mis discípulos queridos, ayudad a los pobres, revelarles la verdad, ellos son mis miembros, facilitad el arrepentimiento para una rectificación. Dios nuestro Padre, siempre nos da una nueva oportunidad”.

“Todo lo que vosotros emprendáis en mi nombre, será asistido, y la gracia os acompañará en la paz y en los peligros”.

No devolváis jamás mal por mal, sed fuertes ante vuestros enemigos para que os respeten. Confirmad vuestra fe, más con las obras que con los discursos, y en la hora del sacrificio y la renuncia, recordad mis promesas y mi martirio”.

“Estas promesas las cumpliré si sois fuertes y habéis comprendido y practicado lo que yo os ordeno y lo que yo mismo he practicado”.

“Una vida tranquila no es una vida de apóstol y la  regularidad de la conducta no constituye la virtud de un discípulo. Son necesarias al discípulo fuerza y coraje para afrontar la burla, la crítica, el desprecio, la persecución, la esclavitud, la muerte y el heroísmo, debe tener una disciplina; conducta que deben seguir los discípulos del Maestro Jesús”.

“El apóstol demostrará a Dios y sufrirá por la verdad”.

“El discípulo abandonará los bienes del mundo y los honores del mundo. Abandonará al padre, a la madre, a la mujer, a los hijos, antes que renegar de mi doctrina, ya sea con actos, ya sea con las palabras, ya sea con la abstención o con el silencio”.

“Vosotros sois mis apóstoles y mis discípulos; yo tendré que contar con vosotros y no obstante… Yo sé que alguno de vosotros me traicionará”.

“¡Pobres locos! Les decía Jesús a los hombres entregados a la vida alegre y al orgullo, vosotros destruís el porvenir en obsequio del presente, y el presente huye como una sombra.

Adornáis vuestros cuerpos y desnudáis vuestras almas, buscáis los honores del mundo cuando Dios solicita en vano los honores de vuestro Espíritu”.

“Os arrodilláis ante el becerro de oro mientras vuestros hermanos carecen de todo. Ahora os lo digo, aquellos que acumulan bienes innecesarios, se verán después privados de lo más necesario”.

“Los que gozan de honores humanos, en el día de hoy, no podrán tener más que humillaciones en el día de mañana. Y todos los que se complacen en los goces carnales, y los que colocan la felicidad en la posesión de las riquezas y del mando, serán los pobres, los desheredados, los parias de una nueva vida difícil; vosotros tendréis hambre y sed. ¡Oh ricos egoístas!

Pediréis descanso, holgazanes orgullosos, y continuaréis en el trabajo, sin aplacar el hambre y la sed”.

Sus discursos fueron manipulados Se le dio un sentido erróneo y negativo, sembrando la ignorancia, atribuyéndole palabras que él nunca pronunció.

Sus palabras siempre fueron verdaderas, y no vino para alterar la ley, sino a cumplirla, y todo lo que pueda alterar la ley natural no lo hizo Jesús. Dios no altera sus leyes, las leyes de Dios son inmutables y se cumplen en todo el Universo.

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo